Miscelánea Humana

¿Hay un futuro sin la covid?

2021-08-06

La mayoría de los asistentes a las fiestas estaban vacunados y se les dijo que la vacuna era...

Ezra Klein | The New York Times

La semana pasada escribí sobre las medidas que podríamos tomar para persuadir a los no vacunados de poner el brazo y recibir el pinchazo. Esta semana quiero explicar el otro lado de esa cuestión: ¿Cuánto peligro representa la variante delta para los vacunados? En particular, ¿cómo se compara con la influenza estacional?

Seré honesto respecto a mis motivos. Quiero saber si hay un desenlace a la vista. En San Francisco, donde vivo, el 70 por ciento de los residentes están completamente vacunados y el 76 por ciento están parcialmente vacunados. Este es el tipo de cifras que, alguna vez nos dijeron, nos llevarían a la inmunidad de rebaño. Ahora la esperanza de la inmunidad comunitaria parece haberse esfumado e incluso en San Francisco estamos usando cubrebocas de manera generalizada en interiores. Estoy exhausto, frustrado y todos por aquí están igual. ¿Y si el futuro fuera la eterna bofetada de una proteína de espiga?

No es posible vivir una vida al máximo con total seguridad. Hay tanto que nos pone en peligro. Así que solo parte de la respuesta aquí será en torno al riesgo absoluto que el coronavirus representa para la comunidad. El resto depende del nivel de riesgo con el que las comunidades están dispuestas a convivir. Lo que me lleva a la influenza.

Según los cálculos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, por su sigla en inglés) las influenzas estacionales afectan a entre nueve y 45 millones de estadounidenses cada año, dependiendo del año. Y mandan al hospital a entre 140,000 y 810,000 de nosotros. Matan a entre 12,000 y 61,000 personas, sobre todo infantes y ancianos. Si la vacunación hace que el coronavirus se convierta en una amenaza de la gravedad de la influenza, eso no significa que seamos inmunes a la enfermedad o incluso a la muerte. Significa que nos deja en un riesgo que aceptamos de manera rutinaria.

Esta es la buena noticia: hasta ahora, si eres un adulto vacunado con dos dosis de una vacuna de ARNm como la Pfizer o la de Moderna, la mayoría de los expertos con los que hablé creen que la variante delta no tiene más posibilidades de matarte o mandarte al hospital que la influenza. (La vacuna Johnson & Johnson es otra historia y aunque en esta columna no doy consejos médicos, todos los médicos con los que hablé me dijeron que se pondrían una dosis de ARNm si solo estuvieran protegidos por la Johnson & Johnson, y el Hospital General de San Francisco lo ha dicho oficialmente, así que eso es lo que yo hice).

“Si eres una persona con esquema completo de vacunación en Estados Unidos, tu riesgo de que te suceda algo malo a causa de la covid es tan terrible o menor que durante una temporada normal de influenza”, dijo Ashish Jha, decano de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Brown.

Celine Gounder, especialista en enfermedades infecciosas del Centro Hospitalario Bellevue de Nueva York, coincidió. “Si estás vacunado y te da covid, tu riesgo de morir es menor que si simplemente andas por ahí y te da la influenza y no tienes la vacuna de la influenza, lo cual desafortunadamente es el caso de muchas personas”, me dijo.

Esto incluso es evidente en el estudio de caso que nos lanzó al pánico actual. La pequeña ciudad de Provincetown, Massachusetts es anfitriona de fiestas gays épicas que duran semanas y durante la del 4 de julio alrededor de 60,000 personas empezaron a reunirse ahí. Las discotecas y los restaurantes estuvieron llenos, el contacto entre los vacunado y los no vacunados fue cercano y constante; la lluvia llevó a la gente adentro y pocos llevaban cubrebocas. Si el coronavirus pudiera planear fiestas, este es el tipo de fiestas que planearía.

Los juerguistas vacunados no estaban siendo irresponsables. La mayoría de los asistentes a las fiestas estaban vacunados y se les dijo que la vacuna era abrumadoramente protectora contra el contagio. Y eso era verdad si se trata de las variantes anteriores del coronavirus. Pero delta es capaz de generar aproximadamente 1000 veces la misma carga viral de su antecesora y las fiestas en interiores fueron un perfecto caldo de cultivo. “Fue una circunstancia excepcional en una ubicación excepcional”, escribió Ingu Yun, un médico que estuvo presente en las festividades y analizó los datos de las consecuencias.

Pero de los casi 1000 casos que pudieron rastrearse hasta las fiestas de Provincetown para finales de julio, solo se registraron siete hospitalizaciones y ninguna muerte. “Las cifras de Provincetown me dicen que las vacunas están funcionando”, concluyó Yun.

Todo esto para decir: los datos que tenemos sugieren que las vacunas pueden convertir a la variante delta en un malestar del nivel de la influenza, o incluso algo mejor, en términos del riesgo de hospitalización y muertes. Existe cierta preocupación de que la delta sea modestamente peor para los niños que la cepa original, pero el riesgo absoluto para los niños pequeños aún es bastante bajo, y el mejor protector para ellos son los adultos vacunados. La gran interrogante acá es la posibilidad de contraer covid prolongado y otras consecuencias persistentes. Pero vale la pena notar que lo mismo sucede con la influenza. Varios padecimientos crónicos parecen tener su origen en la reacción del cuerpo ante las infecciones virales.

