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El año de la ralentización económica


2019-12-30

Editorial | El País

Madrid 28 DIC 2019 - 17:40 CST El año 2019 dice adiós dejando más dudas que cuando comenzó. Tras años de briosa recuperación, la actividad ha comenzado a flojear contagiada por la inestabilidad exterior: las secuelas de la guerra comercial, las turbulencias del Brexit, la crisis de la industria automovilística alemana y las tensiones geopolíticas en otras regiones del mundo han sido la coletilla de las crónicas para explicar la pérdida de fuelle de la economía internacional. El comercio mundial vivió en 2019 su peor año en una década.

Pese a ello, España creció por encima de la media europea, con un envidiable 2%, el paro sigue cayendo y el consumo interno mantiene su vigor. Lo que parecía una nueva tormenta a finales de verano parece haber pasado de largo en invierno, pero los síntomas del enfriamiento siguen ahí y la falta de un Gobierno estable ha lastrado la política económica. El contrapunto a la incertidumbre ha sido el incremento de los sueldos de los trabajadores, de las pensiones de los jubilados y del salario mínimo, que han contribuido a que los ciudadanos recuperen poder adquisitivo. Y a que la gran herida de la crisis, la desigualdad, comience a cicatrizar lentamente. Esta es la crónica de un año marcado por los siguientes acontecimientos:

Parálisis política. El Gobierno de Pedro Sánchez presentó presupuestos al inicio de 2019, pero no logró sacarlos adelante y abrió una época de interinidad que se ha prolongado durante todo el año. Atrás han quedado reformas pendientes como la de las pensiones, la laboral o la financiación autonómica. Tampoco se aprobaron los impuestos anunciados a las rentas altas, las grandes empresas, las transacciones financieras o la tasa Google.

Los salarios se desperezan. La recuperación ha alcanzado a los sueldos en 2019. El empleo lleva casi seis años creciendo con fuerza. Los salarios, en cambio, no se sumaban a esta euforia. Los altos niveles de paro (todavía en torno al 14%) y la baja productividad en España, ligadas a la alta precariedad y el menor poder de los trabajadores en la negociación colectiva tras la reforma laboral de 2012, se tradujeron en sueldos anémicos. La situación ha cambiado este año. A punto de acabar 2019, los sueldos pactados en los convenios crecen un 2,3%, las remuneraciones de los trabajadores públicos un 2,5% y el salario mínimo dio su mayor salto durante la democracia: un 22,3%, hasta los 900 euros. Esto ha llevado a una subida del sueldo medio en los tres primeros trimestres del año en torno al 2% (1.876,95 euros). Este avance, sin embargo, se ha visto oscurecido por el enfriamiento económico. Hasta septiembre, el empleo crecía a un ritmo anual del 1,7% (346,300 empleos adicionales), frente al 3,2% de comienzos de año (596,900).

Pensiones: la reforma que no llega. Otro año que acaba y sigue sin llegar la reforma de la Seguridad Social que cierre su déficit, encaramado en torno los 18,000 millones desde 2016. La subida de sueldos y bases de cotización (máximas y mínimas) ha aumentado los ingresos por cotizaciones y el instituto previsor logrará más recaudación que nunca. Pero también han crecido los gastos. Todas las pensiones contributivas subieron al menos un 1,6%, y buena parte de las de viudedad crecieron todavía más. Los permisos de paternidad aumentaron hasta las seis semanas en enero y los dos meses en abril, elevando el gasto. Y mientras subía (y sube) la necesidad de ingresos, no hay acuerdo en las recomendaciones del Pacto de Toledo. A punto de alcanzarse en febrero, los comicios de abril se cruzaron en su camino. Así que la reforma no llega, los recursos para cerrar el déficit de la Seguridad Social tampoco y el Fondo de Reserva mengua: solo queda algo más de 2,000 millones.

