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Llevaremos cubrebocas por algún tiempo. ¿Por qué no hacerlos bonitos?


2020-08-04

Por Ben Dooley y Hisako Ueno | The New York Times

TOKIO – Rieko Kawanishi es la primera en reconocer que el cubrebocas repleto de perlas que diseñó no es el más efectivo contra el coronavirus. “Está lleno de agujeros”, dijo riendo.

No obstante, su protector facial hecho a mano, que recomienda utilizar sobre un cubrebocas normal, refleja una explosión súbita de atención creativa en el mundo de la moda y la tecnología hacia un producto simple que no ha sido alterado desde hace décadas.

“Después de la pandemia, hubo muchísimos lugares en los que, por primera vez, tenías que usar cubrebocas forzosamente”, dijo Kawanishi, una diseñadora de joyas que vive en Tokio. “Pensé: ‘Quiero diseñar algo elegante’”.

A medida que el virus continúa propagándose y las normas respecto al uso de cubrebocas se endurecen en muchos lugares del mundo, los consumidores comienzan a exigir una mayor variedad en las mascarillas que resguardarán su aliento en lugares públicos durante el futuro próximo.

En respuesta, muchas empresas y diseñadores han inundado el mercado con alternativas al cubrebocas quirúrgico desechable que animó a Kawanishi a poner manos a la obra.

Los inventores han imaginado cubrebocas con purificadores de aire motorizados, bocinas con bluetooth e incluso desinfectantes que matan bacterias calentando el protector facial (pero sin calentar el rostro, esperemos) hasta a 93 grados Celsius. En Corea del Sur, el gigante de la electrónica LG ha creado un cubrebocas con ventiladores que facilitan la respiración.

Las tiendas exhiben en maniquíes cubrebocas estampados a juego con ropa de diseñador. Un empresario indio afirmó que pagó 4000 dólares por un cubrebocas fabricado a la medida con oro. Y una diseñadora francesa de vestuario llenó su cuenta de Instagram con diseños fantasmagóricos que tienen ilustraciones que van desde pterodáctilos hasta piernas de muñecas.

El coronavirus “ha provocado una rápida evolución en la tecnología de los cubrebocas”, afirmó Yukiko Iida, experta en mascarillas del Centro de Control Medioambiental, una consultora en Tokio.

“Cuando hay demanda, el mercado reacciona con rapidez”, afirmó. “Las personas los usan todo el día, todos los días, así que vemos mejoras en aspectos como facilidad de uso y comunicación”, dijo, y mencionó un cubrebocas con la parte frontal transparente que permite ver las expresiones faciales de las personas.

La necesidad de innovar ha sido considerable en Japón, donde los cubrebocas ya se usaban de forma generalizada desde antes de la pandemia para resguardar el rostro del frío o del polen, de la influenza o de la mirada molesta de los extraños.

Aunque la mayoría de las personas sigue utilizando cubrebocas quirúrgicos blancos y económicos, los consumidores han comenzado a dejar de considerar a los protectores faciales como un artículo de un solo uso, o algo que adquieres en una tienda de conveniencia para luego usar pocas veces y tirar a la basura.

Taisuke Ono, director ejecutivo de la empresa emergente Donut Robotics, comentó que él imaginaba un mundo en el que las personas usarían cubrebocas en viajes al extranjero durante los próximos diez años o más. Señaló que, si eso sucede, los consumidores exigirán que sus cubrebocas hagan algo más que protegerlos de los virus.

Su empresa está fabricando un cubrebocas que funciona como una mezcla de radio de comunicación, asistente personal y traductor. Puede grabar la voz del usuario y proyectarla al teléfono inteligente de alguien más (mucho mejor para mantener la distancia social) o traducirla del japonés a varios idiomas.

“La pandemia hizo que esto fuera posible”, dijo, y recalcó que su prototipo había atraído la atención de los medios de comunicación y un gran interés de inversionistas en Makuake, una versión japonesa de la recaudadora Kickstarter. Antes, narró, “aunque hicieras algo como esto, nadie invertía en ello y no podías venderlo. Ahora, el mercado global ha crecido exponencialmente”.

Aunque la pandemia terminará en algún momento, agregó, “las personas seguirán usando cubrebocas porque están temerosas”.

A pesar de que no está claro cómo reaccionarán los consumidores a algunos de estos cubrebocas más ambiciosos, una innovación ha sido un éxito evidente: los protectores faciales con telas de alta tecnología que supuestamente ofrecen mayor comodidad o protección.

A medida que las temperaturas veraniegas se elevan, aumenta la demanda de los cubrebocas hechos con materiales que mantengan a los usuarios frescos. A las personas que han estado usando cubrebocas reutilizables de tela (como los que envía el gobierno japonés a todos los hogares del país) les cuesta soportar el calor y la humedad del verano en el centro de Japón, ni qué decir de Singapur o Hong Kong.

