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Las revelaciones sobre los impuestos de Trump amenazan con erosionar la base electoral del presidente


2020-09-28

Por Pablo Guimón  | El País

A la espera de lo que pueda deparar todavía el último mes de una campaña llena de insólitos sobresaltos, la sorpresa de octubre de las elecciones de 2020 ha caído en septiembre y en la forma de una exclusiva periodística. Las revelaciones de The New York Times sobre las declaraciones fiscales de Trump, que no pagó el impuesto sobre la renta en 10 de los últimos 15 ejercicios y que solo desembolsó 750 dólares el año en que inició su carrera presidencial, apuntan a la línea de flotación del trumpismo y tienen el potencial de convertirse en uno de esos eventos que irrumpen en la recta final de la campaña y pueden influir en su desenlace.

De las informaciones, que el Times empezó a publicar este domingo, se desprende que la historia personal y profesional que el presidente vende a los ciudadanos difiere mucho de la que reporta a las autoridades fiscales. Los codiciados documentos obtenidos por el Times, que ha decidido no compartirlos para proteger a sus fuentes, ofrecen según el diario el retrato de un empresario acechado por las deudas, cuya situación financiera ha mejorado sustancialmente en los cinco años desde que inició su carrera presidencial, gracias al aumento de la actividad en algunos de los hoteles y clubes de golf que forman parte de un emporio empresarial del que se negó a desvincularse al llegar a la Casa Blanca, generando potenciales conflictos de intereses. La conducta de Trump, siempre según el Times, ha sido la de un empresario que ingresa millones de dólares cada año, pero que acumula pérdidas crónicas que utiliza, a través de agresivas técnicas fiscales, para no pagar impuestos.

Las revelaciones tienen el potencial de profundizar la brecha abierta entre el presidente republicano y el electorado de clase trabajadora, especialmente en Estados con un tejido industrial golpeado por la globalización, que serán clave en las elecciones del 3 de noviembre. Esos votantes que se sintieron abandonados por el establishment político después de la Gran Recesión y escucharon hace cuatro años el mensaje de Trump, que quiso identificarse con ellos en ese rechazo a las élites y prometió luchar por sus trabajos a base de proteccionismo. La imagen de un presidente que trató durante décadas de presentarse como un empresario de enorme éxito, pero que en realidad sufría para mantener a flote sus negocios, empleaba una agresiva ingeniaría fiscal para no contribuir a la hacienda pública y pudo haberse aprovechado del poder político que le dieron esos votantes para sanear sus finanzas, resonará en unos trabajadores que ya comprueban que, a pesar de las promesas, cuatro años de Trump no han mejorado, sino en muchos casos empeorado, su situación económica.

En particular, la cifra de 750 dólares, el montante de impuestos federales sobre la renta que Trump pagó en 2016 y en 2017, ofrece a los demócratas un poderoso y sencillo sello que tratarán de grabar en la mente de los votantes. La cifra chirriará a esos trabajadores cuyo estilo de vida dista mucho de la ostentación y el lujo que se asocian con el presidente Trump, y que sin embargo pagan más que él en impuestos federales.

Así lo destacó en un tuit la popular congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que asegura haber pagado miles de dólares en impuestos federales en esos mismos años, mientras trabajaba como camarera. “Ha contribuido menos a financiar nuestras comunidades que los camareros y los inmigrantes sin documentos”, dijo la congresista de Trump. La campaña del candidato presidencial demócrata, Joe Biden, no tardó en difundir un vídeo que muestra los habituales impuestos sobre la renta pagados por profesores de primaria, bomberos y enfermeras, que ascienden a miles de dólares anuales.

Tampoco contribuyen a reforzar el vínculo de Trump con ese electorado clave revelaciones como la de que dedujo de sus impuestos 70,000 dólares en concepto de gastos de peluquería para su programa televisivo The Apprentice. Esa imagen de un presidente tan alejado de las preocupaciones de la clase trabajadora por la que dice gobernar constituye valiosa munición para Biden, que este martes se enfrenta cara a cara a Trump en el primero de los tres debates presidenciales.

El debate tendrá lugar precisamente en Ohio, uno de esos Estados con fuerte peso industrial que se llevó Trump hace cuatro años y en el que ahora Biden le saca una ligera ventaja en los sondeos. En el primero de los bloques temáticos, dedicado a la trayectoria personal de ambos candidatos, Biden cuenta ahora con nueva artillería para buscar el contraste entre la figura del empresario sin escrúpulos de Nueva York y sus propios orígenes de clase media trabajadora en un Estado del mismo cinturón industrial como es Pensilvania.

Trump se desenvuelve mucho mejor a la ofensiva que a la defensiva. Por eso, el equipo del presidente ha pasado al ataque este mismo lunes. Alan Garten, abogado de la Organización Trump, publicó un comunicado en el que asegura que la información está “repleta de groseras inexactitudes”, y encuadra la publicación de la historia en “una campaña de difamación previa a las elecciones”.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, acusó a los demócratas de volver a interpretar “el mismo guion que probaron en 2016, y que el pueblo estadounidense rechazó y volverá a rechazar”. El propio presidente ha calificado la información de “noticia falsa” y ha arremetido en un hilo de tuits contra el periódico, al que acusa de proceder “con información obtenida de manera ilegal y solo malas intenciones”. Asegura que pagó “muchos millones de dólares” en impuestos pero “tenía derecho, como todo el mundo, a la depreciación y las desgravaciones”.
A por el voto indeciso

Trump ha sobrevivido políticamente a otras revelaciones igualmente demoledoras, como las grabaciones en las que se jactaba de tocar los genitales de mujeres sin su permiso. Aquella cinta se publicó en octubre de 2016, también dos días antes de que Trump se enfrentara en un debate a la que entonces era su rival demócrata, Hillary Clinton.

La diferencia es que, en esta ocasión, la bomba informativa llega en un momento particularmente malo para las expectativas de reelección del presidente, que lleva meses por detrás de su rival en los sondeos, tanto en el ámbito nacional como en algunos de los Estados decisivos. La pandemia le ha arrebatado a Trump el principal argumento con el que contaba para la reelección, el vigor de la economía, y su campaña no está logrando contrarrestar las críticas a su gestión de la crisis sanitaria.

La extrema polarización política que vive el país no contribuye a la proliferación de votantes indecisos y ha convertido a las bases trumpistas, que se han mantenido llamativamente fieles en estos cuatro años, en un bloque que se antoja inexpugnable. Pero esta sorpresa de octubre, llegada en los últimos días de septiembre, apunta al corazón mismo de esos trabajadores de Estados industriales del Medio Oeste que hace cuatro años llevaron a Trump a la Casa Blanca.



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