Detrás del Muro

‘Juegan con nuestras vidas’: ¿Qué va a pasar con los ‘dreamers’ del DACA?

2020-12-09

Por si fuera poco, si Biden emite una nueva orden ejecutiva tras tomar posesión como...

Por Miriam Jordan, Michael D. Shear |The New York Times

Un juez le ordenó al gobierno de Trump restablecer las protecciones para los jóvenes inmigrantes que fueron llevados a Estados Unidos cuando eran niños. Pero su situación sigue siendo precaria.

Pese a tener estudios universitarios, Maria Fernanda Madrigal Delgado no tuvo otra opción en 2011 que dedicarse a la limpieza de edificios y a cocinar hamburguesas en locales de comida rápida que podían pagarle en efectivo, por no tener la autorización para trabajar en Estados Unidos. La trajeron al país cuando era niña, proveniente de Costa Rica, y creció sin documentos en el sur de California.

En 2012, después de que el presidente Barack Obama anunció el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por su sigla en inglés), que protegió a cientos de miles de inmigrantes jóvenes indocumentados de ser deportados y les permitió trabajar, Madrigal consiguió empleo como asistente legal. En mayo, a los 31 años, concluirá la carrera de Derecho en San Diego.

Sin embargo, casi desde su creación, el DACA ha estado plagado de problemas legales, que han mantenido a Madrigal y a otros dreamers con el alma en vilo. Al poco tiempo de haber tomado posesión en 2017, el presidente Donald Trump canceló el programa. La Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó en junio que esa acción fue indebida, pero el gobierno estableció nuevas barreras. “Es literalmente como estar en un juego de tenis de mesa”, comentó Madrigal. “Juegan con nuestras vidas”.

El viernes, un juez federal emitió un fallo a favor de los beneficiarios del DACA, y no solo ordenó que se restableciera por completo el programa, sino que se abriera a nuevos solicitantes. De cualquier manera, Madrigal no está lista para celebrar. “Sé muy bien que no es la última palabra”, dijo. “Puede haber más objeciones. Necesitamos algo que sea más permanente”.

Para los adultos jóvenes que fueron llevados a Estados Unidos durante su infancia, sin permiso legal, el fallo emitido por el tribunal el 4 de diciembre fue un parteaguas, una oportunidad de tener seguridad tras años de sufrimiento y de temer la posibilidad de ser expulsados.

Por desgracia, la mayoría sabe que el futuro es incierto. Desde hace años, el DACA ha sido una política inestable en la que las resoluciones de los tribunales y las medidas del gobierno se alternan con intervalos de solo unos meses que restablecían, y luego eliminaban parcialmente el programa.

Cuando el presidente electo Joe Biden asuma el cargo, tendrá una enorme presión para lograr lo que sus predecesores no consiguieron: que se apruebe una solución legislativa para resolver, de una vez por todas, el destino de los dreamers.

“Los beneficiarios del DACA todavía no pueden sentirse seguros, por varias razones”, explicó Stephen Yale-Loehr, profesor de Derecho Migratorio en la Escuela de Derecho de la Universidad de Cornell. “La única solución real para los beneficiarios del DACA es que existan leyes que les ofrezcan un mecanismo para legalizar su situación. En el ambiente de polarización que prevalece en el Congreso, parece difícil que eso ocurra”.

En su decisión del 4 de diciembre, el juez Nicholas Garaufis, del tribunal de distrito en Brooklyn, invalidó un comunicado emitido por Chad Wolf, secretario interino de Seguridad Nacional, que restringió las protecciones del programa para quienes ya estaban inscritos. Ahora pueden presentar su trámite alrededor de 300,000 nuevos solicitantes, si se mantiene la decisión del juez.

El Departamento de Seguridad Nacional criticó la decisión el 5 de diciembre, pero indicó que la acataría mientras preparaba una apelación junto con el Departamento de Justicia.

“El Departamento de Seguridad Nacional está en total desacuerdo con esta decisión de otro juez activista que actuó con base en sus propias preferencias”, señaló Chase Jennings, vocero del departamento, e indicó que el fallo del juez “claramente no es lógico ni se fundamenta en el derecho”.

A menos que el Congreso haga algo a favor de los dreamers lo más probable es que el DACA quede enredado en juicios y cuestionamientos legales durante un tiempo.

“Es triste, pero quizá los dreamers tengan que vivir con cierto nivel de duda y ansiedad en el futuro cercano”, aseveró Michael Kagan, experto en temas migratorios de la Universidad de Nevada, campus Las Vegas.

Y añadió: “Debo aclarar que ahora el panorama luce mucho más optimista para los dreamers que hace seis meses. El DACA sobrevivió a Trump, y el próximo presidente es un gran partidario del programa. Lo que queda en duda es cuánto podrá hacer Biden para protegerlos y conseguir que esa protección sea permanente”.

En otro procedimiento, un juez federal en Texas podría resolver este mismo mes a favor de funcionarios estatales conservadores que esperan desmantelar el DACA. Por si fuera poco, si Biden emite una nueva orden ejecutiva tras tomar posesión como presidente, Texas u otros estados conservadores podrían promover un juicio para bloquearla.

Además, la Corte Suprema no concluyó que el actual presidente no tiene la autoridad para acabar con el DACA, sino que no había seguido los procedimientos necesarios para hacerlo.

Michael Olivas, experto en el DACA, dijo que cree que el programa sobrevivirá, por lo menos unos años más. “La amenaza de la objeción de Texas persiste, pero el programa está a salvo”, explicó Olivas, profesor emérito de Derecho Migratorio en la Universidad de Houston. “Ya se sometió a consideración de la Corte Suprema y continúa. Anularlo tardaría varios años”.

