Educación

El desafío de las boletas de calificaciones

2019-03-05

En diciembre pasado se publicó un estudio en JAMA Pediatrics que demostró que cuando...

Por Dra. Perri Klass | The New York Times

En la sala de auscultación les pregunto a los niños cómo les va en la escuela y, por lo general, responden que bien. O, a veces, se avergüenzan y dicen que este año no muy bien. El sentido común de los pediatras indica que siempre hay que presionar un poco más; pedir detalles, como cuáles son sus materias favoritas, cuáles son las más difíciles y qué notas obtuvieron en su última boleta.

Trato de estar alerta a las pistas que indiquen situaciones que podrían interferir con el desempeño escolar, desde problemas de aprendizaje o conducta hasta problemas de salud mental. Con toda certeza, preguntar por las boletas de calificaciones no es suficiente, pero es un comienzo rápido y casi universal. Y, probablemente, también sea una ventana hacia la dinámica familiar.

Cuando yo iba a la escuela, recuerdo que había niños que recibían premios económicos, como dinero por cada nota alta, o algo así, y quienes teníamos familias que se burlaban de esos métodos nos moríamos de envidia, incapaces de dejar de calcular cuánto habríamos recibido si tuviéramos otros padres.

En realidad, la reacción estándar de los padres que yo recuerdo, la broma que se repetía (acompañada de expresiones de desaprobación) al menos entre los estudiantes aplicados, era que, si sacabas cuatro calificaciones excelentes y una buena, un padre siempre ignoraría las altas y preguntaría qué había pasado con la quinta materia.

En diciembre pasado se publicó un estudio en JAMA Pediatrics que demostró que cuando las boletas de calificaciones se enviaban a casa los viernes, el maltrato infantil parecía repuntar los sábados inmediatos, según las evaluaciones en reportes confirmados de violencia física. Estos resultados provocaron debates sobre la disciplina que consiste en nalgadas, así como de los logros académicos y la conducta.

También fue una investigación novedosa respecto a la dinámica familiar. “Nadie más ha utilizado las boletas de calificaciones”, comentó la autora principal, Melissa Bright, científica asistente de investigación en el Centro Anita Zucker para la Excelencia en Estudios de la Primera Infancia de la Universidad de Florida.

Las boletas de calificaciones de sus estudiantes que las escuelas envían son, acumulativamente, un reporte de lo bien que funcionan las escuelas, pero para los padres, a nivel individual, podría parecer que se enfocan en los problemas o déficits de un niño. El estudio de JAMA Pediatrics se basó en observaciones anecdóticas tomadas del sistema de salud y del sistema escolar que reflejaban que los casos de maltrato infantil repuntaban durante los periodos de entrega de evaluaciones, por lo que los investigadores analizaron las llamadas realizadas a la línea de maltrato infantil y los resultados de investigaciones subsecuentes.

No observaron un incremento general durante las épocas de evaluación, como esperaban; en cambio, notaron lo que Bright llamó “este efecto viernes-sábado; cuando las boletas de calificaciones se entregaban el viernes, notamos un aumento los sábados en las llamadas, y posteriormente se confirmaba la violencia física reportada”.

“Nuestra hipótesis consiste en lo siguiente: las boletas de calificaciones se entregan, si son malas, las malas calificaciones o notas por mala conducta provocan castigos que se pasan de la raya hasta convertirse en violencia física” de algunos padres, afirmó Bright. Pero el estudio no contempla el contenido de las boletas de calificaciones individuales ni establece una relación directa de causa y efecto entre las boletas con notas malas y los castigos.

¿Por qué se presenta el efecto viernes-sábado en las boletas de calificaciones? “No lo sabemos”, dijo Bright, aunque los investigadores especulan que podría ser a causa de que el contacto entre padres e hijos aumenta (y se intensifica) los fines de semana, además de que tienen la percepción de no ser observados por los profesores y otras personas que podrían reportarlos.

“Sabemos que castigan a los niños a causa de su mala conducta”, comentó. Y las calificaciones bajan cuando los niños son agredidos físicamente, agregó, “así que es posible que se trate de un ciclo”.

Sin duda, también hubo niños con los que fui a la escuela que hablaban de la posibilidad de que les propinaran unas nalgadas por llevar boletas con malas calificaciones, pero eso no me habría parecido raro durante esos años (mis propios padres, devotos del señor Spock, por lo general se mostraron en contra de las nalgadas y las bofetadas, e hicieron lo posible por apegarse a ese principio).

Un mes antes de que se realizara el estudio de las boletas de calificaciones, la Academia Estadounidense de Pediatría publicó una declaración de políticas actualizadas acerca de la “Disciplina Efectiva para la Crianza de Niños Saludables”, en la que recomienda no aplicar castigos físicos, dicho esto en los términos más estrictos e inequívocos que haya usado jamás.

Sigue siendo difícil hablar de las nalgadas. A muchos padres (y algunas autoridades en paternidad) les inquieta la idea de que toda reprimenda física sea equiparada con el maltrato infantil.

“Creo que los padres batallan con la forma en la que deben disciplinar a sus hijos”, afirmó Benjamin S. Siegel, profesor de Pediatría de la Universidad de Boston y uno de los coautores de la declaración. Con frecuencia confían en cómo los criaron a ellos, dijo, y eso puede ocasionar que los padres piensen: “A mí me nalguearon y no me pasó nada”.

Pero muchos padres que propinan nalgadas a sus hijos se sienten culpables por ello, aseguró. “La evidencia acumulada indica que, por un lado, no tienes necesidad de recurrir al maltrato físico, y por otro, las nalgadas son inefectivas a largo plazo”. De acuerdo con la evidencia, dijo, “mientras más se recurra al castigo físico, más agresiva será la conducta; mientras más agresiva sea la conducta, más nalgadas propinarás. Es un ciclo”.

La disciplina conlleva enseñanza, comentó Siegel, y el “mensaje más importante es que los pediatras pueden ayudar a los padres, y los padres no tienen que propinar golpes”.

La vida familiar puede ser estresante, los fines de semana pueden ser intensos y las boletas de calificaciones pueden ser difíciles para los niños y sus padres.

“Mi consejo es que no nos enfoquemos en el aspecto negativo; no debemos enfocarnos en las deficiencias”, dijo Bright. Las escuelas también deben enfocarse en las fortalezas de los niños y mejorar la comunicación con las familias al respecto, dijo. Cuando lleguen las boletas de calificaciones, las escuelas deben tratar de contextualizarlas.

“Debes considerar emplear ese tiempo como un esfuerzo dirigido a hacerles un recordatorio a los padres: ‘Miren, estas son las fortalezas de su hijo’”, explicó Bright. “Cuando solo brindas retroalimentación negativa todo el tiempo, es probable que no recibas el resultado deseado”.

En cuanto a la disciplina, Siegel también hizo un llamado a adoptar un enfoque “positivista”: “¿Cómo les enseñas a los padres a reconocer, alimentar y apoyar cada etapa?”.



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