Vuelta al Mundo

Así es como dos vuelos a Europa podrían haber provocado la propagación de ómicron

2021-12-02

El pánico sobre la nueva variante ómicron que había sido descubierta en el sur...

Por Jason Horowitz | The New York Times

Para los cientos de pasajeros que viajaban de Sudáfrica a Ámsterdam el viernes, el vuelo KL592 tenía todos los requisitos de los viajes internacionales en la era de la COVID-19.

Llegaron armados con todos los documentos probatorios de que eran aptos para viajar y los agentes de la aerolínea revisaron una abrumadora serie de requisitos establecidos de acuerdo con su destino final. Algunos países, como Estados Unidos, requerían que los viajeros vacunados mostraran que sus pruebas habían resultado negativas. Otros no. Los pasajeros afirmaron que, durante ese largo vuelo, solo algunas personas usaban cubrebocas, ya que los sobrecargos con frecuencia no llamaban la atención a quienes se les caían los cubrebocas.

Pero mientras el vuelo iba en camino y los pasajeros dormían o miraban sus pantallas, todo estaba cambiando en tierra.

El pánico sobre la nueva variante ómicron que había sido descubierta en el sur de África estaba ocasionando que los países cerraran sus fronteras. Los viajeros aterrizaron en una nueva realidad posómicron, y resultaba infernal: implicaba horas de respirar aire viciado mientras los aviones permanecían en la pista, hacer frente al agotamiento en las abarrotadas salas de espera y esperar los resultados de los hisopados muy cerca de otros viajeros que podrían estar contagiados con una variante nueva y tal vez más peligrosa.

“Estábamos en el mismo lugar, en la misma habitación”, comentó Jan Mezek, un técnico de laboratorio de 39 años de una empresa que proporciona mantenimiento a las máquinas para las pruebas de hisopados y quien volvía a su casa en Praga luego de un viaje de trabajo de dos semanas. “Me sentía como cerdo dentro de un corral”, comentó y añadió “estaban dispersando todo el virus a nuestro alrededor”.

Según las autoridades neerlandesas, de las más de 60 personas de ese vuelo y de otro de KLM procedente de Sudáfrica que dieron positivo por el virus, al menos 14 estaban infectadas con ómicron. Las autoridades neerlandesas los han puesto en cuarentena —además de arrestar a una pareja que había intentado escapar y volar a España— y solicitado a los cientos de personas que dieron negativo a las pruebas de PCR administrada en el aeropuerto que se fueran a casa o que abordaran los vuelos de conexión a su destino final.

“Se fueron a todas partes del mundo, quién sabe a dónde”, comentó Fabrizio Pregliasco, un destacado virólogo italiano de la Universidad de Milán, quien señaló que debieron haber puesto en cuarentena o aislado y vigilado de cerca a todos los pasajeros durante siete a diez días, sobre todo porque habrían podido contraer el virus en el vuelo y dar negativo mientras este se incubaba.

“Si la variante resulta ser muy contagiosa, este vuelo es una bomba de tiempo”, explicó Pregliasco.

Estos vuelos, al igual que los cruceros de inicios de la pandemia, han suscitado el temor de que haya eventos superpropagadores y han provocado la preocupación de que no se haya aprendido la lección. Pero también son representativos —por las pruebas y los criterios de cuarentena tan variables, el uso contradictorio del cubrebocas y la confusión sobre el rastreo de contactos— de una respuesta global muy desigual y, a menudo, una aplicación laxa de la ley que puede empeorar una fase de la pandemia quizás más contagiosa.

Pese a que la Organización Mundial de la Salud calificó de “muy alto riesgo” a la variante ómicron, aún no se sabe mucho de ella. Tal vez tardemos semanas en saber si se trata de un temor exagerado o de una nueva mutación muy contagiosa con la capacidad de eludir las vacunas y hacer que el mundo regrese a confinamientos, hospitales llenos y funerales vacíos.

La seguridad brindada por las vacunas y por los sistemas de filtrado de aire de los aviones hicieron que Estados Unidos se abriera a los viajeros de la Unión Europea y otras nacionalidades a principios de noviembre, lo que dio lugar a los abrazos, las lágrimas y las reuniones despreocupadas que por mucho tiempo les fueron negados. Pero los países europeos tenían reglas diferentes a las de Estados Unidos —y por lo general también entre ellos— sobre los criterios de tamizaje y el autoaislamiento requeridos para que las personas vacunadas abordaran un vuelo. El resultado fue una mezcolanza de reglamentos, casi siempre cambiante, en cada país.

Por lo general, el país del destino final de la persona que viaja es el que determina las reglas para los pasajeros de cualquier vuelo, explicó Karen Grépin, profesora de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Hong Kong, quien ha estado estudiando las regulaciones relacionadas con los viajes durante la pandemia. Los países, y con frecuencia las aerolíneas, tienen sus propios requisitos de pruebas y, en ocasiones, la transferencia de pasajeros también tiene que satisfacer otros criterios.

Todo eso genera situaciones en las que, por ejemplo, el pasajero que viaja en un asiento de pasillo tal vez se haya hecho una prueba distinta a la de la persona que está a su lado. Estados Unidos exige que todos los pasajeros que ingresan al país muestren una prueba negativa de covid antes de abordar el vuelo.

