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Llegó la variante ómicron y tenemos algunas ventajas


2021-11-30

Zeynep Tufekci | The New York Times

Sabemos muy poco sobre ómicron, la variante del coronavirus detectada en Sudáfrica que, ahora que se avecina el invierno, ha generado pánico en muchas personas. En realidad es una buena noticia. Gracias a las acciones rápidas y honestas de Sudáfrica, el mundo ha podido adoptar medidas para controlar esta variante a pesar de que tenemos pocos datos de estudios clínicos y epidemiológicos.

Así que ahora hay que ponernos a trabajar. Ómicron, que según los primeros datos parece ser más transmisible que la variante delta y tener mayor posibilidad de causar más infecciones posvacunación, podría llegar pronto a Estados Unidos, si no es que ya está en el país.

Una respuesta dinámica exige que las medidas estrictas de contención puedan ser modificadas conforme comencemos a tener más evidencia, así como recopilar rápidamente datos que nos permitan tener una idea clara del alcance de esta amenaza.

Los fabricantes de vacunas también deberían comenzar a desarrollar vacunas específicas para esta variante.

Estados Unidos, la Unión Europea y muchas naciones ya anunciaron prohibiciones a los viajes provenientes de varios países africanos. Incluso si la variante ya comenzó a propagarse, estas restricciones pueden darnos tiempo, pero solo si se implementan de forma inteligente junto con otras medidas, no como un teatro pandémico.

La prohibición de viajes desde varios países del sur de África anunciada el viernes por el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, no se aplica a ciudadanos del país ni a residentes permanentes de Estados Unidos, a quienes solo se les pide hacerse una prueba. El problema es que la contención debe centrarse en el patógeno, no en los pasaportes. Mientras no tengamos datos más claros, y como medida de precaución, deberían aplicarse restricciones a los viajes tanto de extranjeros como de ciudadanos estadounidenses desde países en los que se sepa que la variante se está propagando más.

Necesitamos esquemas de prueba más estrictos que consten en varios tests en distintos momentos —e incluso requisitos de cuarentena— para todos los pasajeros según el periodo de incubación determinado a partir de datos epidemiológicos. También necesitamos esquemas de pruebas y rastreo más generalizados e intensivos para detener la propagación de la variante. Esto significa implementar, finalmente, el tipo de programa de pruebas masivas que Estados Unidos ha evitado y que ha sido crucial en las respuestas exitosas contra la covid en otros países.

Si no estamos dispuestos a aplicar estas medidas integrales, no tiene mucho sentido imponer una prohibición total a unas cuantas nacionalidades.

La única razón por la que podemos siquiera hablar de tácticas de ataque tan oportunas, enérgicas y responsables contra la variante ómicron es que los científicos y trabajadores de salud de Sudáfrica se percataron de que era un peligro tan solo tres semanas después de su detección, y su gobierno —como un buen ciudadano global— lo informó al mundo. No deberían ser castigados por estas acciones asombrosas y honestas. Estados Unidos y otros de los países más ricos deberían proporcionarles recursos para combatir el brote; es lo mínimo que podemos hacer.

El gobierno estadounidense también debería especificar cuándo cambiarán estas restricciones y en qué parámetros se sustenta para hacerlo. Las prohibiciones a los viajes que se mantienen demasiado tiempo se convierten más en una cuestión de señalamiento político que en un asunto de salud pública.

Quizás el mejor ejemplo de cómo responder de manera inteligente a una alerta temprana es Taiwán.

Semanas antes del 20 de enero de 2020, cuando el elusivo gobierno chino reconoció finalmente que el nuevo coronavirus se transmitía entre los habitantes de Wuhan, los funcionarios taiwaneses ya lo sospechaban. De inmediato comenzaron a monitorear a los viajeros y poco después establecieron restricciones más estrictas, incluidas cuarentenas de pasajeros provenientes de China y, después, de otros lugares. Los taiwaneses también adoptaron el cubrebocas pronto (con un sistema de racionamiento para garantizar que todos los ciudadanos pudieran adquirir una parte de los limitados suministros) y se movieron agresivamente para localizar los casos que se habían filtrado para cortar de tajo los brotes locales.

