Barones y Magnates

Un magnate ruso criticó la guerra, y poco después tuvo que vender su banco, ahora está escondido

2022-05-04

“No creo en el futuro de Rusia”, concluyó. “Y lo más importante es...

Anton Troianovski, Ivan Nechepurenko | The New York Times

Oleg Tinkov se expresó en contra de la guerra de su país en Ucrania. Ahora está escondido. En una entrevista exclusiva dijo: “No creo en el futuro de Rusia” con Vladimir Putin.

Oleg Y. Tinkov tenía una fortuna de más de 9000 millones de dólares en noviembre y era conocido como uno de los pocos magnates rusos artífices de su propio éxito, tras haber amasado su fortuna gracias a las industrias de la energía y los minerales, que eran el campo de acción de la cleptocracia rusa.

El mes pasado, Tinkov, fundador de uno de los bancos rusos más importantes, criticó la guerra en Ucrania en una publicación de Instagram. Comentó que, al día siguiente, el gobierno del presidente Vladimir Putin se puso en contacto con sus ejecutivos y amenazó con nacionalizar su banco si esa institución no terminaba su relación con él. La semana pasada, vendió su participación del 35 por ciento a un multimillonario minero ruso en lo que describe como una “venta desesperada, una venta de liquidación” que el Kremlin lo obligó a realizar.

“No pude negociar el precio”, señaló Tinkov. “Era como un rehén: aceptas lo que te ofrezcan. No podía negociar”.

El domingo, Tinkov, de 54 años, habló vía telefónica con The New York Times desde un lugar que no quiso revelar; fue su primera entrevista desde que Putin invadió Ucrania. Afirmó que había contratado guardaespaldas después de que unos amigos con contactos en los servicios de seguridad rusos le dijeron que debía temer por su vida y bromeó diciendo que, aunque había sobrevivido a la leucemia, quizá “el Kremlin me mate”.

Se trató de un cambio rápido y sorpresivo para un multimillonario que durante años había evitado enfrentarse a Putin y se presentaba como independiente del Kremlin. Su caída pone de manifiesto las consecuencias a las que se enfrentan los miembros de la élite rusa que se atreven a desafiar a su presidente y ayuda a explicar por qué no ha habido más que silencio por parte de los líderes empresariales que, según Tinkov, están preocupados por el impacto que la guerra podría tener en sus estilos de vida y sus fortunas.

De hecho, Tinkov aseveró que muchos de sus conocidos de la élite empresarial y gubernamental le dijeron en privado que estaban de acuerdo con él, “pero todos tienen miedo”.

En la entrevista, Tinkov se pronunció más enérgicamente contra la guerra de lo que lo ha hecho cualquier otro gran líder empresarial ruso.

“Me he dado cuenta de que Rusia, como país, ya no existe”, dijo el empresario y predijo que Putin se mantendría en el poder durante mucho tiempo. “Yo creía que el régimen de Putin era malo pero, por supuesto, no tenía ni idea de que iba a crecer a una escala tan catastrófica”.

El Kremlin no respondió a una solicitud de comentarios.

Tinkoff, el banco que Tinkov fundó en 2006, negó su descripción de los hechos y declaró que no había habido “ningún tipo de amenaza contra la dirección del banco”. La institución bancaria, que anunció el jueves pasado que Tinkov había vendido toda su participación en el banco a una empresa dirigida por Vladimir Potanin, un magnate minero cercano a Putin, pareció distanciarse de su fundador.

“Oleg no ha estado en Moscú desde hace muchos años, no ha participado en la vida de la empresa y no ha estado involucrado en ningún asunto”, declaró Tinkoff en un comunicado.

Tinkov también ha tenido problemas en Occidente. El año pasado, aceptó pagar 507 millones de dólares para resolver un caso de fraude fiscal en Estados Unidos. En marzo, el Reino Unido lo incluyó en una lista de sanciones contra la élite empresarial rusa.

“Estos oligarcas, empresas y matones a sueldo son cómplices del asesinato de civiles inocentes y es justo que paguen el precio”, declaró en ese entonces la ministra de Asuntos Exteriores, Liz Truss.

No obstante, Tinkov está considerado como un pionero de los negocios rusos, que ha formado su capitalismo disidente siguiendo el ejemplo de Richard Branson y que pasó de ser un irreverente fabricante de cerveza a convertirse en el fundador de uno de los bancos en línea más sofisticados del mundo. Dice que nunca ha puesto un pie en el Kremlin y en ocasiones ha criticado a Putin.

