Reportajes

El misterio de la ‘gripe rusa’ y las claves que podría ofrecer para la pandemia

2022-02-17

Si el coronavirus actual se comporta más como una gripe, la inmunidad contra los virus...

Por Gina Kolata | The New York Times

En mayo de 1889, la gente que vivía en Bujará, una ciudad que en ese entonces formaba parte del Imperio ruso, comenzó a enfermar y a morir. El virus respiratorio que ocasionó esos fallecimientos es conocido como el virus de la gripe rusa. Arrasó en todo el mundo, saturó los hospitales y mató con particular violencia a los ancianos.

Las escuelas y las fábricas se vieron obligadas a cerrar porque se enfermaron muchísimos estudiantes y trabajadores. Algunas de las personas infectadas hablaban de un síntoma extraño: la pérdida del gusto y del olfato. Y algunas de las que se recuperaban reportaban un agotamiento incesante.

Después de al menos tres olas de contagios, la gripe rusa se terminó unos años más tarde.

Su patrón de infección y síntomas ha hecho que algunos virólogos e historiadores de la medicina se pregunten si quizás la gripe rusa fue una pandemia causada por un coronavirus y si su trayectoria podría darnos algunas pistas sobre cómo se desarrollará y llegará a su fin nuestra pandemia.

Algunas personas creen que, si el causante de la gripe rusa fue un coronavirus, quizás ese patógeno todavía ande por ahí y que sus descendientes sean alguno de los cuatro coronavirus causantes del resfriado común que circulan por el mundo. Si es así, sería diferente de las pandemias de gripe cuyos virus permanecen durante algún tiempo y luego, años después, son remplazados por nuevas variantes que provocan otra pandemia.

Si eso es lo que ocurrió con la gripe rusa, esto podría ser un buen augurio para nuestro futuro. Pero existe otro escenario. Si el coronavirus actual se comporta más como una gripe, la inmunidad contra los virus respiratorios es transitoria. Eso podría implicar que en el futuro la población tenga que vacunarse cada año contra la covid.

No obstante, algunos historiadores son cautelosos sobre la hipótesis de la gripe rusa.

“Existen muy pocos datos concretos, casi ninguno” sobre la pandemia de la gripe rusa, señaló Frank Snowden de la Universidad de Yale.

Sin embargo, tenemos una manera de resolver el misterio de la gripe rusa. En la actualidad, los biólogos moleculares cuentan con las herramientas para extraer fragmentos de virus viejos del tejido pulmonar preservado de las víctimas de la gripe rusa y averiguar qué tipo de virus fue.

En estos momentos, algunos investigadores están buscando ese tejido preservado en museos y escuelas de medicina donde tal vez haya frascos antiguos con muestras en líquido conservante y que todavía contengan fragmentos de pulmón.

La gripe rusa

Tom Ewing, del Instituto Politécnico y Universidad Estatal de Virginia, uno de los pocos historiadores que han estudiado la gripe rusa, no puede dejar de observar paralelos asombrosos con la pandemia actual del coronavirus: las instituciones y los lugares de trabajo cerraban porque había demasiadas personas enfermas, los médicos no se daban abasto con los pacientes y había olas de contagios.

“Yo diría que tal vez”, señaló Ewing cuando se le preguntó si la gripe rusa era un coronavirus.

Scott Podolsky, un profesor de salud mundial y medicina social en la Escuela de Medicina de Harvard, calificó esta idea como algo “verosímil”.

También, Arnold Monto, profesor de salud pública, epidemiología y salud global en la Universidad de Míchigan, la consideró “una especulación muy interesante”.

“Desde hace mucho tiempo nos hemos preguntado de dónde vino el coronavirus”, comentó Monto. “¿Ha habido alguna pandemia de coronavirus en el pasado?”.

Harald Brüssow, un microbiólogo suizo jubilado y editor de la revista científica Microbial Biotechnology, hace referencia a un artículo publicado en 2005 que concluye que otro coronavirus que circula hoy en día, conocido como OC43, el cual ocasiona fuertes resfriados, pudo haber pasado de las vacas a los humanos en 1890.

Hoy en día también circulan otros tres coronavirus menos virulentos. Tal vez uno de ellos, o el OC43, sea una variante que quedó de la pandemia de gripe rusa.

Aunque Brüssow reconoce que existen dudas, apostaría que la gripe rusa fue provocada por un coronavirus. Su trabajo, para el cual revisó artículos de revistas y periódicos viejos y en los informes de salud pública sobre la gripe rusa, reveló que algunos pacientes se habían quejado de la pérdida del olfato y del gusto y de síntomas parecidos a los de la covid prolongada.

