Internacional - Política

Theresa May lanza críticas veladas a Johnson en su discurso de despedida

2019-07-17

May habló en Chatham House, la sede del Real Instituto de Asuntos Internacionales, donde en...

Por RAFA DE MIGUEL | El País

Londres 17 JUL 2019 -  “Me preocupa el estado actual de nuestra política”. Theresa May pronunció este martes su último discurso como primera ministra. Con la elegancia contenida de quien ya no está en la refriega del día a día, denunció de modo general la incapacidad para combinar la defensa de los principios y el pragmatismo, “que nos lleva a una forma de absolutismo en la que, si gritas más y por más tiempo, te sales con la tuya”. Y, sin nombrarle, recordó a Boris Johnson que “no basta con hacer promesas que no puedes cumplir o decir a la gente lo que quiere oír”.

May habló en Chatham House, la sede del Real Instituto de Asuntos Internacionales, donde en 1927 se estableció la que ya se conoce en el argot político y periodístico como “regla de Chatham House”: se puede escribir sobre lo que allí se dice, pero sin citar fuentes. Era un modo de preservar la libertad y la honradez del debate. La primera ministra ironizó para excusar a los presentes de la norma. Lo que tenía que decir, advirtió, era el resultado de medio siglo de dedicación a la política.

“No podemos dar por garantizados los principios sobre los que se fundaron nuestros éxitos pasados”, dijo, porque frente al populismo de izquierdas y de derechas que se ha extendido por el Reino Unido y el resto del mundo, “si no somos capaces de conservar nuestra herencia liberal, todos pagaremos un alto precio”.

May hablaba ya como una ex primera ministra, proclive a olvidar sus errores y carencias durante su tiempo en Downing Street y dispuesta a aportar solo reflexiones generales al debate político. Sin el peso de la responsabilidad ni la vigilancia atenta de los medios de comunicación, su discurso contenía grandes dosis del sentido común que sus adversarios le negaron durante los tres largos y fallidos años de la travesía del Brexit. “La política es el oficio de transformar tus principios y convicciones en realidades, para mejorar la vida de aquellos a los que sirves”, explicó. Y en ese oficio es fundamental la disposición a ceder, a aceptar compromisos con los que los grandes partidos puedan construir un territorio común. “Lo contrario es una política de ganadores y perdedores, de términos absolutos y de lucha perpetua”, concluyó.

En las últimas semanas, a consecuencia del incidente de las filtraciones del exembajador del Reino Unido Kim Darroch, o del modo rotundo en que May condenó los comentarios racistas de Donald Trump contra cuatro congresistas, la relación entre la primera ministra y el presidente estadounidense se ha tensado hasta los extremos. No resultaba muy alambicado concluir que parte de las reflexiones de su discurso tenían como destinatario al actual inquilino de la Casa Blanca.

May reivindicó el orden internacional establecido después de la Segunda Guerra Mundial, un entorno de normas comunes y seguridad jurídica que hoy está en peligro, por culpa de aquellos que ya “solo entienden la política internacional como un juego de suma cero, con ganadores y perdedores, en el que el poder es la única moneda de cambio”. Por eso defendió, a pesar del caldeado ambiente entre Londres y Teherán con la crisis de los petroleros, la vigencia del acuerdo nuclear con el régimen iraní del que Washington se retiró el pasado año.

Pero su principal preocupación era la falta de voluntad de consenso que el debate del Brexit ha introducido en la política del Reino Unido. “Hacer las cosas, y no solo decirlas, exige unas cualidades que hoy no están de moda, como la voluntad de acuerdo”, aseguró.

Promesas

Una y otra vez, los periodistas y asistentes al evento le preguntaron por Boris Johnson, el candidato con más posibilidades para sucederla como primer ministro, por su compromiso de sacar el próximo 31 de octubre al Reino Unido de la UE sin un acuerdo que ponga orden a la ruptura, o por las descalificaciones que Johnson ha vertido todo este tiempo sobre el plan frustrado de May.

La primera ministra defendió con la misma convicción, pero sin la tensión corporal que reflejaba en las últimas semanas de su fracaso, la necesidad de alcanzar con Bruselas un acuerdo que obtenga luego el respaldo de la mayoría del Parlamento británico, pero insistió en mostrar respeto a la tarea que espera a su sucesor. Aunque sus palabras tenían un claro destinatario, Johnson, cuando advirtió de que la política no consiste en hacer promesas que no se pueden cumplir o diciendo a la gente lo que quiere escuchar, "sino haciendo frente a las preocupaciones genuinas de la ciudadanía y demostrando que es la cooperación, y no el absolutismo, lo que beneficia a todos".

Y puso un último ejemplo que siempre toca el corazón de los británicos: el Servicio Nacional de Salud (NHS), la joya que une a todo el país desde hace 70 años, fue diseñado por un ministro conservador, desarrollado por un Gobierno laborista y consolidado por el último Gabinete de Winston Churchill, que ignoró las voces críticas y asumió la legitimidad de esa conquista.



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