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Que no despierten el México profundo


2019-11-08

Por Mireille Roccatti | Revista Siempre

Los sucesos en curso y algunos que se han presentado en tiempos recientes tanto en Latinoamérica como en otras partes del mundo, debe servirnos como referentes de la alta volatilidad social que desemboca en situaciones límite, en violencia descontrolada y sobre todo en descarga emocional de la colectividad, producto del encono social contenido.

Para algunos –que mucha de razón tienen– las revueltas sociales encuentran su génesis en la baja calidad de vida, la pauperización de las clases medias como resultado del modelo económico Neoliberal o fundamentalismo del mercado que agudizo la pobreza de la mayoría de la población, cancelo el ascenso social y sobre todo dejo sin esperanzas o sueños a los jóvenes.

El fenómeno puede tener orígenes diversos pero ha sido una constante  que la chispa que prende el fuego han sido aumentos en los precios en bienes y servicios, como sucedió, en Francia y Ecuador que el alza a las gasolinas desencadeno protestas sociales, que aun anunciando la cancelación de las medidas, no lograron apaciguarlas, y por el contrario se politizaron las demandas ciudadanas.

En el caso de Chile, el galvanizador fue un aumento al servicio del Metro en Santiago, ahondado con estúpidas declaraciones burlonas desde el poder y los chilenos que llevaban décadas de vivir en permanente “estrés” por la pérdida de calidad de vida o la cancelación de expectativas de futuro de los jóvenes salieron a las calles indignados a protestar. La violencia innegable que se desató no puede categorizar a este movimiento de reclamo social que mostro la vitalidad del alma de este hermano país andino, ejemplo de lucha democrática. Hay que tener presente que por el voto popular se dieron un gobierno socialista que fue arteramente derrocado por la oligarquía nacional en alianza con los grandes corporativos trasnacionales y el gobierno de Estados Unidos, instaurando una sangrienta dictadura.

Es muy importante que no se olvide que ese ejemplo en Chile  de conquistar el poder por los cauces institucionales señalo un nuevo rumbo para los jóvenes revolucionarios de la época que seguían el ejemplo cubano de las guerrillas rurales y urbanas. Y  como olvidar la noche sangrienta de dictaduras militares que asolaron los países hermanos de nuestro continente. Por eso y otras razones debemos ver con especial detenimiento que está pasando en Chile.

Nuestro México “florido y espinudo” que cantara el inmenso poeta Pablo Neruda, en ocasiones parece al borde del abismo de una revuelta social. Recordemos por ejemplo el vandalismo desatado tras el alza de las gasolinas o “gasolinazo” en el anterior sexenio. O algunas de las recientes protestas en la Ciudad de México. No es posible olvidar los 240 mil muertos de los últimos tres lustro y los 50 mil desaparecidos por el problema de la inseguridad.  El País, por decirlo en ocasión de la celebración del día de muertos, es un gigantesco altar de muertos.

En este contexto debe pensarse y reflexionarse con seriedad que la predica diaria desde el poder y por quien lo detenta, divide, polariza y  encona a los mexicanos. La ira social de cada vez mayores grupos que están siendo afectados por las equivocas políticas económicas y de seguridad publica pueden terminar en sucesos violentos. Al contrario de otras latitudes el México bronco si despierta no se apaciguara con una cuota de sangre.

Estos no pueden ser momentos de desunión y de echar a pelear a los mexicanos, son momentos definitorios para el futuro desarrollo del País, que debe conducirse con estricto apego a la ley, con justicia y libertad.



Jamileth


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