Salud

Luego de la crisis de la COVID-19, India enfrenta la epidemia de un ‘hongo negro’

2021-06-24

La pandemia de coronavirus ha marcado divisiones profundas entre las naciones ricas y las pobres, y...

Por Emily Schmall | The New York Times

AHMEDABAD, India — En el sofocante y hacinado pabellón médico del Hospital Civil, la especialista en enfermedades de oído, nariz y garganta se movía con rapidez de una cama a otra y alumbraba con una linterna la boca de un paciente, mientras examinaba la radiografía de otro.

La especialista, Bela Prajapati, supervisa el tratamiento de casi 400 pacientes con mucormicosis, una enfermedad fúngica poco común y a menudo mortal que ha surgido en toda India a raíz de la pandemia de coronavirus. Con poca preparación para la devastadora segunda ola de COVID-19 que se presentó esta primavera, muchos hospitales de India tomaron medidas desesperadas para salvar vidas, pero eso permitió el surgimiento de otra enfermedad letal.

“La pandemia ha provocado una epidemia”, afirmó Prajapati.

En tres semanas, el número de casos de la enfermedad —conocida con el nombre erróneo de “hongo negro”, debido a que se encuentra en tejido muerto— se disparó a más de 30,000 en comparación con niveles previos insignificantes. Los estados han registrado más de 2100 muertes, según los informes noticiosos. El Ministerio de Salud del país en Nueva Delhi, que está monitoreando los casos a nivel nacional para distribuir los fármacos antifúngicos que son escasos y costosos, no ha publicado una cifra oficial de víctimas.

La pandemia de coronavirus ha marcado divisiones profundas entre las naciones ricas y las pobres, y la epidemia de mucormicosis en India es tan solo la manifestación más reciente de eso. Durante la segunda ola, que afectó a India en abril, en su sistema de salud frágil y mal financiado hicieron falta camas, oxígeno y otras necesidades conforme las infecciones y las muertes subían como la espuma.

La epidemia de mucormicosis le añade aún más urgencia a la difícil tarea de proteger a la población de 1400 millones de personas de India. Solo una pequeña fracción se ha vacunado contra la COVID-19, y siguen siendo vulnerables a una tercera ola y las consecuencias que podría acarrear.

“La mucormicosis irá disminuyendo y volverá a una cifra mínima a medida que bajen los casos de covid”, aseveró Dileep Mavalankar, epidemiólogo. “Pero podría volver en la tercera ola a menos que descubramos por qué está ocurriendo”.

Muchos médicos en India creen conocer la razón. El hongo devorador de hueso y tejido puede atacar el tracto gastrointestinal, los pulmones, la piel y los senos nasales, donde suele extenderse a la cavidad ocular y al cerebro, si no se atiende. El tratamiento para la enfermedad implica operaciones complejas y a menudo desfigurantes, y un medicamento costoso y difícil de encontrar, lo cual contribuye a una tasa de letalidad de más del 50 por ciento.

La mucormicosis no se transmite de una persona a otra. Se desarrolla a partir de esporas comunes que a veces se acumulan en casas y hospitales. Los médicos creen que los hospitales abarrotados de India y su extrema escasez de oxígeno medicinal le dieron entrada al hongo.

Sin suficiente oxígeno para todo el mundo, en muchos lugares, los médicos inyectaron esteroides a los pacientes, un tratamiento estándar para los equipos médicos que combaten la covid a nivel global. Estos pueden reducir la inflamación en los pulmones y ayudar a que los pacientes con covid respiren con mayor facilidad.

Muchos médicos recetan esteroides en cantidades y por periodos que exceden por mucho las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, según dijo Arunaloke Chakrabarti, microbiólogo y coautor de un estudio que examina las causas del brote de mucormicosis en India. Es posible que esos esteroides hayan comprometido los sistemas inmunitarios de los pacientes con COVID-19 y, por tanto, los hayan hecho más susceptibles a las esporas fúngicas.

También es posible que los esteroides hayan aumentado el azúcar en la sangre a niveles peligrosos, lo cual dejó a las personas diabéticas más vulnerables a la mucormicosis. También podrían incrementar las probabilidades de formación de coágulos, lo cual podría derivar en tejido desnutrido, que el “hongo ataca”, explicó Prajapati.

Es probable que los médicos desesperados no hayan tenido oportunidad de preguntarles a los pacientes si tenían diabetes u otros padecimientos antes de recurrir al tratamiento con esteroides.

“Los médicos apenas tuvieron tiempo de realizar el control habitual de pacientes”, dijo Chakrabarti. “Todos estaban concentrados en atender el tracto respiratorio”.

Según el Ministerio de Salud, alrededor de cuatro de cada cinco pacientes con mucormicosis han tenido COVID-19. Más de la mitad tiene diabetes.

Alok Kumar Chaudry, un ingeniero de 30 años con cinta quirúrgica sobre el ojo izquierdo y conectado a una vía intravenosa en el Hospital Civil, es uno de los enfermos de mucormicosis que primero se contagió de covid.

