Espectáculos

¿Qué chistes pueden permitirse los comediantes acusados de abuso sexual?

2018-12-21

Lo que no se dijo fue que, desde la última vez que salió de gira con material nuevo,...

Por JASON ZINOMAN , The New York Times

ATLANTIC CITY, Nueva Jersey — Una noche de sábado de este mes en el teatro cavernoso de un casino, un Aziz Ansari al que nunca había visto antes daba zancadas en el escenario. Llevaba una chaqueta de piel negra y pantalones ajustados. Se veía como siempre, pero el antiguo fanfarroneo había disminuido: en su lugar había una cierta exasperación, un cansancio del mundo.

Comenzó su rutina con una serie de chistes sobre los progresistas que se indignan en línea. Se burló de un alboroto de mediados de año sobre la apropiación cultural y mostró desdén por los que criticaron a Los Simpson por Apu, el personaje indio. Después, espetó el postureo ético competitivo, describiéndolo como un juego de “Candy Crush progresista”. El tema principal del espectáculo fue el desprecio por la “gente que trata de ganarle al otro en cuanto al nivel de conciencia que tiene sobre los temas realmente importantes” en internet.

Lo que no se dijo fue que, desde la última vez que salió de gira con material nuevo, el mismo Ansari se había vuelto un sujeto de alto perfil del furor cibernético. Una mujer anónima había publicado un artículo detallado sobre una cita con él y lo acusó de comportamiento inadecuado (Ansari ha dicho que su encuentro fue consensuado). El artículo suscitó la indignación viral, una reacción negativa igual de poderosa y muchos comentarios sobre la cultura de las citas románticas y el movimiento #MeToo.

Ahora Ansari es uno de los muchos cómicos que regresan al escenario tras enfrentarse al escrutinio público por su conducta sexual. T.J. Miller, quien fue acusado de abuso sexual y negó las acusaciones, se está presentando por todo Estados Unidos, al igual que el caso bien conocido de Louis C. K., quien admitió su mal comportamiento y ha estado trabajando en nuevo material principalmente de rutinas cortas que presenta en clubes locales, lo que tal vez le sirva como base para un programa especial de comedia.

Se ha debatido incansablemente si estos hombres deberían regresar y cómo deberían hacerlo. Están de regreso y, aunque su nuevo trabajo motivará preguntas políticas y morales, también da lugar a una cuestión artística: ¿deberían hablar de las acusaciones y su propia experiencia en el escenario?

Ansari es un ejemplo de los peligros de evitar el tema, en parte porque su nuevo acto es un enorme revés a su trabajo previo. Entre los cómicos que se presentan ante grandes multitudes, nunca había habido una comedia en vivo más woke, es decir, con más consciencia de los problemas del mundo. Antes de que formara parte de la lista de hombres perversos, hacía rutinas políticamente escrupulosas sobre el flagelo de los hombres perversos. Antes de que hablara despectivamente sobre la crítica de Apu, de hecho apareció en el documental de Hari Kondabolu que criticaba a Apu. Tal vez el hecho de que su vida privada se haya hecho pública no tenga nada que ver con su repentino cambio de perspectiva, pero me sorprendería que no fuera así.

Salvo que uno conozca su historia personal, las premisas de algunos de sus chistes resultan tímidas, incluso absurdas. Por ejemplo, Ansari divide al mundo en tres grupos: los seguidores fanáticos de Donald Trump, los fanáticos de crear conciencia –los woke–, y todos los demás, una situación que compara con una pelea entre los raperos Biggie y Tupac, mientras Boyz II Men hace lo posible por no ser parte de ella.

Considerando que los fanáticos de crear conciencia en internet tienen mucho menos poder, peso e influencia que el presidente estadounidense, esta es una forma bastante extraña de concebir el mundo. No obstante, es posible ver cómo Ansari es incapaz de pensar de otro modo, cómo se siente marginado tanto por un gobierno con el que no está de acuerdo como por aquellos que lo asociaron con Harvey Weinstein y otros hombres que recientemente cayeron en desgracia. Ignorar su experiencia personal abre un vacío enorme en su acto. A los miembros del público que no están familiarizados con sus antecedentes esta premisa podría parecerles desconcertante; quienes los conocen pueden considerarla evasiva.

Pero, ¿lo es? A menudo el arte hace planteamientos a través de la metáfora y las indirectas. Arthur Miller no necesitó mencionar la amenaza comunista en El crisol para decir algo incisivo al respecto. Así que ¿por qué debería ser distinto para Ansari?

