Detrás del Muro

QAnon se une a los vigilantes de la frontera de Estados Unidos

2022-05-11

Para los líderes de QAnon, las sospechas de que los niños migrantes están...

Por Miriam Jordan | The New York Times

SÁSABE, Arizona — Los quince niños migrantes, cansados y hambrientos, se dirigían torpemente hacia una brecha en el muro fronterizo color óxido que se eleva entre México y Arizona, acercándose al final de su viaje de dos semanas hacia el norte. De manera inesperada, un hombre que lucía una gorra con una bandera estadounidense ennegrecida —tradicionalmente, un mensaje de que “no se dará cuartel” al enemigo— se les acercó y los llevó a su campamento.

Poco después, las chicas y los chicos, de origen guatemalteco, estaban sentados bajo una tienda de campaña azul devorando hamburguesas y salchichas. Su anfitrión en esa zona remota del desierto de Arizona, Jason Frank, seguidor entusiasta del movimiento QAnon, repartió camisetas que decían “Let’s Go, Brandon” con una imagen del presidente estadounidense, Joe Biden. Los niños, risueños y confusos, se pusieron las camisetas y posaron para una foto grupal. Más tarde, formaron un círculo de oración con Frank y el resto de su equipo antes de que apareciera la Patrulla Fronteriza.

Frank y su grupo, con armas enfundadas en las caderas, han estado acampando cerca de Sásabe, Arizona, como una fuerza fronteriza autoproclamada que tiene el objetivo declarado de proteger a los miles de niños migrantes que han estado llegando para escapar de los males del tráfico sexual, uno de los tópicos favoritos de QAnon.

Ellos son el ejemplo más reciente de lo que, a lo largo de los años, se ha convertido en una industria artesanal de decenas de civiles armados que han empacado equipo de camuflaje, tiendas de campaña y binoculares y se han desplegado a lo largo de la frontera sur.

Frank, un influente de QAnon en cuya página de Facebook se le ha visto fotografiado en los últimos meses con celebridades conservadoras como Donald J. Trump Jr., Michael Flynn y Sidney Powell, ha convertido a su equipo en un nuevo tipo de agentes fronterizos, motivados no tanto por detener la inmigración sino por proteger al país de otras amenazas, en este caso, una teoría conspirativa infundada acerca de que alguien está dirigiendo a niños migrantes hacia redes pedófilas.

“Son objeto de tráfico sexual. Ese es el negocio número uno”, señaló Frank, de 44 años, mientras mencionaba nombres de su lista de supuestos conspiradores, empezando por el difunto Jeffrey Epstein. “Ahora ahí está el dinero”, comentó.

Desde hace tiempo, al gobierno federal le preocupa que los cientos de miles de niños migrantes que han cruzado solos la frontera durante casi una década puedan ser vulnerables a la explotación criminal y ha puesto en marcha una fuerte iniciativa de investigación con el fin de garantizar que los jóvenes inmigrantes tengan conexiones legítimas con parientes o amigos de la familia que se presenten para acogerlos.

Sin embargo, los casos de menores que cruzan la frontera sur como parte de las redes de tráfico sexual son poco comunes, según los grupos que monitorean y combaten el tráfico.

“No hemos oído hablar de niños migrantes que hayan sido traídos para convertirse en trabajadores sexuales o esclavos”, dijo Stacey Sutherland, funcionaria de la Red Antitráfico de Arizona. “En la frontera, una cantidad abrumadora de gente solo pagó para entrar de contrabando”.

Los funcionarios federales rechazaron hacer comentarios sobre las actividades del grupo QAnon y no quedó claro si los voluntarios habían infringido alguna ley.

Para los líderes de QAnon, las sospechas de que los niños migrantes están cayendo en manos de depredadores sexuales encajan perfectamente en la teoría conspirativa central del movimiento: que una camarilla de élite de pedófilos liderada por demócratas prominentes se aprovecha de niños inocentes, una fantasía elaborada que dio lugar al drama del PizzaGate durante la campaña presidencial de 2016. No obstante, el nuevo enfoque en la inmigración, según dicen los analistas, también sirve para obtener apoyo político y recaudar dinero aprovechándose del instinto inherente de la gente de proteger a los niños mientras promueven políticas fronterizas de línea dura.