Algunos historiadores especularon que quizás el letargo de fin de siglo característico de aquella época en realidad haya sido un estado de debilitamiento ocasionado por las secuelas de la gripe rusa.

Esos síntomas no son típicos de las pandemias de gripe.

Brüssow explica que, al parecer, la gripe rusa fue causante de la muerte de ancianos, en su mayoría, pero no de niños. Al analizar los registros de 1890 del Consejo Estatal de Salud de Connecticut, Ewing descubrió un patrón parecido. De ser cierto, el virus de 1890 sería diferente a los virus de la influenza, los cuales provocan la muerte tanto de personas muy jóvenes como la de gente muy mayor.

Pero los registros históricos no pueden responder fácilmente si es que la gripe rusa fue causada por un coronavirus.

Y Snowden, el experto de Yale, advirtió que cualquier lección que pudiera deducirse de esa pandemia para aplicarse a un mundo en el que el nuevo coronavirus ha trastocado a las sociedades sería “fantasía”.

Ahora, la idea de que la gripe rusa pudiera haber sido causada por un coronavirus sigue siendo especulación, dijo Peter Palese, investigador de la influenza y profesor de medicina en la Escuela Icahn de Medicina en Monte Sinaí en Nueva York. No hay nada, dijo que vincule claramente a la pandemia de la gripe rusa con un coronavirus y excluya a la influenza.

Pero para las personas que están buscando indicios sobre cómo podría terminar la pandemia actual de coronavirus, algunos creen que esas dos pandemias pasadas podrían ser una pista.

J. Alexander Navarro, un historiador de la Universidad de Míchigan, comentó que cuando disminuyó la pandemia de la gripe rusa, “la gente siguió con su vida muy rápido”. Lo mismo sucedió con la pandemia de la gripe de 1918. Los reportajes de los periódicos sobre ese suceso se disiparon. Y, según Navarro, “el duelo era casi por completo un asunto privado”.

“Sospecho que lo mismo sucederá ahora casi con seguridad”, aseveró Navarro.

“De hecho, creo que, de muchos modos, eso ya ha sucedido”.

Cuando las pandemias se esfuman

Muchas pandemias —al menos durante los últimos 100 años, y de las que se pueden conocer sus causas— han sido provocadas por virus respiratorios. Algunas excepciones recientes son el Zika y la chikunguña —viejos virus que portan los mosquitos— y el VIH, el cual se transmite al tener relaciones sexuales y compartir agujas.

En épocas antiguas y premodernas, el mundo ha sido aterrorizado por plagas de importancia, entre las más notables está la peste bubónica, la cual era propagada principalmente por las pulgas de las ratas y marcó el inicio de un periodo espantoso en el que murieron un sinnúmero de personas en Europa entre 1347 y 1352. Morían tantas personas que tenían que apilarse en fosas para ser enterradas.

Durante varios siglos, la peste bubónica volvió a presentarse en Europa después de su primera aparición. Pero la manera en que esa plaga terminó no ofrece muchas conclusiones relevantes para la pandemia actual.

Los investigadores tampoco han encontrado respuestas en sus estudios con animales. Durante décadas, han intentado determinar normas generales para predecir cómo avanzan las pandemias infectando a cientos de miles de ratones con diversos virus y bacterias, señaló George Davey Smith, profesor de epidemiología clínica en la Escuela de Medicina de Bristol, en Inglaterra. Año tras año se realizaron experimentos en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos y Australia. Todos buscaban maneras de predecir cuándo y cómo podría terminar una epidemia.

No encontraron ninguna.

“No pudieron predecir lo que ocurriría”, comentó Davey Smith.

Así que los investigadores que pretenden comprender cómo concluyen las pandemias por virus respiratorios nada más pueden estudiar la pandemia actual del coronavirus y la de la gripe.

Solo las pandemias de la gripe han terminado. Eso, según David Morens, investigador especialista en gripes y alto asesor del director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos, es una verdadera limitante cuando tratamos de entender la historia natural de las pandemias ocasionadas por enfermedades respiratorias.

“Nada más tenemos 104 años y cuatro eventos de pandemias a partir de los cuales podemos hacer predicciones”, explicó.

Las pandemias de gripe también son desconcertantes.

La primera de las cuatro pandemias de gripe de las cuales se conoce el virus causante comenzó en 1918. La pandemia disminuyó después de tres olas de contagios y de que el virus, conocido como H1N1, permaneció en circulación en una forma menos virulenta hasta 1957, cuando desapareció.

