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La covid-19 puede ayudar a acelerar la inclusión en el transporte en América Latina


2020-09-21

María José González Rivas, El País

Cuando pase el brote de la covid-19 y miremos hacia atrás, el transporte público sobresaldrá como uno de los sectores más duramente afectados. Desde el comienzo de la pandemia en febrero, entre el 60% y el 90% de los latinoamericanos ha dejado de utilizar los autobuses, metros o los trenes debido a las medidas de confinamiento y distanciamiento social.

En un escenario pospandemia, el transporte tiene el potencial de ampliar su función como medio de inclusión social y económico —entre otras cosas, contribuyendo al empoderamiento de las mujeres— y de ser más sostenible, seguro y asequible, según Makhtar Diop, vicepresidente de Infraestructura del Banco Mundial.

Diop, nacido en Senegal pero con América Latina en el corazón por haber vivido cuatro años en Brasil, habla en esta entrevista sobre las oportunidades y los desafíos que enfrenta la región en materia de sistemas de transporte público de cara al futuro y, específicamente, explica que la reconstrucción posterior a la pandemia puede tomarse como una oportunidad para que este sector sea más inclusivo para las mujeres.

Pregunta. La covid-19 está causando graves impactos sanitarios y económicos en América Latina y el Caribe. ¿El sector de infraestructura tiene una función que cumplir en la respuesta a la crisis?

Respuesta. Sí, tiene una función muy importante. La pandemia tuvo un marcado efecto en los servicios de infraestructura, lo que agravó aún más sus impactos sociales y económicos. Las personas pobres no pueden ir a sus trabajos, asistir a la escuela o acudir a centros de salud cuando más lo necesitan. El sector de la energía también se vio seriamente afectado, ya que el consumo per cápita cayó por debajo del promedio mundial de 2017, mientras que a las personas y las empresas les resulta más difícil pagar sus cuentas. Repensar los servicios de infraestructura es clave para la recuperación posterior a la covid-19, especialmente en América Latina, una región que aún invierte relativamente poco en este ámbito, en comparación con el resto del mundo. Las inversiones del sector privado podrían tener un papel más importante en la región, si se dan las condiciones necesarias; se puede hacer mucho al respecto. También debemos reconocer que la respuesta a la pandemia tiene limitaciones fiscales. Por eso consideramos que las inversiones de alta calidad en los sectores de infraestructura, como el transporte, deben formar parte de los paquetes de recuperación de la covid-19.

P. Uno de los efectos más visibles de la covid-19 son las calles vacías de nuestras ciudades. ¿Los sistemas de transporte público de América Latina están listos para abordar los desafíos existentes y los nuevos problemas planteados por la pandemia?

R. Desde febrero, la cantidad de personas que usan transporte público en la región se redujo entre un 60% y un 90%, principalmente porque temen contraer el virus en un autobús, un tren o un avión. Esto genera un costo para los operadores de transporte de entre 380 millones y 400 millones de dólares por mes, y ya ha llevado a varias de estas empresas a la bancarrota.

La covid-19 ha puesto en evidencia muchas de las vulnerabilidades del transporte, pero también ofrece una oportunidad para resolver problemas y hacer que los sistemas sean más resistentes. Para lograr esto, el transporte debe ser una parte central de los paquetes de estímulo fiscal aplicados en América Latina y el Caribe en respuesta a la pandemia. Si los proyectos están bien planificados, pueden contribuir a abordar limitaciones de larga data para poder impulsar el crecimiento del PIB, al tiempo que se mantiene bajo control el endeudamiento y se promueve una recuperación verde e inclusiva. Por ejemplo, los proyectos regionales de mantenimiento de caminos rurales por sí solos generan entre 200,000 y 500,000 empleos directos al año por cada 1000 millones de dólares gastados.

Hoy, muchos sistemas de transporte de los países de América Latina y el Caribe presentan dificultades de acceso, baja calidad de servicio, costos elevados y falta de seguridad, especialmente para las mujeres y las niñas.

P. La movilidad inclusiva es uno de los principales desafíos que enfrenta la región. ¿Cuál es el panorama real del acceso de las mujeres al transporte en América Latina?

R. Se han producido avances considerables, pero en el transporte público de la región todavía se trata de la misma manera a mujeres y hombres, aunque sus necesidades sean muy diferentes. Si no se tiene en cuenta este factor, los sistemas de transporte pueden transformarse en entornos hostiles para las mujeres. De cada 10 mujeres de ciudades importantes de América Latina y el Caribe, seis afirman que han sido acosadas físicamente en los medios de transporte. En un estudio reciente del Banco sobre el sistema de trenes de cercanías de Río de Janeiro, se observó que las mujeres estarían dispuestas a pagar más si pudieran acceder a vagones exclusivos para ellas. De todos modos, esto no deja de tener un efecto distorsionador porque los vagones diferenciados por sexo también pueden aumentar el estigma y el riesgo de acoso: casi una cuarta parte de los usuarios varones dice que las mujeres serían parcialmente responsables del acoso si decidieran no utilizar los vagones exclusivos.

