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‘Melania and Me’: siete claves del libro de la examiga de la primera dama estadounidense

2020-09-01

Durante 15 años, las dos mujeres eran como “Lucy y Ethel o Snooki y JWoww”, iban...

Por Elisabeth Egan | The New York Times

Melania Trump era la hermana que Stephanie Winston Wolkoff nunca tuvo. “Muy segura de sí misma, perfectamente peinada, la máxima hermana mayor”, escribe la ex asesora sénior de la primera dama estadounidense en Melania and Me (Melania y yo), el épico libro que promete contarlo todo y que sale a la venta este martes.

Durante 15 años, las dos mujeres eran como “Lucy y Ethel o Snooki y JWoww”, iban a almuerzos prolongados en restaurantes de moda, asistían a sus baby showers y fiestas sorpresa e intercambiaban mensajes de texto repletos de emoticonos. De hecho, la principal revelación de Melania and Me bien podría ser que el entusiasmo de Melania Trump por los emojis parece competir con el de su esposo por Twitter. Con hileras de caritas tristes y felices y abundantes corazones telegrafía un sorprendente rango de triunfos y decepciones. Ahora los lectores verán cómo ha evolucionado la correspondencia de las primeras damas desde los días en que Abigail Adams le rogó a su esposo que “recordara a las damas”.

Incluso en su mejor época, la sociedad Wolkoff-Trump estaba llena de focos rojos: Trump rara vez asistía a los eventos de caridad organizados por Wolkoff y una y otra vez llamaba al hijo de la autora por el nombre equivocado (“Taylor” en vez de “Tyler”).

No obstante, desde principios de la década de 2000 hasta febrero de 2018, cuando Wolkoff fue abruptamente despedida de su trabajo en la Ala Este, la excolaboradora de Vogue siguió siendo leal a Trump. Protegió a la primera dama, creyó en el potencial de la iniciativa Be Best (aunque no de su nombre) y trabajó hasta que su cuerpo cedió ante el estrés de la política de oficina. Tras su salida —coordinada por correo electrónico, en un mensaje dirigido a Wolkoff y a otra colega que también despidieron— estaba hecha, según sus propias palabras, “una maldita chiflada”.

“Estuve ahí al principio” escribe Wolkoff. “Presencié la transformación de Melania de baño de oro a 24 kilates. Creí que tenía el corazón a juego, que genuinamente le importaba y era cariñosa y merecedora de toda nuestra atención. A lo largo de nuestra amistad inicial, eso era lo que yo veía en ella. Al verla ahora, y ver que solo queda el cascarón de oro, debo preguntarme si eso es lo que ella era y yo solo fui la tonta que se compró el reloj de imitación en la esquina”.

Aquí un vistazo a lo que los lectores conocerán en el tour de lo que Wolkoff llama “Mel-La-Lania-Landia”.

A la primera dama de verdad no le importa

Wolkoff cita una de las líneas que la primera dama suele repetir: “Complacer a los demás no es mi prioridad”. Y luego, escribe: “Pragmática como es, concluyó que como no podía controlar lo que la gente pensaba, no tenía por qué importarle lo que creían”.

En 2018, durante el peor momento de la crisis de las separaciones familiares en la frontera, Melania se lamentó de la cobertura mediática de los niños separados de sus padres. En una llamada telefónica con Wolkoff, supuestamente dijo: “No están con sus padres y es triste. Pero los patrulleros me dijeron que los chicos dicen ‘Guau ¿me dan cama? ¿Tendré un estante para mi ropa?’. Es más de lo que tienen en su país, donde duermen en el piso”. (Melania and Me contiene extensas citas de llamadas telefónicas. Wolkoff no explica si tomó notas, grabó las llamadas o las reconstruyó de memoria).

Melania Trump lanzó la Operación bloqueo a Ivanka para asegurarse de que la hija del presidente no se robara el protagonismo de la toma de mando

Wolkoff detalla mucho la intensa atención que dirigía Ivanka Trump a la lista de invitados, plan de asientos, mensajes y caravanas. “¿Habrá un backin?”, escribió Ivanka por correo electrónico. “¿Dónde estará?”. “Princesa”, como la llama su madrastra, estaba ansiosa de que la incluyeran en un retrato de la nueva primera familia que suele hacerse en el Salón Azul de la Casa Blanca. La esposa de su padre la rechazó.

