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Aumenta el suicidio entre las mujeres japonesas por la pandemia


2021-02-24

Por Motoko Rich y Hikari Hida | The New York Times

TOKIO — Poco después de que Japón intensificó su lucha contra el coronavirus durante la primavera pasada, Nazuna Hashimoto empezó a sufrir ataques de pánico. El gimnasio de Osaka en el que trabajaba como entrenadora personal suspendió sus actividades y sus amigos se quedaron en casa por recomendación del gobierno.

Tenía pocos meses con su novio pero, temerosa de estar sola, lo llamaba y le pedía que fuera a su casa. Incluso con su compañía, a veces era incapaz de dejar de llorar. Su depresión, diagnosticada a principios de año, empeoró. “El mundo en el que vivía ya era pequeño”, dice. “Pero sentí que se hacía aún más pequeño”.

En julio, Hashimoto no veía una salida y trató de suicidarse. Su novio la encontró, llamó a una ambulancia y le salvó la vida. Ahora habla de su experiencia de manera pública porque quiere eliminar el estigma asociado a hablar de la salud mental en Japón.

Aunque la pandemia ha sido difícil para muchos en Japón, las presiones han empeorado para las mujeres. Al igual que en muchos otros países, el número de mujeres que ha perdido su empleo es mayor. En Tokio, la mayor metrópolis del país, alrededor de una de cada cinco mujeres vive sola y los llamados a quedarse en casa y evitar visitar a la familia han exacerbado los sentimientos de aislamiento. Otras mujeres han luchado contra las profundas disparidades en el reparto del trabajo doméstico y la crianza durante la era del trabajo desde casa o han sufrido un aumento de la violencia doméstica y las agresiones sexuales.

La creciente carga psicológica y física de la pandemia ha conllevado un aumento preocupante de los suicidios entre las mujeres. En Japón, 6,976 mujeres se quitaron la vida el año pasado, casi un 15 por ciento más que en 2019. Se trata del primer aumento de un año a otro en más de una década.

Cada suicidio, y cada intento de suicidio, representa una tragedia individual enraizada en una compleja constelación de razones. Pero el aumento entre las mujeres, que se extendió a lo largo de siete meses consecutivos el año pasado, preocupa a los servidores públicos y a los expertos en salud mental que han trabajado para reducir la que había sido una de las tasas de suicidio más altas del mundo (aunque el año pasado se suicidaron más hombres que mujeres, lo hicieron menos que en 2019. En general, los suicidios aumentaron apenas por debajo del cuatro por ciento).

La situación ha reforzado desafíos históricos para Japón. Hablar de los problemas de salud mental, o buscar ayuda, sigue siendo difícil en una sociedad que enfatiza el estoicismo.

La pandemia también amplifica las tensiones de una cultura enraizada en la cohesión social que se basa en la presión de los pares para cumplir las exigencias del gobierno de usar mascarillas y practicar una higiene adecuada. Las mujeres, que a menudo son las principales cuidadoras, a menudo temen la humillación pública si de algún modo no consiguen respetar estas medidas o se contagian con el virus.

“Las mujeres llevan la carga de la prevención del virus”, dijo Yuki Nishimura, directora de la Asociación Japonesa de Servicios de Salud Mental. “Las mujeres tienen que velar por la salud de sus familias y se encargan de la limpieza, por lo que pueden ser despreciadas si no lo hacen bien”.

Un caso muy difundido es el de una mujer de treinta y tantos años, que se recuperaba del coronavirus en su casa y se suicidó. Los medios japoneses se enfocaron en la nota que dejó donde expresaba su angustia ante la posibilidad de haber contagiado a otros y causarles problemas, mientras los expertos se preguntaban si habría sido la vergüenza lo que la empujó a la desesperación.

“Por desgracia, la tendencia actual es culpar a la víctima”, afirma Michiko Ueda, profesora asociada de Ciencias Políticas de la Universidad de Waseda, en Tokio, quien ha investigado el suicidio. Ueda descubrió en las encuestas del año pasado que al 40 por ciento de los encuestados les preocupaba la presión social si contraían el virus.

“En esencia, no te apoyamos si no eres ‘uno de los nuestros’”, dijo Ueda. “Y si tienes problemas de salud mental no eres uno de los nuestros”.

A los expertos también les preocupa que la sucesión de estrellas de cine y televisión japonesas que se quitaron la vida el año pasado pueda haber fomentado una serie de suicidios por imitación. Después de que Yuko Takeuchi, una popular y premiada actriz, se quitó la vida a finales de septiembre, el número de mujeres que se suicidaron en el mes siguiente se disparó cerca del 90 por ciento en comparación con el año anterior.

Poco después de la muerte de Takeuchi, Nao, de 30 años, empezó a escribir un blog para relatar su lucha de toda la vida contra la depresión y los trastornos alimentarios. Escribió con sinceridad sobre su intento de suicidio hace tres años.

Esta franqueza sobre los problemas de salud mental todavía es poco habitual en Japón. Los suicidios de las celebridades motivaron a Nao (cuyo apellido se ha mantenido en secreto a petición suya para proteger su privacidad) a reflexionar sobre cómo podría haber reaccionado si hubiera experimentado su peor momento emocional durante la pandemia.

“Cuando estás sola en casa, te sientes muy aislada de la sociedad y esa sensación es bastante dolorosa”, dijo. “De solo imaginar que pudiera estar en esa situación ahora mismo, creo que el intento de suicidio habría ocurrido mucho antes y es probable que lo hubiese logrado”.