También debemos recordar que el acoso no es el único problema. Habitualmente, las mujeres deben “negociar” el transporte cuando están embarazadas, acompañadas de niños pequeños o cargando muchos comestibles. Por lo general, deben caminar más o tomar medios de transporte informales porque carecen de alternativas. Esta situación es aún más compleja para las mujeres de ingreso bajo que sufren diversas vulnerabilidades, como vivir en zonas remotas con servicios poco confiables y calles desiertas con escasa iluminación. Desafortunadamente, todo esto contribuye a un círculo vicioso de desventajas que las obliga a aceptar trabajos de tiempo parcial y baja remuneración más cerca de su casa o a evitar completamente el transporte, lo que reduce sus posibilidades de encontrar un empleo que genere ingresos.

P. ¿Cómo se puede ofrecer a las mujeres de América Latina una forma más segura de utilizar el transporte público?

R. Lo más importante es incluir a las mujeres desde el principio en el diseño y la implementación de los sistemas de transporte. De hecho, escuchar las necesidades del 50% de la población es esencial para diseñar sistemas que sean inclusivos y seguros para todos. En colaboración con ONU-Mujeres, estamos poniendo en marcha un curso de aprendizaje en línea que incrementará la capacidad de las autoridades del sector para hacer que las cuestiones de género formen parte del diseño y la gestión de los proyectos de transporte.

Otra parte importante es que América Latina ha sido pionera en la aplicación de tecnología para aumentar la seguridad de las mujeres. En Ciudad de México, por ejemplo, a través un proyecto del Banco Mundial se presentó una aplicación móvil que conecta inmediatamente a las mujeres con la policía y los servicios de atención a las víctimas. También enseña al resto de los pasajeros a intervenir si observan una situación de este tipo. En Quito, la iniciativa “Bájale al acoso” es un sistema similar de respuesta rápida a través de mensajes de texto. Muchas ciudades, como Bogotá, Buenos Aires, Río de Janeiro y São Paulo, también cuentan con campañas de sensibilización e iniciativas de capacitación para lograr la participación de la comunidad.

P. ¿Qué cree que tiene que cambiar para ofrecer a las mujeres más oportunidades a través de un sistema de transporte más seguro y accesible en la región?

R. Para encontrar una solución, es necesario que las mujeres desempeñen un papel clave en el diseño de sistemas de transporte, pero también que estén adecuadamente representadas en el sector, como empleadas y como encargadas de la toma de decisiones. También debemos contar con buenos datos y una idea precisa del problema.

Evidentemente, empoderar a las mujeres tiene sentido desde el punto de vista económico. Se calcula que, si las mujeres tuvieran la misma participación que los hombres en los mercados laborales, se podrían agregar unos 28 billones de dólares a la economía mundial para 2025. En los países en desarrollo, la falta de transporte adecuado para las mujeres constituye el principal obstáculo en este caso, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo. De hecho, las mujeres tienen casi un 17 % menos de probabilidades de trabajar fuera de la casa debido a esto. Una combinación de factores estructurales, incluido el acoso pero también la elevada participación femenina en las responsabilidades del hogar, lleva a las mujeres a aceptar trabajos más cerca de su casa. Hemos visto esto en Buenos Aires y en la Ciudad de México, por ejemplo, donde las mujeres pasan en el transporte público la misma cantidad de tiempo que los hombres, pero su radio de acción es mucho más limitado, por lo que tienen menos acceso a oportunidades.

Ante la crisis de la covid-19, muchos países y ciudades de América Latina y el Caribe están pensando en alternativas para sus sistemas de transporte, de modo de hacerlos más inclusivos para todos, en especial para las mujeres. Recientemente publicamos un importante informe que arroja luz sobre las complejidades que enfrentan día a día las mujeres latinoamericanas en sus traslados al trabajo, lo que puede ayudar a las ciudades a lograr que el resultado de la reconstrucción sea mejor a lo anterior: ¿Por qué se trasladan las mujeres Un estudio de la movilidad en ciudades de América Latina y el Caribe (i). Como parte de la recuperación de la COVID-19, se deben tener en cuenta las cuestiones de género y abordar los distintos desafíos que enfrentan las mujeres en el transporte público. Las inversiones de calidad que fomenten la inclusión de género incrementarán las oportunidades laborales para mujeres y hombres, y promoverán un crecimiento verde. Confío en que la región de América Latina y el Caribe continuará encabezando los esfuerzos en este sentido.


 



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