Detrás del Muro

‘Pobre gente inocente’: un alguacil lidia con el aumento de muertes en la frontera

2021-08-27

A medida que la cantidad de migrantes que cruzan la frontera con México ha aumentado este...

Por Simon Romero | The New York Times

VAN HORN, Texas — Al igual que muchos otros alguaciles del oeste de Texas, Oscar E. Carrillo porta un arma, conduce una camioneta y usa un sombrero de vaquero.

Pero su equipo más nuevo, una carretilla para cadáveres, es lo que está haciendo que se cuestione si debería seguir siendo un agente de la ley.

“Es para que ya no tengamos que transportar los restos a mano”, explicó Carrillo, de 56 años, mientras describía la lista de migrantes muertos que ha encontrado durante sus turnos. “Solía pedir cosas normales como chalecos antibalas”, dijo. “Ahora lo que más pido son bolsas para cadáveres”.

A medida que la cantidad de migrantes que cruzan la frontera con México ha aumentado este año (en el que los encuentros alcanzaron niveles que no se habían visto en más de dos décadas), también lo ha hecho la cantidad de cadáveres encontrados por los agentes de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos. Hasta julio, la Patrulla Fronteriza había encontrado 383 migrantes muertos, la cifra más alta en casi una década, y que ya supera con creces los 253 cuerpos recuperados durante el año fiscal anterior.

No existe un sistema para rastrear las muertes de los migrantes, por lo que algunos cadáveres tardan años en ser descubiertos. Además, la cifra de la Patrulla Fronteriza no incluye las docenas de cuerpos encontrados por otras agencias del orden público, como las oficinas de los alguaciles locales.

Por ejemplo, Carrillo ha encontrado 19 cadáveres de migrantes en lo que va de año. Muchas de esas personas fallecieron por el sofocante calor del verano, lo que ha sido un gran incremento en comparación con los dos que encontró el año pasado. Carrillo maneja estos casos, además de combatir delitos cotidianos como el abigeato y entradas forzadas a residencias, con apenas 10 subcomisarios en el condado de Culberson, una extensión poblada de terrenos montañosos dispersos, montes bajos y médanos de arena de aproximadamente tres veces y media el tamaño de Rhode Island.

Algunos líderes políticos, como el gobernador Greg Abbott, alegan que el número de personas que están haciendo el peligroso viaje de cruzar la frontera aumentó después de que el presidente Joe Biden atenuara la hostilidad que mostró su predecesor hacia los migrantes de América Latina.

Otros responsabilizan a las bandas de narcotraficantes y al hambre que se vive en Centroamérica o al clima extremo generado por el cambio climático. Aunque estos factores están interrelacionados, el condado de Culbertson lidia con otro elemento: el muro fronterizo.

El proyecto insignia del gobierno de Donald Trump ha hecho que algunos migrantes tengan que cruzar la frontera por zonas excepcionalmente inhóspitas donde no hay muro, como algunos tramos remotos alrededor del condado de Culberson.

Carrillo, quien tiene 21 años en su cargo, dijo que intenta evitar todas las controversias políticas en torno a la inmigración.

“Tengo un trabajo que hacer”, dijo el alguacil, que creció en El Paso, durante una entrevista realizada en su totalidad en espanglish, el idioma híbrido que predomina en gran parte de la frontera. Carrillo solía trabajar en los campos petroleros de Texas antes de la caída de los precios del petróleo en la década de 1980.

“Empecé a pensar que necesitaba trabajar en algo que siempre fuera necesario”, dijo, “como la aplicación de la ley o el trabajo funerario”.

Ahora que la cifra de muertos ha aumentado, Carrillo se ha percatado de que está haciendo un poco de ambas cosas.

La mayoría de los migrantes provienen de tres países centroamericanos: Guatemala, Honduras y El Salvador, aunque el alguacil también ha encontrado recientemente cuerpos de ecuatorianos y mexicanos.

A diferencia de los que solicitan asilo en otros lugares, los que realizan el viaje furtivo por esta parte del oeste de Texas reciben el nombre de “Los Título 42”, así los llaman los oficiales del orden público apostados a lo largo de la frontera. El término hace referencia a una política de la era Trump que permite que las autoridades hagan deportaciones rápidas durante la pandemia del coronavirus. Aunque Biden prometió durante meses que iba a eliminar el Título 42, hace poco anunció que lo mantendrá en vigor debido al incremento de casos a nivel nacional por culpa de la contagiosa variante delta.

Tras ser enviados a México, muchos migrantes simplemente prueban su suerte de nuevo, a veces en lugares remotos del desierto de Chihuahua. Más de 200,000 migrantes fueron detenidos a lo largo de la frontera en julio, un aumento del 13 por ciento con respecto al mes anterior y el segundo número más alto registrado, según cifras de la Patrulla Fronteriza. De los migrantes en custodia el mes pasado, el 27 por ciento ya habían sido detenidos previamente.

Las muertes de migrantes, una espantosa realidad desde hace décadas, están aumentando en varios tramos de la frontera.

En Arizona, se encontraron los restos de 127 migrantes durante el primer semestre de este año, un incremento en comparación con los 96 que fueron hallados en el mismo periodo de 2020, según Humane Borders, una organización de derechos humanos que documenta este tipo de muertes mediante la utilización de datos de la oficina del médico forense del condado de Pima en Tucson.

En el Valle del Río Grande, en el sur de Texas, se encontraron 69 cuerpos de migrantes entre octubre y julio, en comparación con 57 durante el mismo periodo del año anterior, según cifras de la Patrulla Fronteriza. El sector de Del Río, en Texas, tuvo un incremento mayor: pasó de 34 cadáveres a 71.