El delicado equilibrio entre Ivanka y Melania Trump

“A Melania no le entusiasmaba que Ivanka guiara el programa y no lo permitió”, escribe Wolkoff. “Tampoco se alegró de saber que Ivanka insistía en caminar en el desfile de Pennsylvania Avenue con sus hijos”. Estas maquinaciones llevaron a un esfuerzo coordinado de mantener el rostro de la primera hija “fuera de ese icónico ‘momento especial’’‘. Wolkoff y su equipo orquestaron el plan de asientos y estudiaron los ángulos de las cámaras para asegurarse de que el rostro de Ivanka quedara oculto en las fotografías. (Llegado el día, Wolkoff se enteró de que ella y su familia quedaron en una zona sin sillas. Al final los cambiaron al área de los asientos VIP).

¿La mueca que inspiró la etiqueta #LiberenaMelania? Hay una historia detrás

La tan comentada mueca de desagrado de la primera dama en la toma de mando no fue en reacción a su esposo, según Wolkoff: “Melania de pronto frunció el ceño y miró hacia abajo y a la derecha porque Barrón, por accidente, le pateó el tobillo”. Wolkoff sugirió que la primera dama aclarara las cosas para acallar los rumores de desacuerdos matrimoniales pero, según ella, solo dijo: “No les debo una explicación”.

Melania Trump exigió remodelaciones de la Casa Blanca, pero no siempre se salió con la suya

Wolkoff recuerda la respuesta de Melania ante su nueva habitación: “No me mudaré a D. C. hasta que la residencia sea remodelada y redecorada, empezando por una nueva ducha y retrete”. Al final, hizo que pintaran su oficina de rosado Middleton, pero el tono marfil que eligió para la habitación fue desautorizado por el presidente, que eligió un tono más oscuro.

El presidente no come de un plato que haya tocado algún amigo

En el restaurante de Mar-a-Lago, el mandatario le tenía el ojo puesto a una gran rebanada de pastel de chocolate. “Le di un plato vacío, con mis dedos abajo y el pulgar sobre el borde superior, una forma perfectamente natural y normal de ofrecerle un plato a alguien. Miró mi pulgar como si estuviera en llamas”, escribe Wolkoff. “Me sonrió al tomar el plato y luego, cuando pensó que no estaba mirándolo, lo dejó y tomó otro”.

La primera dama le hace saber su opinión a su marido

Wolkoff ofrece dos ejemplos en los que Melania Trump rompió filas con el presidente: primero en el asunto de los baños para las personas transgénero. La primera dama le preguntó a Trump porqué se había inmiscuido en el debate y Wolkoff lo cita diciendo: “No necesitaba involucrarme. Podía dejar que la Corte Suprema se encargue. Pero era muy importante para Mike”, dijo en referencia al vicepresidente.

Más adelante reprendió al mandatario por eliminar la prohibición a la importación de trofeos de cacería de grandes presas de África, una medida que hizo en respuesta a la presión de sus hijos. Wolkoff escribe: “A Melania no le hizo gracia el esfuerzo de cabildeo de ‘los chicos’ a favor de las armas y la cacería o la extraña necesidad de colgar la cabeza de un animal en la pared. Esa noche hizo algo de cabildeo por cuenta propia y su pedido a Donald dio resultados”. El presidente tuiteó al día siguiente: “Puse la decisión de los trofeos de grandes presas en pausa hasta que revise todos los hechos de conservación”.

Melania Trump disfruta de “su juego del escondite con el pueblo americano”

En mayo de 2018, Melania se sometió a cirugía debido a una “condición renal benigna” y desapareció de la vista del público durante casi un mes. Para ese entonces, Wolkoff había sido despedida de la Ala Este, pero describe una conversación telefónica durante la cual Melania se reía de la especulación mediática sobre su paradero: “‘¿Estiramiento facial? ¡Me da demasiado miedo’, dijo. ‘¿Colapso nervioso?, estoy como ¿de verdad? Ni siquiera me conocen’”. Wolkoff recuerda que Melania citó a una amiga que le dijo, “Tú le causas el colapso nervioso a la gente, ¡no te da a ti!”.

Wolkoff escribe: “Dímelo a mí, hermana”.



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