En abril estaba estudiando para el examen de la administración pública de India, en Nueva Delhi, cuando se produjo la segunda oleada. Tras dar positivo en la prueba del coronavirus, y ante la escasez de camas de hospital, fármacos y oxígeno, se subió a un tren para ir a casa de su hermano mayor en la zona rural de Guyarat. Allí, sus niveles de oxígeno cayeron en picada hasta un potencialmente letal 54 por ciento.

Tras dos semanas con oxígeno y esteroides en un hospital local se recuperó de la COVID-19, pero desarrolló un dolor de cabeza agudo en el lado izquierdo del cerebro. Los médicos pensaron que podía ser un efecto temporal de los esteroides.

“De repente, la visión de mi ojo izquierdo se quedó en blanco”, dijo Chaudry.

Una resonancia magnética mostró que había mucormicosis. Los médicos dijeron que tendrían que extirparle el ojo.

Acudió al Hospital Civil de Ahmedabad para pedir una segunda opinión. Cinco especialistas supervisaron una intervención quirúrgica que consistió en raspar el tejido muerto del tracto sinusal. Para eliminar los restos de la infección, recibió un tratamiento de 15 días de anfotericina B, un medicamento antimicótico.

Chakrabarti dijo que si Chaudry conserva el ojo puede perder la vida, ya que los cirujanos no podrían eliminar la fina capa de infección que hay detrás del ojo sin extirparlo.

“He perdido la visión en mi ojo izquierdo, mis estudios se han visto afectados”, dijo Chaudry. “Definitivamente quiero saber por qué se ha formado eso. Si fue por un tratamiento defectuoso, entonces alguien es responsable. Si es la ira de Dios, ¿qué puedo hacer?”.

El estudio que Chakrabarti coescribió, y que fue publicado este mes por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, mencionaba que el uso intensivo de esteroides, la correlación con la diabetes y las condiciones de insalubridad contribuyeron al escenario actual.

Incluso antes de la pandemia, India registraba unos 50 casos de mucormicosis al año, en comparación con un solo caso cada dos años, en promedio, en Estados Unidos y Europa occidental. Las condiciones ambientales también tienen que ver, al igual que la incidencia de diabetes: en India más del doble de personas padecen esta enfermedad en comparación con Estados Unidos.

Por lo general, en India la mucormicosis aqueja a personas diabéticas que, o no saben que están enfermas o no toman su insulina de manera adecuada. Sin embargo, en el brote actual, muchos pacientes no tenían antecedentes de diabetes. El común denominador fue una infección de COVID-19 tratada con esteroides, según afirman médicos clínicos e investigadores.

En mayo, el gobierno en Ahmedabad, en Guyarat, declaró que la mucormicosis era una epidemia. Otros estados han seguido su ejemplo. Para los pacientes, la diferencia entre la vida y la muerte suele depender de la rapidez con la que se sometan a una cirugía de desbridamiento que elimine el hongo para luego comenzar un tratamiento de dos semanas con anfotericina B.

El primer ministro Narendra Modi, quien es originario de Guyarat, describió la enfermedad fúngica como un nuevo “desafío” y dijo que era “importante crear sistemas para combatirla”.

India produce pequeños suministros de anfotericina B, que se puede obtener de manera gratuita en algunos hospitales públicos. No obstante, los proveedores son limitados, por lo que India está importando el fármaco de Estados Unidos, donde cuesta alrededor de 300 dólares por vial. Cada paciente necesita de 60 a 100 viales. Gilead Sciences, el fabricante estadounidense, ha donado unos 200,000 viales.

Los médicos están recurriendo a medicamentos menos costosos que son igual de eficaces, pero más tóxicos, ya que podrían dañar los riñones.

“Es una elección muy dolorosa”, dijo Atul Patel, especialista en enfermedades infecciosas del hospital privado Sterling de Ahmedabad, quien ha tratado a decenas de pacientes de mucormicosis durante el brote.

Patel, otro de los autores del estudio, dijo que los esteroides, que en India se suelen recetar para dolencias rutinarias como la diarrea o la fiebre, se habían administrado a pacientes de COVID-19 con infecciones leves que no los necesitaban.

Ese fue el caso de una de las pacientes de Patel, Ambaben Heerabhai Patel, de 60 años, matriarca de una familia de agricultores de la zona rural de Guyarat, que paga unos 700 dólares al día por el tratamiento antimicótico y otros servicios en Sterling.

Es un costo elevado, pero la señora Patel había acudido al doctor Patel —sin parentesco— por problemas de salud previos relacionados con su diabetes. Después de infecciones consecutivas de COVID-19 y luego de mucormicosis, no quería correr ningún riesgo.

Patel, que llegó al hospital el 17 de mayo con un intenso dolor de cabeza y entumecimiento facial, dijo a principios de junio desde su habitación privada en el Hospital Sterling que se sentía sana por primera vez en más de un mes.

Del doctor Patel, dijo, “es como mi dios”.



Jamileth