Nao, que ahora está casada, ha escrito sobre sus desafíos para ayudar a otros que pudieran estar sintiendo desesperación, en particular en un momento en que tantas personas están alejadas de sus amigos y colegas. “Conocer a alguien que pasó o está pasando por algo parecido a lo que estás viviendo –y saber que esa persona buscó ayuda profesional y funcionó— animaría a la gente a hacer algo similar”, dijo Nao, quien mencionó que quería ayudar a eliminar los tabúes asociados con la salud mental en Japón.

El esposo de Nao podía ver cuánto batallaba con los prolongados horarios de trabajo y la brutal cultura laboral en la consultora en la que se conocieron. Luego, cuando renunció, ella se sintió a la deriva.

Durante la pandemia, las mujeres han sufrido pérdidas de empleo desproporcionadas. Constituyen el grueso de los empleados de los sectores más afectados por las medidas de control de la infección, como los restaurantes, los bares y los hoteles.

Cerca de la mitad de las mujeres trabajadoras tienen empleos de medio tiempo o por contrato y, cuando las empresas se estancaron, ese tipo de empleados fueron los primeros en quedarse sin trabajo. En los primeros nueve meses del año pasado, 1,44 millones de trabajadores de este tipo perdieron sus empleos, y más de la mitad son mujeres.

Aunque Nao dejó su trabajo como consultora por decisión propia para buscar tratamiento psiquiátrico, recuerda que se sentía atormentada por la inseguridad, sin poder pagar el alquiler. Cuando ella y su prometido decidieron acelerar sus planes de boda, su padre la acusó de ser egoísta.

“Sentí que lo había perdido todo”, recuerda.

Agregó que esos sentimientos desencadenaron la depresión que la llevó a su intento de suicidio. Tras pasar un tiempo en un hospital psiquiátrico y seguir tomando los medicamentos, su autoestima mejoró. Encontró un trabajo de cuatro días a la semana en la operación digital de un grupo de revistas y ahora es capaz de gestionar la carga de trabajo.

En el pasado, las tasas de suicidio en Japón se dispararon en épocas de crisis económica, como la posterior al estallido de la burbuja inmobiliaria en la década de 1990 y la recesión mundial de 2008.

Durante esos periodos, los hombres fueron los más afectados por la pérdida de empleo y se suicidaron en mayor proporción. En Japón, según los registros, los suicidios de hombres han superado a los de mujeres por un factor de al menos dos a uno.

“Se desesperan más al perder el empleo o la fortuna”, dijo Tetsuya Matsubayashi, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Osaka que se especializa en epidemiología social.

El año pasado, Matsubayashi observó que en las prefecturas japonesas con los índices más altos de desempleo se dispararon los suicidios entre las mujeres menores de 40 años. Más de dos terceras partes de las mujeres que se suicidaron en 2020 estaban desempleadas.

Entre las mujeres menores de 40 años, los suicidios se elevaron a alrededor de 25 por ciento y entre las adolescentes, la cantidad de chicas de secundaria que se quitó la vida se duplicó el año pasado.

En el caso de Hashimoto, el miedo a la dependencia económica contribuyó a su sensación de desesperanza.

Incluso cuando el gimnasio en el que trabajaba como entrenadora personal volvió a abrir, no sintió que tenía la estabilidad emocional necesaria como para regresar. Entonces se sintió culpable por depender de su novio, tanto en lo emocional como en lo económico.

Había conocido a Nozomu Takeda, de 23 años, que trabaja en el sector de la construcción, en el gimnasio, donde él era su cliente de entrenamiento. Llevaban apenas tres meses de salir cuando ella le confesó que su depresión se estaba volviendo insostenible.

Al no contar con recursos para una terapia y sufrir graves ataques de ansiedad, dijo que se identificaba con otras personas que “se sentían muy arrinconadas”.

Cuando intentó suicidarse, lo único que pensaba era en liberar a Takeda de la responsabilidad de cuidarla. “Quería quitarle esa carga de encima”, dijo.

Incluso quienes no han perdido sus empleos pueden haber sufrido un estrés adicional. Antes de la pandemia, trabajar desde casa era extremadamente raro en Japón. De repente, las mujeres tuvieron que preocuparse no solo por complacer a sus jefes de manera remota, sino también por hacer malabarismos con los nuevos protocolos de seguridad e higiene para sus hijos, o proteger a los padres ancianos que eran más vulnerables al virus.

Las expectativas de sobresalir no cambiaron, pero sus contactos con amigos y otras redes de apoyo disminuyeron.

“Si no pueden reunirse o compartir su estrés con otras personas, entonces no es realmente sorprendente” que se sientan presionadas o deprimidas, dijo Kumiko Nemoto, profesora de sociología en la Universidad de Estudios Extranjeros de Kioto.

Luego de sobrevivir a su propio intento de suicidio, Hashimoto ahora desea ayudar a otras para que hablen de sus problemas emocionales y ponerlas en contacto con profesionales.

Takeda dice que aprecia que Hashimoto hable abiertamente sobre su depresión. “Ella es el tipo de personas que de verdad comparte lo que necesita y lo que le pasa”, dijo. “Así que para mí fue muy fácil apoyarla porque expresa lo que necesita”.

Juntos, desarrollaron una aplicación que han llamado Bloste (una contracción de blow off steam, que significa desahógate en español), para contactar a los terapeutas con quienes buscan consejo. Hashimoto intenta reclutar tanto a profesionales experimentados como a otros que van iniciando y pueden cobrar honorarios más accesibles para las personas jóvenes.

Le gustaría capacitarse como terapeuta enfocada en mujeres.

“El país se ha concentrado sobre todo en hacer que las mujeres asciendan en sus carreras y su bienestar económico”, dijo Hashimoto. “Pero me gustaría enfatizar en la salud mental de las mujeres”.



Jamileth


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