Calamidades

‘Vayan a vacunarse’: personas que criticaban las vacunas ahora se arrepienten

2021-08-04

El aumento reciente de contagios y hospitalizaciones entre las personas no vacunadas ha impuesto la...

Por Jack Healy | The New York Times

PROVO, Utah — Mientras Mindy Greene pasaba otro día en la unidad de cuidados intensivos para pacientes con COVID-19 y escuchaba el zumbido las máquinas que ahora respiraban por su esposo de 42 años, Russ, encendió su teléfono y escribió un mensaje.

“No nos vacunamos. Leí todo tipo de cosas sobre la vacuna y me asusté. Así que tomé esa decisión, oré y tuve la sensación de que estaríamos bien”, escribió en Facebook.

Pero no lo estuvieron.

Ahora su esposo, padre de cuatro hijos, lleno de tubos conectados a su cuerpo, se debatía entre la vida y la muerte. El paciente de la habitación contigua había fallecido unas horas antes. Ese día, el 13 de julio, Greene decidió sumar su voz a un insólito grupo de personas que se pronunciaban en el polarizado debate a nivel nacional en Estados Unidos sobre la vacunación: los arrepentidos.

“Si hubiera tenido la información que tengo ahora, nos habríamos vacunado”, escribió Greene. Pasara lo que pasara, oprimió “enviar”.

En medio de un rebrote de contagios y decesos por el coronavirus, algunas personas que rechazaron la vacuna o que simplemente esperaron demasiado tiempo ahora están enfrentando las consecuencias, a menudo de manera cruda y en público. Varias se expresan desde camas en el hospital, en funerales y a través de obituarios sobre su arrepentimiento, sobre el dolor de contraer el virus y de ver morir a familiares no vacunados cuando luchaban por poder respirar.

“Me siento muy culpable”, dijo Greene una mañana mientras estaba sentada en el vestíbulo del cuarto piso afuera de la unidad de cuidados intensivos (UCI) del Hospital Utah Valley en Provo, el cual da a las montañas en las que su familia solía hacer senderismo y paseos en vehículos todoterreno. “Me culpo todos los días”.

El aumento reciente de contagios y hospitalizaciones entre las personas no vacunadas ha impuesto la triste realidad de que la COVID-19 destruye el hogar de muchas personas que pensaban que habían eludido la pandemia. Pero ahora, con el enojo y la fatiga acumulados por todos lados, la pregunta es si sus historias en verdad pueden cambiar ciertas opiniones.

Algunas personas hospitalizadas con el virus siguen insistiendo en no ser vacunadas y las encuestas señalan que la mayoría de los estadounidenses no vacunados no están cambiando de opinión. Los médicos que trabajan en las unidades de covid afirman que algunos pacientes todavía se niegan a creer que están enfermos de algo más que neumonía.

“Hay pacientes con covid en la unidad de cuidados intensivos que no aceptan que tienen el virus”, señaló Matthew Sperry, un médico de estado crítico pulmonar que ha atendido al esposo de Greene. “No importa lo que nosotros digamos”.

En las últimas dos semanas, las hospitalizaciones por COVID-19 en Utah han aumentado un 35 por ciento y Sperry afirmó que las unidades de cuidados intensivos en el sistema de 24 hospitales donde trabaja están al 98 por ciento de su capacidad.

No obstante, algunos hospitales saturados de pacientes en zonas del país en buena medida conservadoras y donde la gente no está vacunada han comenzado a incorporar a sobrevivientes de covid, como último recurso, para que funjan como mensajeros de salud pública con la esperanza de que quienes solían desconfiar de las vacunas puedan convencer de que se vacunen a otras personas que ignoraron las campañas de vacunación encabezadas por el presidente Joe Biden, Anthony Fauci y a legiones de médicos locales y trabajadores sanitarios.

Sus historias son testimonios reales en medio de una pandemia que se ha nutrido de la desinformación, el miedo y las divisiones partidistas reforzadas con respecto a la vacuna.

“La gente está siendo noticia desde sus camas de hospital y desde los pabellones”, dijo Rebecca Weintraub, profesora adjunta de Salud Global y Medicina Social en la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard. “El mensaje es accesible: ‘Yo no protegí a mi propia familia. Déjame ayudarte a proteger a la tuya’”.

En Springfield, Misuri, donde este verano repuntaron los casos por coronavirus, Russel Taylor estaba sentado vistiendo una bata de hospital y con una cánula de oxígeno que le atravesaba el rostro para brindar su testimonio en favor de las vacunas en un video del hospital. “Ahora no se me ocurriría no vacunarme”, comentó.

Un texano que se sometió a un doble trasplante de pulmón luego de contraer el virus apareció en la televisión local para hacer un llamado a vacunarse.

Con voz temblorosa, la administradora de un hospital en la zona rural de Utah describió cómo había sido afectada por una doble neumonía y sepsis luego de elegir no vacunarse. La mujer, llamada Stormy, dijo que le tomó semanas reunir el valor para hablar en un video publicado por su departamento de salud local. Lo hizo usando solo su nombre de pila porque le preocupaba que quienes niegan la existencia de la covid dijeran que se lo estaba inventando todo.

