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‘Prosperidad compartida’: el plan de China para que los millonarios compartan sus riquezas

2021-09-08

Según Xi, el Partido Comunista buscará una “prosperidad compartida”, para...

Por Chris Buckley, Alexandra Stevenson y Cao Li  | The New York Times

Hace cuatro décadas, Deng Xiaoping declaró que, en su carrera hacia el crecimiento, China iba a “dejar que algunas personas se enriquezcan primero”. Ahora, Xi Jinping les ha advertido a los magnates de China que llegó el momento de compartir más riqueza con el resto del país.

Según Xi, el Partido Comunista buscará una “prosperidad compartida”, para lo cual presionará a negocios y empresarios con el fin de que ayuden a reducir la inflexible brecha de riqueza que podría ser un lastre para el ascenso del país y mermaría la confianza pública en sus líderes. Los partidarios dicen que la próxima fase del crecimiento de China exige ese cambio.

“Una China poderosa también debería ser justa y equitativa”, mencionó en un correo electrónico Yao Yang, profesor de Economía en la Universidad de Pekín que apoya el cambio en las prioridades gubernamentales. “China es uno de los peores países en términos de redistribución, a pesar de ser un país socialista. El gasto público se concentra demasiado en las ciudades, las escuelas de la élite, etcétera”.

Las autoridades están prometiendo que la educación, las viviendas y la atención médica serán menos costosas y que habrá una disponibilidad más uniforme de servicios fuera de las grandes ciudades. También prometen un aumento en los ingresos de los trabajadores, con lo cual ayudarán a garantizar que más personas asciendan a la clase media. La campaña de “prosperidad compartida” ha convergido con una serie de medidas estrictas en contra de los gigantes tecnológicos del país para contener su dominio. Frente al escrutinio, algunos de los multimillonarios más ricos de China, entre ellos Jack Ma, prometieron que donarán miles de millones de dólares a organizaciones de beneficencia.

Los compromisos respaldan la perspectiva, que obtuvo el apoyo de Xi en una reunión celebrada el mes pasado, de que China cuenta con la prosperidad suficiente como para acercarse al antiguo ideal del Partido Comunista de la repartición de la riqueza. Para Xi, está en juego la autoridad a largo plazo del Partido Comunista.

Ahora que el crecimiento económico se está moderando, muchos jóvenes chinos sienten que está disminuyendo la movilidad ascendente. Los empleos profesionales bien pagados pueden ser difíciles de encontrar. Los trabajadores del sector tecnológico se quejan de las largas y agotadoras jornadas laborales. Las familias sienten que no pueden darse el lujo de tener más hijos, lo cual se suma a una crisis demográfica amenazadora. Por ahora, Xi enfrenta poca oposición pero, a largo plazo, eso podría cambiar si se acumula ese tipo de agravios.

“Lograr la prosperidad compartida no solo es un asunto económico; es un importante tema político que se relaciona con la fundación del partido para gobernar”, les comentó Xi a las autoridades en enero. “No podemos permitir que parezca un abismo infranqueable entre los ricos y los pobres”.

El partido está ansioso por demostrar que está escuchando las quejas mientras Xi se prepara para un probable tercer periodo como secretario general del partido a inicios del próximo año. Xi quiere mantener a raya las dudas sobre su derecho a otro periodo con el argumento de que el partido puede generar progreso social, mientras que rivales como Estados Unidos están estancados en la desigualdad, comentó Christopher Johnson, exanalista de política china para el gobierno estadounidense.

“Aunque no haya una oposición que lo vaya a detener, Xi debe entregar resultados”, mencionó Johnson, actual presidente de la consultoría China Strategies Group. “Xi considera que hacer algo por la desigualdad de ingresos y la brecha de la riqueza en China es vital en su lucha por los discursos globales contra Estados Unidos y Occidente en general”.

