Tras Bambalinas

Una pareja de espías del Kremlin, una sospechosa misión a Moscú y agitación en Cataluña

2021-09-06

Para Rusia, la vinculación con los separatistas iba en línea con la estrategia del...

Por Michael Schwirtz y José Bautista | The New York Times

BARCELONA— En la primavera de 2019, un emisario de un alto líder del movimiento separatista de Cataluña viajó a Moscú en busca de un salvavidas político.

El movimiento de independencia de Cataluña, la región semiautónoma en el noreste de España, había sido en gran parte derrotado tras un referéndum independentista dos años atrás. La Unión Europea y Estados Unidos, que apoyaban los esfuerzos de España para mantener al país intacto, habían rechazado los pedidos de ayuda de los separatistas.

En Rusia, sin embargo, una puerta se abría.

En Moscú, el emisario, Josep Lluis Alay, un alto consejero del expresidente catalán autoexiliado Carles Puigdemont, se reunió con funcionarios rusos, con exagentes de inteligencia y con el nieto de un espía de la KGB, un hombre muy bien conectado. La meta era garantizar la ayuda rusa para lograr la separación de Cataluña del resto de España, según un reporte de inteligencia europeo que The New York Times pudo revisar.

Al preguntarles sobre los hallazgos del informe, tanto Alay como Puigdemont confirmaron los viajes a Moscú, que nunca antes se han reportado, pero insistieron en que formaban parte de un esfuerzo regular de vinculación con funcionarios extranjeros y periodistas. Alay dijo que cualquier insinuación de que buscaba apoyo ruso era “una ‘historia fantasiosa’ creada por Madrid”.

Sin embargo, otros documentos confidenciales indican que Rusia era una preocupación central entre Alay y Puigdemont.

Para Rusia, la vinculación con los separatistas iba en línea con la estrategia del presidente Vladimir Putin para intentar promover alteraciones en Occidente al apoyar movimientos políticos divisivos. En Italia, grabaciones secretas de audio revelaron un complot ruso para financiar a escondidas a la Liga, un partido de ultraderecha. En Reino Unido, una investigación del Times divulgó conversaciones entre figuras marginales de la extrema derecha para abrir cuentas bancarias en Moscú. Y en España, los rusos también han ofrecido asistencia a partidos de extrema derecha, según el informe de inteligencia.

Haya sido que Alay lo supiera o no, muchos de los funcionarios con los que se reunió en Moscú están involucrados en lo que se ha conocido como la guerra híbrida del Kremlin contra Occidente. Se trata de una estrategia de varias capas que emplea propaganda y desinformación, financiamiento secreto y movimientos políticos desestabilizadores, ataques informáticos y fugas de información (como en la elección presidencial de 2016) y “medidas activas” como asesinatos a sueldo para erosionar la estabilidad de los adversarios de Moscú.

No está claro qué tipo de ayuda ha provisto el Kremlin a los separatistas catalanes, ni si ha brindado algún apoyo. Pero tras los viajes de Alay a Moscú en 2019 rápidamente surgió un sigiloso grupo de protesta, Tsunami Democràtic, que interrumpió la operación del aeropuerto de Barcelona y bloqueó una autopista importante que une a España con el norte de Europa. Un reporte confidencial de la Guardia Civil española, que el Times obtuvo, afirmaba que Alay estuvo involucrado en la creación de ese grupo.

Una transcripción secreta de mensajes de texto de 700 páginas de extensión muestra el esfuerzo coordinado por Alay y otras personas del círculo de Puigdemont para cultivar lazos con rusos vinculados a la comunidad de inteligencia del país.

“Estoy pensando mucho en el tema Rusia”, le escribió Alay por mensaje de texto a Puigdemont el 23 de agosto del año pasado. “Y estos días está todo muy muy complicado”.

Los primeros rumores de la participación rusa en Cataluña surgieron poco después de que el gobierno de Puigdemont realizó el referéndum independentista en octubre de 2017. El referéndum fue ganado por los separatistas de manera abrumadora; los votantes antiseparatistas en su mayoría boicotearon el proceso. Las autoridades españolas lo declararon ilegal y encarcelaron a los líderes políticos que no se marcharon al exterior.

Más adelante, las autoridades españolas determinaron que agentes de un grupo militar especializado de inteligencia rusa llamado Unidad 29155, que ha sido relacionado con intentos de golpes de Estado y asesinatos en Europa, estuvieron en Cataluña alrededor del momento del referéndum, pero España no ha presentado evidencia de que hayan tenido un papel activo.

