Diagnóstico Político

El legado del juicio político: un informe más completo de lo que sucedió el 6 de enero

2021-02-15

Pese a que Trump no fue condenado, el juicio político del Senado al menos ha tenido un...

Por Peter Baker y Sabrina Tavernise | The New York Times

La absoluta barbarie de la muchedumbre que asaltó el Capitolio fue pasmosa, según se puede ver por el inventario de lesiones infligidas a quienes intentaron proteger a los legisladores elegidos por el pueblo. Un oficial de policía perdió un ojo, otro, la punta de un dedo. Otro recibió tantas descargas con una pistola paralizante, que sufrió un ataque cardiaco.

Tuvieron costillas rotas, dos discos intervertebrales aplastados y múltiples conmociones cerebrales. Al menos 81 miembros de la policía del Capitolio y 65 miembros del Departamento de la Policía Metropolitana resultaron heridos, sin contar al oficial asesinado ese día o los otros dos que después se suicidaron. Algunos oficiales lo calificaron como algo peor de lo que vivieron cuando estaban combatiendo en Irak.

Además, en medio de todo esto, el entonces presidente Donald Trump sirvió de inspiración, si no es que de catalizador. Incluso cuando, con anterioridad, habló en un mitin, se pudo escuchar en un video que sus partidarios le respondían gritando: “¡Tomemos el Capitolio!”. Luego quisieron llamar al presidente a la Casa Blanca para informarle lo que habían hecho. Y al menos uno de sus partidarios leyó con un megáfono uno de los tuits iracundos del presidente para agitar a la multitud.

Pese a que Trump no fue condenado, el juicio político del Senado al menos ha tenido un propósito: recopilar el informe más completo y estremecedor, hasta la fecha, del mortal ataque al Capitolio para garantizar que el nombre del expresidente sea relacionado de manera irremediable con la tentativa violenta de perturbar la transferencia pacífica del poder, la primera en la historia de Estados Unidos. El proceso resultó revelador para muchos estadounidenses, e incluso para muchos que vivieron los acontecimientos, por los detalles que salieron a la luz y la conexión de los hechos, minuto a minuto.

Los invasores, algunos con equipo táctico de tipo militar, otros con bates de béisbol o astas de bandera o escudos que le quitaron a la policía, estuvieron a pocos pasos del vicepresidente y los miembros del Congreso. Hubo un combate físico casi de tipo medieval, captado por las imágenes de las cámaras corporales y las voces de pánico de los agentes que pedían ayuda tal como registraron las cintas de la policía. En las semanas previas al 6 de enero, los medios dieron señales de la violencia que se avecinaba con más claridad de lo que muchos legisladores habían entendido.

“Hasta que no nos preparamos para este juicio, no conocía el alcance de muchos de estos hechos”, dijo el sábado a los senadores la representante Madeleine Dean, demócrata por Pensilvania y una de las gestoras del juicio político. “Fui testigo del horror, pero no lo sabía. No sabía cuán deliberada era la planificación del presidente, cómo había invertido en ella, cuántas veces incitó a sus partidarios con estas mentiras, con qué cuidado y constancia les incitó a la violencia el 6 de enero”.

A pesar de la impactante narrativa de ese día y de las semanas previas que se presentó en el Senado, lo que también resulta insólito es cuántas preguntas quedaron sin respuesta sobre temas como el financiamiento y la dirigencia de la turba, el grado de coordinación con grupos extremistas, el fracaso de la seguridad y la incapacidad de varias instancias del gobierno para escuchar las advertencias de los servicios de inteligencia sobre los hechos de violencia que se anticiparon.

También, y muy en especial queda pendiente saber más sobre lo que el presidente estuvo haciendo durante las horas en que el Capitolio estaba siendo saqueado, punto en el que muchos senadores republicanos indecisos trataron de centrarse mediante preguntas a la fiscalía y a la defensa y que por un momento trastornó el juicio el sábado.

Los gestores de la Cámara de Representantes pudieron presentar una declaración de la congresista republicana por Washington Jaime Herrera Beutler, quien describió lo que le dijeron sobre una llamada telefónica plagada de groserías que sostuvo con Trump en medio del ataque el representante republicano por California, Kevin McCarthy.