A menudo, la responsabilidad de navegar por este laberinto de información recae en el agente en el mostrador de la aerolínea, quien una vez que ha revisado los pasaportes y el peso del equipaje debe tener conocimiento de decenas de regulaciones de viaje distintas para cada vuelo. Los agentes de mostrador, que ya son blanco de la frustración de los viajeros, han dicho que la tensión con los pasajeros ha empeorado ahora que además se les pide que básicamente también funjan como oficiales fronterizos, inspectores de sanidad y cónsules.

No obstante, es posible que pronto toda esa confusión y ansiedad se consideren los buenos tiempos, cuando al menos era posible viajar, aunque fuera muy confuso.

Luego de la aparición de la variante ómicron en África, Estados Unidos, la Unión Europea y otros países cerraron la entrada a los vuelos procedentes del sur de África. Israel y Marruecos cerraron sus puertas al mundo. Australia, Japón y otros países pospusieron su apertura y siguieron el ejemplo de China, la cual ha adoptado una actitud de levantar murallas mientras busca derrotar de una vez por todas al virus dentro del país.

Pese a toda esta atención a los vuelos de los Países Bajos, los casos positivos de ómicron ya han sido detectados en varios países y los especialistas en salud pública creen que es inevitable su presencia en todas partes.

Una persona italiana vacunada, que no se ha identificado de manera pública, regresó de un viaje de negocios en Mozambique a principios de noviembre al pueblo sureño de Caserta. En la radio italiana mencionó que el 11 de noviembre había dado negativo antes de abordar el vuelo, como lo solicitaba Italia. Como fue un viaje de trabajo, no tuvo que aislarse a su regreso, según las reglas italianas.

Fue durante una revisión médica en Milán, donde también se realizó una prueba de COVID-19 para poder regresar a Mozambique, que dio positivo por el coronavirus y, luego, por ómicron, en medio de la creciente atención a la nueva variante. Ahora él, su esposa y sus hijos, quienes también dieron positivo por el virus, están aislados. Según las informaciones más recientes, solo presentan síntomas leves.

El martes, KLM, la aerolínea que operó los dos vuelos procedentes de Sudáfrica el viernes, ofreció disculpas a los pasajeros. Pero Marjan Rozemeijer, una vocera de la empresa, señaló que la variante los había tomado por sorpresa, como a todos los demás.

Rozemeijer explicó que después del aterrizaje de los vuelos en el Aeropuerto Schiphol, “el gobierno neerlandés le solicitó a la empresa que estacionara los aviones en un sitio designado para que les realizaran pruebas a todos los pasajeros”, y añadió que el aeropuerto y las autoridades de salud pública neerlandesas habían organizado y realizado las pruebas.

En cambio, un vocero del servicio de salud pública de los Países Bajos comentó que habían tomado todas las precauciones y no consideraron que fuese un error dejar que los pasajeros que habían dado negativo siguieran su trayecto.

“No había un motivo para restringir el viaje de las personas que dieron negativo en las pruebas”, dijo Willem van den Oetelaar, vocero de Servicios de Salud Pública de Países Bajos, quien indicó que se habían seguido los lineamientos del ministerio de Salud. “No sabemos adónde fueron los pasajeros y no creemos que exista un motivo por el cual debiéramos saberlo”.

Pero el ministerio de Salud holandés dijo que incluso los pasajeros que dieron negativo deberían estar en cuarentena y Van den Oetelaar indicó que la agencia había tomado la medida extraordinaria de intentar contactar a todos los que estuvieron en los aviones para pedirles que hicieran cuarentena y notificar a sus autoridades locales de salud, algo que por lo general solo se hace cuando un pasajero estuvo cerca de una persona infectada.

La OMS, que ha estado monitoreando muy de cerca la nueva variante, indicó que el rastreo internacional de contactos quedaba a discreción de los países donde se detectaron los casos y que no estaba dentro del ámbito de sus responsabilidades.

Mezek, quien está vacunado y dio negativo, señaló que el sábado había recibido una llamada del servicio de salud pública neerlandés y luego un correo electrónico en el que le suplicaban que se quedara en casa y les diera los detalles de su trayecto después de salir de los Países Bajos. “Es importante que sepamos su paradero para que los departamentos de salud de los diversos países puedan comunicarse con los pasajeros en tránsito y evitar una mayor propagación” de la variante ómicron, según un correo electrónico mostrado a The New York Times y que ratificó el organismo de salud.

El mensaje añadía que debía volverse a hacer la prueba de COVID-19 cinco días después de la llegada del vuelo Sudáfrica-Ámsterdam. “Pese a que tal vez en este momento no presente ningún síntoma, ya podría estar contagiado”.

Mezek comentó que estaba en aislamiento y que el lunes había recibido una llamada de las autoridades checas para asegurarse de que estuviera en el mismo lugar y que no estuviera enfermo. Pero señaló que, si hubiera hecho su conexión original y aterrizado el día previo, antes de que la República Checa endureciera las reglas, estaría en el trabajo y en casa con sus hijos y su esposa, quien es maestra.

“No habría estado en aislamiento”, comentó.



Jamileth