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América no ve la salida del coronavirus


2020-06-21

Francesco Manetto, El País

En marzo América observaba el avance del coronavirus en el mundo con preocupación desigual. Mientras Europa ya estaba desbordada por la pandemia, en la otra orilla del Atlántico se tomaron las primeras medidas sin tener claro el horizonte. Después de Milán y Madrid llegaron Nueva York, São Paulo o Guayaquil. Hoy los papeles se han invertido, aunque la incertidumbre sobre el desenlace es la misma. Lo único cierto es que la emergencia sanitaria está lejos de remitir y no ha alcanzado su pico. Y América es ahora el epicentro del virus, al tiempo que comienzan a registrarse rebrotes en Asia, algunos países europeos y los datos más recientes indican que la India es una potencial bomba de relojería.

La aceleración de la propagación de la enfermedad no es objeto de debate. Lo confirmó el viernes la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la expansión de la covid-19 amenaza a una región profundamente desigual. De Canadá a Argentina, según los datos oficiales proporcionados por las autoridades locales, se cuentan alrededor de 220,000 muertes y más de cuatro millones de contagios, casi la mitad del total a escala mundial. Estos números explican las palabras de Tedros Adhanom Ghebreyesus, máximo responsable del organismo multilateral. El mundo, afirmó, se asoma a una “nueva fase peligrosa” con un horizonte poco claro.

Esa fase ya ha tenido en las últimas semanas una colección sobrecogedora de fotografías que va más allá del colapso sanitario y refleja debilidades estructurales, sobre todo en el sur del continente. Cadáveres en las puertas de las viviendas en la provincia de Guayas, en Ecuador; muertos en la calle tras ser rechazados por los hospitales en Bolivia; desplazamientos de miles de personas sin trabajo, un fenómeno que se dio principalmente en Perú, además de los más de 75,000 venezolanos que regresaron a su país ante la desprotección frente al coronavirus; cientos de casos de corrupción; falta de transparencia y repetidas muestras de irresponsabilidad, incluso negacionismo, de algunos Gobiernos como el de Jair Bolsonaro en Brasil.

Cada país tiene sus especificidades, pero Latinoamérica comenzó a aislarse muy pronto, en algunos casos cerrando a cal y canto sus fronteras como Colombia, al observar los efectos de la covid-19 en Europa. Así las cosas, la región va camino de registrar una de las cuarentenas más largas del mundo. Inevitables, aunque con consecuencias devastadoras en ecosistemas económicos donde la informalidad laboral supera a menudo el 50%. El panorama general lo describió a finales de abril la epidemióloga colombiana Zulma Cucunubá, del Imperial College de Londres. Esto es, la situación es de enorme incertidumbre y todos tienen ante sí caminos no transitados.

Esa reflexión no ha perdido hoy su vigencia. “Para todos está claro que el nuevo epicentro está en el continente americano, predominantemente en Estados Unidos, que con más de dos millones se ha convertido en el país con el mayor número de casos. Pero América Latina probablemente se constituya en breve como otro, ya lo hemos observado en cinco países”, explica a EL PAÍS Héctor Raúl Pérez Gómez, infectólogo de la Universidad mexicana de Guadalajara. En Brasil la epidemia avanza sin freno, con más de un millón de contagios y casi 50,000 muertes. Perú está postrado ante el coronavirus, los servicios sanitarios están desbordados y las comunidades rurales del Amazonas y los pueblos indígenas no logran hacer frente a la emergencia. Aunque oficialmente los casos son unos 250,000, a finales de mayo ya era el país del mundo con más exceso de muertes, el 54% más de lo habitual. México nunca decretó un confinamiento ferreo y ya ha superado los 20,000 fallecidos. Chile, con menos de 20 millones de habitantes, tiene más de 230,000 casos. Y Colombia, que ha logrado contener con estrictas medidas de prevención los estragos del virus y cuenta cerca de 2,000 muertes, ya ha emprendido un camino de reactivación económica que puede echar por tierra los esfuerzos de los últimos meses. El viernes el país andino celebró un “día sin IVA” que multiplicó las aglomeraciones en los comercios.

Sin embargo, mientras Europa ensaya su nueva normalidad y otras latitudes se preparan para afrontar la fase más dura de la pandemia, resulta imposible estimar cuándo llegará el pico del coronavirus. Para ello sería necesario poder realizar pruebas a todo el mundo y, además, la humanidad tendría que responder a los mismos patrones de comportamiento y prevención.