Muchos líderes catalanes independentistas han acusado a las autoridades en Madrid de emplear al fantasma de la interferencia rusa para mancillar lo que describieron como un movimiento de base de ciudadanos comunes y corrientes. El referéndum contaba con el apoyo de una coalición débil de tres partidos políticos que se disolvió rápidamente debido a los desacuerdos en materia de ideología y estrategia. Incluso cuando algunos partidos impulsaban un acuerdo negociado con Madrid, Puigdemont, un experiodista con un melena al estilo de los Beatles, ha evitado ese tipo de compromisos.

Al preguntársele sobre el acercamiento ruso, el actual gobierno catalán de Pere Aragonès se distanció de Puigdemont.

“Esos viajes a Moscú no se realizaron en nombre del Gobierno catalán y se llevaron a cabo sin el conocimiento de Pere Aragonès”, dijo Sergi Sabrià, vocero de Aragonès. “Estas personas ni siquiera forman parte del partido del presidente, el cual no tiene conocimiento de las agendas de otros partidos”.

Para reconstruir los contactos con Rusia, el Times ha recurrido al reporte europeo de inteligencia, que consta de 10 páginas y cuyo contenido esencial fue corroborado por dos oficiales españoles; a los expedientes de dos investigaciones confidenciales y diferentes realizadas por magistrados en Barcelona y Madrid, que incluyen la transcripción de los mensajes de texto pero no han resultado en cargos relacionados con las reuniones de Moscú; así como a entrevistas con políticos y activistas independentistas en Cataluña, además de funcionarios de seguridad en España y el extranjero.

El reporte de inteligencia de junio de 2020 afirma que Alay, junto con el empresario ruso Alexander Dmitrenko, buscó asistencia técnica y financiera de Rusia para la creación de sectores bancario, energético y de telecomunicaciones separados de España. El par, junto con el abogado de Puigdemont, Gonzalo Boye, también consultó a un líder de un violento grupo criminal ruso , como parte de un intento por establecer un conducto secreto de dinero para financiar sus actividades, dice el reporte.

Los mensajes de texto, extraídos del teléfono de Alay en octubre de 2020 durante un breve arresto, ayudaron a corroborar partes del reporte de inteligencia.

“Estamos trabajando para The Americans”, dijo Alay en un momento, en alusión al programa televisivo de la cadena FX sobre funcionarios de la KGB que trabajan en Estados Unidos de forma encubierta.

No era broma. Dos de sus principales contactos en Rusia, según el reporte de inteligencia, eran un equipo de esposos agentes de inteligencia cuya historia ayudó a inspirar la serie.

‘Buenas noticias desde Moscú’

El movimiento independentista catalán había estado acumulando impulso durante una década pero para 2019 había caído en la desorganización.

Nueve líderes del movimiento estaban en la cárcel y pronto recibirían largas sentencias por su papel en el referéndum. (Este verano todos fueron indultados). Otros huyeron de España, entre ellos Puigdemont, que vive en Bélgica y ahora es miembro del Parlamento Europeo, aunque se ha quejado del “silencio de las principales instituciones europeas”.

La Unión Europea declaró ilegal el referéndum de independencia catalán. La postura rusa, en cambio, fue más equívoca. El presidente Vladimir Putin describió el avance del separatismo catalán como lo que Europa merecía por haber apoyado los movimientos de independencia de Europa Oriental después de la caída de la Unión Soviética.

“Hubo un momento en que recibieron el colapso de toda una serie de gobiernos en Europa sin esconder su alegría”, dijo Putin. “Siempre hablamos de dobles estándares. Ahí los tienen”.

En marzo de 2019, Alay viajó a Moscú, a pocas semanas de que los líderes del movimiento independentista catalán fueran a juicio. Tres meses después, Alay volvió a ir.

En Rusia, según el reporte de inteligencia, Alay y Dmitrenko se reunieron con varios oficiales de inteligencia en activo, así como con Oleg V. Syromolotov, un exdirector de contrainteligencia del Servicio de Seguridad Federal, la agencia nacional de inteligencia rusa, que ahora supervisa el contraterrorismo como viceministro en el ministerio de Exteriores de Rusia.

Alay negó haberse reunido con Syromolotov y los funcionarios, pero reconoció que se vio con Yevgeny Primakov, nieto de un famoso espía de la KGB, para conseguir una entrevista con Puigdemont en un programa de temas internacionales que conducía en la televisión del Kremlin. El año pasado, Putin designó a Primakov como director de una oficina cultural que, según funcionarios europeos de seguridad, a menudo sirve como pantalla de operaciones de inteligencia.

“Buenas noticias desde Moscú”, escribió más tarde Alay a Puigdemont en un mensaje de texto en el que le informaba del nombramiento de Primakov. En otro intercambio, Dmitrenko le decía a Alay que el ascenso de Primakov “lo pone en una muy buena posición para activar las cosas entre nosotros”.