“¿Deseo que a alguien le dé covid prolongado? No”, me dijo Gounder. “¿Quiero contraer covid prolongado? No. Sin embargo, corremos el riesgo en nuestra vida cotidiana de contraer algunas de estas infecciones virales que para la mayoría de las personas son bastante moderadas pero que rara vez son capaces de generar algo como el síndrome de fatiga crónica o una enfermedad autoinmune, pero ese es un riesgo que podemos tolerar”.

Todo esto me hizo sentir un poco mejor. Y entonces hablé con Bob Wachter.

Wachter preside el departamento de medicina de la Universidad de California en San Francisco. Básicamente dijo esto: los números no son estables. Le preocupa que la inmunidad que obtuvieron las personas que se contagiaron anteriormente de coronavirus esté disminuyendo más rápidamente de lo que esperábamos. Y cree que lo mismo ocurre con la inmunidad que proviene de las vacunas. “Creo que la mejor estimación ahora es que las vacunas comienzan a perder algo de eficacia después de seis meses y su respuesta inmunológica también pierde algo de chispa”, me dijo.

Por eso es que Wachter apoya el mandato de llevar cubrebocas en San Francisco. En su opinión, no solo los no vacunados se benefician de esta medida. Es posible que algunas personas vacunadas, en particular las personas mayores que se vacunaron al principio, necesiten pronto una vacuna de refuerzo. “Dos dosis de las vacunas brindaron una gran cantidad de protección inmunológica a una persona sana, pero no tanto para una persona de 75 años”, me dijo Wachter. “La inmunidad de ellos solo necesita disminuir una cantidad modesta antes de cruzar la curva, antes de que sean susceptibles a una infección más grave”.

Si eso es cierto, sugiere un futuro en el que incluso en los lugares con alto nivel de vacunación será una lucha continua entre la inmunidad que ofrecen las vacunas, un virus siempre mutante y la velocidad de campañas de inmunización de refuerzo. Wachter lo expresó secamente: “no es una trivialidad darle refuerzo a 200 millones de personas”. Lo peor es que, gran parte del resto de Estados Unidos, incluso gran parte del resto del mundo, no se ha vacunado todavía. Esto le da al virus amplísima oportunidad de evolucionar. La variante delta no es de ningún modo la última forma que podría adquirir el coronavirus.

La perspectiva más optimista vino de Jha. Él piensa que en lugares altamente vacunados, veremos a la variante delta chocar contra un muro de vacunación, y las hospitalizaciones y muertes no sucederán tras registrarse casos como sí ha sucedido en el pasado. “Incluso en los estados altamente vacunados, las personas no vacunadas se agrupan”, me dijo. “Entonces se verá el aumento inicial, pero una vez que ese grupo comience a chocar con la inmunidad, no podrá sostenerse por sí mismo. Lo descubriremos en las próximas semanas en lugares como San Francisco y Boston”. Si eso sucede, también será un poderoso argumento para la vacunación en las partes del país que se han quedado rezagadas y que verán cómo el virus atraviesa sus comunidades incluso cuando más áreas vacunadas se salvan en gran medida.

Otro argumento a favor del optimismo llega del Reino Unido, que vio un repunte de casos delta y luego misteriosamente se apagó. “Los datos del Reino Unido son los más tranquilizadores que hay y me sentiría mejor si tuviéramos pistas de lo sucedido”, me dijo Wachter.

Yo también. Pero la incertidumbre es una buena razón para ser cautos. Empecé la semana inquieto por el regreso de las mascarillas y deprimido ante la posibilidad de que las vacunas hubieran empezado a fallar. Ahora estoy convencido de que revivir el requisito de usar cubrebocas tiene sentido y me alegra lo bien que han funcionado las vacunas. También me preocupa si seguirán protegiendo. Desearía poder decirte que sabemos cómo terminará esto incluso para los vacunados, pero no puedo.

Pero digamos que los datos salen como espero y que las vacunas pueden convertir el coronavirus en una simple amenaza parecida a la gripe. Es probable que el miedo persista, especialmente en comunidades como la mía, que se han vuelto reacias al riesgo tanto por cuestiones de salud pública como de identidad política.

“Me es difícil imaginar que la gente dirá: ‘bueno, voy a volver a la normalidad porque la influenza mata de 30 a 40,000 personas al año y en esas estamos con la covid”, me dijo Wachter. “El resfriado es un ruido ambiental para la mayoría de las personas y es difícil imaginar que esto se convierta en un ruido ambiental. Al menos en el futuro previsible, se siente como si cada tropiezo o evento sorprendente o congresista contagiado o persona en su lecho de muerte que dice ‘Ojalá me hubiera vacunado’ se convertirá en una noticia o en un fenómeno de redes sociales”.

Tengo la sospecha de que nos dirigimos hacia una sociedad de dos estratos (o tal vez a una sociedad de muchos estratos) construida no solo sobre el riesgo que representa el coronavirus para la población local, sino sobre la sensibilidad a ese riesgo. En un lugar como San Francisco, el riesgo absoluto es relativamente bajo, en parte porque la sensibilidad de la población al riesgo de coronavirus es bastante alta. Cualquier cosa nos motivará a volver a imponer restricciones cuando aumenten los casos. En Texas y Florida, donde la política es más parecida a un enfoque de vivir libre y morir tosiendo, el riesgo absoluto es mayor precisamente porque la sensibilidad al riesgo es menor. Por lo tanto, es posible que aquí no haya un desenlace, solo una gestión constante de los riesgos que enfrentamos y estamos dispuestos a asumir.



aranza