“Hasta donde sabíamos, en 1957, ese virus había desaparecido para siempre”, comentó Morens.

Luego surgió el H2N2, que era muy diferente al H1N1 y ocasionó una pandemia. Ese patrón se repitió con el H3N2 que apareció en 1968.

Pero en 1977, sucedió algo extraño. El H1N1 regresó después de haber desaparecido por dos décadas. Desde entonces, han estado en circulación ese y otro virus, el H3N2.

“Hasta 1977, nunca habíamos tenido dos subtipos que circularan al mismo tiempo”, explicó Monto. “No entendemos por qué un subtipo expulsó al otro y por qué esto no sucedió en 1977”.

También en 2009, el H1N1 que había vuelto a introducirse en la población humana en 1977 fue desplazado por una versión genéticamente distinta procedente de los cerdos y que provocó otra pandemia.

¿Pero por qué una nueva variante haría que la anterior desapareciera?

Según Morens, ese “es otro misterio”.

Por lo menos hay vacunas que sirven para la gripe, pero estas tienen que aplicarse todos los años porque la inmunidad disminuye. En un estudio realizado en Inglaterra con los coronavirus del resfriado común, los científicos descubrieron que la inmunidad derivada de las infecciones ocasionadas por estos virus también disminuye en un año.

“¿Tendríamos que vacunarnos contra la covid todos los años?” preguntó Jeffery Taubenberger, jefe del departamento de evolución y patogénesis viral del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas. “Hacia allá nos dirigimos”.

También está la pregunta de por qué la gripe rusa, y ahora la pandemia de covid, han producido olas de mortandad que aumenta y disminuye.

“No tenemos mucha idea, y esto se extiende a las olas que hemos estamos viendo durante los dos últimos años con covid”, señaló Morens. En la evolución de los virus no está la respuesta completa, añadió.

“Hasta donde sé, no hay explicaciones adecuadas sobre eso”.

En busca de muestras de gripe rusa

Los misterios sobre la evolución de los virus de influenza y las pandemias de gripe remiten al misterio de la gripe rusa y la hipótesis del coronavirus.

Algunos, como Navarro, el historiador de la Universidad de Míchigan, dijeron que la evidencia que respalda la “hipótesis interesante” de la gripe rusa, es “en el mejor de los casos circunstancial”.

Taubenberger predice que habrá mejor evidencia. Él y John Oxford, profesor emérito de virología en la Universidad de Londres, han buscado muestras de los virus de influenza o coronavirus en tejidos pulmonares antiguos de pacientes que hayan contraído enfermedades respiratorias antes de la gripe de 1918. Tenían la esperanza de hallarlos incrustados en los pequeños bloques de parafina, del tamaño de una uña meñique, que se encuentran en el Hospital Real de Londres, un lugar que posee tejidos de pacientes de alrededor de 1906.

“Tomamos muestras de cientos de tejidos”, dijo Taubenberger, y no hallaron virus. “Seguimos buscando”, dijo.

Sin embargo, comentó que espera que el renovado interés en la pandemia de 1890 ayude a encontrar tejido que contenga el virus de la gripe rusa –cualquiera que resulte ser—, y que tal vez se encuentre en el sótano de algún museo o facultad de medicina en algún rincón del mundo.

Hallar ese material, sin embargo, ha sido un desafío.

“La gente que dirige las instituciones donde podrían estar almacenados probablemente no tengan un modo de acceder a los registros correspondientes con facilidad”, dijo Taubenberger. “Paradójicamente, el análisis genético de estas muestras sería menos difícil que ubicarlas”.

Podolsky, el investigador de Harvard, y Dominic W. Hall, curador del Museo Anatómico Warren de Harvard, también están en busca de archivos de tejidos que pudieran contener tejidos pulmonares de esa época. Hall ha contactado a los encargados de las colecciones de muestras de tejidos.

El 10 de febrero habló con Anna Dhody, directora del instituto de investigación del Museo Mütter, una colección de especímenes anatómicos y artículos médicos históricos en Philadelphia. Ella cree que el almacén del museo podría ser útil.

El archivo contiene frascos de tejido de finales del siglo XIX, entre los cuales hay algunos pulmones enteros, todos flotando en un líquido amarillento claro, el alcohol que se usó como conservante.

Con el financiamiento y la tecnología adecuada, dice que investigadores externos podrían llegar a analizar las muestras.

El trabajo, indicó Dhody, “es tan urgente”.

“Es información de vida o muerte”.



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