Bankia: juicio al símbolo de la crisis. Bankia necesitó 22.424 millones para no quebrar en 2012; el Estado metió este dinero y se evitó que los clientes perdieran sus ahorros. Pasado el susto, deben responder los gestores. El rescate récord y la politización de la cúpula (mandaba Rodrigo Rato, exlíder económico del PP) han convertido a Bankia en el símbolo de la crisis. Tras 10 meses de juicio y 74 sesiones, se espera la sentencia de la Audiencia Nacional que juzga a 34 acusados, 31 personas físicas y tres jurídicas: Bankia, BFA y Deloitte. Se les atribuye falsedad contable y estafa de inversores por la salida a Bolsa de la entidad. Rato pide su absolución alegando que el Banco de España supervisó todas sus decisiones y jamás las criticó. No se juzga al supervisor, pero está detrás de todo, con una sombra de responsabilidad. El Tribunal deberá decidir si además de culpas, también hay culpables.

El 'caso Villarejo' asalta el Ibex. El 14 de enero, el nuevo presidente del BBVA, Carlos Torres Vila, ordenó ampliar la investigación interna abierta sobre las relaciones del banco con la empresa Cenyt, del comisario jubilado Villarejo. Según las informaciones aparecidas, la entidad la había contratado para espiar a personas implicadas en el intento de la constructora Sacyr de entrar en su capital. El asunto llevó al juez Manuel García-Castellón a imputar en julio al banco por los presuntos delitos de cohecho, descubrimiento y revelación de secretos y corrupción en una pieza separada del caso Tándem que investiga a Villarejo. La investigación salpica directamente al expresidente, Francisco González, que negó conocer la supuesta trama, aunque se desveló que el banco mantuvo relaciones comerciales con Cenyt entre 2004 y 2018, cuando ya el comisario había ingresado en la cárcel. La transcendencia ha subido enteros desde que el BCE pidió información a la justicia española sobre esas relaciones. Mientras tanto, cumpliéndose amenazas de Villarejo, han salido informaciones que comprometen a otras empresas del Ibex, como Iberdrola, que ha reconocido que existen facturas pagadas a Cenyt, y más recientemente Repsol y La Caixa.

El mercado inmobiliario se frena, pero el alquiler alcanza máximos. Ni la venta, ni la construcción ni los precios de la vivienda son ya lo que eran. Tras dos años de fuertes crecimientos, 2019 ha supuesto una nueva inflexión. Pese a algún sobresalto, como la entrada en vigor de la nueva ley hipotecaria que provocó caídas puntuales en las compraventas, el sector asiste a una normalización: este año acabará posiblemente con menos ventas que en 2018, las viviendas nuevas construidas no superarán por mucho las 100,000 que se edificaron el año pasado y pisos y casas se están encareciendo al ritmo más bajo de los últimos tiempos. No obstante, los precios siguen creciendo más que los salarios y eso afecta a los grupos más vulnerables. Los jóvenes sin ayuda familiar o que no puedan ahorrar lo suficiente se ven abocados al alquiler, que se come cada vez más parte de los ingresos aunque en Madrid y Barcelona también ha comenzado a mostrar tímidas bajadas. Un cambio legislativo en marzo dio mayores garantías a los inquilinos al recuperar la duración mínima de los contratos de cinco años (siete si el arrendador es una empresa) y limitar el alza de precios interanual al IPC.

Los taxistas bloquean Madrid y Barcelona. La protesta de los taxistas contra Uber y Cabify marcó los primeros días del año. Durante una semana, los taxistas de Barcelona bloquearon la Gran Vía, una de las principales arterias de la ciudad, y protagonizaron intensas protestas que se replicaron en Madrid en plena Feria Internacional del Turismo (Fitur). Reclamaban una regulación que acotara a la actividad de los VTC (vehículos de transporte concertado). La Generalitat aprobó un decreto que obliga a contratar los VTC con 15 minutos de antelación, un margen que más tarde el Área Metropolitana de Barcelona —que engloba a la capital y a 35 ciudades colindantes— amplió a una hora, aunque este reglamento fue suspendido en los tribunales. El decreto causó la salida de Uber de Barcelona; Cabify suspendió la operativa unos meses y después se adaptó a la norma.

