Salud

La fórmula escasea en Estados Unidos y causa desesperación en las madres

2022-05-13

En todo el país, muchas madres dicen que están racionando los alimentos para sus...

Por Edgar Sandoval, Amanda Morris y Madeleine Ngo | The New York Times

SAN ANTONIO — Maricella Márquez vio la última lata de leche de fórmula para bebés en su cocina el martes y le dio a su hija de 3 años, quien padece de un raro trastorno alérgico del esófago, una porción menor de la alimentación especial que necesita para estar saludable.

Márquez ha estado llamando a proveedores de todo Texas para preguntarles si habrá nuevos envíos. “En este momento se les acabó por completo”, dijo. “Estoy desesperada”.

Márquez vive en las afueras de San Antonio, una ciudad que ha registrado el índice más alto de escasez de fórmula en la nación (el 56 por ciento de los suministros habituales estaban agotados hasta el martes, según Datasembly, una empresa de programas informáticos de venta al por menor) en una crisis de suministro a nivel nacional que ha provocado que los padres tengan dificultades para alimentar a sus hijos.

La escasez ha sido un reto para las familias de todo Estados Unidos, pero es especialmente notable en las tiendas de comestibles y los bancos de alimentos de San Antonio, una ciudad con una población mayoritariamente latina en el sur de Texas, en la que muchas madres carecen de seguro médico y trabajan en empleos con salarios bajos que brindan pocas oportunidades de amamantar. En toda la ciudad, los pasillos de alimentos para bebés están casi vacíos y las agencias sin fines de lucro están trabajando horas extras para conseguir suministros nuevos.

La escasez se agudizó con la retirada de una marca defectuosa este año, después de que hospitalizaron al menos a cuatro bebés con una infección bacteriana, de los cuales murieron dos; pero el retiro de productos se ha exacerbado por los incesantes problemas en la cadena de suministro y la escasez de mano de obra. La investigación de Datasembly reveló que el índice nacional de desabasto de leche de fórmula para bebés alcanzó el 43 por ciento en la semana que terminó el domingo, un 10 por ciento más que la media del mes pasado.

Los republicanos han aprovechado la preocupación creciente de los padres para culpar al presidente Joe Biden, con el argumento de que su gobierno no ha hecho lo necesario para aumentar la producción. El martes, Mitt Romney, senador de Utah, envió una carta a la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por su sigla en inglés) y al Departamento de Agricultura, en la que afirma que los funcionarios federales han respondido con demasiada lentitud.

La FDA, que dirige la respuesta federal, señaló que los funcionarios estaban trabajando con Abbott Nutrition, la empresa implicada en el retiro de los productos defectuosos, para reiniciar la producción en su planta de Sturgis, Míchigan. La agencia dijo que había estado reuniéndose con regularidad con varios fabricantes de fórmulas infantiles para aumentar la capacidad de producción e instar a los minoristas a considerar imponer límites de venta de productos de fórmula infantil.

“Reconocemos que muchos consumidores no han tenido acceso a las fórmulas para lactantes y a los alimentos medicinales esenciales que acostumbran usar y se sienten frustrados por eso”, afirmó el martes en un comunicado Robert M. Califf, comisionado de la FDA. “Estamos haciendo todo lo que está en nuestras manos para garantizar que haya un producto adecuado disponible donde y cuando lo necesiten”.

En todo el país, muchas madres dicen que están racionando los alimentos para sus bebés mientras buscan más latas de fórmula. Algunas manejan varias horas, solo para encontrar estantes vacíos.

Los vendedores privados en línea están aumentando los precios, comercializando latas por el doble o el triple de su precio normal, y muchos grandes minoristas están agotados por completo.

Desde el cierre de las instalaciones de Abbott Nutrition en Sturgis, otros fabricantes han tenido dificultades para aumentar la producción con rapidez porque sus operaciones están orientadas a un nivel estable de demanda de los consumidores, según Rudi Leuschner, profesor adjunto de gestión de la cadena de suministro en la Escuela de Negocios de Rutgers.

“Algunas industrias son muy buenas para aumentar y disminuir”, dijo Leuschner. “Aprietas un interruptor y pueden producir 10 veces más. La fórmula para bebés no es ese tipo de producto”.

Además de los grandes problemas de la cadena de suministro que surgieron durante la pandemia de coronavirus, como la escasez de mano de obra y la dificultad para obtener materias primas, esta escasez puede agravarse por las compras de pánico, dijo Leuschner.

Abbott Nutrition dijo que estaba haciendo todo lo posible, incluido el aumento de la producción en sus otras plantas de Estados Unidos y el envío de productos desde sus instalaciones en Irlanda.

No obstante, para los padres que tienen que darles a sus bebés menos alimento del que necesitan, incluso una escasez temporal ha sido aterradora. Algunos padres están investigando en internet recetas de fórmulas infantiles caseras, aunque los expertos en salud han advertido que esas fórmulas pueden carecer de nutrientes esenciales o presentar otros peligros.

“También recomendamos no rebajar la fórmula porque puede producir un desequilibrio nutricional y generar problemas graves”, comentó Kelly Bocanegra, gerenta del programa federal Women, Infants and Children en el área metropolitana de San Antonio.

En el Hospital Infantil de San Antonio, los médicos animan a las nuevas madres a aumentar la cantidad de leche que se extraen y a amamantar en la medida de lo posible.

