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La FIFA renunció a su proyecto de una Copa del Mundo cada dos años, por ahora

2022-04-11

Se terminaron los esfuerzos divisorios para duplicar la frecuencia de la Copa del Mundo varonil,...

Por Tariq Panja | The New York Times

DOHA, Catar — El viernes, dando grandes zancadas y junto al emir de Catar, Gianni Infantino se dirigió hacia las luces brillantes de un centro de convenciones a reventar y declaró que esperaba que el Mundial de este año fuera el mejor de la historia. No fue un alarde inusual: Infantino lo ha hecho antes, en Rusia en 2018, y sin duda lo volverá a hacer cuando el torneo se celebre en Norteamérica en 2026. Sin embargo, detrás de su sonrisa radiante y sus palabras grandilocuentes, el viaje al desierto había sido el escenario de la última decepción del presidente de la FIFA.

Fue aquí donde por fin se ahogó otra de las esperanzas de Infantino de lograr un cambio revolucionario, el tipo de plan audaz, pero a la postre infructuoso que ha marcado su presidencia del órgano rector del fútbol mundial. Se terminaron los esfuerzos divisorios para duplicar la frecuencia de la Copa del Mundo varonil, para ordeñar la vaca multimillonaria de la FIFA cada dos años en vez de cada cuatro.

Aunque Infantino les recordó a los miembros de la FIFA, reunidos en persona por primera vez en tres años, que la idea de la Copa del Mundo bienal no había sido suya —una afirmación que, técnicamente, era precisa—, este había invertido una cantidad significativa de capital financiero y político en diseñar uno de los cambios más importantes en la historia del fútbol. Se mandaron a hacer encuestas para mostrar el apoyo. Se reclutaron expertos para responder a los críticos. No obstante, quienes se opusieron al concepto nunca titubearon: para el otoño pasado, los líderes del fútbol europeo y sudamericano ya estaban amenazando con un boicot si se materializaba.

En Doha, Infantino por fin alzó la bandera blanca.

El revés, una capitulación más de una más de sus grandes ideas, llegó después de errores previos que han creado fracturas dañinas con bases importantes. En 2018, Infantino intentó presionar por la aprobación de un acuerdo de 25,000 millones de dólares con el conglomerado japonés SoftBank para vender parte de los principales activos de la FIFA y crear nuevas competencias de clubes y selecciones nacionales, lo cual provocó una lucha tan implacable que él y el líder del fútbol europeo no se hablaron durante un año.

En 2019, la FIFA utilizó esfuerzos alternativos para expandir el Mundial de este año a 48 equipos y no los 32 que ya estaban previstos. La propuesta fue abandonada porque el anfitrión, Catar, habría tenido que compartir juegos con sus vecinos, incluido un grupo de ellos que en aquel entonces estaban involucrados en un bloqueo económico prolongado hacia la diminuta nación del golfo.

La semana pasada, Infantino, de 52 años, no se pudo obligar a decir de manera explícita que la Copa del Mundo bienal, la fuente de tanta acrimonia durante el último año, no se iba a llevar a cabo. En cambio, tan solo admitió que no era el momento de “encontrar acuerdos y compromisos”.

Infantino les dijo a los delegados que la FIFA necesitaba nuevas competencias, del tipo que iban a producir la clase de ingresos necesarios para cumplir las promesas que la FIFA les ha hecho a sus 211 federaciones miembro. Ningún presidente de la FIFA ha sido tan generoso como Infantino y para él de pronto se ha vuelto vital seguir con la tendencia: el jueves anunció que iba a postularse para la reelección el próximo año.

Los planes para eventos futuros ya están tomando forma. Ya se planearon competencias anuales de chicos y chicas: un evento de 48 equipos juveniles de varones y una competencia de 24 equipos femeninos que es poco probable que enfrenten algún tipo de oposición. Y la oposición a un Mundial de Clubes expandido a jugarse cada cuatro años —otra prioridad de Infantino— ahora está sorpresivamente enmudecida. China había sido elegida para realizar un Mundial de Clubes de 24 equipos en 2021, pero la idea se desechó a causa de la pandemia de la COVID-19 y luego fue marginada por completo pues Infantino enfocó sus energías en la Copa del Mundo bienal.