En la parte de la frontera donde trabaja Carrillo, algunos fallecen de insolación o deshidratación tras ser abandonados por los contrabandistas que guían a grupos de personas que cruzan la frontera.

Sin embargo, el alguacil explicó que hay muchas formas de morir en el desierto.

En un caso a finales de julio, Carrillo recibió una llamada alrededor de las 3 de la mañana. Una migrante ecuatoriana murió tras ser arrollada por un tráiler cuando intentaba cruzar la Interestatal 10, una vía cercana a la cabecera del condado de Van Horn.

Solo se recuperaron dientes y algunas pocas partes del cuerpo, dijo, mientras revisaba las fotografías del horrendo accidente. “No quedó más nada”, agregó.

En otro caso macabro, Carrillo fue llamado a una zona con un tanque de agua vacío en un rancho ganadero, donde encontró a un migrante que se había ahorcado en un árbol de mezquite.

“Caminó todo esto solo para encontrar el tanque vacío”, dijo el alguacil. “¿Qué estaría pasando por su mente en ese momento?”.

Ese tipo de preguntas parecían atormentar a Carrillo mientras miraba fijamente la pila de sobres manila sobre su escritorio. Cada sobre, dijo, incluía detalles de algún migrante que había fallecido en su condado este año.

El condado de Culberson, como otras jurisdicciones de los alrededores de Texas, no puede costear su propio médico forense. Por ende, el Departamento del Alguacil lleva los cuerpos a El Paso, a unos 257 kilómetros al oeste, donde los funcionarios cobran alrededor de 3500 dólares por cada autopsia.

Al mismo tiempo, la cárcel de Carrillo está tan repleta de contrabandistas que ha tenido que empezar a rechazar a los que les entregan las patrullas estatales o el personal de la Guardia Nacional que son parte de la iniciativa de represión migratoria de Abbott.

“Cuando alguien aparece con un criminal, no lo acepto”, dijo Carrillo. “Ya no tenemos camas disponibles”.

Rechazar criminales no es lo que Carrillo tenía en mente cuando se incorporó al trabajo policial. Carrillo proyecta una imagen de hacer cumplir la ley y el orden, reforzada por algunas fotografías en su repisa en las que aparece junto a republicanos de Texas como Abbott y Rick Perry, el exsecretario de Energía y exgobernador.

Pero Carrillo, un demócrata en un condado predominantemente hispano donde el presidente Biden lideró las elecciones de 2020, también es conocido por ocupar puestos que pueden convertirlo en un caso atípico.

En 2017, el alguacil Carrillo fue criticado por los conservadores cuando el presidente Donald Trump llegó a la conclusión de que un agente de la Patrulla Fronteriza había sido asesinado después de ser encontrado con heridas en la cabeza en un tramo de la Interestatal 10.

“Tenían esa narrativa de que los ‘bad hombres’ cruzaron la frontera y atacaron a nuestra policía, y eso no es lo que sucedió”, dijo el alguacil, citando evidencia de que el agente había caído al fondo de una alcantarilla.

Después de que los agentes del FBI entrevistaron a más de 650 personas y no encontraron evidencia de un homicidio, la presión sobre el alguacil disminuyó. Este año fue nombrado miembro de la junta de la Asociación de Alguaciles de Texas, una distinción en una organización donde los hispanos, a punto de posicionarse como el grupo étnico más grande del estado, siguen estando muy subrepresentados.

Carrillo afirma que muchos de sus homólogos, especialmente los de los condados del interior de Texas, sentían curiosidad por saber cómo era la frontera en estos días. Dijo que trató de no endulzar sus respuestas.

“Todos estos cuerpos merecen una investigación”, dijo el alguacil, calificando a los migrantes muertos como “esta pobre gente inocente”.

Sin embargo, el alguacil reconoció que el creciente número de personas fallecidas abrumaba a los departamentos pequeños como el suyo, y que lidiar con tantas muertes hace que piense en la jubilación.

Su teléfono sigue sonando con llamadas sobre cadáveres. Una semana, es un ranchero revisando sus líneas de agua, la siguiente son los cazadores de borregos cimarrones que ven un cadáver.

“Ya no soy un hombre joven”, dijo. “No tenía idea de que íbamos a ser bombardeados con esta crisis”.

El alguacil dijo que sabía que su objetivo de lograr que los contrabandistas pagaran por sus acciones seguía fuera de su alcance. Mientras tanto, espera proporcionarles a las familias de los migrantes fallecidos algún tipo de cierre.

Muchos de los restos no están identificados, por lo que publica detalles de algunos casos en su página personal de Facebook. Personas de toda América Latina lo contactan, desesperadas por obtener información sobre sus seres queridos.

En uno de los casos, una mujer en California le preguntó si había encontrado el cuerpo de su hermano que tenía un tatuaje de un búho en la pierna y a menudo usaba una gorra de los Medias Blancas de Chicago. Con esa información, el alguacil pudo confirmar que los restos de un migrante encontrado en junio eran los de un hombre de 28 años proveniente del estado mexicano de Veracruz y que era el hermano de esa mujer.

“Pudimos devolverle el cuerpo a la familia”, dijo el alguacil. “Al menos pudimos hacer eso por ellos”.

En su escritorio, cerca de los sobres de manila que contienen información sobre los cuerpos que transporta en la nueva camilla del departamento, se encuentra otra pila de documentos: peticiones de ayuda de los consulados de los países centroamericanos para encontrar a los migrantes que desaparecieron mientras cruzaban la frontera.

“Estas personas están ahí afuera, en alguna parte”, dijo. “Espero que algún día los encontremos”.



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