Toyoshima, una empresa comercializadora con sede en Nagoya, comenzó a reunir fondos a mediados de abril para fabricar un cubrebocas nuevo de grado militar con nailon. Recaudó 1,2 millones de dólares, más del 13,000 por ciento de su meta.

Los clientes le dijeron a la empresa que querían un cubrebocas altamente eficaz que además estuviera a la moda, afirmó Koki Yamagata, quien dirige las iniciativas de financiamiento colectivo de la empresa.

“Muchas personas dijeron que querían que hubiera más colores”, señaló Yamagata en una llamada por Zoom, mientras modelaba un cubrebocas blanco que se vende en 50 dólares, aproximadamente. Los productos no han generado muchas ganancias, sostuvo, y añadió que la empresa comenzó a fabricarlos en parte por un sentido de responsabilidad social.

Otras compañías japonesas han seguido su ejemplo. Tadashi Yanai, fundador de Uniqlo, la gran empresa minorista de ropa, insistió en que su empresa no vendería cubrebocas, pero cambió de opinión después de que los clientes clamaron por un producto hecho con la tela de alto rendimiento y secado rápido de la marca.

Los cubrebocas se agotaron de inmediato y la compañía se ha comprometido a fabricar 500,000 paquetes por semana, según un portavoz, Aldo Liguori, quien dijo que la compañía ahora también planeaba venderlos en el extranjero.

Para algunos fabricantes de indumentaria, producir cubrebocas ha sido una necesidad, ya que las ventas al menudeo se redujeron considerablemente debido a que los consumidores se quedan en casa.

Muchas fábricas “han tenido poca actividad durante dos o tres meses, así que piensan: ‘¿Por qué no hacemos cubrebocas de tela?’”, dijo Kensuke Kojima, consultor de productos para la industria de la moda.

Estos productores japoneses han entrado a un mercado cuyos cambios a lo largo de las décadas han sido mínimos, como los cubrebocas de colores diferentes o los que ofrecen revestimientos para proteger el maquillaje y que no se corra.

Aunque los profesionales de la salud han utilizado cubrebocas de varios tipos desde hace cientos, si no es que miles de años, los que usan actualmente se desarrollaron por primera vez a finales del siglo XIX para su uso en cirugías.

Se usaron para combatir epidemias por primera vez a principios del siglo XX, cuando Wu Lien-teh, médico de ascendencia china, comenzó a promover los cubrebocas de gasa simple como un método efectivo para combatir un brote de peste neumónica en una zona del noreste de China conocida como Manchuria.

Cuando llegó la gripe española en 1918, la práctica se volvió global por primera vez.

Si bien los cubrebocas pronto cayeron en desgracia en la mayoría de los países, el gobierno japonés continuó alentando su uso para combatir enfermedades comunes como la gripe, dijo Christos Lynteris, antropólogo médico de la Universidad de St. Andrews en Escocia.

La ubicuidad de las mascarillas quirúrgicas en Japón, que generalmente están hechas de materiales sintéticos no tejidos, ha aumentado y disminuido a lo largo de los años a medida que el país se enfrentaba a diferentes problemas y crisis de salud.

En la década de 1990, se convirtieron en una defensa popular contra las nubes de polen estacional creadas por los árboles de rápido crecimiento, como el ciprés, plantado en todo el país para proporcionar una fuente de madera barata.

En 2011, después del colapso nuclear en Fukushima, las existencias de cubrebocas se agotaron ya que los consumidores temían las consecuencias radiactivas. Y en los años siguientes, los aumentos drásticos de la contaminación de China impulsaron una mayor demanda, particularmente en el invierno.

Pero, incluso en Japón, se necesitó una pandemia para impulsar las ventas de cubrebocas a la estratósfera; eran tan escasos al principio que la gente hacía filas al amanecer para comprar una caja.

Meses más tarde, los cubrebocas abundan, y las tiendas en Harajuku, la meca de la moda juvenil, las exhiben cada vez más. En la calle Takeshita, los escaparates están llenos de cubrebocas que van desde los modelos juguetones (con caras de animales de felpa) hasta los inspirados en el punk (correas de cuero con estoperoles e imperdibles).

A pesar de que los cubrebocas de tela están a la moda, los clientes deben tener cuidado, dijo Kazunari Onishi, experto en enfermedades infecciosas de la Escuela de Posgrado de Salud Pública de la Universidad Internacional de San Lucas en Tokio.

“Debes elegir un cubrebocas que cumpla con las normas internacionales”, señaló, y agregó que “otros tipos de mascarillas no tienen el objetivo de prevenir contagios”.

“Si tu prioridad es evitar contagios de forma confiable, estos cubrebocas no protegerán tu vida”, dijo, además de que, aunque uses cubrebocas “debes mantener la distancia social”.



Jamileth


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