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¿La segunda dosis puede esperar? Algunos creen que sí


2021-04-14

Por Carl Zimmer, The New York Times

Prolongar el lapso entre la primera y la segunda dosis aceleraría el ritmo al que la gente obtiene al menos una protección parcial. Pero algunos expertos temen que también pueda dar lugar a nuevas variantes.

La posibilidad de una cuarta ola de coronavirus, con nuevos casos en ascenso vertiginoso en la zona norte del Medio Oeste de Estados Unidos, ha reiniciado un debate entre los expertos en vacunas respecto del tiempo de espera entre la primera y la segunda dosis. Extender ese periodo aumentaría la cantidad de gente con la protección parcial de una sola dosis, pero algunos expertos temen que también pueda dar lugar a nuevas variantes peligrosas.

En Estados Unidos, hay un espacio de tres a cuatro semanas entre cada dosis para las vacunas de dos dosis, esto concuerda con lo probado en los estudios clínicos. Sin embargo, en el Reino Unido, las autoridades sanitarias han aplazado las dosis hasta doce semanas para que se vacune a más gente a mayor velocidad. Y, en Canadá, país con pocas vacunas, el 7 de abril un comité asesor del gobierno recomendó que la segunda dosis se postergara incluso más tiempo, hasta cuatro meses.

Algunos expertos en salud creen que Estados Unidos debería seguir ese ejemplo. Ezekiel J. Emanuel, codirector del Instituto de Transformación de Atención Médica de la Universidad de Pensilvania, ha propuesto que, durante las próximas semanas, todas las vacunas estadounidenses sean administradas a las personas a la que le falta su primera dosis.

“Con eso debería bastar para apaciguar la cuarta ola, en especial en lugares como Michigan y Minnesota”, comentó en una entrevista. Emanuel y sus colegas publicaron la propuesta el 8 de abril en un artículo de opinión en USA Today.

No obstante, los opositores, entre ellos asesores sanitarios del gobierno de Joe Biden, arguyen que la postergación de las dosis es una mala idea. Según advierten, el país quedará vulnerable frente a las variantes, las que ya están circulando y las nuevas que podrían evolucionar dentro del cuerpo de las personas que hayan sido vacunadas de manera parcial y no puedan combatir una infección con rapidez.

“Es una propuesta muy peligrosa postergar la segunda dosis”, opinó Lucianna Borio, quien fue científica jefa interina de la Administración de Alimentos y Medicamentos. Anthony Fauci, el principal experto de la nación en enfermedades infecciosas, estuvo de acuerdo. “Optemos por lo que sabemos que es el grado óptimo de protección”, dijo.

Las semillas del debate se plantaron en diciembre, cuando gracias a los estudios clínicos los científicos pudieron ver por primera vez el funcionamiento de las vacunas. Por ejemplo, en los estudios clínicos para las vacunas de Pfizer-BioNTech, los voluntarios gozaron de una sólida protección en contra de la COVID-19 dos semanas después de la segunda dosis. No obstante, tan solo diez días después de la primera dosis, los investigadores pudieron observar que los voluntarios se enfermaban con menor frecuencia que la gente que había recibido el placebo.

En el mismo mes, el Reino Unido experimentó un aumento repentino de casos debido a una variante nueva y muy transmisible llamada B.1.1.7. En cuanto el gobierno británico autorizó dos vacunas —de Pfizer-BioNTech y AstraZeneca—, decidió combatir la variante demorando doce semanas las segundas dosis de ambas fórmulas.

Esa política ha permitido que en el Reino Unido haya una cantidad impresionante de brazos vacunados con las primeras dosis. Hasta el 8 de abril, el 48 por ciento de la población británica había recibido al menos una dosis. En contraste, Estados Unidos ha suministrado al menos una dosis a tan solo el 33 por ciento de los estadounidenses.

En enero, algunos investigadores cabildearon para que Estados Unidos siguiera el ejemplo del Reino Unido.

“Creo que ahora, en preparación para este incremento, necesitamos que la mayor cantidad de dosis posible llegue a la mayor cantidad posible de gente mayor de 65 años, para reducir una enfermedad grave y las muertes que ocurrirán en las semanas por venir”, comentó el 31 de enero Michael T. Osterholm de la Universidad de Minnesota en Meet the Press de NBC.

No obstante, el gobierno mantuvo el rumbo, bajo el argumento de que sería poco sensato desviarse a un terreno desconocido en plena pandemia. Aunque los estudios clínicos sí demostraron una protección temprana desde la primera dosis, nadie sabía cuánto tiempo duraría esa protección parcial.

“Cuando hablas de hacer algo que pudiera provocar un daño verdadero, se necesitan datos empíricos para respaldarlo”, opinó Céline R. Gounder, especialista en enfermedades infecciosas del Hospital Bellevue y miembro del consejo consultivo del presidente Joe Biden para hacer frente al coronavirus. “No creo que se pueda usar la lógica para resolverlo”.

