Turismo

En pleno confinamiento, el turismo mundial afronta el peor año de su historia

2020-04-19

La industria causará que la riqueza nacional se reduzca al menos en un 5,3% en 2020 por su...

Carmen Sánchez-Silva, The New York Times

"Muere de sed el mar. Se retuerce, sin nadie, en su lecho de rocas”. Sin pretenderlo, Octavio Paz describe el destino que han vivido las playas españolas esta Semana Santa y el que vivirán este verano si no se produce un milagro. El turismo se desangra ante los efectos del coronavirus, la pandemia que está provocando la crisis más grave del sector de toda su historia y que dará un importante hachazo a la riqueza del país, el segundo más visitado del mundo.

En pleno confinamiento y sin certidumbre alguna sobre cuándo podrán abrirse los establecimientos hosteleros, sobre cuándo y a dónde podrán viajar nacionales o extranjeros, por qué medio o con qué protocolos de seguridad, las únicas certezas son que en 2020 no se repetirá por octavo año consecutivo un récord en la llegada de turistas internacionales a las playas españolas y que las pérdidas que acumularán las empresas que participan en esta industria serán descomunales.

Los principales protagonistas del sector han trazado los posibles escenarios a que se va a enfrentar el turismo este año. Las previsiones son demoledoras. Tras dejar de ingresar los 18,000 millones de euros de la Semana Santa, acorde a las agencias de viajes agrupadas en Fetave; el lobby de las mayores empresas de la industria, Exceltur, ya da por superado el segundo de los horizontes planteados el pasado 31 de marzo: que las pérdidas alcancen 55,000 millones de euros. Ahora se sitúa en el tercero, que arroja unas pérdidas directas e indirectas del turismo de 92,500 millones de euros o, lo que es lo mismo, que el 61% de los ingresos del año pasado se vayan al traste.

Gabriel Escarrer, consejero delegado de Meliá Hotels International, asegura que van de cabeza hacia una caída de ingresos de 100,000 millones. “Mientras no haya una vacuna contra el coronavirus, el turismo va a estar muy tocado. Y para conseguirla se necesita un año, con lo que hasta noviembre, diciembre o enero el negocio no podrá empezar a recuperarse”, vaticina.

“La situación es dramática. Pensamos en empezar a trabajar con cierta normalidad el año que viene. Y veremos si se puede salvar algo de esta Navidad en Canarias, su temporada alta”, coincide Jorge Marichal, presidente de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos.

La locomotora económica nacional, que aporta un 12,3% del PIB, ha sido la primera en sufrir el zarpazo de la covid-19, con las restricciones de la movilidad y el cierre de las fronteras, y será la última en abandonar el calvario y comenzar a remontar cuando se levante el estado de alarma, posiblemente en mayo. “El turismo y las líneas aéreas son los negocios más afectados de todos por la pandemia y los más perjudicados tanto en la fase de confinamiento como después y, en términos macroeconómicos, los que explican en parte que no vaya a haber recuperación en forma de V”, indica Raymond Torres, director de coyuntura de Funcas, que prevé un desplome del 58% del consumo final de no residentes.

Impacto en el PIB

La industria causará que la riqueza nacional se reduzca al menos en un 5,3% en 2020 por su parálisis, según la consultora Simon-Kucher & Partners. “El PIB español caerá entre un 12% y un 14% durante el segundo trimestre y esperamos cierto rebote a partir del tercero si el confinamiento se prolonga ocho semanas. Cuanto más tiempo estemos aislados, con un descenso de la actividad de entre el 30% y el 40%, más gradual será la recuperación y más se prolongará el desescalado del sector turístico”, advierte Rafael Doménech, responsable de análisis económico de BBVA Research España. Como el FMI, la entidad cree que la riqueza se contraerá un 8% en 2020, pero todavía no ha cifrado el mayor derrumbe del turismo ni su incidencia en el empleo.