La respuesta tiene que ver con la naturaleza peculiar de la comedia en vivo, una forma artística en la que el tema difícil de tratar no merodea en el fondo, sino que se para justo frente al micrófono y hace un escándalo.

Para ejemplificar por qué, les cuento algo rápido: la única vez que he hablado con Louis C. K. fue tras bambalinas en un teatro de comedia mientras trabajaba en otro artículo (no relacionado con este) hace varios años. Louis C. K. hizo una aparición sorpresa y contó una broma sobre algo gracioso que le había dicho su hija. Dado que, como él, tengo dos hijas, la mayor de las cuales ronda la edad de su hija menor, esto desató mi curiosidad. Cuando hablamos entre bastidores, le pregunté a cuál de sus hijas se refería. Su respuesta: “Lo inventé”.


Me dedico a cubrir la comedia en vivo, por lo que estoy muy consciente de sus artilugios. A pesar de ello, confieso que me tomó por sorpresa, lo cual da cuenta de su capacidad, pero también, me parece, de las convenciones de la comedia en vivo. Si algo nos han enseñado las historias sobre Bill Cosby y Louis C. K., es que no podemos confiar en la veracidad del personaje que los comediantes nos presentan en el escenario ni mucho menos en los detalles de sus bromas. Sin embargo, cuando los artistas talentosos aparecen en el escenario presentándose como ellos mismos y le dicen algo al público sobre sus vidas, nuestro instinto básico es creerles. Tal vez somos crédulos o ingenuos, pero eso también ayuda a explicar el éxito de la comedia en vivo, la persistente atracción de la autenticidad –la más sobrevalorada de las virtudes– y el desafío para los cómicos que han perdido la confianza de su audiencia.

El personaje de Aziz Ansari dependía de la interpretación de que era un tipo progresista sensible a las costumbres de las citas románticas (incluso escribió un libro llamado Modern Romance). El personaje de Louis C. K. era más complejo; hablaba continuamente de la perversión sexual y la inmoralidad, pero también hacía que sus seguidores creyeran que en última instancia era un buen tipo. Al inicio, cuando volvió a los escenarios, trató de ignorar sus faltas, pero se dice que ha vuelto a hablar de ellas en sus actuaciones y tendremos que esperar a ver qué tal funciona su enfoque. Una gran desventaja de que alguien tan famoso como Louis C. K. se refiera a estas historias es que las víctimas no opinan en el asunto y vuelven a ser arrastradas a revivir la experiencia.

Para segmentos de su audiencia, las noticias sobre estos hombres no solo fueron decepcionantes, sino que fueron una traición a su trabajo. Es por ello que las versiones anteriores de estos cómicos –sus personajes iniciales– básicamente murieron. No pueden usar algunas de sus herramientas como lo hicieron alguna vez y, para florecer, tendrán que encontrar otras. En cierto sentido, Ansari ya lo hizo. Es un cómico distinto: más cascarrabias, mayor, el tipo de persona que dice que no entiende a la generación más joven.

Ansari nunca ha sido el más introspectivo de los cómicos. Así que indagar sobre su pasado en el escenario lo sacaría de su zona de confort. Evidentemente, mencionar la historia de la cita que se hizo viral tiene sus riesgos, pero también potencial. Escuchar un punto de vista personal sería interesante.

Se habla mucho en la cultura sobre lo que deberían o no hacer los artistas que hacen comedia en vivo, sobre las líneas que se les permite cruzar y las que no, pero tal vez no se han considerado lo suficiente los riesgos de actuar con demasiada cautela.

Desde hace mucho tiempo, los cómicos han venido articulando cosas que el público piensa, pero que nunca se atrevería a decir. Así que no dar voz a lo que la gente piensa no solo desafía las expectativas, sino que además revela una cobardía que nunca ha servido como cimiento del gran arte.

Es difícil ser fan de Kanye West en 2018, dijo Ansari en su show de este mes, y agregó que él seguiría siéndolo. Algunos deben sentirse igual respecto a Ansari. Pero los cómicos hace tiempo vienen expresando cosas que el público piensa y que jamás se atrevería a decir en voz alta. Callarse las cosas que la gente está pensando no solo desafía las expectativas, sino que también revela una cobardía que jamás ha estado en los cimientos del gran arte.

Algunas veces, la apuesta más segura es arriesgarse.



regina