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Enrique de Inglaterra y Meghan Markle, el difícil papel de los segundones


2020-01-13

Por MÁBEL GALAZ | El País

Madrid 13 ENE 2020 - 13:48 CST En las casas reales europeas se viven momentos de cambios. Ser miembro de una de ellas ofrece muchas ventajas, pero también obligaciones. Para algunos la ecuación merece la pena, para otros no. Estas cuentas las echan quienes ocupan puestos menores en la línea de sucesión al trono, los que ocupan las primeras posiciones no tienen margen de maniobra. Este es el caso de los duques de Sussex. Enrique, tras la boda de Guillermo y Kate Middleton y el nacimiento de sus tres hijos, pasó a ser el quinto en la línea de sucesión al trono. Su matrimonio con Meghan Markle y sus deseos de llevar una vida más alejada de palacio han llevado a la familia real británica a una novedosa situación que en otras monarquías ya no lo es: vivir lejos de palacio. Isabel II tiene que dictar sentencia.

Magdalena de Suecia, por ejemplo, se apartó de los suyos cuando se casó con Chris O´Neill y sus negocios fueron investigados por su actividad financiera en paraísos fiscales. Ahora, la pareja vive en Estados Unidos y ella participa solo en actividades públicas familiares. O´Neill, además, renunció al título de príncipe para poder seguir con su trabajo. Su cuñado, Daniel, marido de la heredera Victoria, se apartó de su trabajo de empresario de gimnasios cuando se casó. Pero su caso es diferente al tratarse de la pareja que está llamada a reinar algún día en Suecia.

Otro caso similar es el de Marta Luisa de Noruega que al unirse al chamán Shaman Durek ha sido objeto de muchas críticas por vincular la corona a las actividades de este. Después de meses de polémica, la princesa, cuarta en la línea de sucesión, hizo pública su decisión de poner fronteras. “Últimamente ha habido muchas discusiones sobre mi uso del título en un contexto comercial. El hecho de que lo usara en el título de mi gira fue un error y lo siento. Las críticas son algo que me he tomado en serio y, en colaboración con mi familia, hemos decidido que es mejor que hagamos algunos cambios", dijo la hija del rey Harald en un comunicado. Y añadió: “Por lo tanto, hemos llegado a la conclusión de que utilizaré el título de princesa cuando represente a la casa real, pero de ahora en adelante no lo usaré en un contexto comercial. Es decir, en todos los contextos comerciales solo seré Marta Luisa. Considero que esta es una buena solución, donde hay una clara distinción entre mis actividades comerciales y mi papel como representante de la casa real. Así creo un espacio para una mayor libertad en mis actividades comerciales", concluye.

El príncipe Laurent, el menor de los tres hijos de los reyes Alberto y Paola de Bélgica, fue apartado de los actos oficiales por sus escándalos. Las salidas de tono del príncipe llegaron a tal nivel que varios partidos políticos pidieron que dejara de recibir dinero del erario público. Tiempo después, Laurent fue obligado a devolver 16,000 euros al Estado por incluir en sus gastos recibos de una cadena de supermercados, gastos escolares para sus hijos y los costes de un viaje de esquí entre sus justificantes de los gastos por actividades oficiales. También los gastos de remodelación de su casa estuvieron en el punto de mira. Laurent ahora vive apartado de la vida oficial desde que su hermano Felipe accedió al trono y solo participa en actos de carácter familiar.

En España el papel de las infantas Elena y Cristina quedó marcado por el caso Nóos. El palacio de La Zarzuela apartó a los entonces duques de Palma de la agenda oficial y de paso redujo la presencia de Elena. Con la llegada de Felipe VI a la jefatura de Estado se redefinió la familia real. Se separó lo que era familia real de la familia del Rey. A la primera solo pertenecen don Felipe y doña Letizia, sus hijas la princesa Leonor y la infanta Cristina y los reyes eméritos don Juan Carlos y doña Sofía. La medida fue explicada como la intención de dejar claro cuál es el eje sobre el que pivota la Corona. Las Infantas tienen su propio trabajo y no reciben asignación de Estado que sí se ocupa, en cambio, de su seguridad.

Los Windsor, sin embargo, no han acortado la familia, la han engordado mientras crecía. Hijos, nietos, sobrinos y hasta primos de la reina Isabel gozan de favores y privilegios. Esa situación ha creado muchos problemas en el pasado. El príncipe Andrés se vio involucrado en un escándalo tras ser acusado de usar su posición para hacer negocios. Lo mismo les pasó a Eduardo de Inglaterra y a su esposa Sofía que tuvieron que cerrar su productora. Incluso Sarah Ferguson, separada de Andrés, ha tenido problemas para retomar su vida privada.

Una vez más, Isabel II se va a ver obligada a redefinir el papel de los miembros de su familia tras la decisión de los duques de Sussex de dar un paso atrás, una circunstancia que se ha convertido en un asunto político, que marcará el proceder de otras monarquías por el alto grado de influencia de la corona británica.



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