Detrás del Muro

‘Tengo que ver a mi hijo’: la espera de las familias separadas en la frontera de Estados Unidos

2021-05-06

Las familias separadas vieron una luz de esperanza a principios de febrero cuando el presidente Joe...

Por Brent McDonald | The New York Times

HUEHUETENANGO, Guatemala — En un pequeño poblado de las montañas guatemaltecas, un hombre sonreía hacia la pantallita de su teléfono celular mientras sostenía una playera de fútbol ante ella y señalaba el nombre escrito en el reverso: Adelso.

Al otro lado de la videollamada, en Boca Ratón, Florida, su hijo —Adelso— comenzó a llorar.

“Se la voy a mandar”, decía David, el padre, durante la llamada realizada en marzo. “Hay que ser fuerte. Nos vamos a volver a abrazar y a conversar de nuevo. Todo va a salir bien”.

David, quien por estar amenazado de muerte en Guatemala nos pidió que no divulgáramos su apellido, no ha visto a Adelso en persona durante más de tres años, desde que ellos y cerca de 5500 familias fueron separadas en la frontera de México con Estados Unidos por la política migratoria más controversial del gobierno de Donald Trump.

Los especialistas advierten que tanto la distancia como la duda de volver a reunirse impiden que los niños y los adultos reconstruyan sus vidas hechas pedazos en la frontera y agudizan el trauma provocado por la separación. También, en algunos casos, el dolor de la separación sin que se avizore un final ha impulsado a los padres para que vuelvan a realizar el peligroso trayecto para cruzar la frontera estadounidense. Quienes lo hacen, en un desesperado intento por volver a estar con sus hijos, están repitiendo las mismas acciones que culminaron en la separación familiar.

En 2017, más de 5500 familias de migrantes fueron separadas en la frontera suroeste por una política que después se llegó a conocer como tolerancia cero. Adelso, quien ahora tiene 15 años, es uno de los más de 1100 niños migrantes que están en Estados Unidos, pero separados de sus padres, según afirman los abogados que trabajan en el caso. Hay al menos otros 445 que fueron arrebatados de padres que aún no son localizados.

Las familias separadas vieron una luz de esperanza a principios de febrero cuando el presidente Joe Biden firmó un decreto para reunir a las familias de migrantes al hacer que los padres deportados regresen a Estados Unidos.

Esta semana, cuando las detenciones de migrantes en la frontera suroeste casi llegan al nivel más alto en 20 años, el Departamento de Seguridad Nacional anunció que en los próximos días traerá a algunos de los padres separados a Estados Unidos. El proceso de reunirlos a todos podría tardar meses o años.

Adelso ha vivido estos últimos tres años con su tía, Teresa Quiñónez, en Boca Ratón, Florida, donde trabaja como corredora de bienes raíces. Ella también llegó a Estados Unidos, sin sus padres, a los 17 años.

“Aún recuerdo su carita cuando salió del aeropuerto”, comentó Quiñónez al rememorar cuando Adelso fue liberado, después de pasar dos meses en un refugio. “Es desgarrador”.

La mayoría de los días, Adelso lleva la vida normal de un adolescente: asiste a la escuela secundaria local, juega fútbol y va a la playa.

Pero también hay días en que los recuerdos lo transportan al momento en que él y su padre salieron de la montaña para huir de las amenazas de muerte de unas personas que trataban de extorsionar a David amenazando a Adelso, tal vez porque confundieron a David con el propietario de la empresa camionera en la que trabaja.

Adelso nos dijo que, en esos días, le cuesta trabajo realizar sus tareas.

“A veces, los recuerdos llegan muy intensos y me pregunto por qué tienen que presentarse ese día, precisamente cuando estoy tratando de hacer algo”, comentó. “Y entonces, me sale mal por culpa de esos recuerdos. Se siente muy feo. De verdad, me siento fatal”.

También tiene pesadillas. Sobre todo hay una que lo persigue en la que su padre es secuestrado y lo mantienen como rehén para exigir un rescate, es una pesadilla que ha tenido muchas veces desde que los separaron en la frontera… y el final siempre es el mismo.

“En el sueño, trato de hacer algo para mantenerlo con vida, pero nunca lo logro”, afirmó Adelso. “En el sueño siempre lo matan. Y temo que eso pueda volverse realidad”.

Una vez al mes, Adelso asiste a una sesión de una hora con una psicóloga infantil certificada, Natalia Falcón-Banchs, en el Centro de Salud Infantil contra la Ansiedad de la Universidad Estatal de Florida. El servicio está cubierto gracias al convenio de una demanda presentada por las familias migrantes separadas.