Aunque muchas personas habían llegado desde Wuhan antes de que se impusieran estas medidas, Taiwán sofocó la propagación inicial y ha controlado con efectividad la crisis durante casi dos años.

Lo que no funcionó fue el enfoque adoptado por Estados Unidos el año pasado. En un principio, ya demasiado tarde, solo se prohibieron los viajes provenientes de China. La prohibición no se aplicó a los ciudadanos estadounidenses y no se combinó con una campaña generalizada de pruebas en las fronteras y en todo el país. La prohibición de Biden tiene problemas similares, y no arrancó sino hasta el lunes 29 de noviembre, como si el virus hubiera descansado el fin de semana.

Esos son despliegues teatrales pandémicos, no políticas de salud pública.

El año pasado, muchos de los primeros casos llegaron a Estados Unidos desde Europa, no desde China, pues la enfermedad ya se había propagado y prácticamente no se le hacían pruebas a nadie que no hubiera ido a Wuhan.

En cuanto a la detección de la variante ómicron, tenemos una ventaja clave, por mera suerte. En el caso de muchas variantes, los científicos necesitan hacer una muestra a la secuencia completa para distinguirlas con claridad. Al igual que otras cuantas variantes, ómicron tiene una señal genética particular que se detecta con las pruebas PCR, por lo que es fácil rastrearla con la infraestructura de pruebas estándar que ya existe y es más sencillo incluir el rastreo de esta variante como parte de un esquema de pruebas masivas.

Corea del Sur demostró la importancia de las primeras pruebas masivas. Su primer caso de covid se anunció el mismo día que el primero en Estados Unidos, el 20 de enero del año pasado. Semanas después, un evento de superpropagación en una iglesia convirtió a Corea del Sur en el primer país en tener un brote importante fuera de China. Sus ciudades densamente pobladas y su concurrido transporte público lo convirtieron en un lugar ideal para que la epidemia prosperara.

Sin embargo, Corea del Sur estaba preparada con un sistema de pruebas enorme, que incluía pruebas gratuitas sin bajarse del carro y un seguimiento agresivo. A finales de marzo, había logrado controlar el brote inicial. Hasta ahora, ese país de más de 50 millones de habitantes ha tenido alrededor de 3500 muertes durante toda la pandemia, una cifra menor que la cantidad atroz de fallecimientos en Nueva York durante una semana de abril de 2020, durante la peor ola de casos.

Incluso antes de la variante ómicron, Estados Unidos debería realizar más pruebas, porque delta sigue a la alza.

Lo trágico es que una de las razones por las que Sudáfrica implementó el sistema de vigilancia avanzado que detectó la variante ómicron es porque se usa para identificar casos de sida, que todavía es una crisis en ese país.

El conjunto de medicamentos antivirales que transformó al sida de una sentencia de muerte a una enfermedad crónica se desarrolló a mediados de los años noventa, pero las empresas farmacéuticas, protegidas por las naciones ricas, se negaron a permitir la producción y venta de versiones genéricas baratas en muchos países pobres, e incluso impusieron acciones legales para evitar que Sudáfrica las importara. Millones de personas murieron antes de que se llegara a un acuerdo varios años después de un esfuerzo robusto de activismo global.

El trato despiadado que las grandes farmacéuticas le dieron a Sudáfrica se repitió durante esta pandemia. Moderna, por ejemplo, hizo algunas de las pruebas de su vacuna en Sudáfrica, pero no le hizo ningún donativo al país, ni al mecanismo Covax, la alianza global de vacunas, hasta mucho tiempo después.

Décadas de este tipo de acciones han contribuido a los altos niveles de desconfianza al sector médico que existen en Sudáfrica, lo que abarca las dudas sobre las vacunas. Solo el 35 por ciento de la población adulta ha recibido las dos dosis de la vacuna a pesar de que hay suficientes suministros. (En el resto de África, persisten los problemas de abastecimiento de la vacuna: solo alrededor de una cuarta parte del continente, incluidos los trabajadores de salud, tienen las dos dosis; un escenario terrible).