Herrera Beutler señaló que McCarthy, el líder republicano de la Cámara Baja, le había dicho que cuando, en esa llamada, le solicitó ayuda al presidente, parecía que Trump se aliaba con los alborotadores para que interrumpieran el conteo de votos del Colegio Electoral en el que se ratificaba su derrota. “Creo que estas personas están más molestas sobre las elecciones que tú”, le dijo Trump al líder de los republicanos en la Cámara de Representantes, según este relato.

El bando de Trump nunca ha proporcionado una versión definitiva y oficial sobre lo que el expresidente sabía ni sobre las medidas que tomó durante el ataque. Pero sus asesores, quienes hablaron con la condición de que se respetara su anonimato, han dicho a los reporteros que al principio estaba contento y no se preocupó porque sus partidarios hubieran interrumpido el conteo de votos, y que nunca se comunicó con el vicepresidente Mike Pence para verificar que estuviera ileso luego de que tuvo que ser evacuado de la Cámara del Senado.

Al rechazar las peticiones de sus aliados republicanos como McCarthy para detener el ataque de manera explícita, ese día Trump mandó un mensaje contradictorio, en el que apoyaba a los alborotadores y respaldaba su causa y al mismo tiempo hacía un llamado a la paz y les decía que se fueran a casa. Aunque uno de sus abogados le dijo al Senado el viernes que “en ningún momento” le informaron a Trump que el vicepresidente estaba en peligro, eso contradecía una llamada telefónica descrita por el senador republicano por Alabama, Tommy Tuberville.

Pese a los relatos contradictorios y en ocasiones fragmentados, la Cámara Baja decidió continuar con el proceso y el juicio político sin realizar una investigación ni convocar testigos, debido a su deseo de terminar de manera expedita el desacuerdo constitucional para que el presidente Joe Biden pudiera seguir adelante con su agenda.

Los gestores concluyeron que el expediente disponible era lo suficientemente concluyente como para llegar a un fallo, pero han reconocido que existen vacíos en su información. “Hay muchas cosas que todavía no sabemos sobre lo que sucedió ese día”, reconoció en un momento de las exposiciones el representante demócrata por Texas, Joaquin Castro.

El equipo de la defensa de Trump ha intentado usar eso contra los gestores mediante el argumento de que irresponsablemente se basaron en reportes noticiosos sin verificar y en las publicaciones de las redes sociales. “Los gestores de la Cámara Baja no hicieron ninguna investigación”, afirmó Michael T. van der Veen, uno de los abogados del expresidente. “El pueblo estadounidense no se merece que vengamos aquí sin pruebas, con rumores sobre rumores y habladurías encima de informes sobre los rumores”.

Sin embargo, evidentemente, los abogados de Trump no investigaron mucho sobre su cliente, si acaso lo hicieron, ya que no fueron capaces de responder a las preguntas específicas de los senadores acerca de lo que el presidente supo e hizo durante los disturbios. Además, Trump rechazó una invitación de los gestores de la Cámara Baja para que testificara y aclarara cualquier confusión.

Aun así, las exposiciones de los cinco días, aunque incompletas, aclararon y encuadraron los acontecimientos del 6 de enero. Los gestores presentaron imágenes de las cámaras de seguridad del Capitolio y grabaciones de la operadora de la policía inéditas y reunieron una enorme cantidad de videos y fotografías publicadas en redes sociales y otros relatos de reporteros, oficiales de la policía, alborotadores, congresistas y sus colaboradores.

Algunos de los senadores apenas se enteraron de cuán cerca de ellos llegaron los atacantes. El senador republicano por Utah, Mitt Romney, no se había dado cuenta sino hasta que se mostró la cinta en el pleno del Senado de que el oficial que impidió que corriera directo a los agitadores ese día fue el oficial Eugene Goodman, quien se hizo famoso por enfrentar completamente solo a la creciente turba.

“Obviamente, fue muy preocupante ver la gran violencia a la que fueron sometidos nuestra Policía del Capitolio y otros”, dijo Romney a los periodistas. “Te desgarra el corazón y te hace llorar. Fue abrumadoramente angustioso y emocional”.

Tras el receso del juicio, Romney buscó al agente Goodman para darle las gracias y escuchar el relato del propio agente sobre la jornada, durante la cual inhaló spray para osos y gas lacrimógeno mientras intentaba alejar a la multitud de los legisladores que estaban en la cámara.