Para los líderes chinos, el nuevo énfasis también aborda necesidades económicas. El uno por ciento más rico del país ahora posee casi el 31 por ciento de la riqueza de la nación, de acuerdo con el Instituto de Investigación de Credit Suisse, en comparación con el 21 por ciento en 2000 (el uno por ciento más rico de Estados Unidos posee alrededor del 35 por ciento, según el estudio). Según el Partido Comunista, repartir la riqueza de un modo más uniforme hará que más chinos tengan el poder adquisitivo que permite impulsar la economía y reducir la dependencia del país en cuanto al capital y el conocimiento de Occidente, con lo que se crearán las bases de una nueva etapa de crecimiento.

A pesar de que el partido tiene un poder enorme, algunos de los cambios que se están discutiendo pueden tocar fibras sensibles. Una verdadera prueba del compromiso de Xi para reducir la desigualdad económica sería que el gobierno estuviera dispuesto a proponer impuestos a la propiedad y a las herencias de los ricos. Medidas de ese tipo serían desafiantes porque muchos miembros de las élites tienen vínculos con el poder, además podría generar insatisfacción entre los chinos que compraron una casa como su principal vehículo de inversión.

El alcance del impulso que Xi le está dando a una sociedad más igualitaria está en discusión. Muchos funcionarios han pedido cambios graduales y buscan tranquilizar a los empresarios asegurando que sus fortunas, legítimamente adquiridas, están a salvo. Sin embargo, los comentarios que piden la reorganización de la riqueza se han compartido ampliamente durante las últimas semanas en los medios de comunicación manejados por el Partido Comunista, lo que sugiere cierto apoyo para las medidas de mayor alcance.

“Esta transformación limpiará todo el polvo y los mercados de capitales ya no serán una guarida para que los capitalistas hagan fortunas de la noche a la mañana”, decía un comentario en línea que compartió Xinhua, la principal agencia de noticias. “Esta es una transformación política”.

Mao Zedong utilizó la frase “prosperidad compartida” en la década de 1950, durante las primeras etapas del esfuerzo por llevar a China hacia la colectivización socialista que culminó en el desastroso “Gran salto adelante” al comunismo. En los años ochenta, Deng declaró que China debía permitir que algunas personas se enriquecieran primero para levantar la economía, pero la “prosperidad compartida” era el objetivo final a largo plazo.

Xi también ha intentado no exaltar las expectativas de una transformación inmediata. Después de declarar el año pasado que China había erradicado la pobreza rural extrema, el mandatario ha señalado que el país debe tener un “progreso sustancial” a fin de lograr la “prosperidad compartida” en 2035.

Una de las primeras pruebas de las ambiciones de Xi será en Zhejiang, una provincia en la costa este de China que el mandatario eligió para establecer zonas de demostración de la “prosperidad compartida”. Hace poco, el gobierno de Zhejiang publicó un plan de 52 puntos en el que propone los objetivos generales para lograr esa prosperidad.

Para 2025, el ingreso disponible promedio por persona en Zhejiang debe rondar 11,500 dólares, de acuerdo con el plan, un incremento del 40 por ciento en comparación con los niveles actuales. La provincia podría promover contratos colectivos para que los empleados tengan un mayor peso en las negociaciones salariales, comentó Li Shi en un artículo recién publicado en un periódico nacional (Li Shi es profesor de Economía en la Universidad de Zhejiang, al este de China, y ha asesorado a las autoridades sobre los planes). El académico comentó que la provincia también podría promover políticas para darles a los trabajadores parte de las utilidades de las empresas.

La brecha de ingresos es demasiado evidente para algunos residentes de la capital de Zhejiang, Hangzhou, la cual alguna vez fue un remanso pintoresco y ahora es el hogar de autos de lujo, tiendas de moda y apartamentos de alta gama.

“Hay mucha presión sobre la clase media”, opinó Nancy Sun, programadora de software en Hangzhou, cuya familia en Zhejiang vende cemento. Sun se estaba preparando para casarse y tal vez tener dos hijos, comentó, pero le atemorizaban los costos de las viviendas y la educación. Frente a una población que está envejeciendo a gran velocidad, el gobierno ha comenzado a alentar a todas las parejas para que tengan tres hijos después de décadas de rigurosos límites para que solo tuvieran uno pero, como a muchas mujeres jóvenes, a Sun no le interesa eso.

