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‘Me vuelvo casi catatónico’: la ‘niebla mental’ afecta a los sobrevivientes de la COVID-19

2020-10-15

Los científicos no están seguros de la causa de obnubilación, que varía...

   Por Pam Belluck | The New York Times

Después de contraer coronavirus en marzo, Michael Reagan olvidó todos los recuerdos de sus doce días de vacaciones en París, a pesar de que el viaje había sido unas semanas antes.

Varias semanas después de que Erica Taylor se recuperó de los síntomas de náuseas y tos por la COVID-19, se volvió despistada y olvidadiza, y ni siquiera podía reconocer su propio auto, el único Toyota Prius en el estacionamiento de su complejo de apartamentos.

Lisa Mizelle, una enfermera veterana especializada de una clínica de urgencias que enfermó a causa del virus en julio, ahora olvida los tratamientos de rutina y los análisis de laboratorio, y debe consultar con sus colegas la terminología que solía saber automáticamente.

“Salgo de la habitación y no puedo recordar lo que el paciente acaba de decir”, aseguró, y añadió que si no hubiera agotado su permiso por incapacidad se tomaría más tiempo libre.

“Me asusta pensar que estoy trabajando”, dijo Mizelle, de 53 años. “Siento que tengo demencia”.

Esto se conoce como la “niebla mental” por COVID-19: se trata de preocupantes síntomas cognitivos entre los que pueden estar la pérdida de la memoria, confusión, dificultad para concentrarse, mareos y dificultad para comprender palabras cotidianas. Cada vez hay más sobrevivientes de COVID-19 que afirman que eso perjudica su capacidad para trabajar y vivir con normalidad.

“Hay miles de personas que la padecen”, señaló Igor Koralnik, director de enfermedades neuroinfecciosas en el centro médico de Northwestern Medicine en Chicago, quien ha atendido a cientos de sobrevivientes en una clínica especializada en personas que sufrieron de COVID-19. “El impacto en la fuerza laboral que se ve afectada va a ser significativo”, añadió.

Los científicos no están seguros de la causa de esa obnubilación, que varía mucho y afecta incluso a personas que solo presentaron síntomas leves de la COVID-19 y que no tenían enfermedades preexistentes. Las teorías más destacadas son que surge cuando la respuesta inmunitaria del cuerpo ante el virus no se detiene o que se debe a la inflamación de los vasos sanguíneos que van al cerebro.

La confusión, el delirio y otros tipos de trastornos de las funciones mentales, llamados encefalopatía, se han producido durante las hospitalizaciones por problemas respiratorios derivados de la COVID-19, y un estudio reveló que esos pacientes necesitaban periodos de hospitalización más prolongados, tenían índices de mortalidad más elevados y, a menudo, no podían realizar sus actividades diarias inmediatamente después de la hospitalización.

No obstante, las investigaciones sobre la “niebla mental” de larga duración apenas están comenzando. En agosto se divulgó un informe francés sobre 120 pacientes que fueron hospitalizados y reveló que, meses después, el 34 por ciento tenía pérdida de memoria y el 27 por ciento presentaba problemas de concentración.

En una encuesta que se publicará próximamente y que consultó a 3930 miembros de Survivor Corps, un grupo de personas que se han puesto en contacto para hablar sobre la vida después de la COVID-19, más de la mitad reportó que tuvo dificultades para concentrarse o enfocarse, comentó Natalie Lambert, profesora de investigación adjunta de la Facultad de Medicina de la Universidad de Indiana, quien ayudó a dirigir el estudio. Fue el cuarto síntoma más común de las 101 afecciones físicas, neurológicas y psicológicas a largo y corto plazo que reportaron los sobrevivientes. Una tercera parte o más de los encuestados admitió que tenía problemas de memoria, mareos o confusión.

“Es debilitante”, afirmó Rick Sullivan, de 60 años, de Brentwood, California, quien ha tenido episodios de confusión mental desde julio, después de superar una batalla de varias semanas con problemas respiratorios y dolores corporales a causa de la COVID-19. “Me vuelvo casi catatónico. Siento como si estuviera anestesiado”.

Los estragos en el trabajo

Cuando Taylor, de 31 años, se contagió a mediados de junio, pensó que solo necesitaría un breve descanso de su trabajo como abogada en una organización sin fines de lucro de Atlanta que ayuda a inquilinos de bajos ingresos.

