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El informe sobre las fiestas en Downing Street señala “graves incumplimientos” de las normas éticas


2022-01-31

Rafa de Miguel  | El País

Londres - El personal que trabajaba al servicio de Boris Johnson en Downing Street durante el confinamiento demostró escaso respeto a las normas vigentes durante ese tiempo, y “al menos en algunas de sus reuniones cometió un grave incumplimiento a la hora de observar, no solo las normas éticas exigibles a los que trabajan en el corazón del Gobierno, sino las que podían exigirse a la población británica en general durante este tiempo”. La vicesecretaria permanente de la Oficina del Gabinete, Sue Gray, ha entregado este lunes a Boris Johnson una primera “actualización” de su informe sobre las fiestas prohibidas en Downing Street. La funcionaria ha querido usar ese término, consciente de que el informe completo no verá aún la luz. Gray ha preferido quitarse cuanto antes un asunto que le quemaba en las manos, a pesar de que su decisión no ha dejado satisfecha a la oposición laborista.

Gray ha atendido la exigencia de New Scotland Yard (como se conoce a la Policía Metropolitana, por su sede central) y el texto contiene “referencias mínimas” a las doce fiestas que investiga la policía por presuntas infracciones penales. De ese modo, el informe queda expuesto de modo incompleto a la opinión pública, y tiene casi más relevancia por lo que oculta que por lo que revela. La famosa fiesta del 20 de marzo de 2020 a la que Johnson asistió, o el cumpleaños sorpresa que le preparó su esposa, Carrie Symonds, en el Cabinet Room (la sala con la mesa ovalada donde se reúne el Gobierno en pleno) no aparecen reflejadas en detalle, con lo que la implicación evidente será que hay serios indicios de que se quebró la normativa legal. La policía ha llegado a admitir este lunes que ha recibido ya más de 300 fotos relacionadas con las fiestas. El informe señala incluso, al revelar los eventos que la policía ha decidido investigar por su cuenta, un nuevo evento comprometedor: el que tuvo lugar en el apartamento privado del matrimonio Johnson, en Downing Street, el 13 noviembre de 2020. Ese fue el día en que Dominic Cummings, el ex asesor estrella del primer ministro e ideólogo del Brexit, tuvo que salir humillado por la puerta de atrás del Gobierno, después de perder su batalla personal por el poder y el control de esa nueva administración frente a la esposa de Johnson, Carrie Symonds. La ex asesora de comunicación del Partido Conservador logró deshacerse de Cummings y su equipo.

Gray ha entregado un texto más duro de lo que podía preverse en las últimas horas, en el que describe un ambiente en Downing Street donde había “un consumo excesivo de alcohol que no resulta nunca apropiado en el lugar de trabajo”, y “fallos en el liderazgo y en el juicio empleado por diferentes departamentos del Nº 10 de Downing Street”. “Algunos eventos nunca debieron permitirse, y otros debieron haberse permitido de otra manera”, dice el informe. De esta forma, Gray no señala directamente a Johnson ni le atribuye responsabilidad personal, “aunque ya hay lecciones que se pueden extraer de todos estos eventos y que deben ser inmediatamente atendidas por el Gobierno, sin necesidad de esperar a que concluyan las investigaciones de la Policía”, advierte la funcionaria.

La intervención, a mediados de la semana pasada, de la Policía Metropolitana de Londres introdujo más confusión al escándalo que ha paralizado en las últimas semanas la actividad política británica. Si en un principio puso contra las cuerdas a Johnson, al anunciar que abría su propia investigación y dar la gravedad de una presunta infracción penal a todo el asunto de las fiestas en Downing Street, contribuyó paradójicamente a liberar la tensión a la que se enfrentaba el político conservador. Por dos motivos. En primer lugar, porque las autoridades policiales exigieron que el informe de Gray omitiera referencias a las fiestas que Scotland Yard aún está investigando, para evitar posibles injerencias. De ese modo, el primer ministro puede acudir este lunes a la Cámara de los Comunes con un informe descafeinado que le permite salir airoso del lance. El retraso producido por este enfrentamiento burocrático ha proporcionado, además, oxígeno extra a Johnson, con un fin de semana de por medio que ha desinflado pasiones y calmado ánimos, especialmente entre los diputados conservadores.