De momento, Comisiones Obreras calcula que se han presentado entre 125,000 y 150,000 expedientes de regulación temporal de empleo (ERTE) en el sector turístico, la mayoría en la hostelería, que concentra a 1,7 millones de trabajadores, de los 2,6 millones del conjunto de la industria. “Es el sector más afectado por los ERTE y también por la pérdida de empleo que ha habido en marzo, fundamentalmente de eventuales, que superan el 30% en hostelería”, explica Gonzalo Fuentes, responsable de turismo en el sindicato. El problema es que cuando se levante el estado de alarma, continúa Fuentes, habrá una avalancha de expedientes por causas objetivas.

Por ello, todas las actividades directamente relacionadas con la industria están pidiendo al Gobierno que se active un plan de apoyo específico para el turismo. Desde Exceltur, su vicepresidente José Luis Zoreda, reclama un programa de choque para asegurar la continuidad de la primera industria española y la principal generadora de divisas. “Hemos de mantener las empresas vivas cuando no solo no facturan sino que la mayoría de los touroperadores no pagan”, incide Jorge Marichal. El sector necesita líneas de crédito y avales, diferimiento de impuestos y tasas, ampliación de los plazos de los ERTE más allá del estado de alarma y facilidades para renegociar las hipotecas y alquileres de los activos, así como para que las cancelaciones de los viajes puedan restituirse con bonos canjeables cuando llegue la normalidad al mercado.

“Lo más inmediato es garantizar la supervivencia de las compañías. Contamos con reservas de tesorería, pero no son infinitas. Con ingresos cero y teniendo que hacer frente a unos elevados gastos fijos y a la avalancha de cancelaciones que se está produciendo, el agujero en la caja de las aerolíneas es grande”, explica Javier Gándara, presidente de la Asociación de Líneas Aéreas (ALA). En Semana Santa, solo 3,500 de los 75,000 vuelos previstos han operado como cargueros y para repatriaciones.

“Hasta ahora la política económica se ha centrado en tres ejes: la liquidez, los ERTE y el apoyo a los colectivos desfavorecidos. La filosofía de estos programas es que el choque por la pandemia es transitorio. Pero en el turismo esta transitoriedad va a ser larga, lo que quiere decir que esas medidas no serán suficientes, que necesita un plan de choque más largo y estructural porque el sector no se va a recuperar hasta 2021 y normalizarse hasta 2022”, aprecia Torres.

La vuelta a la actividad tardará. No hay más que ver las estimaciones que los Gobiernos de Baleares y Canarias han hecho para 2020. Ambas comunidades, las más dependientes del turismo internacional, pronostican desplomes en su PIB superiores al 30%.

La temporada alta se da prácticamente por perdida. Con multitud de incógnitas por despejar y contando con que las restricciones a la movilidad no se relajen hasta junio, los expertos solo confían en el viajero nacional. “De reactivarse algo este verano, será la costa peninsular, gracias a los españoles que cojan sus coches y vayan cuatro o cinco días de escapada a la Costa del Sol, la gaditana o la Costa Brava. Dudo mucho que vaya a haber más turismo que este”, opina el consejero delegado de la primera cadena hotelera española. Tanto por seguridad como porque la capacidad de consumo se verá muy mermada después de la crisis y su impacto en el empleo.

Según Exceltur, en julio y agosto podría activarse entre el 50% y el 60% de la demanda nacional, además de algunos visitantes franceses y portugueses que se desplacen en sus vehículos. En cambio, no espera que los aviones con pasajeros internacionales empiecen a llegar a España hasta finales de agosto, y apenas traerán al 20% de los viajeros recibidos en 2019. En este escenario, Baleares será la comunidad más afectada por el virus (perderá el 80% de los ingresos del año pasado), de hecho, muchos hosteleros se plantean abrir en la temporada de 2021; seguida de Cataluña (65%), Madrid (58%), Canarias y Andalucía (57%).

Mientras no haya test sanitarios masivos tanto en origen como en destino cuando se abran las fronteras, la reactivación de los viajes de larga distancia va a ser una quimera, piensa Escarrer. Además, hay que tener en cuenta el recelo de los turistas extranjeros hacia España, uno de los países con mayor tasa de contagio y mortalidad por la covid-19. El impacto en su imagen va a ser grave.