No obstante, se desorientó tanto que lavó el control remoto del televisor con su ropa sucia y tuvo que devolver un perro que había adoptado recientemente porque no podía confiar en sí misma para cuidar de una mascota.

Una mañana, “todo en mi cerebro era estática”, narró. “Estaba sentada al borde de la cama, llorando y pensando: ‘Algo anda mal; debería estar pidiendo ayuda’, pero no podía recordar qué debía pedir o a quién debía pedírselo. Olvidé quién era y dónde estaba”.

En julio, creyó que había mejorado y le dijo a su jefe que podía volver, pero después de otro episodio de “estática”, le envió un mensaje que decía: “Tengo miedo. De verdad quiero volver al trabajo, pero me sigo cansando y confundiendo mucho”. Él le sugirió que descansara y se curara.

Volvió a trabajar a principios de agosto, pero su mente divagaba y leer correos electrónicos le parecía “como leer en griego”, explicó. En septiembre, su jefe la instó a que tomara un permiso de trece semanas.

“Al final llegaron a la conclusión de que debía dejar mi puesto”, dijo Taylor, quien solicitó ser voluntaria de la organización sin fines de lucro mientras estaba de licencia, pero le dijeron que no. “Para ser sincera, estoy destrozada”.

Reagan, de 50 años, quien pasó cinco días entrando y saliendo de hospitales, al principio retomó su trabajo como especialista vascular para una empresa que fabrica endoprótesis y catéteres.

Sin embargo, los temblores en los dedos y las convulsiones, síntomas neurológicos que a veces acompañan a la “niebla mental”, significaban que “de ninguna manera podía entrar a una cirugía a enseñarle a un médico cómo suturar una arteria”, señaló.

En las reuniones, “no logro encontrar las palabras”, dijo Reagan, quien ahora se ha tomado una licencia. “Siento que sueno como un idiota”.

Antes de que Mizelle se contagiara del virus en julio y fuera hospitalizada con neumonía durante cinco días en agosto, atendía sola a seis pacientes por hora en su clínica de Huntsville, Alabama, pero recientemente, afirmó: “Le dije a nuestra programadora que no puedo trabajar sola porque soy lenta para pensar, estoy mareada y solo necesito que alguien más esté allí para trabajar conmigo”.

Dijo que, a veces, en las salas de revisión “trato de ser hábil con el paciente para que no lo note, porque uno no quiere que su enfermera no tenga claridad de pensamiento, lo cual es bastante aterrador”.

Mizelle cuenta que se olvidó de pedir unos cultivos para infecciones urinarias, pero un técnico de laboratorio lo detectó y le dijo: “Yo te cubro, Lisa”.

“Hasta donde sé, no me he equivocado”, dijo, y agregó que las cosas han mejorado un poco en los últimos días. “Todavía no he matado a nadie”.

En busca de respuestas para un síntoma misterioso

La causa de la “niebla mental” es un misterio, en parte porque los síntomas son muy variados.

“La respuesta más sencilla es que la gente sigue teniendo una activación inmunitaria persistente después de que remitió la infección inicial”, aseveró Avindra Nath, director del departamento de infecciones del sistema nervioso del Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos.

La inflamación de los vasos sanguíneos o de las células que recubren los vasos, podría estar relacionada, señaló Serena Spudich, directora del departamento de infecciones neurológicas y neurología global de la Escuela de Medicina de Yale. Las moléculas inflamatorias que se liberan en las respuestas inmunitarias efectivas, “también pueden ser una especie de toxinas, que afectan en especial al cerebro”, dijo.

Los pequeños accidentes cerebrovasculares pueden ocasionar algunos síntomas, comentó Dona Kim Murphey, neuróloga y neurocientífica, quien ha experimentado en carne propia los problemas neurológicos luego del coronavirus, incluyendo el “síndrome de la mano ajena”, en el que sintió una “sensación muy extraña en mi mano izquierda, como si no entendiera por qué estaba en la posición en la que se encontraba, lo cual me sorprendió muchísimo”.

Otras posibles causas son las reacciones autoinmunes “cuando los anticuerpos atacan por error a las células nerviosas”, explicó Spudich.

Cuando los nervios dañados envían señales erróneas, pueden presentarse síntomas como hormigueo o entumecimiento, dijo Allison Navis, especialista en enfermedades neuroinfecciosas del Sistema de Salud Monte Sinaí. Algunas personas que padecen obnubilación siguen presentando problemas pulmonares o cardíacos que pueden exacerbar los síntomas neurológicos.

