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Wuhan ya sueña con su libertad


2020-03-24

Macarena Vidal Liy | El País

Pekín.- “Cuando salga de aquí, quiero quedar con mi novia e ir con ella a comer hamburguesas y pollo frito”, suspira Chao, un estudiante de 22 años residente en Wuhan, que no ve la hora poder moverse por dónde quiera. “Al principio me entretenía con vídeojuegos, pero ahora ya hasta eso me aburre”, se lamenta. Su sueño de libertad está cada vez más cerca.

Este martes, las autoridades provinciales han anunciado que el 8 de abril se levantará la dura cuarentena impuesta desde hace dos meses a esta ciudad junto al río Yangzi, el primer foco de la pandemia traída por el coronavirus. El resto de la provincia de Hubei, de 56 millones de habitantes, recuperará la movilidad este mismo miércoles. Al tiempo que comienza la primavera, y florecen los cerezos de la Universidad de Wuhan-una de las atracciones turísticas de esta urbe de 11 millones de habitantes-, las primeras señales de relajación ya se palpan en el ambiente.

En las urbanizaciones donde viven la mayoría de residentes en Wuhan, desde hace días ya se permite que los vecinos puedan bajar al jardín a estirar las piernas y disfrutar del sol y las temperaturas primaverales. Siempre con cuidado de no formar aglomeraciones, y de manera más o menos estricta según decida el comité vecinal del complejo de viviendas y lo duro que haya golpeado la enfermedad en esa zona. En algunos, aún solo se autoriza a un miembro de la unidad familiar por día el que salga a dar un paseo. En otros, ya se permite salir a la calle. En los barrios periféricos rurales, el transporte ya se ha reiniciado.

“La gente está deseosa de salir”, comenta Zhou, trabajador autónomo de 42 años. “No podemos hacer mucho en casa. Así que, por ejemplo, nos dedicamos a cocinar platos ricos pero muy laboriosos. ¿Qué más se puede hacer? Mirar las noticias en Internet, echarte en la cama, charlar con amigos. Y caminar por el salón. Estamos encerrados en este pequeño espacio y no podemos hacer nada por cambiar la situación. Esta es nuestra mayor pena”, apunta.

En su urbanización ya se nota el cambio de actitud, más relajada, incluso entre los vigilantes del comité vecinal encargados de hacer cumplir la cuarentena. “Ahora, cuando bajas y alguien intenta salir a la calle, simplemente le recuerdan que no se puede y que esto no está acabado aún. Antes se te llevaban por la fuerza”.

En su caso, Zhou acaba de recibir un mensaje en el grupo de WeChat (equivalente al Whatsapp en China) de su urbanización. Hasta ahora solo podía obtener alimentos o bien en la tienda del complejo residencial o bien encargando la comida por Internet y a través del comité vecinal, como ocurría en muchos otros barrios. Pero parece que esto ya va a cambiar. “Nos dicen que, con un pase del comité vecinal, podemos salir a hacer la compra. Creo que es algo tentativo. Esta mañana me he planteado probar; no es que necesite nada, pero me apetece ver el ambiente de la calle. Aunque luego he pensado que quizás haya mucha gente y sea más fácil contagiarse, así que iré a última hora de la tarde, cuando no haya casi nadie”.

Foco original de la epidemia, Wuhan ha declarado 50.006 infecciones de las 81.171 en todo el país y ha sufrido 2.524 muertes del total nacional de 3.277, según las cifras oficiales. La tendencia es, claramente, a la mejora, aunque el anuncio de un contagio este martes ha roto la racha de cinco días sin nuevos casos. Algunos no obstante, ponen en duda que las cifras que aporta la Comisión Nacional de Salud sean exactas. La agencia de noticias japonesa Kyodo publicaba el jueves pasado las declaraciones de un médico en un centro de cuarentena en la ciudad, que aseguraba que tras la visita de Xi Jinping hace dos semanas, se ha reducido deliberadamente el número de casos a tratar. El objetivo, según el médico, es mostrar el éxito del Gobierno en la eliminación de la epidemia, algo que las autoridades sanitarias niegan tajantemente. La televisión de Hong Kong RTHK también ha recogido declaraciones de residentes que aseguran que los hospitales les envían para casa sin hacerles las pruebas.

Zhou se encuentra entre los escépticos sobre los datos que comunica el Gobierno cada día. “Nuestra información no es transparente. No me fío de un solo dígito de sus cifras. Un amigo me preguntaba el otro día que se puede hacer si no confiamos en los números oficiales. Pensé que podríamos inscribir el nombre de cada uno de los fallecidos en una página web. No eran números. Deberíamos recordarlos y advertir a la sociedad de que las mentiras pueden matar. Pero no se puede crear esta página web”, apunta, en un eco de la rabia que llenó las redes sociales chinas a comienzos de febrero, cuando se anunció la muerte por Covid-19 del médico Li Wenliang, que en diciembre había tratado de alertar sobre la gravedad de la epidemia.

Cuando se pueda mover libremente, confía Zhou, “quiero pasear por la ciudad. He nacido y me he criado aquí. Y quiero visitar a las familias que han perdido miembros”. Lo subraya de nuevo: “No eran números”.

Preocupación por la economía

A medida que se vuelva a la normalidad, y los ciudadanos puedan reintegrarse a sus actividades habituales hasta el punto de que ir a la compra deje de ser un acontecimiento para convertirse de nuevo en un recado, se retomará también la actividad económica, que ha permanecido prácticamente paralizada en toda la provincia de Hubei durante las semanas de cuarentena. Aunque durante este tiempo las órdenes del Gobierno eran de que las empresas siguieran pagando los sueldos de los empleados, está por ver el impacto del parón entre las pequeñas y medianas empresas. “El bloqueo ha supuesto una catástrofe económica”, reflexiona Zhou. “Puede que las clases medias puedan aguantar un par de meses más que la gente normal. Pero los que viven de lo que ganan cada día, ¿qué pueden hacer? Necesitan salir. Si no pueden salir y ganar dinero, se mueren de hambre. Y mucha gente joven que acaba de entrar en el mundo laboral, que quiere crear su propia familia, encaran ahora los pagos de créditos hipotecarios y otros gastos. Eso es preocupante”.



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