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China dice que es una democracia, antes de la cumbre de Biden


2021-12-08

Por Keith Bradsher y Steven Lee Myers | The New York Times

PEKÍN — Mientras que el presidente Joe Biden se prepara para ser el anfitrión de una “cumbre para la democracia” esta semana, China contratacó con la afirmación inverosímil de que también es una democracia.

Sin importar que el Partido Comunista de China gobierna a los 1,400 millones de habitantes del país sin ninguna tolerancia con los partidos de oposición, ni que su líder Xi Jinping ascendió al poder a través de un proceso político turbio sin elecciones populares, ni que pedir públicamente la instalación de una democracia en China conlleva severos castigos, a menudo con largas sentencias de prisión.

“No hay un modelo fijo de democracia; se manifiesta de muchas formas” argumentó en un documento publicado el fin de semana el Consejo Estatal, el máximo órgano del gobierno de China. El documento se titulaba: “China: democracia que funciona”.

Es poco probable que cualquier país democráctico quede persuadido por el modelo chino. Bajo cualquier estándar, excepto el suyo propio, China es uno de los países menos democráticos del mundo, y se ubica cerca del final de los ránkings de libertades políticas y personales.

Sin embargo, el gobierno está contando con que su mensaje encontrará una audiencia en algunos países que están desilusionados con la democracia liberal o las críticas hacia el liderazgo de Estados Unidos, ya sea en América Latina, África o Asia, incluida China.

“Quieren cuidarse la retaguardia, estar a la defensiva, lo que llaman una democracia occidental”, dijo Jean-Pierre Cabestan, politólogo de la Universidad Bautista de Hong Kong.

El documento de China sobre la democracia fue la iniciativa más reciente en una campaña que durante semanas ha intentado socavar la cumbre virtual de Biden, que inicia el jueves.

En discursos, artículos y videos en la televisión estatal, los funcionarios han aplaudido lo que definen como la democracia al estilo chino. Al mismo tiempo, Pekín ha criticado la democracia estadounidense como particularmente deficiente, buscando perjudicar la autoridad moral del gobierno de Biden, que se esfuerza por unir a Occidente para contrarrestar a China.

“La democracia no es un adorno que se usa como decoración; se usa para resolver problemas que el pueblo quiere solucionar”, dijo Xi en la reunión de altos líderes del Partido Comunista en octubre, según reportó la agencia de noticias estatal Xinhua. (En el mismo discurso, ridiculizó los “aspavientos” que se les da a los votantes durante las elecciones y afirmó que los votantes tienen poca influencia de nuevo hasta la siguiente campaña).

El domingo, la cancillería emitió otro informe que criticaba la política estadounidense por lo que describía como la influencia corruptora del dinero, la polarización social que se intensifica y la injusticia inherente en el Colegio Electoral. Del mismo modo, los funcionarios buscaron minimizar el anuncio de la Casa Blanca de que ningún funcionario estadounidense acudirá a las Olimpiadas de Invierno en Pekín en febrero al decir que, de todos modos, ninguno estaba invitado.

La ofensiva propagandística de China ha producido sorprendentes declaraciones sobre la naturaleza fundamental del régimen del Partido Comunista y la superioridad de su modelo político y social. También insinúa que Pekín podría sentir inseguridad sobre el modo en que su gobierno es percibido en el mundo.

“El hecho de que el régimen sienta que debe justificar consistentemente su sistema político en términos de democracia es un poderoso reconocimiento del simbolismo y la legitimidad que contiene el concepto”, dijo Sarah Cook, una analista que cubre China para Freedom House, un grupo de defensa en Washington.

Cuando los funcionarios presentaron el documento del gobierno el domingo, parecían competir por quién lograba decir “democracia” con más frecuencia y al mismo tiempo enturbiaron la definición del vocablo.

El sistema de China “ha alcanzado democracia de proceso y democracia de resultados, democracia procedimental y democracia sustancial, democracia directa y democracia indirecta y la unidad de la democracia del pueblo y la voluntad del país”, comentó Xu Lin, subdirector del departamento de propaganda del Comité Central del Partido Comunista.

La campaña hace recordar la rivalidad entre Estados Unidos y la Unión Soviética, que durante décadas lucharon por demostrar las ventajas de sus sistemas políticos, dijo Charles Parton, especialista en China en el Instituto Royal United Services, un grupo de investigación británico.

“Están, de cierto modo, más aplicados en la competencia ideológica, y esto remite a la Guerra Fría”, dijo Parton, refiriéndose a China.

