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Estados Unidos debe aceptar su responsabilidad en las masacres de la ‘guerra contra las drogas’


2021-06-21

León Krauze, The Washington Post

El 11 de junio Christopher Landau, exembajador del gobierno estadounidense de Donald Trump en México, publicó un artículo de opinión sobre la “estrategia perdedora” de México en la guerra contra el narcotráfico. Es una acusación extensa en la cual Landau explica cómo sucesivos gobiernos mexicanos no han logrado detener el flujo de narcóticos a Estados Unidos. Si bien reconoce la importancia de capturar a los líderes de las diversas organizaciones criminales de México, le preocupa que las “instituciones policiales y judiciales” del país no estén preparadas para la tarea. Tampoco está seguro de que la estrategia sea muy sensata. “La mayoría de estas organizaciones tienen lugartenientes dispuestos a ocupar el lugar del líder”, escribió.

Landau luego se aventura a proponer algunas ideas para abordar la crisis: las escuelas de Estados Unidos deberían desarrollar nuevos programas de concienciación sobre las drogas, mientras que las fuerzas del orden deberían enfocarse en el tráfico de drogas dentro de Estados Unidos. En las últimas líneas de su artículo, Landau aborda brevemente el tema de las armas. Dada su experiencia como abogado y diplomático (aunque esto último de forma fugaz), uno esperaría que propusiera una legislación sensata sobre el control de armas. Desafortunadamente, no lo hace. En lugar de incomodar a sus amigos conservadores, Landau le aconseja al Departamento de Justicia que “redoble la aplicación de sus leyes de control de exportaciones para contener el torrente de armas de fuego y municiones que fluyen a través de la frontera hacia los cárteles mexicanos”.

Esto es una falacia. Landau sabe que la solución al tráfico de armas está en otra parte. La única variable que explica el tiránico poder de las organizaciones criminales mexicanas es su constante acceso a armamento de guerra comprado de forma legal en Estados Unidos para su venta como contrabando ilícito al sur de la frontera. Sin el flujo de armas como el aterrador fusil de francotirador Barret .50 , los cárteles no serían capaces de asediar ciudades mexicanas en plena luz del día, como lo hizo el Cártel de Sinaloa en 2019 para forzar la liberación de Ovidio Guzmán, hijo del infame Joaquín “el Chapo” Guzmán, quien había sido capturado por las fuerzas de seguridad mexicanas. Landau sabe todo esto. Al decidir ignorar el verdadero problema, Landau le hace un flaco favor tanto a su argumento como a la crisis que parece decidido a resolver.

Lamentablemente, Landau no es el único.

Durante su reciente visita a Guatemala y México, la vicepresidenta estadounidense, Kamala Harris, repartió muchas advertencias severas para los futuros inmigrantes y exigencias para ambos gobiernos. Habló enérgicamente contra la corrupción y llegó a acuerdos para combatir la trata de personas y fomentar el desarrollo regional. Le pidió al gobierno mexicano que aumentara sus esfuerzos contra los opioides, en especial el letal fentanilo, que se ha convertido en un lucrativo negocio para los cárteles locales y que ha provocado una grave crisis de salud en Estados Unidos.

Sin embargo, hubo una omisión flagrante en los comentarios de Harris: lo que el periodista Ioan Grillo llama “el río de hierro” de las armas que impulsan a las organizaciones criminales mexicanas. El control de armas sigue siendo una reflexión secundaria.

La omisión de Landau sobre la gravedad del problema del tráfico de armas y la aparente falta de voluntad de Harris para discutir sobre eso con la seriedad que se merece no son excepciones, sino parte de un patrón de indiferencia de Estados Unidos sobre el tema. En los últimos años, las autoridades en Estados Unidos han compartido a menudo su preocupación por el ciclo de la violencia en México y las consecuencias del narcotráfico del país, pero la tragedia está lejos de ser unilateral.

Mientras México sufre otro año récord de violencia impulsada por las armas de guerra estadounidenses, los republicanos en el Congreso no han logrado cerrar ni siquiera el vacío legal más básico en la legislación sobre armas del país. Mientras tanto, los gobiernos locales se han burlado del control de armas al promulgar leyes que permitirán que esas mismas armas puedan comprarse, almacenarse y transportarse libremente en Estados Unidos. La experiencia demuestra que muchas de esas armas terminarán en México, en manos de las brutales organizaciones criminales del país.

Estados Unidos tiene la costumbre de exigir mucho y ofrecer muy poco. Cuando se trata de las armas que cruzan su frontera sur, esta dinámica representa una indignante falla moral. Landau tiene razón: la guerra contra las drogas ha fracasado, pero las armas estadounidenses son parte fundamental de ese fracaso. Es necesario que Estados Unidos reconozca su cuota de responsabilidad en las masacres de esta guerra.



Jamileth


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