Mala imagen

“La marca España está sufriendo mucho y se va a poner en cuarentena como destino en otros países”, aprecia José María Cubillo, director de Mesías-Inteligencia de Marca España. Se ha resentido mucho su imagen de país desarrollado y también la calidad de sus instituciones y su capacidad de responder a la pandemia, “atravesamos la mayor crisis de la marca España de la historia moderna”, asegura. La pérdida de atractivo turístico es el tercer atributo más afectado por el virus, pues hoy se vincula a España con la idea de riesgo de contagio y esto es un factor de rechazo que influirá tanto en este verano como en el que viene, prosigue Cubillo. Incluso los españoles muestran preocupación por esta falta de confianza internacional, dice; en tan solo 15 días la inquietud ha pasado del 28% al 40% de los ciudadanos.

“La barrera psicológica para viajar a España va a ser grande”, apoya Pedro Valdés, socio de la consultora EY. A su juicio, el comportamiento del consumidor va a cambiar tras esta crisis. “El shock emocional es muy fuerte y el cliente buscará mayor seguridad y destinos más cercanos, algo que va a provocar también un gran cambio en los operadores turísticos, que tendrán que reforzar toda la red de seguridad, desde la reserva hasta la estancia en el país”, agrega.

Escarrer está convencido de que hay un antes y un después del coronavirus en la forma de consumir viajes. “Una de las pocas cosas buenas que va a tener esta crisis es que nos vamos a replantear nuestro modelo de consumo y vamos a tener mayor sensibilidad por la sostenibilidad”, asegura. Algo que choca de lleno con el modelo de turismo de masas, tan característico en España.

Cambios a la vista

En su opinión, las reservas van a ser cada vez más digitales y la operación tendrá que adaptarse a nuevos modelos. Meliá está dando más espacio a las zonas comunes en sus hoteles, modificando sus bufés con porciones empaquetadas, abriendo las cocinas a la vista de los clientes y colocando en las habitaciones máquinas que emiten rayos ultravioletas que eliminan el coronavirus, como están haciendo en China, expone su consejero delegado, que se muestra incapaz de pronosticar los resultados de la compañía para este año, pero sí dice que ha preparado la liquidez para aguantar un año de hibernación. “La visibilidad de los resultados de las compañías es prácticamente nula. No saben ni qué ingresos van a tener dentro de tres meses ni dentro de un año”, justifica Iván San Félix, de Renta 4.

En medio de tanta incertidumbre, Adolfo Utor, presidente de Baleária, sí ha planteado dos escenarios. De sus 32 barcos solo 12 están activos al 50% para transporte de mercancías y sanitarios. Sus ingresos han caído un 70%, explica, y a falta de certezas sobre si va a haber restricciones al transporte de pasajeros y medidas de distanciamiento, “todo parece indicar que la tasa de ocupación va a ser muy baja hasta noviembre o diciembre”. La compañía va a presentar pérdidas, de 20 o 60 millones de euros en 2020 dependiendo de cuándo y cómo se vuelva a la actividad; frente a los beneficios de 30 millones de 2019. Baleária ha suprimido el dividendo y va a refinanciar su deuda. Pero, como muchas compañías, “con la crisis de 2008 aprendimos que necesitábamos una reserva de caja, que ahora tenemos; estamos en mejor situación”, destaca Utor.

Las grandes empresas turísticas pueden afrontar la pandemia con mayor colchón. El problema son las pequeñas. La hostelería es un negocio muy fragmentado, con más de 300,000 establecimientos, de los cuales cuatro de cada diez factura menos de 200,000 euros anuales y tiene unos márgenes inferiores al 6%, según un informe de Bain y EY, que indica que el 55% de las firmas precisará financiación externa antes del 26 de abril.

Alguna agencia como Viajes Urbis ya ha presentado concurso de acreedores ante sus problemas de liquidez, informa Rafael Gallego, vicepresidente de CEAV (Confederación Española de Agencias de Viajes). Igual que ha ocurrido con la línea aérea británica Flybe, señala Javier Gándara. Y los expertos consultados piensan que se van a producir muchas más si la situación se prolonga y el Gobierno no toma medidas. Turoperadores, agencias de viajes, cruceros, bares y restaurantes son los negocios que mayor riesgo tienen en la coyuntura actual. También las líneas aéreas, pero aquí los analistas hablan de concentraciones.

