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El dolor que nos purifica


2020-12-23

Por | Mónica Muñoz 

Estamos viviendo unos días atípicos, ya no recordamos la fecha en la que nos movemos, y lo digo por experiencia, no me había percatado de lo cerca que estamos de celebrar la Navidad, la cual no será como el año pasado, en la que veíamos a toda la gente en las calles, haciendo compras para su cena, buscando regalos, escogiendo la ropa que van a estrenar, en fin, que estos días parecen iguales a los demás, y no es para menos, pues nos hemos visto obligados a cambiar nuestra cotidianeidad, no solamente por la cuestión de la pandemia sino también porque hemos sufrido pérdidas materiales o humanas, que nos ha dejado situaciones de dolor, a algunos, infortunadamente, por la enfermedad, otros por la inseguridad.

Por eso, cabe hacer una reflexión con respecto a lo que el dolor puede dejar en nuestras vidas, pues es inevitable, a todos nos tocará experimentarlo, por eso, es importante estar prevenidos y no me refiero a que tengamos que vivir con miedo sino a que seamos conscientes de que, tarde o temprano, todos tendremos que afrontarlo.

Y esto que propongo no es con el fin de amargar a nadie, es, simplemente, desarrollar en nuestro interior el pensamiento de que estamos como en la rueda de la fortuna, algunas veces nos encontramos en la cima, nos sentimos tan felices y plenos que pareciera que nada cambiará.  Sin embargo, de repente podemos encontrarnos hasta abajo, de un momento a otro podemos perder salud, familiares, pertenencias, trabajo, amistades, en fin, que ninguna situación es permanente, por eso, aprendamos tres cosas: a vivir el momento, a prevenir para el futuro y a desapegarnos de las cosas y las personas.

A vivir el momento, porque ninguno se repetirá, si no aprovechamos cada instante, podríamos arrepentirnos. No quiero hacer creer que me refiero a ser banales y actuar como si nada importara, algo semejante a derrochar nuestros bienes o dinero, o peor aún, a ser irresponsables y promover comportamientos inapropiados, nada de eso, por el contrario, aprendamos a demostrar nuestros sentimientos y, tratándose de nuestra familia y amigos, seamos generosos con nuestro amor, que no se pase la oportunidad de decirles cuanto los amamos y hacer lo necesario para que los lazos afectivos se fortalezcan, olvidando rencores y promoviendo el diálogo, la cordialidad y el perdón.

A prevenir para el futuro, porque no sabemos cuándo ocurrirá un imprevisto, por ello, es muy útil fomentar la cultura del ahorro, nadie gana tan poco que no pueda guardar algo de dinero, para ello hay que ser muy disciplinado y pensar muy bien en donde se guardará esa cantidad. Sin fallar cada semana, quincena o mes, ese dinero debe ser intocable porque se usará solamente en caso de urgente necesidad.


Y por último, a desapegarnos de las cosas y personas, recordando que nada de lo que tenemos nos pertenece realmente, porque deberíamos tener en claro que las cosas se nos dan para administrarlas y compartirlas con nuestros hermanos más necesitados. No sé si a ustedes les ha pasado, pero últimamente, me he dado cuenta de que hay más gente pidiendo dinero en las calles, muchos de ellos emigrantes de Centroamérica, que incluso se humillan para obtener unos cuantos pesos para comer. Sería muy edificante preparar alguna bolsa con comida y ropa para entregársela a alguno de esos hermanos en desgracia, porque, seamos sinceros con nosotros mismos, de todo lo que tenemos en nuestro closet y refrigerador, bien podemos sacar provecho para alguien más, evitando que las prendas que ya no usamos tengan nuevo dueño y que los alimentos que ya no consumiremos se echen a perder.

Pero el más difícil es el desapego de las personas, porque nadie quiere perder a sus seres queridos, sin embargo, tenemos que entender que todos partiremos algún día de este mundo, por eso, la mejor forma de evitar arrepentimientos será viviendo en paz, tratándonos bien y deseándonos uno a otros alcanzar la vida eterna, agradeciendo a Dios por la vida de cada uno de los miembros de nuestra familia. Por supuesto, el momento de la despedida no dejará de ser dolorosa, pero estará llena de esperanza en que, algún día, nos rencontraremos en la presencia del Señor.

No dejemos que los malentendidos nos alejen de nuestra familia, seamos pacientes y amorosos, demos lo mejor de nosotros y preparémonos para aceptar también los momentos de dolor, que purifican el alma y los sentimientos, si los atravesamos unidos al Dueño de la Vida.



aranza


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