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Simulacro y luto por víctimas de terremotos del 19 de septiembre


2019-09-19


(ANSA) - CIUDAD DE MEXICO, 19 SET - Un simulacro de grandes proporciones, ceremonias luctuosas oficiales y privadas y llamados a la solidaridad y a estar siempre preparados para enfrentar los desastres naturales marcaron los aniversarios de dos de los mayores terremotos que han azotado al país.
    
El 19 de septiembre de 1995, una vasta porción del centro-sur de México fue sacudida violentamente, sobre todo la capital, por un sismo de 8,1 grados, dejando una estela de devastación y muerte.
    
Más de 20,000 muertos, miles de heridos y centenares de miles de damnificados por el desplome de 40 edificios y casas arrojó este movimiento telúrico.
    
Justamente 24 años más tarde, el mismo día, otro fenómeno similar, pero de 7,1 grados, golpeó a la misma región aunque causando muchas menos víctimas (unas 400) y al menos 40 edificios y casas derrumbados. La coincidencia fatal, que estadísticamente sólo debería suceder una vez en un millón, ha hecho de este día una especie de "fecha maldita" marcada con negro en el calendario.
    
Sin embargo, también ha sido aprovechada por expertos para recordar que el país vive en una zona inestable y debe estar preparado siempre para lo peor.
    
Durante esta jornada, se organizaron desde muy temprano ceremonias y actos memoriales donde se lanzaron vehementes llamados a perfeccionar las normas de construcción y los planes de protección civil y se recordó a los seres queridos que perecieron sepultados bajo miles de toneladas de escombros.
    
A las 10:00 locales, comenzó el simulacro y se escuchó la "alerta sísmica" a través de más de 12,000 altavoces en toda la capital y parte de la periferia, no sin dejar de generar cierto nerviosismo para quienes todavía no se acostumbran a ella o temen que sea el preámbulo de una desgracia.
    
Unos 7 millones de personas y 11.404 inmuebles públicos y privados en la Ciudad de México participaron en el macrosimulacro que se realizó en 18 de los 32 estados del país.
    
El presidente Andrés López Obrador encabezó la ceremonia de izamiento de la bandera nacional a media asta, en señal de duelo, en la Plaza de la Constitución, en el corazón del centro histórico, a las 7:19 locales (15:19 GMT), la misma hora en que ocurrió el terremoto de 1985.
    
Al acto acudieron miembros del gabinete del mandatario, autoridades de la Ciudad de México y los principales jefes de las Fuerzas Armadas.
    
López Obrador dijo que su gobierno "está preparado en materia de Protección Civil para actuar en caso de un sismo" de gran magnitud. El jefe de Estado destacó la "fraternidad de los mexicanos" en casos de emergencia, aunque, señaló que el gobierno "no se debe quedar atrás", sino llegar primero "para auxiliar en caso de una desgracia", afirmó.
    
"Nuestro pueblo, entre otras características, entre otras virtudes, es un pueblo fraterno, solidario, que siempre es el primero en brindar auxilio", indicó.
    
Una de las principales críticas a las autoridades tras el terremoto de hace 26 años, que semidestruyó varias zonas céntricas de la capital fue la parálisis del gobierno, rebasado por la movilización inmediata de miles de personas que apoyaron el rescate de personas atrapadas de las ruinas de edificios.
    
López Obrador entregó el Premio Nacional de Protección Civil, y pidió "actuar de manera preventiva y ejercitar lo que demos hacer en caso de un sismo como lo recomiendan los expertos: actuar con calma y seguir al pie de la letra las instrucciones".
    
Los especialista advierten que todavía está por llegar el "Big One", es decir, el gran terremoto con epicentro en la costa del Pacífico, que repercutiría en la capital mexicana y sus alrededores y podría doblar la intensidad del de 1985.
    
En la denominada Brecha de Guerrero se concentran grandes cantidades de energía por cuanto hace más de un siglo que no surge un sismo desde esa zona.
    
Un grupo de científicos mexicanos y japoneses estudian el subsuelo, la superficie y el espacio exterior de esa misteriosa región, porque hay una hipótesis aún no comprobada de que la energía se ha venido liberando mediante los llamados "sismos silenciosos" que son imperceptibles.



JMRS


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