También dijo: “En ese tiempo, los beneficiarios actuales seguirán renovando cada dos años, y cientos de miles podrán registrarse”, así que habrá más beneficiarios.

El gobierno de Obama creó el DACA después de que los republicanos del Congreso bloquearon la Dream Act, un proyecto de ley que les habría otorgado a los dreamers protecciones legales firmes y un procedimiento para obtener la ciudadanía.

Obama consideraba el DACA como una medida temporal que solo estaría en vigor hasta que los legisladores actuaran. El problema es que eso no ha sucedido. En 2013, el Senado aprobó un proyecto integral sobre migración con respaldo bipartidista, y con apoyo de Obama.

Pero la Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, se negó a aprobar la medida aunque habría generado miles de millones de dólares para acciones de seguridad fronteriza, pues estipulaba un trámite para que los dreamers y otros inmigrantes que ingresaran de manera ilícita al país obtuvieran la ciudadanía.

Otros proyectos del Congreso para resolver el problema quedaron estancados durante la presidencia de Trump, pues el gobierno exigía medidas restrictivas y Trump quería lograr amplias reducciones en inmigración.

Un acuerdo bipartidista negociado por los senadores Lindsey Graham, republicano por Carolina del Sur, y Dick Durbin, demócrata por Illinois, fracasó después de que Trump hizo su rabieta por los inmigrantes de “países de mierda”.

Biden se comprometió a revertir las inflexibles políticas migratorias de Trump y apoyar el programa DACA, mientras logra que el Congreso apruebe un plan migratorio integral.

Pero la inmigración no es una de las principales prioridades del presidente electo, que incluyen lidiar con la pandemia, la economía, el cambio climático y unificar al país.

Biden estará bajo una inmensa presión de los grupos de derechos de los inmigrantes para ir más allá de las acciones ejecutivas como DACA y asegurar protecciones para los dreamers y otros inmigrantes indocumentados.

Es probable que eso sea más difícil debido al escaso control que tiene el Partido Demócrata sobre la Cámara de Representantes y un Senado que está dividido casi por igual. A principios del próximo mes, el resultado de dos reelecciones del Senado en Georgia determinará si el partido de Biden controla la agenda en esa instancia.

De cualquier manera, cualquier solución a los problemas de inmigración del país tendrá que ser bipartidista en un momento en que el partidismo divide amargamente a los legisladores y al país. Trump puede seguir siendo un factor político importante, incluso después de que abandone la Casa Blanca.

Desde que entró en la política, ha animado a los votantes republicanos utilizando retórica xenófoba y avivando el miedo a los inmigrantes. Eso continuará teniendo eco en los distritos republicanos, lo que hará que los legisladores del partido se detengan antes de adoptar un enfoque más indulgente hacia los inmigrantes.

Pero los beneficiarios del DACA se encuentran entre los inmigrantes indocumentados que gozan de más comprensión, por lo general fueron traídos a los Estados Unidos cuando eran niños pequeños. Muchos republicanos y demócratas han dicho que los dreamers no deberían ser castigados por crecer en Estados Unidos, además muchos son miembros importantes de sus comunidades.

El gobierno de Trump suspendió el programa en 2017, justo antes de que Arlette Morales, de York, Pensilvania, cumpliera 15 años, cuando habría podido inscribirse.

“Había perdido toda esperanza; estaba desolada”, recordó Morales, de 18 años, quien llegó desde México cuando tenía 2 años.

En cuanto la Corte Suprema emitió el fallo en junio, preparó su solicitud para el DACA y la presentó, pero se la regresaron después de que el gobierno de Trump se negó a aceptar nuevos solicitantes. De nuevo, se sintió decepcionada.

El 5 de diciembre, con renovadas esperanzas, Morales dijo que volvería a presentar la solicitud a primera hora el 7 de diciembre.

“En este momento estoy solicitando mi ingreso a universidades, y con el DACA puedo lograr mi sueño de una carrera en justicia penal”, dijo, y señaló que las protecciones del programa también la harían elegible para algunas becas y programas estatales en Pensilvania.

Pero ella y otros dreamers comparten la esperanza de una solución permanente. Incluso quienes son elegibles para el programa deben volver a aplicar cada dos años, lo que genera más incertidumbre.

“Ha sido frustrante vivir en el limbo y con las aplicaciones cada dos años”, dijo Denia Pérez, una abogada de Nueva York que fue traída a Estados Unidos desde México cuando tenía 11 meses.

En 2018, se convirtió en la primera receptora de DACA que fue admitida en el colegio de abogados de Connecticut. Para ella, la decisión del viernes fue un gran alivio.

“Pero no es suficiente”, dijo. “Necesitamos algo más audaz y permanente, no solo un permiso de trabajo, sino un camino hacia la ciudadanía”.

De cualquier forma, para algunos migrantes jóvenes la decisión del tribunal del 4 de diciembre fue tardía.

Tras la elección de Trump, Mariela Gutiérrez, beneficiaria del DACA y residente de Los Ángeles, sintió un creciente pesimismo en cuanto a su futuro en Estados Unidos a pesar de haber concluido estudios universitarios y tener buenas oportunidades profesionales.

“Me harté de vivir como ciudadana de segunda, de vivir en intervalos de dos años, con la esperanza de que no eliminaran el DACA”, se lamentó Gutiérrez, a quien trajeron al país cuando era una bebé.

En 2019, decidió solicitar la residencia permanente en Canadá, y su trámite se aprobó en solo unos meses. Este año se mudó a Toronto, donde cursa estudios de Derecho.

“Mudarme a Canadá fue difícil, porque tenía mi vida en Los Ángeles, donde está mi familia y también mis amigos”, dijo. “Pero era la decisión más lógica”.



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