“Los niños son un accesorio que utilizan para difundir su mensaje”, dijo Mia Bloom, experta en radicalización extremista y coautora de Pastels and Pedophiles: Inside the Mind of QAnon.

“Están utilizando a los niños para promover una propaganda interna y su agenda política”, dijo.

Frank, quien es de Las Vegas, ya había alcanzado cierta celebridad en los círculos conservadores después de ayudar a llevar al escenario a un veterano de la Segunda Guerra Mundial de 100 años durante un mitin de Trump en Arizona en 2020. Desde entonces, sus fotos y videos han llegado a miles de seguidores en varias plataformas de redes sociales.

Llegó a Sásabe a fines de abril remolcando un vehículo recreativo prestado, que ha estado compartiendo con su hijo adolescente, otros seguidores de QAnon que han ido en bicicleta y dos perros grandes. En el interior, guarda un alijo de armas que incluye pistolas y un rifle AR-15 cargado, según sus publicaciones en las redes sociales.

Un día reciente, Frank ofreció información y respondió preguntas sobre su misión antes de decidir que no quería ser entrevistado por The New York Times. Su sitio web personal afirma que, después de la adicción a las drogas y la vida en prisión, encontró un propósito en la misión de salvar a los niños.

Frank está incursionando en uno de los aspectos más complicados de la inmigración a Estados Unidos. Mientras que las autoridades estadounidenses han estado rechazando a un gran número de migrantes con base en una norma de salud pública relacionada con la pandemia, a los niños que llegan sin compañía —por lo general, con la dirección y el número de teléfono de un pariente en Estados Unidos con el que esperan reunirse— se les ha permitido entrar en el país. Las familias centroamericanas, que esperan liberar a sus hijos de la pobreza y la violencia de las pandillas en su país, suelen pagar a contrabandistas para que guíen a los niños por las brechas del muro fronterizo, sabiendo que los agentes de la Patrulla Fronteriza los recogerán.

A continuación, los llevan a refugios gestionados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos, que comprueba los antecedentes de los adultos que se presentan para acoger, o “apadrinar”, a los niños. La agencia dice que cuida de los menores “hasta que los entregan de forma adecuada y segura a un padrino investigado”.

La mayoría de las familias probablemente no preveían que Frank y su equipo iban a establecer su propio proceso de revisión improvisado.

Estacionados en un lugar donde las brechas en el muro fronterizo facilitan que los contrabandistas envíen grupos de hasta 30 niños a la vez, Frank y su equipo suelen recibir a los jóvenes con hamburguesas y hot dogs y transmiten su llegada por Facebook Live, anunciando su intención de mantenerlos a salvo.

Los voluntarios humanitarios y los activistas en materia de inmigración que trabajan en la zona dijeron que se habían sentido consternados al ver que los niños, que obviamente no conocen a Frank ni sus creencias, eran desviados antes de que la Patrulla Fronteriza los recogiera.

“Creemos que la conducta de este grupo es ilegal y extremadamente peligrosa”, dijo Margo Cowan, defensora pública en el condado de Pima, que incluye a Sásabe, y activista de inmigración desde hace mucho tiempo. Cowan dijo que la ley exige que quienes encuentren niños solos se pongan en contacto de inmediato con un agente de la policía. (Frank declaró que su grupo siempre se ponía en contacto con la Patrulla Fronteriza después de atender a los niños).

Cowan señaló que lo que más le alarmaba eran las afirmaciones de Frank de que su grupo les pedía a los niños que proporcionaran las direcciones y los números de teléfono de los miembros de la familia o los amigos de la familia con quienes pensaban reunirse y luego se ponía en contacto con esas personas, supuestamente para evitar que los niños cayeran en manos equivocadas. Esas actividades podrían considerarse un caso de acoso contra los inmigrantes adultos que reciben a los niños, explicó.

“Hay personas que llaman y comprueban el bienestar de los niños y luego se siguen presentando para incomodarlos”, declaró Frank, refiriéndose a los adultos que finalmente se llevan a los niños a casa.

