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Con López Obrador herido, la oposición se enfrenta a su prueba de fuego


2022-04-25

Por Carlos Loret de Mola A. | Washingtpn Post

El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, lleva todo 2022 acumulando señales de que está políticamente herido: empezó con el escándalo de la lujosa “Casa gris” de su hijo en Houston, luego el vacío ciudadano a su consulta de revocación de mandato y el pasado domingo 17 no logró que sus aliados en la Cámara de Diputados lograran los votos suficientes para aprobar su propuesta de reforma eléctrica. ¿Tendrá la oposición la fuerza e inteligencia para capitalizar las heridas?

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Por si estas no bastaran, la inflación está en niveles no vistos en dos décadas y la violencia no se ha frenado. En los últimos días, el hallazgo del cuerpo sin vida de una joven en el estado de Nuevo León volvió a encender las alarmas de la situación desesperada de violencia en el país.

La reacción de López Obrador a todo esto lo exhibe insensible, desorientado y fracasado: culpa de todos sus desaciertos a los gobiernos del pasado y, sin pudor por violar la ley, usa los instrumentos del Estado para escalar sus ataques contra periodistas críticos. No se concentra en los verdaderos problemas, se ocupa solo de las cortinas de humo y las venganzas personales.

En este 2022 fatídico para López Obrador, la oposición en México ha empezado a encontrar un lugar para pasar de la defensiva —a donde los había condenado el mandatario tras su arrolladora victoria en las elecciones de 2018— al ataque.

La oposición capitalizó los inexplicables lujos de José Ramón Beltrán para volverlos tema de indignación cotidiana y mermó la popularidad de López Obrador. Potenció una burla nacional cuando el presidente, tratando de cambiar el viento en contra, inauguró el aeropuerto Felipe Ángeles casi sin vuelos ni pasajeros. Convocó a no acudir a las urnas en la revocación de mandato y votó menos de 18% de la lista nominal de votantes. Y se unió para rechazar contundentemente la iniciativa de reforma eléctrica.

Este triunfo legislativo brindó a los partidos rivales de López Obrador una sensación de misión que no habían encontrado en más de tres años de este gobierno. Frente a la posibilidad de que el oficialismo bloqueara los accesos al edificio del Congreso e impidiera su llegada a la votación, los diputados se quedaron a dormir en sus oficinas. Un gobierno que ofreció posiciones diplomáticas a cambio de votar del lado del presidente, solo logró quitarle a la oposición un congresista y, en cambio, dos diputados aliados de López Obrador votaron en contra de su propuesta.

Al verse derrotado en los números, el presidente tachó de “traidores a la patria” a quienes ejercieron su derecho democrático a votar en contra una iniciativa de reforma a la Constitución. El término tiene un tufo dictatorial cada vez más frecuente en el discurso presidencial. Y ante esta rabia evidente en el sector oficialista, en la esquina de enfrente hubo fiesta.

Ha sido una buena racha para la oposición pero, ¿qué sigue? Hay una aduana casi inmediata: el 5 de junio habrá elecciones para seis gubernaturas. Las encuestas dan a la coalición electoral de López Obrador ventaja en cuatro de ellas. ¿Podrá la oposición emparejar el marcador y generar de nuevo una sensación de que se le puede ganar? Porque es mucho más sencillo movilizar a la inacción en la consulta de revocación de mandato, que a la acción en una elección de gobernador.

La oposición votó unida en el Congreso contra la reforma eléctrica en una victoria que festejaron como épica. Sin embargo, electoralmente no viajan unidos: por un lado marcha el bloque de los partidos Acción Nacional (PAN), Revolucionario Institucional (PRI) y de la Revolución Democrática (PRD) y, por otro, Movimiento Ciudadano.

Es cierto que el éxito de la unidad opositora en el Congreso no necesariamente quiere decir que en las urnas obtengan el mismo resultado. Son muchos más los factores en juego. Pero en función de los resultados de esas seis gubernaturas, se medirán fuerzas y habrá directrices sobre cuál es la mejor estrategia electoral para vencer al partido en el gobierno.

La oposición en México tiene insumos para echarle en cara al presidente escándalos y malos resultados, historias que indignan y documentos, videos y fotografías que lo exhiben y lo dejan sin discurso. López Obrador se ha ido quedando sin argumentos y por eso sus palabras se han tornado cada vez más violentas y abusivas. Está a punto de volverse irrelevante ante su incapacidad ya no solo de solucionar los grandes problemas del país, sino de siquiera abordarlos con seriedad.

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En cambio, la oposición está en su mejor momento del sexenio. Que no es la gran cosa, pero le toca aprovechar la inercia para posicionar un mensaje de futuro y pasar de la contención a la propuesta. Porque si la contención resultó alentadora, la propuesta tiene que emocionar: es mucho más fácil lograr un consenso sobre el cómo no que sobre el cómo sí, y su planteamiento no puede ser regresar al país de antes de López Obrador. Eso es lo que quiere el presidente: que no tengan más oferta que retroceder tres años el reloj. Si es así, están derrotados porque México salió huyendo de esa realidad.

¿Tendrá la oposición el instinto feroz que se necesita en la política actual? López Obrador lo tuvo: olió la sangre de sus rivales y atacó sin tregua hasta que llegó a Palacio Nacional. En lo que va de este año, la oposición se ha convencido a sí misma de que es posible ganarle a López Obrador, que ese animal político enorme al que tanto temieron puede ser derrotado. Ya lo vieron, ya lo sintieron, ya lo olieron. Falta ver a dónde los lleva el instinto.



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