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Justicia y felicidad


2021-09-22

Por P. Fernando Pascual | LC 

Algo nos dice que no todo puede terminar en el presente.

Amamos la justicia. Defendemos la igualdad como una conquista para una vida mejor. Buscamos cómo impedir la injusticia y reparar los daños de quienes la han sufrido.

Pero de vez en cuando surge una pregunta: ¿vale la pena vivir justamente? ¿Es feliz el hombre justo? Incluso en ocasiones sentimos rabia al constatar cómo hay hombres injustos que aparentan una felicidad envidiable.

Hace 2400 años, en la “República” de Platón, Sócrates dialoga con un grupo de amigos que desean saber qué gana quien vive con justicia, y qué tipo de felicidad lograrían los que lleguen a ser justos.

Nos gustaría constatar que en la tierra fuese posible que los justos, honestos, buenos, lograsen una vida feliz junto a sus seres queridos. Sin embargo, tantas veces nos duele ver cómo a muchos justos les va, realmente, muy mal.

Si todo terminase en la vida presente, tendríamos que constatar, con pena, que muchos justos han terminado en el fracaso, incluso han perdido parte de sus bienes, por culpa de pocos injustos que provocan daños incontables.

Algo nos dice que no todo puede terminar en el presente, que tiene que haber algún modo de resarcir a quien en el mundo terreno ha sufrido males de importancia a pesar de su esfuerzo por vivir con una honestidad admirable.

Por eso tenemos que mirar hacia el futuro y reconocer que solo en una vida tras la muerte, y con un Dios bueno y justo, será posible lograr una conexión completa entre justicia y felicidad.

No todos llegan a aceptar ese horizonte futuro, y por eso experimentan cierta angustia ante un mundo que parece “premiar” a los malos y que tolera el sufrimiento de los buenos.

Esa angustia, sin embargo, puede ser curada cuando aceptamos que la existencia de otra vida tiene que completar la belleza de la justicia y permitir que los hombres honestos gocen de una dicha que dura para siempre.



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