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En la guerra contra las drogas, dos estadounidenses alegan el abuso del Ejército


2010-07-19

Nicholas Casey/Dow Jones Newswires

Ciudad Juárez, México.-Dos estadounidenses manejaban de vuelta a El Paso, Texas, en diciembre pasado después de pasar una tarde del otro lado de la frontera, en Ciudad Juárez. A pocas cuadras de la frontera, fueron rodeados por camiones del Ejército mexicano y sacados de su camioneta Dodge Ram.

El Ejército de México dice que encontró dos maletas llenas de marihuana en la cabina de la camioneta. Dos soldados declararon más tarde que llevaron a los dos estadounidenses a una base militar en las afueras de la ciudad, los interrogaron brevemente y luego los entregaron a las autoridades civiles. Los estadounidenses fueron acusados de posesión de marihuana con intención de venta.

Esos dos jóvenes —Shohn Huckabee, 23 años de edad, y Carlos Quijas, 36— están detenidos en una cárcel de Ciudad Juárez. Ellos cuentan una historia diferente sobre lo que pasó esa noche. Dicen que los soldados mexicanos colocaron la marihuana en su camioneta. Cuando llegaron a la base militar, según dicen, les vendaron los ojos, los ataron, golpearon con culatas de fusil, les dieron choques eléctricos y los amenazaron de muerte.

El Ejército de México está liderando la guerra del presidente Felipe Calderón contra los cárteles de drogas del país, y Ciudad Juárez se ha convertido en uno de los más sangrientos campos de batalla. En todo el país, la violencia del narcotráfico ha cobrado más de 25,000 vidas desde 2006; y las fuerzas de seguridad del gobierno representan aproximadamente el 7% de los muertos. Sólo en junio, 103 policías y soldados fueron asesinados.

Sin embargo, a medida que aumenta la cifra de muertos, también lo han hecho las denuncias sobre las tácticas de los militares para tratar de romper el dominio de los cárteles de la droga sobre la sociedad mexicana. La oficina de derechos humanos del estado de Chihuahua, donde se encuentra Ciudad Juárez, está investigando unos 465 casos de supuesto abuso y tortura de ciudadanos mexicanos por parte de los soldados. Gustavo de la Rosa, defensor del pueblo de la oficina en Ciudad Juárez, dice que conoce cerca de 70 casos en los que los soldados han sido acusados de haber "plantado" pruebas, entre ellas algunas maletas con marihuana.

Las denuncias de malos tratos a los sospechosos ha llamado la atención de la comisión del Senado de Estados Unidos que supervisa la ayuda financiera a México para su guerra contra las drogas. En un informe interno, el Comité de Relaciones Exteriores del Senado afirmó que recibió denuncias de graves violaciones de los derechos humanos en Ciudad Juárez el año pasado. El informe cita a un joven no identificado que fue detenido en El Paso, el cual dijo que fue encarcelado por los militares mexicanos en Ciudad Juárez, golpeado y electrocutado. El joven dijo que fue liberado después de que los militares llegaron a la conclusión que no tenía información útil acerca del tráfico, dice el informe.

Huckabee dice que fue sometido a tácticas similares. "Creo que lo que me hicieron era tortura", dijo en una entrevista. "Cuando yo no respondía a sus preguntas, me infligían choques con un cable que estaba en mis manos. Todo mi cuerpo se heló. El dolor iba de soportable hasta un punto en el que no podía ni hablar."

Fiscales mexicanos dicen que los dos hombres fueron sorprendidos en flagrante delito. Dos soldados que participaron en la detención testificaron en el juicio que contaron 99 paquetes de marihuana en las maletas, con un peso de 45 kilos.

Los homicidios ligados a la drogas de México

Casi 23,000 personas han muerto en la violencia relacionada con las drogas desde 2006, según el gobierno, con los estados fronterizos del norte experimentando lo peor de la violencia.

Huckabee y Quijas dicen que nunca han estado involucrados con las drogas y que nunca han tratado de cruzar la frontera con dos maletas de marihuana. Durante el juicio, presentaron tres testigos que declararon que vieron soldados poniendo maletas en la camioneta de Huckabee. El veredicto se espera para este mes. Cada uno de los acusados puede enfrentar hasta 25 años de prisión.

Representantes de las Fuerzas Armadas de México y del presidente Calderón rechazaron las solicitudes de entrevistas. En una respuesta escrita a las preguntas de The Wall Street Journal, el ejército informó que llevó brevemente a los americanos al complejo militar, pero no los torturó. "Negamos categóricamente que los soldados utilicen estos métodos, y aseveramos que sus acciones están en total adhesión a la ley", decía el comunicado.