Entre los detalles nuevos tal vez los más contundentes fueron las grabaciones en audio y video de otros oficiales de la policía que intentaron proteger al Capitolio, sin lograrlo. La comunicación por radio se volvía cada vez más desesperada y, mientras en el fondo se oía un gran alboroto, se escuchó a un oficial decir: “Hemos sido burlados y hemos perdido la comunicación”. Otro decía: “Nos están lanzando tubos de metal”. Los atacaron con un aerosol para alejar a los osos y con una especie de petardos. A un oficial lo arrastraron por un tramo de las escaleras; a otro lo golpearon después de caer al suelo.

Los gestores también documentaron la gran envergadura de la profanación del edificio en sí. Un trabajador tuvo que quitar excremento de la pared. Otro tuvo que limpiar sangre. Y lo que algunas personas recuerdan más vívidamente son los sonidos de ese día: los trancazos en la puerta del edificio, el estruendo cuando destrozaron un cristal, los susurros del personal cuando se ocultaba de la multitud. “Jamás olvidaré ese sonido de las ventanas al ser destrozadas”, dijo un colaborador del Congreso en una grabación de audio que fue citada.

El Senado tuvo que decidir hasta qué punto se puede culpar a Trump del ataque violento documentado con tanto lujo de detalle. El equipo de la defensa criticó a los gestores de la Cámara Baja que procesaban el caso por atizar al jurado de senadores con un “video manipulado” que, según los defensores, solo probaba que los alborotadores cometieron un delito, no que el expresidente lo haya hecho.

Pero incluso entonces, la exposición de los gestores hizo comprender de una manera contundente hasta qué grado los agitadores pensaban que estaban actuando en representación de Trump o incluso siguiendo sus instrucciones, sin importar si él lo sabía. En un video hecho por ellos mismos, uno de los atacantes hasta tomó un teléfono en una de las oficinas invadidas del Capitolio y, riéndose, dijo que llamaría al presidente para informarle lo que habían hecho.

“¡Llamemos a Trump, sí!”, gritó el hombre. “Amigo, amigo, vamos a decirle a Trump lo que pasa”. Cuando un compatriota sugirió que Trump se disgustaría, el primer hombre no estuvo de acuerdo. “No, solo di que lo queremos. ‘¡Te queremos, amigo!’ Estará feliz… ¿Qué quieres decir? ¡Estamos peleando por Trump!”.

En una fascinante yuxtaposición del mensaje emitido y la forma en que fue recibido, los directivos mostraron un video tomado desde el punto de vista de la multitud mientras Trump se dirigía a sus partidarios en un mitin en la Elipse poco antes de que marcharan al Capitolio y asediaran el edificio.

Cuando Trump declaró que debían “recuperar nuestro país” y “mostrar fuerza”, algunos en la parte posterior de la multitud, presumiblemente fuera de su alcance, comenzaron a gritar: “Asaltemos el Capitolio”, “Invadamos el edificio del Capitolio” y “¡Tomemos el Capitolio!”. Trump continuó diciendo que cuando se dirigieran al Capitolio, deberían “hacer oír sus voces pacífica y patrióticamente”, pero la palabra “pacíficamente” claramente no caló en la multitud y se vio abrumada por las muchas veces que dijo que debían “luchar” o “luchar como demonios”.

Otro video reproducido por Castro mostraba a un simpatizante de Trump en el Capitolio que utilizaba un megáfono para leer a la multitud un tuit del presidente en el que atacaba a Pence por su falta de “coraje”, lo que enfureció a la multitud. Algunos de los alborotadores de ese día buscaron al vicepresidente en el Capitolio, coreando “¡Colguemos a Mike Pence!” incluso mientras se levantaba una horca en el exterior.

No obstante, lo que en verdad impactó a los senadores, sobre todo a unos cuantos republicanos dispuestos a condenarlo, es lo que Trump hizo, o no hizo, después. Pese a la petición súplica de McCarthy, de otros aliados, de asesores fundamentales y de su hija, Ivanka Trump, el presidente se concentró aún más en alentar su intento de obstruir las elecciones que en acudir al auxilio de su vicepresidente y del Congreso.

Según los gestores de la Cámara de Representantes, cuando llamó a Tuberville, no fue para ver si podía ayudar, sino para reiterar sus objeciones al proceso de votación de las elecciones.

Tuberville, uno de los aliados más firmes del expresidente, les dijo a los reporteros que no disponía de mucho tiempo porque la turba se acercaba. “Señor presidente, ya han evacuado al vicepresidente”, recuerda haber dicho. “Quieren que deje el teléfono. Tengo que colgar”.



Jamileth