La cumbre de democracia de Biden, que funcionarios de su gobierno han dicho que no está directamente enfocada en China, también ha enfrentado críticas, tanto de Occidente como de China, en parte por los que fueron invitados y por los que no.

Angola, Irak y Congo, países que Freedom House clasifica como no democráticos, participarán, mientras que no lo harán dos aliados de la OTAN, Turquía y Hungría.

La Casa Blanca, en una medida que probablemente enfurecerá a Pekín, también invitó a dos funcionarios de Taiwán, la democracia isleña que China reivindica como propia; y a Nathan Law, un exlegislador en el territorio semiautónomo de Hong Kong que solicitó asilo en Reino Unido tras la represión de China.

En el centro de la defensa de Pekín de su sistema político se encuentran varios argumentos clave, algunos más plausibles que los demás.

Los funcionarios mencionan las elecciones que se realizan en los barrios o municipios para elegir representantes para el más bajo de los cinco niveles de legislaturas. Dichas votaciones, sin embargo, son bastante coreografiadas y cualquier candidato que potencialmente pudiera estar en desacuerdo con el Partido Comunista enfrenta acoso o algo peor.

Las legislaturas luego eligen a los delegados para el siguiente nivel, hasta el Congreso Nacional del Pueblo, un cuerpo parlamentario con casi 3000 integrantes que cada primavera se reúne para aprobar las decisiones que el liderazgo del partido toma a puerta cerrada.

Cuando Xi impulsó una enmienda constitucional para retirar los límites temporales a la presidencia —lo que le permite gobernar indefinidamente— la votación, realizada de forma secreta, fue de 2958 a 2.

China también ha acusado a Estados Unidos de imponer valores occidentales en otras culturas, un argumento que podría encontrar eco en regiones donde ambas potencias compiten por influencia.

El embajador de China en Estados Unidos, Qin Gang, se unió recientemente a su homólogo ruso, Anatoly Antonov, para denunciar la cumbre de Biden como hipócrita y hegemónica. En un texto que firmaron en The National Interest, una revista conservadora, aludieron al apoyo otorgado a los movimientos democráticos en países autoritarios que se conocieron como “revoluciones de color”.

“Ningún país tiene derecho a juzgar el vasto y variado paisaje político con la misma vara”, escribieron.

Al señalar las formas en que las sociedades estadounidense y occidentales se han visto azotadas por divisiones políticas, sociales y raciales y obstaculizadas por la pandemia de coronavirus, China también argumenta que su forma de gobierno ha sido más eficaz para crear prosperidad y estabilidad.

Los funcionarios a menudo observan que China ha logrado más de cuatro décadas de crecimiento económico rápido. Y, más recientemente, ha contenido el brote de coronavirus que inició en Wuhan, con menos muertes en toda la pandemia que los que algunos países han registrado en un solo día.

Los escépticos rechazan el argumento de que esos éxitos convierten a China en una democracia.

Señalan sondeos como el realizado por la Universidad de Würzburg en Alemania, que ranquea a los países según variables como independencia del poder judicial, libertad de prensa e integridad de las elecciones. El más reciente pone a China cerca del final entre 176 países. Solo Arabia Saudita, Yemen, Corea del Norte y Eritrea están más abajo en la lista. Dinamarca está en primer lugar y Estados Unidos en el puesto 36.

En China, el Partido Comunista controla los tribunales y censura fuertemente a los medios de comunicación. Ha suprimido la cultura y el idioma tibetanos, ha restringido la libertad religiosa y ha implementado una amplia campaña de detenciones en Sinkiang.

Es más, la enérgica defensa de China de su sistema en los últimos meses no ha hecho nada para moderar el enjuiciamiento de la disidencia.

Se espera que dos de los más afamados abogados de derechos humanos, Xu Zhiyong y Ding Jiaxi, enfrenten juicio a finales de este año, acusados de haber pedido mayores libertades civiles, según Jerome Cohen, profesor de derecho que se especializa en China en la Universidad de Nueva York. Una empleada china de Bloomberg News en Pekín hasta el martes llevaba un año detenida sin que se supiera cuáles eran las acusaciones en su contra

En el gobierno de Xi, los intelectuales chinos tienen más precauciones al expresarse que en cualquier otro momento desde la muerte de Mao en 1976.

“Este es un momento extraordinario en la experiencia china”, dijo Cohen. “De verdad pienso que aplica la definición de totalitarismo”.



Jamileth


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