El ejército desestimó anteriormente las denuncias de abusos como frutos del trabajo de aliados de los narcotraficantes que quieren expulsar a los soldados de Ciudad Juárez. "Muchas veces se hacen denuncias de derechos humanos porque quieren limitar nuestra capacidad de acción y mancillar la institución", dijo el brigadier general Jesús Hernández Pérez, comandante del 4 º Regimiento de Artillería, en una entrevista el año pasado.

The Wall Street Journal entrevistó a nueve residentes de Ciudad Juárez —algunos de los cuales ya fueron condenados por delitos— que dijeron haber sido torturados por soldados en el principal campamento militar en las afueras de la ciudad.

Un operador de montacargas de 33 años de edad dijo que, durante un interrogatorio de 48 horas, tuvo un arma de fuego apuntando a su cabeza y que le dijeron que sería asesinado. Dos hermanos, de 53 y 56 años, dijeron que el ejército colocó bolsas de plástico sobre sus cabezas, les infligieron choques y organizaron simulacros de ejecución. Un trabajador de la construcción de 25 años de edad dijo que los soldados utilizaron un arma paralizadora para infligir choques a sus testículos. Un ranchero diabético de 54 años dijo que le vedaron los ojos, golpearon y electrocutaron sus testículos, codos y manos. Y mostró sus cicatrices a un reportero.

Entre 2006 y 2009, las denuncias de a la Comisión Nacional de Derechos Humanos de México sobre los militares se multiplicaron por diez, a alrededor de 4,000, incluidas las denuncias de robo, violación, tortura y asesinato. Las acusaciones amenazan con socavar el apoyo público a la campaña militar del presidente Calderón contra los traficantes. Unos 50,000 soldados patrullan el país.

En su declaración, los militares dijeron que no utilizan la tortura bajo ninguna circunstancia. En México, los soldados responden a su propio sistema de justicia militar y no a las autoridades civiles, lo que significa los Estados no pueden entablar una acción penal por abuso en su contra.

El caso de los dos estadounidenses se presenta en momentos en que las tensiones políticas a lo largo de la frontera ente México y Estados Unidos ha aumentado respecto a temas como la inmigración ilegal y el tráfico de armas de fuego de EU a México. Bajo la Iniciativa Mérida de 2007, EU acordó proveer a México 1,300 mdd para combatir el narcotráfico, incluyendo más de 420 mdd para el ejército mexicano. Los legisladores de EU han amenazado con retener un 15%—casi 200 mdd— si hay violaciones de derechos humanos u otros problemas.

Huckabee creció en El Paso. Sus amigos recuerdan que a él nunca le gustó mucho a Ciudad Juárez, que antes de la escalada de violencia era conocida localmente como un lugar dónde los adolescentes iban de fiesta. En los fines de semana, era más probable encontrarlo en de caza con su padre o montado en su motocicleta en el desierto.

Cuando tenía 18 años, pidió prestado dinero para iniciar una pequeña empresa de construcción, Site Solutions, un negocio que consumía gran parte de su tiempo. En 2008, se casó.

Búsquedas de registros en el condado de El Paso y en Nuevo México revelan que Huckabee ya fue acusado de exceso de velocidad y de desecho ilegal de basuras, pero no contienen ningún indicio de una relación con las drogas. Los registros tampoco muestran problemas penales para su amigo Quijas, a quien Huckabee conoció en sus trabajos de construcción.

El 18 de diciembre, Huckabee terminó el trabajo al mediodía y se preparó para viajar a Ciudad Juárez para llevar el camión de su padre para una reparación más barata, según dicen él y su padre. Quijas lo acompañó y dice que le había pedido a Huckabee que le llevara otro lado de la frontera para visitar a un abuelo enfermo.

Huckabee dice dejó a Quijas de alrededor de la 1:00 p.m., y se dirigió a un taller de reparación y allí esperó. Las reparaciones se terminaron alrededor de la puesta del sol, cerca de las 5:00 p.m., de acuerdo con el mecánico que hizo el trabajo.

Huckabee dice que se abrió paso en el tráfico de hora pico y encontró a Quijas en Abraham Lincoln Street, no lejos del Puente de las Américas que conduce a Texas. Alrededor de las 6:40 p.m., según relatos de los dos hombres, cerca de Los Caballos, un monumento muy conocido de caballos de carreras, cuando su automóvil fue rodeado por tres camiones militares mexicanos.

"Nos agarraron y nos tiraron debajo de un banco" en la parte trasera de un camión, dice Huckabee. Usaron sus propias camisas como vendas para cubrirle las cabezas, dicen. Los soldados condujeron cerca de media hora y los llevaron a un recinto militar.