No obstante, algunas no pueden amamantar a sus hijos debido a la falta de suministros u otros problemas de salud, y los trabajadores sanitarios dijeron que muchas madres que trabajan en el sector de la comida rápida, en el comercio minorista o en otros empleos de salarios bajos no pueden darse el lujo de tomarse el tiempo para amamantar.

Padres como Márquez, cuyos hijos requieren dietas especiales, tampoco tienen esa opción. En algunos casos, ya estaban batallando para pagar latas de fórmula que llegan a costar más de 100 dólares cada una, aseveró Elyse Bernal, presidenta de Any Baby Can, una organización sin fines de lucro que ofrece acceso a la atención de niños con necesidades especiales.

“Es alarmante, sobre todo por las familias que necesitan una fórmula especial, porque ahora les preocupa cómo alimentar a su bebé”, dijo Megan Sparks, una de las gestoras de casos del grupo.

Para Darice Browning, la escasez de fórmulas especiales en Oceanside, California, ha sido tan grave que ha pensado en acudir a la sala de urgencias solo para alimentar a su hija menor, Octavia, que tiene 10 meses y padece enfermedades genéticas que le impiden comer alimentos sólidos. Las alergias alimentarias que comparte con su hermana de 21 meses, Tokio, hacen que ambas bebés vomiten sangre si ingieren proteínas lácteas.

En un momento dado, contó Browning, llamó a todos los médicos de sus hijas en busca de leche de fórmula, y todos le dijeron que no tenían.

“Me estaba volviendo loca, estaba llorando en el suelo, y mi esposo, Lane, llegó a casa del trabajo y me preguntó: ‘¿Qué pasa?’. Le respondí: ‘No puedo dar de comer a nuestras hijas; no sé qué hacer’”, dijo Browning.

El martes le quedaban cuatro latas de leche de fórmula para Octavia (todas ellas de marcas que aparecen en la lista de productos retirados) y estaba tratando de alargar su remanente con raciones más pequeñas.

En Pell City, Alabama, Carrie Fleming ha tenido que reducir media cucharada de fórmula en cada biberón que prepara para su hija de 3 meses, Lennix.

Fleming en un principio había tratado de amamantar a Lennix, pero no pudo producir suficiente leche. Luego, la niña tuvo reacciones alérgicas graves a nueve fórmulas diferentes a base de lácteos: le salieron sarpullidos, lloraba constantemente y vomitaba todo lo que comía. La única fórmula que puede digerir es un tipo hipoalergénico llamado PurAmino, que Fleming no consigue en ningún lugar cercano.

Llamó a tiendas y farmacias en lugares tan lejanos como Florida y Ohio, y en abril escribió una publicación en Facebook para pedir ayuda. Finalmente, encontró cuatro latas pequeñas en un depósito de fórmula en Nueva York por 245 dólares.

Está intentando que esas latas duren tres semanas en vez de las dos que suelen durar.

“Me da mucho miedo”, dijo.

Sandra James, de 36 años, vive en Richland, un pequeño pueblo de Georgia donde hay una sola tienda de comestibles. En los últimos meses, no ha podido encontrar fórmula especial para bebés para su hijo de 8 meses, Kenson, a quien le da urticaria y se le cae el cabello cuando ingiere fórmulas a base de lácteos.

Al principio, revisó cinco Walmart cercanos y condujo durante horas después de salir del trabajo hasta que encontró la fórmula especial que necesitaba. A veces visita cinco o seis tiendas al día, en lugares tan lejanos como Alabama, para poder encontrar una lata.

Mientras tanto, le está dando a su hijo más agua y puré de verduras para tratar de que su fórmula dure más.

“Es simplemente agotador, muy agotador”, dijo.

Los padres que han intentado comprar por internet dicen que no solo han encontrado precios más elevados, sino también estafas. Hace dos semanas, K-Rae Knowles, de 30 años, de Oregón, Illinois, le envió dinero a un desconocido a cambio de latas de una fórmula especial que necesitaba para su hijo de 4 meses, Callan. Las latas nunca llegaron, relató, y el perfil de Facebook del vendedor fue eliminado unos días después.

“Ahora la gente está teniendo más cuidado”, dijo. “De verdad es desgarrador que la gente se aproveche de este tipo de escasez”.

En San Antonio, Márquez afirmó que nunca pensó que dependería de la leche de fórmula para mantener a su hija sana a una edad tan avanzada, pero cuando le dieron el diagnóstico de su hija también le dijeron que la fórmula especial era lo único que la mantendría fuera del hospital.

Desde principios de abril, complementa su alimentación con fruta, verduras, carne de pavo molida y otras proteínas de origen vegetal.

“Hay muy poco más que pueda ingerir”, dijo. “No puedo llegar y darle una cajita feliz o un sándwich de crema de cacahuate con mermelada”.

Incluso cuando hay fórmula, es cara. Y aunque su seguro médico pague el 80 por ciento del costo, la familia tiene que desembolsar 375 dólares al mes, cuando el alimento está disponible. Su esposo es el único que trabaja y es gerente de una tienda de comestibles, por lo que tienen un presupuesto ajustado, señaló Márquez.

Esta semana piensa arreglárselas con muestras de otros productos que los proveedores tienen en existencia y probar cuáles puede tolerar su hija por el momento.

“No tengo otra opción”, concluyó. “La necesito. Quiero que siga sana y que no tenga que ir al hospital”.



Jamileth