Johnson resiste

Boris Johnson ya había dejado claro, muchos días antes de que se publicara el informe, de que no iba a dimitir, y de que su intención era resistir las críticas y permanecer en el puesto. Poco más de una hora después de que los diputados y los medios conocieran la “actualización” entregada por Gray al primer ministro, el político conservador comparecía ante la Cámara de los Comunes para pedir de nuevo disculpas: “Es el momento de mirarnos a nosotros mismos al espejo y aprender la lección”, afirmaba Johnson. “Lo he entendido, y lo arreglaré”. Sin embargo, ha sido incapaz de precisar qué medidas iba a adoptar, más alla de prometer que iba a crear una nueva oficina dentro de la estructura de Downing Street, la del primer ministro; que reforzaría el código ético del personal de Gobierno para asegurar su cumplimiento y que en los próximos días anunciaría más cambios.

“Primer ministro, la ciudadanía británica no es tonta. Nunca han creído una palabra de lo que ha dicho hasta ahora, y creen que lo único decente que le queda por hacer es dimitir”, ha dicho a Johnson el líder de la oposición laborista, Keir Starmer. “Pero por supuesto no lo hará, porque no tiene vergüenza y volverá a hacer lo que ha hecho durante toda su vida: destruir a todos y a todo lo que se pone en el camino”, concluía Starmer. A medida que la bancada de la oposición arremetía contra el primer ministro y resaltaba la gravedad del informe de Gray, a pesar de su brevedad ―12 páginas ― y de todo lo que omite, Johnson mostraba una actitud más agresiva. Una y otra vez se ha escudado en que la investigación policial seguía en marcha y se veía impedido a entrar en los detalles de lo sucedido. Pero el político conservador revelaba su estrategia actual cada vez que se negaba a responder, como le han preguntado varios diputados, si publicaría el informe íntegro una vez concluya sus pesquisas Scotland Yard. Johnson ha ganado tiempo con un informe descafeinado y quiere enterrar cuanto antes el asunto. Han sido pocas las voces conservadoras que se han alzado contra el líder del partido, aunque la relevancia de los pocos que se han atrevido a hablar ha dejado claro que todo el escándalo de las fiestas quedará como una mancha indeleble en la trayectoria de Johnson. “El informe de Gray demuestra que Downing Street no cumplía las normas que ellos mismos habían impuesto en el resto de ciudadanos. O mi honorable colega [en referencia a Johnson] no se leyó esas normas, o no entendió lo que suponían, o simplemente pensó que no iban con él y con su equipo. ¿Cuál de estas explicaciones es la correcta?”, le ha reprochado a Johnson su antecesora en el cargo, Theresa May, contra quien el actual primer ministro conspiró para derribarla del cargo. Unos diez diputados conservadores se han atrevido a alzar la voz contra Johnson, y reclamarle ―sin éxito ― para que se comprometiera al menos a publicar el informe íntegro cuando concluya la investigación policial.

A medida que avanzaba una larga comparecencia en la que muchos diputados han chocado inútilmente con el frontón de Johnson, quien se ha excusado en todo momento en que la investigación policial seguía su curso, el primer ministro aumentaba su tono desafiante, y se presentaba como el político que logró sacar al Reino Unido de la UE; quien había impulsado la campaña de vacunación más exitosa de toda Europa; el responsable del crecimiento económico más potente de todas las naciones del G-7 después de la pandemia, e incluso el líder que estaba liderando a todo Occidente en la respuesta a la amenaza que supone el presidente de Rusia, Vladimir Putin. Justo a la vez que Johnson hablaba, se conocía que Putin había decidido cancelar la llamada telefónica que ambos dirigentes tenían programada para esa misma tarde.

La sesión parlamentaria culminaba con una paradoja que demostraba claramente cómo Johnson puede acabar agotando por cansancio a sus más férreos opositores. Cuando el portavoz de los nacionalistas escoceses del SNP, Ian Blackford, se negaba, por petición expresa del presidente de la Cámara de los Comunes, a retirar su afirmación de que Johnson había mentido al Parlamento, el político acababa siendo expulsado de la Cámara mientras Johnson permanecía firme en su puesto.



Jamileth


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