Los dos estadounidenses fueron sacados del camión. Huckabee dice que un soldado le quitó su anillo de bodas de su dedo (ni el anillo ni un teléfono celular confiscado anteriormente han sido devueltos, dice.) Los dos hombres se separaron. Cada uno fue examinado por un médico.

Quijas, quien habla español e inglés, dice que sus ojos estaban envueltos en una gasa médica. Un interrogador, dice, le preguntó sobre el paradero de varias personas, con apodos que no reconoció. Relata que su interrogador amenazó, diciendo con que otros hombres le obligarían a hablar.

Quijas fue trasladado a otra habitación, dice, donde sus manos y pies fueron atados. Le mojaron con agua, y podía oír el zumbido de una máquina, dice.

Entonces alguien le electrocutó con una barra de metal en sus testículos, cuello, piernas, espalda y el ano, dice. Fue llevado de vuelta al interrogador, cuestionado y, a continuación, electrocutado una vez más, dice.

En otro cuarto, Huckabee, que habla poco español, también estaba siendo interrogado. Sus ojos seguían vedados. Su interrogador, dice, colocó objetos en su mano, incluyendo lo que parecía ser parafernalia para consumo de drogas, y le preguntó, en un inglés pobre, de donde venían. Él dice que le respondió que no sabía. Los soldados le golpearon repetidamente con la culata de un rifle, dice. Alguien puso una pistola en su cabeza y apretó el gatillo, dice, pero no estaba cargada.

Poco más tarde, pusieron a los dos estadounidenses juntos en una habitación fría. A continuación, Huckabee, aún con los ojos vendados, fue llevado de nuevo, dice. Dice que escuchó una voz diciéndole, en inglés fluido, que había sido atrapado con marihuana, cocaína y armas. Dice que le dijeron sujetara un cable en la mano.

Cuando negó que tenía conocimiento acerca de la marihuana, dice, lo electrocutaron. Le infligieron choques en varias ocasiones durante el interrogatorio, dice. "Dijeron que me podían electrocutar si no respondiera la verdad", dice.

Documentos de la corte dicen que los dos hombres fueron registrados entre la medianoche y 1:30 de la mañana del 19 de diciembre, alrededor de cinco o seis horas después de la hora que dicen que fueron arrestados. Ellos fueron acusados de posesión de drogas y trasladados a la cárcel municipal.

Al día siguiente, en una declaración incluida en el expediente judicial, Huckabee dijo que había sido golpeado por soldados y sufrido "descargas eléctricas". Dice que habló de su tratamiento cuando recibió la visita de un oficial consular estadounidense el 19 de diciembre. Un funcionario de EU dice el Huckabee no mencionó el maltrato hasta 28 de diciembre.

Funcionarios estadounidenses dicen que consulados de EU ven numerosos casos cada año de estadounidenses arrestados en México y que los consulados no se involucran en la defensa de ellos. Los funcionarios consulares informaron a la familia de Huckabee que no podían representar a su hijo o prestar asesoramiento jurídico.

Ni Quijas ni Huckabee presentaron una denuncia formal ante las autoridades de EU o de México, diciendo que temían represalias por parte de los soldados que trabajan en la cárcel. En el juicio, en el que acusaron a sus captores de tortura. Los soldados negaron las acusaciones.

Dos exámenes médicos describen la condición de los americanos después de su arresto. El primero llevado a cabo por un médico militar la noche en que fueron detenidos, reporta que no encontró "ningún daño aparente" en los dos hombres. El ejército informó que el examen se llevó a cabo a las 10:45 p.m.

Otro médico, Hugo Tabares, examinó a los hombres a las 2:50 de la tarde siguiente, después de que fueran entregados a las autoridades civiles. Él encontró hematomas en ambos hombres, según un informe que presentó ese día. Informó de un hematoma de color marrón rojizo en el pecho Huckabee y varios hematomas en el brazo derecho y la pierna izquierda de Quijas.

En una breve entrevista en su oficina, Tabares dijo que había "varias contusiones" en el cuerpo de Huckabee que "podrían haber sido causadas el día anterior." Se negó a especular sobre la causa de las lesiones. En una declaración ante el tribunal, el 3 de febrero, Tabares dijo que el hematoma había sido "causado por un objeto o instrumento contundente".

El ejército informó en su declaración al Journal que no tenía conocimiento sobre el examen de Tabares y no tenía comentarios al respecto.