El caso de Latinoamérica es de alguna manera paradigmático para ilustrar esa incertidumbre. “¿Qué en particular resulta preocupante? Hay varios factores”, prosigue Pérez Gómez. “En primer lugar muchos países no están realizando el suficiente número de pruebas de laboratorio PCR para la detección oportuna de la enfermedad. El no realizar suficientes pruebas de laboratorio genera primero incertidumbre en las cifras y en segunda instancia dificultad para cortar la cadena de transmisión. Hay países que encuentran en la fase tres, donde el número de contagios comunitarios se cuentan por miles cada día. También es preocupante la prevalencia de comorbilidades. En México el 12% de la población adulta tiene diabetes mellitus, el 35% tiene hipertensión arterial y hasta el 70%, sobrepeso y obesidad”.

A esos factores se añaden las dificultades para mantener el aislamiento social. La cantidad de grandes metrópolis, los asentamientos informales sin servicios de salud, la necesidad de salir a trabajar de millones de personas que viven al día o la precariedad del transporte. En definitiva, la desigualdad económica, que en medio de estas circunstancias corre el riesgo de desatar una tormenta perfecta. Esto es, acentuar las turbulencias de la región y limitar la capacidad de respuesta de los Gobiernos. “La desigualdad tiene muchos mecanismos mediante los cuales puede afectar el desempeño económico; hay uno inmediato y es el agravante de las tensiones sociales”, indica Juan Huitzilihuitl Flores Zendejas, profesor del Instituto de Historia Económica Paul Bairoch de la Universidad de Ginebra. “Estas tensiones, típicas en países tan desiguales como los latinoamericanos, se agudizan durante las crisis económicas. ¿Qué quiere decir esto? Que existen riesgos de inestabilidad política, porque hay más incentivos de los sectores más afectados por la crisis para recurrir a canales no institucionales para manifestar su descontento, como ya venía siendo el caso antes de la crisis”.

Aunque las características del país son muy distintas, ese es también el desafío de la India, que pese a haber informado de alrededor de 13,000 muertes desde el comienzo de la pandemia ha registrado un aumento exponencial de los casos esta última semana. El gigante asiático, con alrededor de 1,300 millones de habitantes, decretó el confinamiento desde finales de marzo y lo extendió hasta el 30 de junio en las llamadas “zonas de contención”, donde se concentra el mayor número de contagiados. Los efectos de la reapertura son aún una incógnita, pero si no hay una inversión de tendencia se producirá antes de alcanzar el pico de la crisis sanitaria.

África es otra gran desconocida en medio de esta emergencia. Sigue siendo, según los datos oficiales, uno de los continentes menos afectados por la covid-19 con unos 300,000 casos declarados, que representan cerca del 3% mundial cuando tiene el 17% de la población del planeta y unos 7,500 fallecidos (el 1,6% mundial). Sin embargo, todas las alertas están encendidas por la creciente aceleración de los contagios en el último mes. La pandemia llegó más tarde, tanto por la menor conectividad africana con el exterior como por la rapidez de los cierres de fronteras, pero la batalla será larga y está lejos de haberse ganado. Además, para tratar de amortiguar un brutal batacazo económico, las fronteras se irán reabriendo en las próximas semanas, incluso en plena aceleración de la pandemia, informa José Naranjo.

La reapertura de las fronteras y la reactivación plantean un dilema similar en América Latina. “Podría ser un riesgo enorme para Latinoamérica si continúa o piensa que va a poder continuar igual que siempre”, señala Sergio Guzmán, director de la consultora Colombia Risk Analysis. “El modelo de sobredependencia de las materias primas y la falta de valor agregado en la cadena de servicios nos ha hecho especialmente vulnerables a los choques externos”. La paradoja es que eso representa también una oportunidad para cambiar el paradigma y centrar los esfuerzos en “crecimiento verde, educación, tecnificación de la mano de obra o la manufactura, ahora que el mundo se va a desligar un poco de China”. Pero todos son escenarios de futuro que dependen, en definitiva, de la evolución de la pandemia. Que se acelera, que continuará y que aún no ha alcanzado su pico.



JMRS


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