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La economía se hunde... la Bolsa se dispara


2020-06-04

Marcos Lema, El País

La economía se hunde. Estados Unidos arde por los cuatro costados. Suenan de nuevo los tambores de guerra comercial. Y las Bolsas se disparan. El último de los enunciados haría suspender a cualquiera que lo incorporase a la sucesión lógica de un test psicotécnico, pero los mercados a veces son irracionales. O, mejor dicho, tienen su propia racionalidad.

La extraordinaria actuación de los bancos centrales ha agrandado una brecha, la de las cotizaciones bursátiles y la economía real: mientras el PIB se desploma a unos niveles jamás vistos desde la Guerra Civil y España encara las últimas semanas de un confinamiento que se hace eterno, el Ibex ya ha salido del estado de alarma.

El selectivo acaba de recuperar los niveles previos a la decisión que paralizó la economía para salvar miles de vidas, pero los expertos advierten: la convalecencia será larga y el peligro de una recaída, constante hasta que no haya una vacuna. Los valores actuales, además, quedan muy lejos de los máximos registrados en febrero, a los que siguieron derrumbes aún hoy difíciles de olvidar. Entre los 10.083 puntos del 19 de febrero y los 6.107 del 16 de marzo, justo en la primera sesión tras el estado de alarma, el Ibex perdió un 40%. Solo el 12 de marzo cayó un 14%: el peor día de su historia, al igual que en las demás Bolsas europeas.

El 19 de marzo, España registró 169 muertos por covid-19 y la presidenta del Banco Central Europeo (BCE), Christine Lagarde, anunció la decisión histórica de comprar bonos —públicos y privados— por valor de 750,000 millones de euros. El día anterior el Ibex había cerrado en 6.274 puntos; ayer superó los 7,600.

El apoyo masivo de los bancos centrales, también en Estados Unidos —la Reserva Federal ha llegado a comprar bonos basura— ha conseguido el milagro de que las 35 grandes cotizadas españolas valgan un 25% más ahora que cuando los aviones abarrotaban los cielos y nadie miraba raro al vecino que decía que iba a comprar un coche. Francisco Quintana, director de estrategia de inversión de ING, ha estudiado cómo la economía real y las Bolsas se han ido separando estos últimos años. Y lo asume con naturalidad: “La situación no me resulta extraña, pero la brecha ahora es más profunda que nunca”.

Efectivamente, la decisión de Lagarde no es nueva. Ya la practicó su antecesor, el carismático Mario Draghi. Sin embargo, esta vez la potencia de fuego ha sido muy superior y, unida a los tipos de interés del 0%, conduce a una barra libre que ha inflado artificialmente la renta variable. En algún momento, opina Quintana, esta brecha tendrá que reconducirse, y solo hay dos opciones: o los mercados se ajustan a la evolución de la economía real o la economía real asciende al cielo de los mercados. La respuesta resulta obvia para cualquiera que esté pasando por un ERTE.

Las amenazas siguen ahí, pero el dinero no las está teniendo en cuenta. Natalia Aguirre, directora de análisis de Renta 4, no oculta su sorpresa por la evolución de los parqués: “Los inversores solo están atentos a las buenas noticias, como la desescalada”. El Ibex ha acabado en verde 10 de las últimas 11 sesiones, una racha extraordinaria que coincide con varios eventos que podrían haber desestabilizado los mercados, como las revueltas en EE UU, el recrudecimiento de la tensión en Hong Kong o las amenazas cruzadas entre el país norteamericano y China en el terreno comercial.

Después de la debacle de la covid-19, todos los problemas han quedado en un segundo plano en relación al riesgo de un posible rebrote. Pero hasta ahora las Bolsas han descontado que no se producirá, mientras celebran cada nuevo avance en el desarrollo de una vacuna que acabe con la pandemia. Volver al confinamiento resulta, hoy por hoy, mucho más probable que acudir al hospital para recibir la inyección milagrosa. Da igual: el Ibex ha ganado un 15% en las últimas dos semanas.

Joaquín Robles, analista de XTB, cree que este comportamiento de los inversores tampoco pasa la prueba del psicotécnico: “Es totalmente irracional, sobre todo si se tienen en cuenta los fundamentales”.

En manos de la volatilidad

Hasta ahora, las respuestas a muchas de las preguntas sobre la Bolsa conducían a este término. El comportamiento de las empresas en los parqués estaba directamente relacionado con sus datos financieros y con las expectativas a corto y medio plazo. Si la cuenta de resultados lucía bien, lo más probable es que la cotización apuntase al verde. Esto podría explicar que el Nasdaq esté a punto de alcanzar su máximo histórico en plena pandemia: la mitad del valor del índice tecnológico neoyorquino depende de Amazon, Google, Facebook, Apple y Netflix, cinco gigantes que han salido beneficiados de la crisis o, en el peor de los casos, indemnes.

Pero en ningún caso puede justificar que el Dow Jones, que agrupa a las principales cotizadas de la industria, esté a menos de un 10% de su cota más alta mientras muchas fábricas permanecen cerradas. La palabra que importa ahora es volatilidad.

En su carrera por obtener beneficios, los pequeños inversores se han lanzado a por gangas muy apetecibles, pero altamente inestables. El dinero se ha movido en los últimos días desde los valores defensivos, que actuaron como refugio durante el confinamiento, hacia los ligados a un ciclo económico que se prevé nefasto. IAG tiene a su flota de aviones en tierra, pero se ha revalorizado un 65% en estas dos semanas.

La mayoría de los analistas consultados augura una corrección, aunque nadie sabe lo que va a pasar. Mientras, el mercado baila al capricho de corazonadas y posiciones cortas. “Un simple tuit de Trump con la palabra aranceles podría provocar un marcado cambio en el sentimiento de los inversores”, resume Aitor Méndez, de IG. No sería la primera vez que ocurre. Cuando la irracionalidad se sienta en el Despacho Oval, hasta Wall Street se contagia.



regina


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