Entre la Espada y la Pared

Seis semanas de ‘infierno’: así son las brutales detenciones de Rusia en Ucrania

2022-08-19

La Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania ha documentado...

Por Carlotta Gall | The New York Times

JÁRKOV, Ucrania — Esta primavera fue una época particularmente peligrosa para cualquier hombre con edad suficiente para ser reclutado al norte de Ucrania, donde las tropas rusas que ocuparon ese territorio perdían terreno frente a un feroz contrataque ucraniano. En ese momento, los soldados de las fuerzas invasoras atraparon a un joven mecánico de autos mientras caminaba en su pueblo natal junto a su esposa y una vecina, le vendaron los ojos, le amarraron las manos y lo lanzaron dentro de un autobús.

Fue el inicio de seis semanas de “infierno”, comentó Vasiliy, de 37 años, quien, como la mayoría de las personas entrevistadas para este artículo, se rehusó a dar su apellido por temor a sufrir represalias. Mientras lo trasladaban de un lugar de detención a otro, fue golpeado y sometido a descargas eléctricas durante los interrogatorios, sin entender bien dónde se encontraba ni por qué lo tenían detenido.

Estaba lejos de ser el único. En los cinco meses que han transcurrido de la guerra en Ucrania, han desaparecido cientos de civiles ucranianos, la mayoría hombres, luego de ser detenidos por soldados rusos o sus agentes que los han confinado en sótanos, estaciones de la policía y campos en zonas de Ucrania para luego terminar siendo encarcelados en Rusia.

En la zona de guerra, miles han pasado por este sistema de selección extenso e improvisado, pero nadie sabe con exactitud cuántos han sido enviados a cárceles rusas. La Misión de Observación de los Derechos Humanos de la ONU en Ucrania ha documentado 287 casos de desapariciones forzadas y detenciones arbitrarias de civiles por parte de Rusia y afirma que lo más seguro es que el total sea mayor, pero probablemente en el rango de los cientos y no los miles.

Vasiliy forma parte de un pequeño grupo de personas detenidas en Rusia que ha vuelto a Ucrania. Fue liberado tras unas seis semanas y con el tiempo logró regresar a través de un viaje largo y complicado después de pasar un total de tres meses lejos de casa. De vuelta a su trabajo del taller mecánico en la ciudad de Járkov, al noreste del país, Vasiliy comentó que le bastaba haber sobrevivido.

“Fue vergonzoso, enloquecedor, pero salí vivo”, mencionó. “Pudo haber sido peor. Les dispararon a algunas personas”.

Las fuerzas rusas han detenido a ucranianos desde que invadieron por primera vez en febrero, pero las experiencias de la mayoría de los civiles no han sido divulgadas. Las entrevistas con hombres que fueron detenidos y con las familias de hombres desaparecidos brindan nuevos detalles sobre uno de los horrores de una guerra que ha durado casi seis meses.

Vasiliy mencionó que los interrogadores le pidieron información sobre las posiciones de los ucranianos y los grupos militares, pero los interrogatorios a menudo habían sido inútiles, pues le daban el siguiente golpe antes de que pudiera responder una pregunta. “No creen nada de lo que les dices, aunque les digas la verdad”, comentó. “No puedes demostrar tu inocencia”.

Otras familias, menos afortunadas que la de Vasiliy, todavía buscan a sus parientes desaparecidos, desgarradas por la ansiedad porque no saben dónde están o incluso si están vivos.

“Me acuesto llorando y me despierto llorando”, dijo Olha, de 64 años, cuyo hijo fue detenido y golpeado hasta dejarlo inconsciente por las tropas rusas, pero fue liberado después de tres días, y cuyo nieto, según supieron por el Comité Internacional de la Cruz Roja, se encuentra recluido en un centro de detención preventiva ruso.

Su aldea, Vilkhivka, ubicada en las afueras de Járkov, fue invadida por tropas rusas a fines de marzo. Los aviones de guerra bombardeaban el lugar y los soldados rusos les dijeron a los residentes que tenían una hora para evacuar, contó en una entrevista. “Dijeron que Vilkhivka iba a ser arrasada”, dijo.

Olha y varios miembros de su familia caminaron ocho kilómetros con otros aldeanos a través de los campos hasta donde les dijeron que un camión militar ruso los llevaría a una flota de autobuses. Su hijo y su nieto no pudieron llegar, por lo que su esposo regresó a buscarlos. Mientras estaba sentada en uno de los autobuses, los soldados rusos sacaron a dos jóvenes con vendajes que ella pensó que podrían haber sido soldados ucranianos heridos.

Frente a los demás pasajeros, los soldados rusos golpearon a los hombres, y luego les dispararon en la cabeza. “Se quedaron en ese bosque”, dijo. “Cerré los ojos y lloré”.

Su nieto, Mykyta, de 20 años, no ha sido visto desde entonces. Olha fue evacuada con su nuera a Rusia, donde las alojaron en un albergue. En julio regresó a casa y se reunió con su esposo, que había sobrevivido. Su hijo logró reunirse con ellos en Rusia, y él y su esposa se han quedado allí para tratar de localizar a Mykyta.

No tienen idea de si enfrentará cargos, dijo Olha, ya que no han podido contactarlo, ni siquiera por teléfono. La Cruz Roja solo pudo decirles que estaba bajo custodia, dijo.

Rusia niega haber torturado o asesinado a civiles ucranianos y asegura que tan solo ataca objetivos militares.