Pero, a diferencia de los magnates rusos que hace años rompieron relaciones con Putin y ahora viven en el exilio —como el exmagnate del petróleo Mijaíl B. Jodorkovsky o el empresario del sector tecnológico Pavel Durov— Tinkov encontró una manera de coexistir con el Kremlin y ganar miles de millones de dólares, al menos hasta el 19 de abril.

Fue entonces cuando Tinkov escribió una emotiva publicación antibélica en Instagram, en la que calificaba la invasión como una “locura” y se burlaba del Ejército ruso: “¿Por qué tendríamos un buen ejército”, cuestionó, si todo lo demás en el país es disfuncional “y está sumido en el nepotismo, el servilismo y la sumisión?”.

Los rusos partidarios de la guerra publicaron en las redes sociales las fotografías de sus tarjetas de débito Tinkoff cortadas. Vladimir Solovyov, un destacado presentador de la televisión estatal, lanzó una diatriba contra él y declaró: “Tu conciencia está podrida”.

En ese momento, Tinkov ya estaba fuera de Rusia, pues se marchó en 2019 para recibir tratamiento contra la leucemia. Más tarde, renunció y cedió el control de Tinkoff, pero mantuvo una participación del 35 por ciento en la compañía, que fue valorada en más de 20,000 millones de dólares en la bolsa de Londres el año pasado.

Un día después de la publicación del 19 de abril, declaró Tinkov, el Kremlin se puso en contacto con los altos ejecutivos del banco y les dijo que cualquier asociación con su fundador era un problema importante.

“Dijeron: ‘La declaración de su accionista no es bienvenida, y nacionalizaremos su banco si él no lo vende y el propietario no cambia, y si usted no cambia el nombre’”, dijo Tinkov, citando fuentes en Tinkoff que declinó identificar.

El 22 de abril, Tinkoff anunció que cambiaría su nombre este año, un paso que, según afirma, estaba previsto desde hace tiempo. Entre bastidores, Tinkov dice que se esforzó por vender su participación, que ya se había devaluado por las sanciones occidentales contra el sistema financiero ruso.

El empresario comentó que estaba agradecido con Potanin, el magnate de la minería, por permitirle salvar al menos algo de dinero de su empresa; dijo que no podía revelar el precio, pero que había vendido al tres por ciento de lo que consideraba el valor real de su participación.

“Me obligaron a venderla por mis declaraciones”, comentó Tinkov. “La vendí por kopeks [centavos]”.

Había estado considerando vender su participación de cualquier manera, dijo Tinkov, porque “mientras Putin esté vivo, dudo que vaya a cambiar algo”.

“No creo en el futuro de Rusia”, concluyó. “Y lo más importante es que no estoy dispuesto a asociar mi marca y mi nombre con un país que ataca a sus vecinos sin ninguna razón”.

A Tinkov le preocupa que una fundación que creó y que se dedica a mejorar el tratamiento de la leucemia en Rusia pueda convertirse en una víctima de sus problemas financieros.

Negó que estuviera hablando con la esperanza de que se levantaran las sanciones del Reino Unido contra él, aunque dijo que esperaba que el gobierno británico “corrigiera ese error”.

Afirmó que su enfermedad —ahora padece la enfermedad de injerto contra huésped, una complicación del trasplante de células madre, según dijo— podría haberlo hecho más valiente a la hora de hablar que otros líderes empresariales y altos funcionarios rusos. Los miembros de la élite, afirmó, están “conmocionados” por la guerra y lo han llamado en gran número para ofrecerle su apoyo.

“Entienden que están vinculados a Occidente, que forman parte del mercado global, etc.”, dijo Tinkov. “Se están convirtiendo rápidamente en Irán. Pero no les gusta. Quieren que sus hijos pasen las vacaciones de verano en Cerdeña”.

Tinkov dijo que nadie del Kremlin se había puesto en contacto con él directamente, pero que además de la presión sobre su empresa, había oído de amigos con contactos en los servicios de seguridad que podía estar en peligro.

“Me dijeron: ‘La decisión respecto a ti está tomada’”, dijo. “Si eso significa que además de todo me van a matar, no lo sé. No lo descarto”.