Es posible que esta variante se haya desarrollado por medio de una infección persistente en un paciente inmunodeprimido, alguien que no haya sido tratado de manera adecuada para controlar una infección de VIH, por ejemplo. Se cree que este tipo de infecciones prolongadas han permitido que se desarrollen otras variantes también.

Esta es una razón aún más importante para que, si el mundo desarrollado impone restricciones a Sudáfrica y a otros países, debería darles apoyo financiero.

En dos o tres semanas, las investigaciones clínicas y datos epidemiológicos deberían comenzar a esbozar un retrato más claro de cuán transmisible es esta variante, cómo afecta la gravedad de la enfermedad y si es posible que evada, y en qué medida, la protección que ofrece la vacuna.

Si los resultados disipan las peores inquietudes, los funcionarios deberían reducir las restricciones. El público confiará más en las autoridades con medidas agresivas tempranas si saben que las restricciones solo se aplicarán mientras sea necesario. Incluso es posible que, al final, esta amenaza desaparezca por completo o que la variante cause una enfermedad menos grave.

Si se confirman los peores temores, necesitaremos recurrir al resto de nuestro arsenal para combatir la amenaza.

También en ese frente hay buenas noticias.

BioNTech/Pfizer ya dijo que podría tener vacunas específicas para esta variante en tan solo tres meses. La empresa, al igual que otras fabricantes de vacunas, debería comenzar a producirlas de inmediato. En el peor de los casos, habrán invertido unas cuantas semanas de trabajo que podrían considerar como ensayo para una acción rápida en el futuro.

Incluso si las vacunas actuales pierden cierta efectividad en la prevención de casos posvacunación con la variante ómicron, es razonable esperar que conserven un buen nivel de protección contra hospitalizaciones y muertes, como se ha visto con otras variantes. Esto se debe a que evitar infecciones posvacunación e impedir el desarrollo de enfermedad grave involucra distintas partes del sistema inmunitario. La parte responsable de esta última tarea tiene mayor capacidad de seguir reconociendo al virus y funcionar bien aunque existan algunas mutaciones. De cualquier manera, podemos hacerlo mejor.

Todas las vacunas todavía se diseñan para proteger contra el virus original que apareció en Wuhan, aunque esa versión ya casi no se encuentra. La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) desde hace tiempo dijo estar dispuesta a aprobar vacunas específicas para ciertas variantes sin exigir el mismo tipo de estudios clínicos que para las vacunas iniciales. La FDA debería alistarse para lidiar con esta posibilidad.

Otra buena noticia es que los nuevos tratamientos antivirales que podrían reducir hasta en un 90 por ciento la tasa de muertes y hospitalizaciones en pacientes de alto riesgo, no están afectados por las mutaciones de las variantes porque atacan enzimas que el virus necesita para reproducirse. Ahora mismo, estos medicamentos antivirales (que todavía no se autorizan ni siquiera en Estados Unidos) son caros, pero Pfizer ha hablado de la posibilidad de que los países de ingresos medios y bajos tengan acceso a su medicamento a un costo menor.

Es necesario que esos fármacos estén disponibles en los lugares en donde ocurran los brotes y no que sean acaparados por los países ricos debido a la firma temprana de contratos. Además, su producción y precio no deben depender del capricho de obtener más ingresos de empresas que han recibido mucho apoyo de los contribuyentes y que aprovechan investigaciones financiadas con fondos públicos para desarrollar sus medicamentos.

También, las naciones más ricas deben ofrecer apoyo financiero para implementar medidas no farmacéuticas, como instalar mejores sistemas de ventilación y filtrado del aire, acceso a cubrebocas de mejor calidad o cuarentenas y licencias por enfermedad con goce de sueldo.

Todas estas acciones requieren liderazgo y una visión global. A diferencia de los terribles días de principios del año pasado, tenemos una alerta temprana, vacunas, fármacos efectivos, más conocimientos sobre la enfermedad y muchos aprendizajes dolorosos. Llegó la hora de demostrar que ya aprendimos esas lecciones.



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