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Vivir en situaciones de incertidumbre


2021-01-29

Por P. Fernando Pascual, LC

En esta vida muchas cosas pasan, se rompen, se desgastan.

Hay momentos en la vida en las que todo procede según nuestras previsiones. La cita para mañana, la reunión la semana siguiente, el viaje en el próximo mes: los hechos ocurren de modo puntual, sereno, sin sobresaltos.

Otros momentos, en cambio, no podemos estar seguros de la mayoría de los planes. Esto ocurre, por ejemplo, en situaciones de guerra, o de epidemia, o de serios conflictos sociales.

La pandemia del coronavirus que explotó en 2020 mostró lo difícil que es vivir en situaciones de incertidumbre. Porque un plan para el día siguiente puede saltar por los aires si nos llama un compañero de trabajo para avisarnos que tiene el Covid-19...

Quizá estamos acostumbrados a que todo fluya con una sorprendente previsibilidad. Por eso nos resulta difícil no poder garantizar si mañana iremos al trabajo o no será posible tras el anuncio de una nueva cuarentena.

En realidad, toda la existencia humana está rodeada por la incertidumbre. Es verdad que lo cotidiano nos hace creer que las cosas siguen un curso más o menos estable. Pero también es cierto que basta un resfriado, un resbalón en la calle, o un nuevo virus, para que todo cambie en pocos minutos.

Por eso resulta importante aprender a convivir con lo incierto, y no aferrarnos demasiado a planes como si fueran seguros, cuando las variables son tantas y los cambios se producen más allá de las mejores previsiones.

Como enseña el Evangelio, ninguno puede garantizar que vivirá el día siguiente: “Pero Dios le dijo: ¡Necio! Esta misma noche te reclamarán el alma; las cosas que preparaste, ¿para quién serán?” (Lc 12,20).

En esta vida muchas cosas pasan, se rompen, se desgastan. Nosotros mismos somos vulnerables, frágiles, ante un evento grande como un terremoto o pequeño como un virus.

Lo importante, entonces, es invertir en el presente y para el amor. La única manera para enriquecernos ante Dios consiste en buscar primero su Reino y su justicia; lo demás se nos dará por añadidura... (cf. Lc 12,21; Mt 6,33-34).



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