Según una investigación de Physicians for Human Rights, publicada en 2020, muchos niños separados de alguno de sus padres en la frontera presentaban síntomas y comportamientos resultantes de algún trauma: trastorno por estrés postraumático (TEPT), trastorno de ansiedad y depresión mayor.

En la actualidad, Falcón-Banchs atiende a ocho niños cuyas edades oscilan entre los 6 y los 16 años que fueron separados de sus padres en 2017 y 2018. Adelso está saliendo adelante y ha mostrado resiliencia y habilidades para superar sus problemas, comentó.

Pero para uno de los jóvenes, un niño de 13 años de Honduras que estuvo separado de su madre durante varios meses, reunirse con ella no mejoró su condición de inmediato, dijo Falcón-Banchs.

“Cuando su madre lo llevó por primera vez a la escuela en Estados Unidos, su cerebro respondió de tal manera que comenzó a gritar, entró en pánico y quería irse”, dijo. “Cuando lo separaron, le dijeron que estaba ‘perdido en el sistema’ y que no podría reunirse con su madre”.

El lunes, el Departamento de Seguridad Nacional de Estados Unidos anunció que reunirá a cuatro madres con sus hijos, quienes fueron “cruel” y “deliberadamente” separados de ellas en la frontera de México con Estados Unidos por el gobierno de Trump.

“Seguimos trabajando sin cesar para que, en las próximas semanas y meses, podamos reunir a muchos más niños con sus padres”, aseguró Alejandro Mayorkas, secretario de Seguridad Nacional. “Nuestro equipo está concentrado en conseguir a todas las familias y darles la oportunidad de reencontrarse y recuperarse”.

Se espera que el 2 de junio el equipo de trabajo de Joe Biden para la reunificación de las familias rinda un informe sobre la situación y que quizás en él se incluyan los planes para reunir a más familias.

Los abogados de la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU, por su sigla en inglés) y de Al Otro Lado, un grupo con sede en California que brinda apoyo legal a los migrantes, afirman que han enviado el nombre de David al equipo de trabajo para que lo incluyan en un ensayo de cerca de 35 reencuentros que se producirán en las próximas semanas.

“No prevemos que el gobierno tenga problemas para ofrecer el retorno, pero por el momento no podemos estar seguros”, señaló Carol Anne Donohoe, la abogada de David que trabaja para Al Otro Lado.

No obstante, antes de que el gobierno pueda reunir a todas las familias, debe localizar a los cientos de familiares que siguen desaparecidos.

“Tenemos que encontrar hasta la última familia y no nos detendremos hasta lograrlo”, señaló Lee Gelernt, el abogado principal de los derechos de los inmigrantes en la ACLU.

Sin embargo, el proceso ha sido “sumamente difícil y lento”, comentó, y añadió que “solo se puede encontrar a muchos de los padres mediante búsquedas de campo”.

Durante una visita a un pueblito guatemalteco, un reportero de The New York Times supo de tres padres que afirmaron que, en 2018, los agentes fronterizos de Estados Unidos los habían separado de sus hijos a la fuerza y luego los habían deportado. Dos ya habían hecho el peligroso viaje de regreso a Estados Unidos y gastaron 15,000 dólares en un trayecto para reunirse con sus hijos en Florida.

“Regresaron por sus hijos porque se habían quedado solos ahí”, mencionó Eusevia Quiñónez, cuyo esposo, Juan Bernardo, se fue con su hermano mayor a Fort Lauderdale, Florida, el 8 de enero. “Gracias a Dios, llegaron bien”.

Otro padre, Melvin Jacinto, quiere reunirse con su hijo, Rosendo, en Minneapolis. Dijo que, desde el punto de vista emocional, hablar por teléfono con su hijo, que cumplió 18 años el mes pasado y de quien ha estado separado durante tres años, es difícil para él. No puede evitar llorar.

“No estoy bien”, dijo Jacinto. “No duermo nada”.

Los psicólogos que trabajan con familias separadas afirman que la reunificación familiar es solo un paso en el proceso de recuperación y que los padres necesitan tanta atención psicológica como los niños. Muchos padres se culpan por la separación y, después de reencontrarse, casi siempre los hijos también los culpan.

David dijo que había pensado en contratar a un traficante para regresar a Estados Unidos y reencontrarse con Adelso.

“Tengo que ver a mi hijo”, comentó. “Y él me necesita”.



Jamileth