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‘Una rosa podría oler a heces’: la COVID-19 altera el olfato de algunas personas


2021-03-24

Alyson Krueger, The New York Times

La parosmia, una afección que ocasiona olores fantasmas, se ha convertido en una secuela persistente de la COVID-19 para algunas personas, y está afectando sus relaciones.

Samantha LaLiberte, una trabajadora social en Nashville, Tennessee, pensaba que se había recuperado completamente de la COVID-19, pero a mediados de noviembre —unos siete meses después de que se había enfermado— un pedido de comida a domicilio le olía tan mal que tuvo que tirarlo a la basura. En una ocasión visitó a una amiga que estaba cocinando en su casa, y tuvo que salir corriendo para vomitar en el jardín de la entrada.

“Dejé de ir a lugares, incluso a casa de mi mamá o a cenar con amigos, porque todo, desde la comida hasta las velas, me olía muy mal”, confesó LaLiberte, de 35 años. “Mis relaciones están en problemas”.

Ella sufre de parosmia, una distorsión del olfato, tan grave, que los aromas que antes eran agradables —como el del café caliente o el de una pareja amorosa— podrían volverse desagradables o incluso intolerables. Junto con la anosmia, o la disminución del olfato, es un síntoma que ha permanecido en algunas personas que se han recuperado de la COVID-19.

Se desconoce el número exacto de las personas que padecen de parosmia. Un análisis reciente descubrió que el 47 por ciento de la gente con COVID-19 presentaba alteraciones del olfato y gusto; de ese porcentaje, alrededor de la mitad dijo que había padecido parosmia.

“Eso significa que una rosa podría oler a heces”, explicó Richard Doty, director del Centro del Olfato y Gusto en la Universidad de Pensilvania. Mencionó que las personas por lo general recuperan el olfato al cabo de unos meses.

Por ahora, LaLiberte no tolera ni el olor de su propio cuerpo. Bañarse no ayuda; el olor de su jabón, acondicionador y champú le dan ganas de vomitar.

Además, identificó el mismo olor en su esposo, con quien está casada desde hace ocho años. “Ahora no hay mucha intimidad, y no es porque no queramos”, contó.

“Es un problema mucho más grande de lo que la gente cree”, afirmó Duika Burges Watson, encargada de la Red de Investigaciones sobre Alteraciones Alimentarias de la Universidad de Newcastle en Inglaterra; ella envió a una revista un artículo de investigación sobre el tema. “Es algo que afecta tu relación contigo mismo, con otros, tu vida social, tus relaciones íntimas”.

Muchas personas que sufren de parosmia lamentan haber perdido ciertos ritos sociales, como salir a cenar o estar físicamente cerca de sus seres queridos, sobre todo después de un año en el que todos nos hemos aislado.

“Para mí es una batalla bárbara”, expresó Kaylee Rose, de 25 años, cantante en Nashville. Ha estado tocando música en vivo en bares y restaurantes de todo el país, y entrar a esos lugares se ha vuelto desagradable. “Estuve en Arizona para dar un recital, llegamos a un restaurante y casi vomité”, contó. Pero tener que enfrentar las reacciones de las personas a su afección resulta casi peor.

“Mis amigos insisten en que pruebe lo que cocinan porque creen que estoy exagerando”. Ahora mejor no va a las reuniones sociales o acude pero no come.

A Jessica Emmett, de 36 años, quien trabaja para una compañía de seguros en Spokane, Washington, le dio COVID-19 dos veces, primero a inicios de julio y luego otra vez en octubre. La parosmia ha sido un síntoma persistente. “Siento que mi aliento está rancio todo el tiempo”, afirmó.

Antes de tocar a su esposo, usa enjuague bucal y pasta de dientes. Incluso en ese caso no puede dejar de lado la sensación de que apesta. Y no es solo su aliento. “Mi sudor, lo puedo oler, y está un poco alterado”, dijo.

El resultado: mucha menos intimidad. “En realidad no hay besos apasionados y espontáneos”, comentó.

Su único consuelo es que ha estado con su esposo desde hace más de 20 años. “¿Cómo le explicas esto a alguien con quien intentas salir por primera vez?”, se preguntó.

Burges Watson dice que ha conocido a jóvenes con parosmia que se sienten nerviosos de hacer nuevas conexiones. “A veces, su propio olor les produce repulsión”, dijo. “Se les dificulta pensar en lo que los demás podrían decir de ellos”.

Cuando Rose comenzó a experimentar parosmia, su novio no entendía que era una afección real. Y, aunque ahora es más sensible a sus necesidades, todavía puede sentirse solo. “Ojalá pudiera ponerse en mi lugar”, dijo.

También tiene familiares que piensan que está exagerando. Recuerda una ocasión, era una fecha cercana al Día de Acción de Gracias, en la que su madre le pidió una comida especial con un olor que podía tolerar y su hermana se la comió por accidente. Y empezó una pelea. “Mi hermana pensó que estaba siendo demasiado sensible”, dijo. “Eso fue realmente frustrante”.

Muchos pacientes con parosmia se sienten aislados porque las personas que los rodean no entienden lo que están pasando, dijo Doty. “Esperan que las personas se identifiquen con sus problemas, pero a menudo no pueden hacerlo”.

LaLiberte dijo que finalmente puede sentarse junto a su esposo en el sofá. “Sin embargo, todavía estoy muy consciente de mí misma”, agregó. “Lo mío aún no ha mejorado”.

Encontrar una comunidad

Algunas personas que padecen de parosmia han recurrido a grupos de Facebook para compartir consejos y desahogarse con quienes entienden sus síntomas. “Fui al doctor, y me miró como si estuviera loca”, relató Jenny Banchero, de 36 años, artista en San Petersburgo, Florida, quien ha tenido parosmia desde inicios de septiembre. “No fue sino hasta que me uní a un grupo de Facebook que supe que la gente se lo toma en serio”.

Durante el verano, Sarah Govier, trabajadora sanitaria en Inglaterra que presentó parosmia luego de enfermarse de la COVID-19, creó el Grupo de apoyo Anosmia/Parosmia por COVID. “El día que lo abrí en agosto se unieron cinco o seis personas”, dijo. “Para enero llegamos a las 10,000”. Ahora hay más de 16,000 miembros.

Otro grupo de Facebook, AbScent, que empezó antes de la pandemia y está vinculado a una organización caritativa, también ha experimentado un aumento de interés en el tema. “La gente proviene de todas partes, de Sudamérica, Asia central, el este de Rusia, Filipinas, Australia, Nueva Zelanda, Sudáfrica, India y Canadá”, afirmó Chrissi Kelly, la fundadora de AbScent.

En marzo, Siobhan Dempsey, de 33 años, diseñadora gráfica y fotógrafa en Northampton, Inglaterra, publicó en el grupo de Anosmia/Parosmia de COVID: “Me alegra informarles que ya recuperé el 90 por ciento de mi sentido del gusto y olfato después de casi un año de haberme contagiado de COVID”. La inundaron de felicitaciones.

Fue un largo viaje para ella. Durante meses, todo tuvo un olor químico a quemado. Las verduras, que constituyen la mayor parte de su dieta desde que es vegetariana, eran intolerables. “Cualquier cosa dulce era terrible”, dijo. “Dr. Pepper, Fanta, era asqueroso”.

Sin embargo, en las últimas semanas ha notado un cambio. “Suena a cliché, pero el fin de semana pasado fue el Día de la Madre en el Reino Unido, y mi pareja y mi hijo de 3 años me compraron flores”, dijo. “Por fin pude decir ‘huelen muy bien’”.



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