En el sistema judicial mexicano, un testimonio no se hace en una sala abierta ante un jurado, sino en cubículos de oficina en frente de los abogados. Por lo general, ni el juez ni el acusado están presentes. El juez decide con base en la trascripción y archivos del caso.

El juicio de los dos estadounidenses se realizó a través de audiencias dispersas en los últimos seis meses. Dos soldados involucrados en la detención testificaron que decidieron hacer una búsqueda en el vehículo porque los estadounidenses estaban "actuando con nerviosismo." La búsqueda, dijeron los fiscales, resultó en las dos maletas llenas de una sustancia que las pruebas posteriores demostraron ser marihuana. Los fiscales dijeron que pertenecía a los dos hombres.

El testimonio de tres testigos mexicanos, que dicen que no conocían los americanos— contradijo la versión del ejército de los acontecimientos.

José Antonio Bujanda, de 21 años, dijo a la corte el 26 de febrero que vio a soldados sacar Huckabee y Quijas de la camioneta mientras lavaba las ventanas de los autos que hacían cola para cruzar el puente hacia Texas. Dijo que vio a soldados colocar las maletas en el Dodge Ram gris de Huckabee.

"Los dos soldados fueron a su propio camión. Vi cuando sacaron dos maletas, y luego las pusieron en la camioneta gris", dijo.

Abraham Antero Torres, un vendedor de dulces de 19 años, declaró que vio lo mismo. "Los militares que estaban detrás sacaron dos maletas de viajero negras y las colocaron en la Ram, y eso fue todo", dijo.

Un tercer testigo, Fernando Monsiváis, otro limpiador de ventanas, dijo al tribunal: "Los soldados pusieron las maletas en la camioneta, en la camioneta de los dos jóvenes".

Bujanda fue asesinado a tiros frente a su casa por un asaltante desconocido el 2 de julio. Los intentos de contactar a Torres y Monsiváis para obtener sus comentarios no tuvieron éxito.

Alejandro Domínguez, un experto en huellas digitales contratado por la familia de Huckabee, declaró en marzo que los paquetes de marihuana no mostraban señales de sus huellas digitales.

Transcripciones de la corte muestran una contradicción entre el momento en que los estadounidenses dicen que fueron detenidos, a las 6:40 p.m. en la calle, y los datos oficiales del ejército, que dice que la detención de ambos fue tres horas más tarde, en un estacionamiento junto a la carretera. Bajo la línea de tiempo de los militares, los dos hombres fueron arrestados, llevados a la base, luego llevados inmediatamente a las autoridades civiles, como la ley mexicana requiere, sin dejar tiempo para largos interrogatorios.

Un registro de llamadas del celular de Huckabee esa noche, ofrecido por su familia, parece estar de acuerdo con su cuenta. La cuenta muestra las llamadas realizadas durante todo el día, terminando a las 6:38 p.m., minutos antes del momento en que él dice que fue detenido.

De la Rosa, el Defensor del Pueblo de la oficina estatal de derechos humanos en Ciudad Juárez, ofrece una teoría sobre por qué la camioneta fue detenida. Se cree que un pariente mexicano de Quijas cuyo nombre es similar, dice, participa en el comercio de drogas en la ciudad. De la Rosa especula que la detención pudo haber sido un caso de identidad equivocada. Quijas, quien dice que no conoce bien a su pariente, explica que cuando llegó a la cárcel, otros internos lo confundieron con el familiar.

De la Rosa dice que si los soldados confundieron Quijas con su pariente, no necesariamente estarían dispuestos a soltarlo, una vez que descubrieron su verdadera identidad. La obtención de una convicción, dice, reduciría las probabilidades de potenciales reclamaciones de los dos hombres sobre abuso.

En su comunicado, el ejército dijo que no hay confusión sobre las identidades de los hombres.

Mientras esperan un veredicto, los dos comparten una celda con otros cuatro estadounidenses presos en el segundo piso del Centro de Readaptación Social de Ciudad Juárez. Las instalaciones abarrotadas albergan algunos hombres peligrosos. En junio, tres empleados de la prisión fueron asesinados por pandilleros.

Huckabee dice que defenderse en un país extranjero no ha sido fácil. Un traductor contratado para una audiencia este año, según la trascripción, dijo: "Yo no hablo muy bien inglés." La audiencia continuó.

Huckabee ha pasado por cinco abogados de defensa, ninguno de los cuales habla inglés. Un abogado que revisó el caso dijo recientemente que cree que los crímenes son resultado de "demonios que entran en el cuerpo y toman el control, como dice Pablo en la Biblia." Uno de sus abogados fue baleado y herido en mayo, al salir de las oficinas de la fiscalía.



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