Frank criticó el programa de investigación del gobierno, calificándolo de “tener demasiadas lagunas”. Y añadió: “Por eso estamos aquí creando una solución, formando parte de ella”.

En las fotos publicadas en la página de Facebook de otro miembro del equipo, se podía ver a Frank y a sus colegas en el campamento cargando a un bebé, que según él tenía 30 días de nacido y había cruzado la frontera hacía poco con su joven madre.

Los miembros de su equipo llamaron al hombre con el que la madre planeaba reunirse, aseguró Frank a The New York Times. Dijo que el grupo había descubierto en su investigación que dos de las cuatro personas que vivían en la dirección del hombre tenían vínculos con cárteles del crimen organizado, afirmaciones de las que no ofreció pruebas.

Chris Nanos, el alguacil del condado de Pima, describió a los “tipos de QAnon” en la frontera como unos “locos”, pero dijo que no eran su responsabilidad.

“Si están interfiriendo con los migrantes que cruzan, la Patrulla Fronteriza debe ocuparse de esa situación”, aseguró mientras señalaba que debía proteger a un millón de personas a lo largo de casi 24,000 kilómetros cuadrados.

Los migrantes no son los únicos que se han convertido en un objetivo de las actividades de vigilancia del grupo QAnon. El 25 de abril, unos trabajadores humanitarios visitaron el muro fronterizo con un equipo de filmación de Tennessee, entre ellos un hombre originario de Guatemala que es residente legal permanente de Estados Unidos. Frank y su equipo los vieron.

“Se acercaron a nosotros gritando: ‘¡Extranjero ilegal! ¡Extranjero ilegal!’”, recordó Gail Kocourek, de Tucson Samaritans, dirigente de un centro de recursos que ofrece comida, ropa y primeros auxilios a inmigrantes en la pequeña ciudad del lado mexicano de la frontera.

Se produjo una persecución, en la que Frank y otro miembro de QAnon trataron de obligarla a salir de la carretera, según Kocourek, quien dijo que se detuvieron cuando un vehículo de la Patrulla Fronteriza se cruzó en su camino. El agente le pidió al guatemalteco su documentación.

Uno de los miembros del equipo subió más tarde un video del incidente a Facebook, en el que se veía un vehículo que seguía de cerca el auto de Kocourek por una carretera desierta. “¿Quién tiene tiempo para indagar sobre viejecitas que dirigen operaciones para el cártel aquí? Ya tengo nombres, direcciones, edades y números de teléfono”, escribió Frank.

Los 15 niños migrantes que habían sido trasladados al campamento de QAnon la semana pasada, algunos de los cuales no parecían tener más de 12 años, bebieron agua y comieron barras de granola mientras Frank preparaba una parrillada.

A un cubano que había cruzado con ellos se le entregó un papel y se le dijo, a través de un simpatizante de habla hispana por teléfono, que fuera niño por niño, anotando sus nombres, sus destinos y los nombres y números de las personas que los recibían.

Los niños le dijeron a un reportero que les había tomado 15 días completar el viaje de Guatemala a Estados Unidos por tierra. No habían comido desde el día anterior y estaban muy cansados. Parecían desconcertados, algunos de ellos se reían nerviosamente cuando Frank pronunciaba mal las palabras en español.

Uno de los hombres que trabajaban en el campamento era Justin Andersch, un bloguero de videos de QAnon que fue noticia este año cuando abordó al gobernador Steve Sisolak de Nevada en un restaurante y amenazó con “colgarlo de un poste de luz”.

Andersch le sonreía a los niños reunidos. “¿Quién quiere galletas?”, preguntó.

Después de la comida, la distribución de camisetas, la sesión de fotos y la oración, Frank les entregó Biblias en español y números de teléfono para que los niños llamaran, en caso de que necesitaran algo. “Gracias”, respondieron varios. Un niño besó el libro sagrado.

Varios minutos después, aparecieron agentes de la Patrulla Fronteriza, subieron a los niños a una camioneta y se marcharon a toda velocidad.

Un par de días después, Frank anunció en Facebook Live que tenía que dejar el muro para ocuparse de algunos asuntos y prometió regresar en dos semanas.

“Estamos construyendo nuestro pequeño ejército”, dijo. “Estén listos”.



Jamileth