Sin embargo, en semanas recientes, los partidarios de postergar las dosis han podido apuntar hacia una evidencia creciente según la cual una primera dosis puede brindar una protección significativa durante varias semanas.

Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades informaron que, dos semanas después de una sola dosis de cualquiera de las vacunas de Moderna o Pfizer-BioNTech, el riesgo de que una persona se infectara de coronavirus cayó un 80 por ciento. Y los investigadores en el Reino Unido han descubierto que la protección de la primera dosis es persistente durante al menos 12 semanas.

Emanuel argumentó que la campaña británica para administrar las primeras dosis a un mayor número de personas había influido en el descenso del 95 por ciento de los casos desde su pico en enero. “Ha sido bastante sorprendente”.

Señala que datos como este son una prueba más de que Estados Unidos debería ampliar la vacunación. Él y sus colegas calculan que si el país hubiera utilizado un calendario de 12 semanas desde el inicio de su despliegue, otros 47 millones de personas habrían recibido al menos una dosis antes del 5 de abril.

Sarah E. Cobey, epidemióloga y bióloga evolutiva de la Universidad de Chicago, mencionó que creía que Estados Unidos había perdido una oportunidad valiosa de salvar muchas vidas con esa estrategia. “No actuamos en ese periodo, y ha muerto gente”, comentó.

No obstante, incluso ahora, vale la pena demorar las dosis, según Emanuel. Estados Unidos está administrando más o menos tres millones de vacunas al día, pero casi la mitad está destinada a la gente que ya recibió una dosis. Aseguró que lo mejor sería que todo el suministro de la nación fuera para las personas que se van a vacunar por primera vez.

Si eso ocurriera, en dos o tres semanas Estados Unidos alcanzaría al Reino Unido, de acuerdo con los cálculos del equipo de Emanuel. La protección adicional no solo salvaría la vida de los vacunados, sino que ayudaría a reducir la transmisión del virus a la gente que aún no cuenta con protección.

Sin embargo, según algunos científicos, es prematuro darle el crédito de la caída de los casos en el Reino Unido a la postergación en el calendario de vacunación.

“Han hecho otras cosas, como cierres de emergencia”, comentó Fauci.

“Creo que la verdadera prueba será si vemos un repunte en los casos ahora que el Reino Unido está reabriendo su confinamiento”, opinó Gounder.

En vez de experimentar con el calendario de vacunación, los críticos aseguran que sería más sensato hablar en serio de medidas básicas de prevención como el uso de mascarillas. “Es crucial que no solo reabramos y festejemos con una gran fiesta nacional”, sugirió Borio.

Borio y otras personas también están preocupadas por los estudios recientes que muestran que una sola dosis de Moderna o Pfizer-BioNTech no funciona tan bien en contra de ciertas variantes, como la B.1.351, encontrada por primera vez en Sudáfrica.

“Confiar en una sola dosis de Moderna o Pfizer para detener las variantes como la B.1.351 es como usar una pistola de aire comprimido para detener el ataque de un rinoceronte”, opinó John P. Moore, virólogo del Centro Médico Weill Cornell.

Moore señaló que también le preocupaba que la postergación de las dosis pudiera promover la propagación de nuevas variantes capaces de resistir mejor las vacunas. Conforme los coronavirus se repliquen dentro de los cuerpos de algunas personas vacunadas, podrían adquirir mutaciones que les permitirían evadir los anticuerpos generados por la vacuna.

Sin embargo, Cobey, quien estudia la evolución de los virus, aseguró que no le preocupaba que la postergación de las dosis engendrara más variantes. “Apostaría a que habría el efecto opuesto”, dijo.

Cobey y sus colegas publicaron un comentario en Nature Reviews Immunology en el que defendieron la postergación de las dosis. Si hay más gente vacunada —incluso con una protección moderadamente menor—, se podría traducir en un mayor obstáculo para la propagación del virus dentro de una comunidad que si hay menos gente con una protección más fuerte, señalaron. Además, ese declive no solo implicaría salvar una mayor cantidad de vidas. Las variantes también tendrían una menor oportunidad de surgir y propagarse.

“Hay menos personas infectadas en las que puedan surgir variantes”, dijo.

Adam S. Lauring, virólogo de la Universidad de Michigan que no participó en el comentario, dijo que consideraba que Cobey y sus colegas habían presentado un caso convincente. “Los argumentos de ese artículo me parecen realmente contundentes”, dijo.

Aunque parece poco probable que Estados Unidos cambie de rumbo, su vecino del norte ha adoptado una estrategia retardada para hacer frente a una pandemia en auge y a la escasez de vacunas.

Catherine Hankins, especialista en salud pública de la Universidad McGill de Montreal y miembro del Grupo de Trabajo de Inmunidad contra la COVID-19 de Canadá, respaldó esa decisión, basándose en las nuevas pruebas sobre las dosis únicas. Y dijo que pensaba que otros países que enfrentan carencias aún peores deberían considerarlo también.

“Abogaré a nivel mundial para que los países examinen detenidamente la estrategia de Canadá y la consideren seriamente”, dijo Haskins.



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