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La crisis migratoria de Venezuela y la crisis moral de sus vecinos


2021-06-25

Jefferson Díaz The Washington Post

El 23 de septiembre de 2020, la encuestadora internacional Gallup publicó un informe donde registraron los índices de aceptación hacia los migrantes en diferentes países del mundo. Entre 2016 y 2019, Perú, Colombia y Ecuador reportaron las caídas más considerables: un promedio de más de dos puntos en cada uno, ubicándolos en el deshonroso top 3 mundial de los que menos aceptan a los migrantes. Esto concuerda con el éxodo venezolano que comenzó en 2017 en América del Sur.

Ese año se hizo más evidente dicho movimiento migratorio, que ha dejado hitos que nunca esperamos ver desde Venezuela: caminantes a través de Colombia, Ecuador, Perú y Chile; balseros hacia Curazao, Aruba y Trinidad y Tobago; y ahora, más visible desde mayo de este año, venezolanos cruzando el río Bravo desde México hacia Estados Unidos.

El pasado 25 de mayo, las redes sociales —en especial la cuenta de Twitter del periodista Jorge Ventura— mostraron al mundo varios videos donde un grupo de venezolanos cruzaba a pie el río Bravo y daban las gracias a las autoridades de migración estadounidenses por recibirlos. Por ayudarlos a completar una de las rutas de migración más peligrosas del mundo. Una ruta que mexicanos, salvadoreños, hondureños y guatemaltecos conocen muy bien. ¿Qué hizo que los venezolanos se unieran a este conjunto de nacionalidades que históricamente han cruzado el río?

No hay una respuesta única, pero si analizamos cómo evolucionó desde el inicio de la pandemia por el COVID-19 el éxodo venezolano en América Latina, se vuelven más importantes los números que presentó la encuestadora Gallup en el índice de aceptación de migrantes a nivel mundial.

Daniel Regalado, presidente de la Organización Venezuela en Ecuador, publicó en la cuenta de Instagram de la organización una serie de audios donde se puede escuchar a dos coyotes venezolanos delineando tarifas y procedimientos para que las personas que estén interesadas en migrar hacia los Estados Unidos lo hagan con la claridad de que una vez llegando a la frontera sur de Estados Unidos, deben cruzar el río y pedir asilo. Esto implica un vuelo desde Bogotá o Quito hacia Ciudad de México, desde ahí otro vuelo o un autobús hacia Monterrey, y luego otro recorrido hasta la ciudad fronteriza de Acuña.

“Es una situación delicada. Nosotros no daremos detalles al respecto porque es avalar una forma de migración irregular. Pero la situación en Ecuador es compleja para los venezolanos: no consiguen trabajo y los casos de discriminación aumentaron con la pandemia”, me dijo Regalado en entrevista.

Según Regalado, no debería extrañarnos que desde Ecuador, Perú y Colombia les ofrezcan a estas personas “paquetes turísticos” para emigrar a Estados Unidos a través de México.

En mayo de este año, la Organización Internacional de Migración indicó que 93% de los venezolanos en Ecuador trabaja en el comercio informal y 53% gana menos de 200 dólares al mes. En Ecuador, para abril de este año, la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela reportó que habían 429,700 venezolanos en el país.

En cuanto a Perú, el segundo país con más recepción de migrantes venezolanos en el mundo, el gobierno militarizó en enero su frontera con Ecuador para evitar su ingreso por pasos irregulares, lo que generó grandes críticas por parte de las Defensorías del Pueblo de Colombia, Ecuador y ese país.

Hartos de la falta de oportunidades de empleo, de políticas públicas migratorias ambiguas desde los gobiernos ecuatoriano y peruano, y de tener que soportar tratos discriminatorios como xenofobia, aporofobia y racismo, los venezolanos ven a Estados Unidos como una opción atractiva de segunda migración. Más cuando, antes de salir de la Casa Blanca, el expresidente Donald Trump autorizó la Salida Obligatoria Diferida donde prohibía la deportación de ciudadanos venezolanos por 18 meses y les permitía obtener permisos de trabajo sin importar su condición migratoria.

En cuanto al gobierno del actual presidente, Joe Biden, el 8 de marzo de 2021 se aprobó el Estatus Migratorio de Protección Temporal para los venezolanos que por razones excepcionales no pueden volver a su país. También eliminó el Protocolo de Protección de Migrantes, o la política de “Permanecer en México”, para que todas las personas que estén solicitando asilo o cualquier otra condición migratoria puedan hacerlo en suelo estadounidense.

Según datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, hasta mayo de este año en las ciudades fronterizas con México de los estados de California, Arizona, Nuevo México y Texas —San Diego, El Centro, Yuma, Tucson, El Paso, Big Bend, Del Río, Laredo y Río Grande Valley— reportaron el paso de 897,213 personas por caminos migratorios irregulares. De esa cantidad, 389,474 eran mexicanos, 167,240 hondureños, 153,478 guatemaltecos, 49,845 salvadoreños y 137,176 de otras nacionalidades.

De acuerdo con el medio venezolano Efecto Cocuyo, desde octubre de 2020 el gobierno estadounidense reporta que al menos 10,000 venezolanos llegaron al país cruzando desde la frontera terrestre con México. Los videos que salieron en redes sociales eran precisamente desde la ciudad de Del Río en Texas, y siguen llegando reportes de esta situación.

Mientras las crisis humanitaria crece en Venezuela, y las condiciones de vida de los venezolanos desmejoran en países de América del Sur, que no nos extrañe seguir viendo más de estas imágenes en el futuro.

Este es uno de los momentos más vulnerables de la migración venezolana. Una migración que abarca desde Estados Unidos hasta Argentina. Kamala Harris, vicepresidenta estadounidense, lo dejó claro a los migrantes: “No vengan”. Así que esas medidas que mencionamos antes a favor de los venezolanos no son garantía de nada. No hay garantía de que estas personas tengan estabilidad económica, regularidad migratoria o algún respiro de paz.

La única garantía que existe es que los coyotes y las mafias de trata de personas ahora tienen a una nueva víctima. Una víctima que sufre el yugo de la falta de solidaridad sudamericana.



Jamileth


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