“Estaba absolutamente temerosa de los inconvenientes que podrían surgir”, dijo en una entrevista esta semana. “Yo era parte de un problema que estaba tratando de evitar”.

Algunas personas que se apresuraron a vacunarse ahora hablan de los miembros de sus familias que no lo hicieron. Era algo que Kimberle Jones nunca quiso hacer, pero lo aceptó después de que su hija, Erica Thompson, de 37 años, una madre de St. Louis, muriera el 4 de julio, casi tres meses después de que tuvo lo que ella pensó que era un ataque de asma crónica.

“Quiero ser una voz para ella”, dijo Jones, quien se vacunó tan pronto como pudo. “Realmente creo que mi hija querría que dijera: ‘Vayan a vacunarse’”.

Fue un consejo que Thompson, como el 39 por ciento de los adultos estadounidenses, ignoró.

Jones dijo que Thompson había estado recelosa de la rapidez con la que se habían lanzado las vacunas Moderna y Pfizer-BioNTech, la culminación de décadas de investigación científica. Según su madre, también creía que la campaña del gobierno era un complot contra los negros como ella. Las tasas de vacunación de los estadounidenses de raza negra e hispana están rezagadas en comparación con las de la población blanca, una brecha que los investigadores atribuyen a la desconfianza arraigada debido a un historial de discriminación médica y falta de acceso y alcance.

Después de ganar 10 dólares por hora en trabajos de centros de llamadas, recientemente Thompson había encontrado el trabajo de sus sueños haciendo codificación médica. Fue al hospital tosiendo y luchando por respirar a mediados de mayo. Pocos días después estaba conectada a un respirador. Jones dijo que cantó “Beat It” mientras su hija estaba sedada y prometió estar allí cuando se despertara.

“Sus últimas palabras para mí fueron, ‘Mamá, no puedo respirar’”, dijo Jones.

En Utah, Greene mencionó que su esposo había dejado en sus manos la decisión sobre la vacunación de la familia. Al principio, pensó en vacunarse tan pronto como se inmunizó uno de sus vecinos, que es médico.

Pero tenía dudas sobre la vacuna y encontró muchas razones para desconfiar cuando revisó las redes sociales o habló con algunos amigos antivacunas. “Tienes que ver esto”, le escribió uno de ellos.

Algunos vínculos la llevaron por un laberinto de teorías de la conspiración promovidas por los antivacunas y los youtuberos y a videos en los que los médicos y las enfermeras antivacunas califican de “armas biológicas” a las vacunas contra la COVID-19.

La covid afectó su mundo familiar a fines de junio cuando sus dos hijos mayores trajeron el virus a la casa después de asistir a un campamento de la iglesia donde se contagiaron nueve chicos. El virus se propagó en la familia. Luego llegó el día en que, cuando sus niveles de oxígeno cayeron de manera brusca, tuvieron que hospitalizar de emergencia al esposo de Greene, un cazador que practicaba senderismo en las montañas.

Ahora, los Greene miden el tiempo en “días de covid”. Ella se despierta con arcadas todas las mañanas. Mientras se va al hospital, sus cuatro hijos (que van de los 8 a los 18 años) se quedan en casa sin poder contarle a su papá sobre la clase de baile ni sobre el batazo que lanzó la bola fuera del campo durante un partido de béisbol.

Se avecinan meses inciertos mientras los médicos intentan sanar los pulmones dañados de Greene y desconectarlo de un ventilador. La semana pasada fue trasladado brevemente del hospital a un centro de cuidados agudos a largo plazo, un momento esperanzador. Pero los médicos encontraron un agujero en sus pulmones y lo devolvieron a la UCI.

“Siempre lamentaré haber escuchado la información errónea que se publica”, dijo Greene. “Están creando miedo”.

Incluso después de que a Greene le pusieron un ventilador a principios de julio, los escépticos de las vacunas que su esposa conocía le enviaron mensajes de texto con vínculos a información errónea sobre la fertilidad y las muertes ocultas por vacunas. Le mandaron cajas de una medicina para caballos que se ha promocionado de manera falsa como una cura de la covid. Un socio comercial de su esposo habló en contra de la vacunación mientras la visitaba en el vestíbulo de la UCI.

Los expertos en salud y los estudios científicos han demostrado que las vacunas son abrumadoramente seguras y efectivas y son la mejor arma contra las nuevas variantes infecciosas del coronavirus.

Antes de la covid, la vida de esta familia estaba afianzada en su religión y en la comunidad de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Ahora, sus amigos de la iglesia y sus vecinos llevan de cenar a la casa y mandan a la congregación noticias sobre el esposo de Greene.

Greene comienza sus visitas al hospital con una lectura espiritual y termina las noches reuniendo a sus hijos —Hunter, de 18 años; Easton, de 15; Betty, de 13, y Rushton, de 8— para hablar de su padre y de las oraciones que necesita.

Sus ideas cambiaron cuando el virus destrozó el cuerpo de su marido y cuando los médicos le pusieron un respirador. Cambiaron cuando habló con los médicos y las enfermeras sobre los pacientes no vacunados que saturaban los hospitales y cuando se sentaba afuera de la unidad de cuidados intensivos y escuchaba la llegada de los helicópteros de emergencias. Greene dijo que ya hizo la cita para vacunar a sus hijos.



Jamileth