“Para que la maquinaria del turismo vuelva a ponerse en funcionamiento hay que bajar los precios, y así poder recuperar el empleo que está en el aire”, considera Rafael Gallego. Una recomendación compartida por grandes touroperadores como Jet2 Holidays y que suele ser la salida habitual del sector para llenar unas plazas que este año van a estar, como mucho al 40% de su capacidad.

De ahí que todas las voces disparen contra el Gobierno, cuyo Ministerio de Industria, Comercio y Turismo asegura que trabaja en tres escenarios a corto, medio y largo plazo. “Debe impulsarse un plan de país para reforzar el turismo, que es vital para la economía”, señala Pedro Valdés. “El Gobierno debería desvivirse por el sector, para que siga siendo el campeón mundial del turismo que es, según el FMI”, zanja Escarrer.

El virus se ceba con los cinco países líderes de la industria

Francia, España, Estados Unidos, China e Italia son los cinco países que comparten el pódium turístico mundial, los que mayor número de visitantes atraen del planeta. Lo dice la estadística de la Organización Mundial del Turismo (OMT). En los tiempos que corren, otro organismo internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS), también sitúa a estos mismos Estados como los mayores afectados por el coronavirus. Los que registran, hasta el momento, un mayor número de contagios y los peores índices de mortalidad. Y no es una coincidencia. La superior movilidad internacional, la climatología y el estilo de vida justifican estos terribles registros, en opinión de los expertos. También el turismo. La industria de los viajes mundial se enfrenta a una catástrofe nunca conocida hasta ahora. Una pandemia que, conforme transcurre el tiempo y se intensifica la propagación, va agudizando el drama del sector. Esta semana la asociación del transporte aéreo internacional (IATA) anunciaba la segunda revisión a la baja de sus estimaciones desde principios de marzo. Calcula que la caída del número de pasajeros mundial puede colocarse en el 48% y las pérdidas de las líneas aéreas alcanzar 314,000 millones de dólares este año (más de 289,000 millones de euros). La virulencia del coronavirus se ha dejado notar igualmente en las correcciones realizadas por la OMT. El pasado día 27 dio a conocer la tercera evaluación del impacto de la pandemia en el turismo global. Prevé una caída en la llegada de viajeros de entre el 20% y el 30% y un desplome de los ingresos de entre 300,000 y 450,000 millones de dólares (entre 276,000 y 414,000 millones de euros), cerca de un tercio menos del billón y medio de dólares alcanzado en 2019. Lo que significa, según el organismo, que se perderá el valor de entre cinco y siete años de crecimiento. De ahí que haga un llamamiento a los Gobiernos para que incluyan al turismo como prioridad en sus planes de recuperación. También el World Travel & Tourism Council (WTTC), la asociación que agrupa a unas 200 compañías líderes de la industria, ha hecho sus proyecciones. La covid-19 está provocando una pérdida diaria de un millón de puestos de trabajo en la industria. 75,2 millones de empleos penden de un hilo en 2020, sostiene Maribel Rodríguez, vicepresidenta de la entidad. No obstante, esta ejecutiva muestra signos de esperanza, el turismo es un motor económico global, lleva años creciendo por encima del conjunto de la economía y, cuando se contenga la pandemia, “lo que quede del sector volverá a tirar de la economía”. La WTTC ha analizado las 90 crisis sufridas por la industria entre 2001 y 2018 y aprecia que si a principios del milenio se necesitaban 26 meses para superarlas, en 2018 el periodo había bajado a 10 meses. Hay que tomar medidas para que se salven las empresas, dice Rodríguez, medidas coordinadas internacionalmente porque, como destaca Raymond Torres, director de coyuntura y análisis internacional de Funcas, el hecho de que haya un desfase entre países en la propagación y contención del virus, no ayuda nada a la remontada económica ni al riesgo de recaída.



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