Alay también confirmó que se había reunido con Andrei Bezrukov, un exfuncionario condecorado del servicio de inteligencia extranjera de Rusia. Durante más de una década, Bezrukov y su esposa, Yelena Vavilova, fueron operadores encubiertos que vivían en Estados Unidos con los nombres clave de Donald Heathfield y Tracey Foley.

Fue la historia de su espionaje, detención y eventual regreso a Rusia en un intercambio de espías lo que inspiró la serie de televisión The Americans. Alay parece haberse vuelto cercano a la pareja. En colaboración con Dmitrenko, pasó unos tres meses en el otoño de 2020 trabajando en una traducción al catalán de la novela autobiográfica de Vavilova, titulada La mujer que sabe guardar secretos, según su correspondencia encriptada.

Alay, que también es profesor universitario y escritor, dice que Bezrukov, quien ahora enseña en una universidad de Moscú, lo invitó a dar dos conferencias.

En cada uno de los viajes, Alay estuvo acompañado por Dmitrenko, un empresario ruso de 33 años casado con una mujer catalana. Dmitrenko no respondió a pedidos de comentario. Pero las autoridades españolas lo han monitoreado y en 2019 rechazaron una petición suya de ciudadanía debido a sus contactos rusos, según una decisión del Ministerio de Justicia español que el Times revisó.

La decisión decía que Dmitrenko “recibe misiones” de los servicios de inteligencia rusa y que también “realiza distintas labores” para líderes del crimen organizado ruso.

Un tsunami político

Unos pocos meses después de los viajes de Alay a Moscú, estallaron las protestas en Cataluña.

Un grupo que se hacía llamar Tsunami Democràtic ocupó las oficinas de uno de los bancos más grandes de España, cerró una autopista entre Francia y España durante dos días y organizó una toma del aeropuerto dee Barcelona obligando a cancelar más de cien vuelos.

Los orígenes del grupo siguen siendo poco claros, pero uno de los expedientes confidenciales de la policía decía que Alay acudió a una reunión en Ginebra, donde él y otros activistas independentistas ultimaron los planes para dar a conocer Tsunami Democràtic.

Tres días después de la ocupación del aeropuerto de Barcelona, dos rusos volaron de Moscú a Barcelona, la capital de Cataluña, según registros de vuelo obtenidos por el Times.

Uno de ellos era Sergei Sumin, identificado en el reporte de inteligencia como un coronel del Servicio Federal de Protección de Rusia, una agencia que supervisa la seguridad de Putin y no se sabe que lleve a cabo operaciones en el extranjero.

El otro era Artyom Lukoyanov, hijo adoptivo de un alto consejero de Putin, uno que estaba profundamente involucrado en los esfuerzos rusos de apoyo a los separatistas de Ucrania oriental.

Según el reporte de inteligencia, Alay y Dmitrenko se reunieron con los dos hombres en Barcelona para una sesión de estrategia para discutir el movimiento de independencia, aunque el documento no ofrece otros detalles.

Alay negó cualquier vínculo con Tsunami Democràtic. Confirmó que se había reunido con Sumin y Lukoyanov a pedido de Dmitrenko, pero solo para “saludarles educadamente”.

Incluso al debilitarse las protestas, los aliados de Puigdemont siguieron ocupados. Su abogado, Boye, voló a Moscú en febrero de 2020 para reunirse con Vasily Khristoforov, a quien las agencias de la justicia occidentales describen como una figura veterana del crimen organizado ruso. Según el reporte, el objetivo era captar a Khristoforov para que ayudara a establecer un canal de financiamiento secreto para el movimiento de independencia.

En una entrevista, Boye reconoció haberse reunido en Moscú con Khristoforov, quien es buscado en varios países, entre ellos España, como sospechoso de crímenes financieros. Pero dijo que solo habían discutido asuntos relacionados con los casos judiciales de Khristoforov.

Hacia fines de 2020, los mensajes de texto de Alay revelan un afán por mantener contentos a sus contactos rusos. En intercambios con Puigdemont y Boye, decía que debían evitar cualquier declaración pública que pudiera molestar a Moscú, sobre todo en relación con las protestas a favor de la democracia en Bielorrusia que Rusia ayudaba a dispersar con violencia.

Puigdemont no siempre seguía el consejo, al presentarse en Bruselas junto a la oposición bielorrusa y tuitear su apoyo a los manifestantes, lo que ocasionó que Boye enviara un mensaje de texto a Alay diciendo “tendremos que decirle a los rusos que esto es solo para despistar”.



Jamileth