Tiras y aflojas en la guerra comercial. La economía global termina el año igual que lo empezó: pendiente de los bandazos de Donald Trump. La guerra comercial que dura ya casi dos años acaba de dar un respiro. EE UU y China cerraron en diciembre la primera fase del acuerdo que negocian, congelando la mutua escalada arancelaria. Washington también acordó un renovado tratado comercial con México y Canadá. Pero eso no quiere decir que haya llegado la paz. Los frentes del conflicto mutan: Trump da ahora muestras de apuntar hacia Europa. Mientras, la economía sufre las consecuencias de las agresiones. El FMI anunció que el mundo crecerá este año a su nivel más bajo en una década y que el conflicto comercial costará más de 600,000 millones de euros en 2020. Y la implosión de la Organización Mundial del Comercio (OMC) por el bloqueo de EE UU anuncia un mundo donde los conflictos no se solucionan a través de un organismo independiente, sino con la ley del más fuerte.

EE UU impone aranceles a España. España tampoco se salva del vórtice proteccionista de Trump. El veredicto de la OMC que declaró ilegales las ayudas de Bruselas a Airbus abrió la rendija para que Washington disparara sobre las exportaciones de la UE hacia EE UU: desde el 18 de octubre una losa por valor de más de 6,800 millones pesa sobre una lista de 150 productos. El impacto para España es de casi 1,000 millones y los artículos más afectados son aceite, vino y queso, con un arancel del 25%. Este gravamen se suma al recargo del 35% que EE UU ya había impuesto con anterioridad a las aceitunas negras españolas.

Lagarde sustituye a Draghi: el búho llega al BCE. Se va Mario Draghi, el hombre que revolucionó el Banco Central Europeo (BCE). Y llega Christine Lagarde, la primera mujer y la primera política sin experiencia como banquera central al frente del organismo. A la exjefa del FMI le esperan ocho años muy complicados como presidenta del BCE. Primero, porque la política monetaria da muestras de haber agotado su capacidad para impulsar el crecimiento y la inflación de la eurozona. Y lo hace en un momento de máximo enfrentamiento entre los miembros del Consejo de Gobierno, dividido entre halcones y palomas. En un intento de coser las heridas, ella ha querido alejarse de los dos bandos: “Mi ambición es ser ese búho que se suele asociar con la sabiduría”. No quiere mojarse. Pero nadie duda de que la era de los tipos de interés ultrabajos seguirá.

El pulso por liderar el 5G. El 5G permitirá gobernar remotamente sistemas tan delicados como las comunicaciones o la defensa de un país. De ahí que se haya convertido en el arma predilecta de la nueva guerra fría que se dirime entre EE UU y China. Trump ordenó el veto a Huawei, el mayor proveedor mundial de redes 5G, bajo la excusa de que podía espiar para el Gobierno chino. Empresas como Google acataron la orden y denegaron a Huawei las actualizaciones del sistema Android, que gobierna el 85% de los móviles que se venden en el mundo. Las ventas de terminales de la firma china, segundo fabricante global tras Samsung, se desplomaron. Tras varios aplazamientos del veto, la guerra está en stand-by. Y se puede recrudecer en 2020, cuando arranquen los servicios comerciales de 5G en todo el mundo.

La mayor salida a Bolsa de la historia. El inicio de cotización de Saudi Aramco, a comienzos de diciembre, ha marcado un hito tanto para el sector petrolero —que en plena COP25 de Madrid dio una muestra de que el muerto sigue aún muy vivo— como para el país árabe. Por solo el 1,5% de su capital, el segundo mayor productor de crudo convencional del mundo obtuvo la nada despreciable suma de 23,000 millones de euros para apuntalar su ambicioso plan de inversiones que desligue su camino del de los combustibles fósiles. Para lograr el éxito de la mayor colocación de la historia, el régimen saudí se apoyó en sus propios ciudadanos —a los que ofreció importantes incentivos— y en otros petroestados de su entorno, como Emiratos Árabes Unidos y Kuwait. Con todo, y a pesar de las subidas de las primeras sesiones, su precio de cotización ha regresado prácticamente a su punto de partida.



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