Editorial

Donald Trump debería desmarcarse del discurso de odio

2016-11-14

En su discurso de victoria el miércoles por la mañana, Donald Trump prometió...

Comité Editorial, The New York Times

En su discurso de victoria el miércoles por la mañana, Donald Trump prometió “ser presidente para todos los estadounidenses” y pidió a quienes no lo apoyan “su consejo y su ayuda para que podamos trabajar juntos y unir a nuestro gran país”.

Aquí hay un consejo inmediato para el presidente electo: esos sentimientos tendrán más fuerza si de manera urgente y rotunda repudia el estallido de insultos, amenazas y ataques racistas, sexistas, xenófobos, antisemitas y homofóbicos que se asocian con su nombre. Haga esto como un llamado a la gente que respaldó su candidatura. Dígales que eso no es lo que usted representa ni será tolerado por su nuevo gobierno.

Las expresiones explícitas de intolerancia y odio por parte de los simpatizantes de Trump fueron comunes a lo largo de la campaña, y se han hecho aun más intensas desde que resultó electo. En un escaparate de una tienda departamental en Filadelfia, vándalos escribieron con aerosol “Sieg Heil 2016” junto con el nombre de Trump y una esvástica. En el baño de una preparatoria en Minnesota, garabatearon el eslogan de la campaña de Trump, “Hagamos que Estados Unidos sea grandioso de nuevo”, y al lado: “Regresen a África”. Han surgido muchos más reportes de acoso verbal y físico a musulmanes, latinos y otros miembros de minorías. Aunque no todos son verificables, la atmósfera de intimidación y miedo es incuestionablemente real y seguirá creciendo. Puede que Trump no sea capaz de detenerla por sí mismo, pero debe hacer todo lo que esté a su alcance.

Desde luego, el problema es que la campaña de Trump se basó en llamados —algunos explícitos, otros implícitos— a la división y el resentimiento étnico y racial. Sus seguidores lo escucharon desde un comienzo con el discurso con el que declaró su candidatura, en el que dijo que los inmigrantes mexicanos eran “violadores” y continuó con un mitin hace dos semanas en el que prometió prohibir la entrada al país a refugiados sirios porque “importarán generaciones de terrorismo, extremismo y radicalismo a las escuelas y todas las comunidades”. Estas declaraciones envalentonaron e incluso animaron a quienes han estado buscando licencia para atacar a los inmigrantes, refugiados, minorías y aquellos que les parecen amenazadores. Consideran su victoria como una reivindicación de sus sentimientos.

David Duke, exlegislador de Luisiana y exlíder del Ku Klux Klan, tuiteó que la victoria de Trump fue “una de las noches más emocionantes” de su vida, y también: “¡Nuestra gente ha desempeñado un ENORME papel en la elección de Trump!”. En otro tuit, escribió: “¡Quien diga que este fue un voto a favor de la ‘unidad’ es un mentiroso y lo sabe!”.

Como candidato, Trump pudo salirse con la suya al ignorar el abuso racista y sexista por parte de sus simpatizantes. Pero como presidente electo tiene la obligación moral de rechazarlo en los términos más enérgicos. No debe haber espacio en el discurso político estadounidense para el comportamiento abusivo o violento. Eso incluye, desde luego, actos de vandalismo y otro tipo de violencia por parte de quienes se manifiestan contra Trump.

En poco más de dos meses, Donald Trump estará a cargo de un país con más de 320 millones de habitantes de todas las razas, etnias y religiones. Cada uno de ellos merece vivir con seguridad y dignidad.



JMRS