“No, las presiones económicas son muy grandes”, comentó. “Tienes que mantener, al menos, a cuatro ancianos y a dos o tres chicos”.

Zhejiang quiere reducir el costo del cuidado infantil y la vivienda para ayudar a residentes como Sun. El plan también exige que se regulen los “ingresos excesivos” y que se amplíe la caridad, mientras intenta mostrar que la visión de Xi sobre compartir la riqueza no afectará los negocios privados.

Zhejiang, donde el presidente Xi se desempeñó como jefe provincial del partido durante cuatro años a partir de 2002, es el hogar de algunas de las empresas privadas más exitosas de China, entre ellas Alibaba, el gigante de las compras en línea. Uno de cada seis de los multimillonarios del país proviene de allí, según Hurun Report, una firma que monitorea las fortunas en China.

Las empresas y los empresarios chinos se han apresurado a demostrar que están alineados con la meta del gobierno. Ma, cofundador de Alibaba y una de las personas más ricas de China, dijo en su primera aparición pública en enero, después de meses de escrutinio de sus negocios, que era “responsabilidad y deber” de los empresarios luchar por la “prosperidad compartida”. La semana pasada, Alibaba anunció que invertirá 15,500 millones de dólares en proyectos para compartir la riqueza, y que contemplan la atención médica rural y el seguro para los trabajadores de reparto.

Tencent, la compañía de Internet más grande del país, también dijo que destinará 15,500 millones de dólares para programas de ayuda social. Wang Xing, el multimillonario fundador de Meituan, una aplicación de entrega de alimentos que ha sido objeto de una investigación antimonopolio, transfirió más de 2000 millones de dólares de sus acciones a su fundación filantrópica.

Muchas de estas empresas han sentido la presión de la regulación antimonopolio. El gobierno también prohibió casi todos los servicios de tutoría privada, que Pekín describió como un aumento del costo de la educación, una medida que borró decenas de miles de millones de dólares del valor de las acciones de las empresas de tutoría.

Las medidas han desconcertado a algunos inversores, que temen una mayor intervención estatal.

“Aunque China, como Estados Unidos, enfrenta el desafío de una desigualdad que va creciendo, atacar a los emprendedores del país no parece ser el enfoque adecuado”, dijo Fred Hu, fundador y presidente de Primavera Capital Group en Hong Kong. “Podría conducir, de manera no intencional, a otro tipo de ‘igualdad’, al hacer que la población de China sea igualmente pobre”.

El profesor Li de la Universidad de Zhejiang y otros asesores han alentado al gobierno para que implemente un impuesto a la propiedad para las viviendas de mayor precio, algo que se ha discutido y aplazado durante mucho tiempo. Sin embargo, es probable que los funcionarios actúen con cautela debido al riesgo de que se opongan los residentes urbanos más adinerados, que a menudo son propietarios de varias casas.

Los funcionarios y asesores también han dicho que no desean ni un estado de bienestar al estilo europeo ni un igualitarismo como el de la era de Mao. Dicen que se inclinan por crear una sociedad “en forma de aceituna” con una gran clase media y pocas personas en los extremos de la riqueza o la pobreza.

“Que las personas ricas tengan un mayor papel no es un asunto de robarles a los ricos para ayudar a los pobres”, dijo Li en una entrevista telefónica. Los cambios deberían ser mesurados y constantes, dijo. “Todas las áreas deben cuidarse de quedar divorciadas de la realidad”.

Incluso en zonas relativamente pudientes, algunas personas consideran que ya llegó la hora de repartir el gasto público de un modo más uniforme y que haya una mayor disponibilidad de escuelas y camas de hospitales fuera de las grandes ciudades con privilegios.

“Los mejores doctores están concentrados en Shanghái y Pekín”, mencionó Yuan Jiameng, quien es originaria de Zhejiang, pero trabaja en Pekín, y hace poco buscó tratamiento para su padre por un padecimiento estomacal.

Para Yuan, la noción de la “prosperidad compartida” sigue siendo distante. “En la vida real, no utilizamos mucho esas palabras”, agregó.



Jamileth