Los neurólogos aseguran que, hasta ahora, las resonancias magnéticas no han mostrado daños en las zonas cerebrales.

Murphey, quien es directora científica de una empresa de tecnología de ondas cerebrales y en una reunión reciente no pudo decir la palabra “trabajo”, dijo que la investigación es crucial para que los síntomas se tomen en serio.

“De manera despectiva, la gente dice ‘todo está en su cabeza’”, dijo. “En este caso, está literalmente en nuestras cabezas y es muy real”.

Olvidar París y cómo decir “cepillo de dientes”

Este verano, Reagan, el especialista en medicina vascular, encendió la estufa para cocinar huevos y luego, distraídamente, se fue a pasear a su perro, Wolff-Parkinson-White, llamado así por una arritmia cardíaca. Al regresar se dio cuenta del peligro porque la sartén vacía estaba muy caliente, por lo que entró en pánico y no ha vuelto a cocinar desde entonces.

Tampoco recuerda las Navidades pasadas, Año Nuevo ni las vacaciones que pasó en París, en marzo, para festejar el cumpleaños 40 de su pareja Mustafa Al Niama.

“Miro todas mis fotos de París, tratando de recordar”, dijo mientras mostraba una selfi con su pareja en la Mona Lisa en el Louvre. “Fuimos y estuvimos en un concierto de Madonna, fuimos a la Torre Eiffel, fuimos a las catacumbas. Y no recuerdo nada, nada en absoluto”.

Sullivan navega por un espectro de obstáculos cognitivos. En el estado más suave, que él define como “esponjoso”, siente la cabeza pesada. En la fase intermedia, que califica como “confusa”, dice: “Me enojo cuando la gente me habla porque me duele el cerebro cuando intento prestar atención”. La más grave es la “niebla”, cuando “no puedo funcionar” y “me siento y solo observo, sin motivación para moverme, con la mente acelerada”.

Incluso un leve esfuerzo mental o físico puede desencadenar la niebla, y Sullivan, quien fue despedido antes de la pandemia de un puesto de alto nivel en una empresa de fotografía, dijo que durante muchos días solo podía encargarse de dos responsabilidades: “Limpiar la arena para gatos y recoger las heces del perro”.

Incluso eso le provocaba ansiedad. “Para mí, era como una serie de 15 o 16 tareas”, dijo. “¡Oh, Dios mío! ahora tengo que encontrar una bolsa para poner la basura, luego tengo que quitar la tapa”.

Julia Donahue, de 61 años, de Somers, Nueva York, lucha por hablar con oraciones fluidas. Es una situación muy dolorosa para ella porque, durante mucho tiempo, ha disfrutado al interpretar a Abigail Adams en los espectáculos históricos.

“Ahora, Abigail solo es un montón de vestidos en mi armario”, dijo. “No podría actuar durante 45 minutos”.

Hace poco, ni siquiera recordaba cómo decir “cepillo de dientes”, y le dijo a un amigo “ya sabes, lo que limpia tus dientes”.

Los expertos aconsejan a las personas que experimentan “niebla mental” que consulten a los médicos para descartar otras afecciones médicas y tratar los síntomas físicos restantes.

Mizelle, Reagan, Taylor y otros pacientes han consultado a cardiólogos y otros especialistas, además de los neurólogos.

Los médicos no saben si los síntomas mejorarán o desaparecerán con el tiempo. Algunos pacientes están creando soluciones alternativas o ejercicios de recuperación improvisados.

Reagan, que también perdió el sentido de la orientación, sigue la sugerencia de un terapeuta que le recomendó caminar a lugares aleatorios cerca de su casa en el Bajo Manhattan. Recientemente, eligió la Bolsa de Valores de Nueva York, a varias cuadras de distancia. Escribió las instrucciones y las leyó repetidamente antes de partir con su pareja y su perro.

En la primera esquina, su mente vaciló. “¿Izquierda?”, le preguntó a Al Niama, quien le informó que debían cruzar a la derecha.

A mediados de septiembre, Sullivan pensó que lo peor había pasado, pero cuando fue al supermercado con su esposa experimentó una “niebla en toda regla”, por lo que agarró el carrito y dice que deambuló “por la tienda como un zombi”.

Días después, se ejercitaba con mancuernas de 1,3 kilos —nada comparado con su rutina previa a la COVID cuando levantaba 30 kilos— y dice que, de repente, la niebla “lo golpeó”. “No he superado esto”, dijo y luego se derrumbó, sollozando.



Jamileth