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Los populistas del mundo están en ascenso


2021-09-21

Henry Olsen | The Washington Post

Las elecciones de Noruega del 13 de septiembre han dado inicio a una temporada de procesos de votación en todo el mundo que nos dirá mucho sobre la opinión pública después de un año y medio de pandemia. Pero aunque cada país es diferente, los patrones ya son claros: la derecha tradicional está cayendo, mientras que la extrema izquierda y el populismo van en ascenso.

El declive del conservadurismo es evidente en casi todas partes. El gobierno de coalición de centro-derecha de Noruega recibió solo 40% de apoyo en la votación final, casi nueve puntos menos que en 2017. La Unión Demócrata Cristiana (CDU, por su sigla en alemán) de la canciller alemana Angela Merkel va en caída libre: los alemanes ven a su reemplazo propuesto, Armin Laschet, como el menos popular de los líderes de los principales partidos. La CDU y sus aliados de la Unión Social Cristiana de Baviera solo están recibiendo 21% de apoyo en las encuestas actuales, una cifra que fácilmente sería su más baja de concretarse el día de las elecciones.

Los partidos conservadores tradicionales en Islandia y Bulgaria están por debajo de la cuarta parte de los votos en las encuestas recientes. Mientras tanto, en la República Checa, tres partidos de centro-derecha tuvieron que crear la alianza SPOLU (“Juntos”) solo para garantizar que dos de ellos no cayeran por debajo del umbral de 5% necesario para ganar escaños. Hace 11 años, esos partidos recibieron más de 41% de los votos; hoy, la alianza lucha por obtener más de 20%.

Incluso los votantes en Japón, tradicionalmente conservadores, le dieron una dura reprimenda al Partido Liberal Democrático en las recientes elecciones locales de Tokio y Yokohama. Eso llevó al primer ministro Yoshihide Suga a anunciar que no buscará la reelección en la votación nacional de este otoño.

En la mayoría de los países, el declive de la derecha no ha desplazado votos a sus rivales tradicionales de la centro-izquierda. El Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD, por su sigla en alemán) es la excepción, ya que la popularidad de su líder Olaf Scholz los ha impulsado al frente de la contienda, aunque con un históricamente débil 25%. Si las encuestas actuales se mantienen, el porcentaje ganador del SPD sería el más bajo para un partido líder en los 72 años de historia de la Alemania moderna.

La centro-izquierda también está en declive en otros lugares. En Chile, la coalición tradicional que abarca desde los demócratas cristianos hasta los socialistas se está derrumbando. Sus candidatos recibieron solo 14% de los votos en las elecciones de constituyentes de mayo, y su candidata presidencial, la democratacristiana Yasna Provoste, tiene apenas un poco más de 10% en las encuestas. Los socialistas de Bulgaria obtuvieron cifras bajas récord en dos elecciones inconclusas celebradas este año y, según las encuestas, solo obtendrán 16% en las terceras elecciones de Bulgaria de este año, el 14 de noviembre. En la República Checa, los socialdemócratas que ganaron las elecciones de 2013 están por debajo del umbral de 5% para los escaños, según las encuestas.

Por otro lado, la extrema izquierda ha tenido un aumento de popularidad en muchos países. El Partido Rojo de Noruega, un partido marxista que todavía hace referencia positiva al comunismo en su declaración de principios, llevaba 4.7% de los votos con 85% totalizado el 13 de septiembre, el doble de su resultado en 2017, mientras que el Partido de la Izquierda Socialista obtuvo 7.5%. La fuerza combinada de la extrema izquierda ha reducido al Partido Laborista, que se espera que termine primero como siempre lo ha hecho desde 1927, a apenas 26% de los votos, uno de sus resultados más bajos de todos los tiempos.

El candidato presidencial de extrema izquierda de Apruebo Dignidad de Chile, Gabriel Boric, lidera las encuestas del país y se espera que supere a los demás candidatos y gane las elecciones. Mientras tanto, la extrema izquierda de Islandia no estuvo satisfecha con el hecho de que la primera ministra, Katrín Jakobsdóttir, fuera del Movimiento de Izquierda-Verde. Su nuevo partido, el Partido Socialista Islandés, que acusa a los de Izquierda-Verde de haber abandonado la agenda eco-socialista tras llegar al poder, está obteniendo cerca de 8% en las encuestas y podría mantener el equilibrio del poder tras las elecciones del 25 de septiembre.

Los partidos populistas de todo tipo también están ganando terreno. There Is Such a People, un partido de Bulgaria que lleva el nombre de un álbum de su fundador, el músico y estrella de televisión Slavi Trifonov, ganó las elecciones de julio en su país. Otro partido populista en Bulgaria —Stand Up! Mafia, Get Out!— entró en el parlamento, y tres partidos nacionalistas de derecha se dividieron 6.5% de los votos, pero no consiguieron ningún escaño.

Es muy probable que el Partido ANO de la República Checa, liderado por el primer ministro populista Andrej Babis, gane las elecciones del 8 y 9 de octubre, mientras que la alianza Pirata y Alcaldes y el partido antiinmigrante Libertad y Democracia Directa —que en conjunto probablemente obtendrán más de 30% de la votación— mantendrán el equilibrio del poder. En América del Sur, dos candidatos presidenciales chilenos populistas de derecha tienen en las encuestas números combinados similares a la del candidato de centro-derecha, Sebastián Sichel. Incluso la sobria Canadá está prestándole atención a los populistas de derecha: el promedio actual de las encuestas le dan al Partido Popular de Maxime Bernier 6%, que hasta el momento le arruina a Erin O’Toole del Partido Conservador la posibilidad de derrotar al primer ministro canadiense, Justin Trudeau.

A menudo, los estadounidenses se preguntan por qué su sistema tradicional de partidos pareciera estar disolviéndose en un caos turbulento e ingobernable. La respuesta es simple: todo el mundo desarrollado está experimentando el fin de los sistemas de partidos estables que fueron diseñados para responder las preguntas políticas planteadas por el fin de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Las nuevas interrogantes políticas siempre conducen a nuevas coaliciones políticas, y ni Estados Unidos ni el resto del mundo están cerca del desenlace de este realineamiento político global.



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