La mayoría de los civiles que Rusia ha detenido en la zona de guerra son hombres con experiencia militar o edad para ir al combate. En las zonas ocupadas, los ucranianos con cualidades de liderazgo —activistas, funcionarios locales y periodistas— son los que corren mayor peligro de ser detenidos, aseguraron representantes de organizaciones de derechos humanos. Sin embargo, muchos civiles han quedado atrapados en redadas que suelen ser caóticas y arbitrarias.

Vasiliy dijo que lo habían detenido por casualidad pues iba caminando por una calle de Tsyrkuny, al noreste de Járkov, cuando miembros de las fuerzas de seguridad estaban realizando una redada. A su esposa y a una vecina les dijeron que se fueran a casa, pero a Vasiliy le amarraron las manos con cinta y lo metieron en un autobús mientras unos hombres con pasamontañas irrumpían en una casa cercana donde dispararon armas y obligaron a cuatro hombres a tirarse al suelo. Estos hombres luego fueron lanzados al mismo autobús que Vasiliy.

Entre ellos estaba Vadym, de 36 años, un soldador y mecánico que vivía en Tsyrkuny con su esposa e hijo pequeño. Vadym se había aventurado a salir para conseguir pañales y comida de bebé para su hijo, según su hermana, Darya Shepets, de 19 años. Shepets comentó que algunas de las personas detenidas habían servido como guardias fronterizos durante las hostilidades con Rusia en 2014, pero que él no tenía ningún vínculo con el ejército.

Los detenidos fueron trasladados al sótano de una casa en el pueblo, donde fueron golpeados e interrogados, según Vasiliy. Luego los llevaron a otro pueblo, donde estuvieron detenidos en un grupo de unas 25 personas. Después de unas tres semanas, lo llevaron con una decena de hombres a un centro de detención en la frontera norte de Ucrania.

“Es difícil entender quién fue detenido y por qué”, dijo. “Trajeron a un abuelo, que no entendía por qué lo detuvieron. Andaba en su bicicleta con un costal de maíz”.

Y agregó: “Trajeron a un niño pequeño. Iba en su bicicleta hacia la casa de su abuela”.

Los detenidos fueron trasladados individualmente para ser interrogados, lo que implicó fuertes palizas, incluidas algunas en la cabeza, y descargas eléctricas. “Es como si todo tu cuerpo estuviera pinchado con agujas”, dijo Vasiliy. Funcionarios de derechos humanos han recabado relatos similares sobre el uso de descargas eléctricas.

“Nos daban comida y bebida una vez al día”, dijo Vasiliy. “A veces podíamos pasar dos o tres días sin comer. No había baño; nos dieron botellas para orinar. Dormíamos juntos sobre neumáticos de coche. No hay estándares sanitarios”.

Dijo que los interrogadores rusos estaban obsesionados con erradicar a los miembros de los grupos nazis, la principal razón esgrimida por Moscú para su operación militar contra Ucrania.

“Dijeron que habían venido a liberarnos de los nazis, de las autoridades ucranianas, para que podamos vivir mejor”, relató. “Les dije: ‘Yo trabajaba todo el tiempo en la estación de servicio. No vi nazis. Todo era bueno’”.

Dijo que su respuesta enfureció a los interrogadores. Y agregó: “Empiezan a meterse contigo de nuevo. Te dicen: ‘Estás mintiendo. Tienes nazis aquí. Se han creado grupos completos. Toda tu gente tiene tatuajes’”.

A los cuatro hombres detenidos en la redada a la casa, Vadym y sus tres amigos, se los llevaron la tercera semana. No se les ha visto ni se sabe nada de ellos desde entonces. Vasiliy pensó que los habían liberado e incluso le dijo a Vadym que hablara con su esposa al regresar al pueblo porque ella le iba a ayudar con el alimento para su bebé.

No obstante, cuando regresó a casa a finales de junio, quedó impactado al darse cuenta de que era el único que había logrado regresar.

Vasiliy tuvo suerte de que hubiera un cambio en el liderazgo de la unidad que mantenía cautivo al pequeño grupo donde se encontraba y, de la nada, los detenidos fueron lanzados a la calle. Debido a la guerra, tuvieron que viajar por el interior de Rusia, donde los volvieron a detener, esta vez agentes del servicio de espionaje ruso, la FSB, quienes, según Vasiliy le ofrecieron dinero y trabajar para ellos.

Vasiliy se negó y, después de tres días, lo dejaron en libertad. “Es probable que se dieran cuenta de que no les servíamos para nada”, comentó. Con el aspecto de un indigente —una larga barba y despeinado—, Vasiliy logró conseguir dinero del amigo de un amigo para obtener nuevos documentos y viajar a través de los países bálticos y Polonia de regreso a Ucrania.

Durante meses, la hermana de Vadym, Shepets, trató de encontrar información sobre el paradero de su hermano, escribiendo cartas y buscando en internet. Finalmente se enteró por una agencia del gobierno ucraniano que estaba bajo custodia rusa. Luego, un amigo encontró lo que parecía ser una foto policial de él en una sala de chat rusa en línea.

“Estaba histérica, para ser honesta, porque era la mitad de mi hermano”, dijo Shepets. “Está muy delgado en la foto. Puedes ver las bolsas debajo de sus ojos y sus clavículas”.

Posteriormente, la foto fue eliminada del grupo de redes sociales. “Ahora no sabemos nada, ya no hay conexión; no hay nada”, dijo mientras se secaba las lágrimas.



Jamileth