Entre la Espada y la Pared

La guerra de Afganistán: diario de un fotógrafo desde 2001

2021-10-07

En 2001, Bagram era una antigua base soviética derruida que finalmente se convirtió...

Tyler Hicks, David Zucchino, The New York Times

Un fotógrafo retrató por dos décadas a la nación, desde poco después del inicio de la invasión hasta un tiempo antes de la abrupta retirada de Estados Unidos.

Tyler Hicks, un fotógrafo de The New York Times, llegó a Afganistán a finales de 2001 —poco después de que los ataques aéreos estadounidenses del 7 de octubre iniciaran la invasión—, y una de las primeras cosas que presenció fue la ejecución de un combatiente talibán herido. La escena lo conmocionó y trastocó todo lo que creía saber sobre la guerra y la Alianza del Norte, los combatientes alineados con Estados Unidos que fueron sus guías, protectores, y que asesinaron al talibán.

Fue un episodio fugaz en medio de una rápida serie de eventos que se desarrollaron cuando Hicks acompañó a los miembros de la Alianza del Norte que expulsaron a los talibanes de Kabul, con la ayuda de los ataques aéreos estadounidenses y las fuerzas de Operaciones Especiales.

Durante las dos décadas siguientes, Hicks regresó a Afganistán más de 30 veces y logró hacer una crónica de casi todos los capítulos de la guerra que se prolongó durante casi 20 años. Fotografió a las tropas estadounidenses en la batalla, las muertes de civiles afganos en los bombardeos de los talibanes, las disputadas elecciones afganas, las estudiantes que asistían a clases y las luchas de las personas afganas para sobrevivir a la violencia, el hambre y un conflicto que parecía interminable e imposible de resolver.

Una guerra que comenzó como una misión para castigar a Al Qaeda por los ataques terroristas del 11 de septiembre se convirtió en una lucha agotadora contra la insurgencia talibán, en medio de un esfuerzo de construcción de nación que intentó transformar a ese país patriarcal que estaba empobrecido y agobiado por décadas de conflictos bélicos. Hicks regresó a Afganistán por las intensas relaciones personales que formó con las personas con las que trabajaba y por la belleza del país. Se involucró con la nación y el conflicto, y estaba decidido a seguir esa historia adonde lo llevara.

Un recuerdo particularmente doloroso fue presenciar la muerte de un soldado estadounidense en 2009, en el valle de Korengal, en el este de Afganistán. El efectivo estaba patrullando frente a Hicks cuando fue abatido por una bomba que los talibanes activaron en la carretera durante una emboscada. Después les envió las fotos del soldado a sus familiares, y la madrastra del militar le dijo que le alegraba mucho que hubiera sobrevivido y salido ileso del ataque.

En julio hizo su proyecto más reciente en Afganistán, y cerró un ciclo. Estuvo cerca de la base aérea de Bagram, donde fotografió a los miembros de la Alianza del Norte cuando ejecutaron al combatiente talibán casi 20 años antes.

En 2001, Bagram era una antigua base soviética derruida que finalmente se convirtió en la base aérea estadounidense más grande en Afganistán.

En julio volvió a ser abandonada, esta vez por las fuerzas estadounidenses, cuyo último vuelo partió durante una noche después de que se interrumpió el suministro eléctrico y las instalaciones quedaron llenas de los escombros de las misiones de combate. Hicks caminó por la base mientras tomaba fotografías y, ocasionalmente, se encontraba con algún soldado del gobierno afgano que todavía estaba impresionado por la abrupta retirada estadounidense.

Las fotos de Bagram fueron las últimas que Hicks tomó antes de salir de Afganistán, justo antes de que los talibanes tomaran Kabul a mediados de agosto, poniendo fin a la guerra y a la costosa y conflictiva era estadounidense.



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