Ahora, en medio de conversaciones positivas incluso con dirigentes europeos que alguna vez estuvieron reticentes, es probable que en los próximos meses sea aprobado el Mundial de Clubes, el cual podría expandirse todavía más, a 32 equipos. El nuevo evento podría comenzar tan pronto como en 2025. O podría postergarse hasta 2027 si la FIFA, frente a una oposición europea resiliente, encuentra una competencia alternativa de selecciones nacionales a la Copa del Mundo bienal. Algunos órganos regionales, entre ellos la Concacaf, la confederación responsable del fútbol en Norte y Centroamérica, siguen presionando para que haya una nueva gran competencia de selecciones nacionales.

“Creo que hay apetito de cambio y creo que el resto del mundo de verdad quiere cambiar”, comentó el presidente de la Concacaf, Victor Montagliani.

Montagliani sugirió que una opción podía ser una nueva versión expandida de la suspendida Copa Confederaciones, un torneo muy impopular que se llevaba a cabo en los países sede del Mundial como un evento de prueba, o una Liga de Naciones que podría convertirse en un nuevo evento cuatrienal para sus ganadores regionales, una idea que algunos europeos ridiculizaron al tacharla de una Copa del Mundo bienal “por debajo de la mesa”.

Sin embargo, en el centro de buena parte de la tensión, sigue habiendo una lucha de mayor envergadura: la batalla por la supremacía entre el fútbol europeo y la FIFA. A los dirigentes europeos les ha enfurecido los que consideran como esfuerzos de Infantino, un exsecretario general de la UEFA, para menoscabar a Europa en un intento por apuntalar su popularidad en todo el mundo y la semana pasada en Catar fueron claras las señales del alejamiento entre ambas partes. Por ejemplo, varios miembros de la delegación de la UEFA, entre ellos el presidente Aleksander Ceferin, brillaron por su ausencia en el sorteo de la Copa del Mundo celebrada el viernes, un evento que se llevó a cabo tan solo un día después de que habían participado en el Congreso de la FIFA.

Infantino ha hablado abiertamente de terminar con el éxito absoluto de Europa —el año pasado, al parecer, la FIFA fomentó esfuerzos para fundar una separatista superliga europea antes de alejarse del proyecto cuando esta colapsó— y mantiene aliados importantes que comparten su preocupación sobre el dominio europeo.

“¿Qué se supone que hagamos el resto de nosotros? ¿Tan solo cruzarnos de brazos y enviar jugadores y capital a Europa?”, cuestionó el canadiense Montagliani. “Eso no puede pasar. Lo siento. La realidad es que tienen la misma obligación fiduciaria en términos del resto del mundo y creo que ha llegado el momento de que todos nos sentemos a la mesa para llegar a un acuerdo”.

En la campaña de la Copa Mundial bienal, ahora condenada al fracaso, Infantino incorporó a la lucha a otros aliados, como exjugadores y entrenadores populares, para que presionaran en su nombre. Los esfuerzos fueron liderados por Arsène Wenger, el ex entrenador del Arsenal, que recorrió el mundo en defensa los beneficios de la competición, y por los miembros del programa FIFA Legends, un grupo de ex estrellas internacionales financiado por la FIFA, que también ofrecieron comentarios entusiastas. (Los jugadores actuales en general se opusieron a la idea).

Al mismo tiempo, los sondeos y encuestas de opinión y los consultores de relaciones públicas se encargaron de hacer cambiar de opinión a unos medios de comunicación escépticos y a unos grupos de aficionados recelosos. Al final, sin embargo, el esfuerzo solo produjo trastornos y discordia. Y no parece haber sido barato: la semana pasada, la FIFA informó de un aumento de sus costos de comunicación en su última declaración financiera. Aumentaron en casi diez millones de dólares —un 62 por ciento— en comparación con el año anterior.

Ahora, mientras avanza y hace promesas para su reelección, algunos están pendientes de la próxima gran idea de Infantino, una que podría dar dinero a sus electores y también el legado de creador de cambios que anhela.



Jamileth