Internacional - Población

¿Cómo viven en México las diásporas por la guerra entre Israel y Palestina?

2023-11-10

Lo mismo sucede, señala, entre comunidades de nuevas generaciones de activistas contra el...

 

(Sputnik) - Como en otras tantas plazas del mundo, este domingo 5 de noviembre la Ciudad de México vivió su tercera marcha en apoyo a Palestina y en repudio a las acciones militares de Israel contra la Franja de Gaza. Con una fuerte migración tanto árabe como judía en el país latinoamericano, ¿qué perspectivas albergan estos grupos ante los hechos?

La relación de México con los mundos árabe y judío es amplia, histórica. La filósofa siria Ikram Antaki, por mencionar un solo ejemplo entre centenas, vivió gran parte de su vida y desarrolló gran parte de su trabajo intelectual en el país de Frida Kahlo, donde, precisamente, publicó el libro La cultura de los árabes, publicado en 1989. La catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) Margo Glantz, hija de migrantes judíos ucranianos, también desarrolló gran parte de su vida artística e intelectual en ese país, por mentar otro ejemplo.

En ese contexto, la movilización ciudadana, política y mediática contra las hostilidades de Israel en la Franja de Gaza, que en apenas un mes de acciones han producido más de 10,000 muertos, miles de ellos menores de edad, ha generado debates, puntos de vista encontrados, condenas de migrantes judíos al ataque de Hamás del 7 de octubre y una exigencia creciente al Gobierno de México para que rompa relaciones diplomáticas con el Estado hebreo.

México descarta romper relaciones diplomáticas con Israel por conflicto en Gaza

"A romper, a romper relación con Israel" o "¿Dónde están? No se ven las sanciones a Israel" fueron dos de las principales consignas que miles de mexicanos enarbolaron durante la movilización del 5 de noviembre, en un recorrido del Ángel de la Independencia al Zócalo, donde se instaló una ofrenda de muertos por las víctimas de los misiles israelíes impactados contra Gaza.

Sputnik conversó con la filósofa Silvana Rabinovich y con el cronista Diego Olavarría para tratar de discernir qué perspectivas, críticas y enfoques han enarbolado estos dos grupos en el país latinoamericano ante la situación de vulnerabilidad en el Levante mediterráneo.

"Fascismo explícito"

Olavarría, autor de El paralelo etiope, considera que en los últimos diez años el discurso oficial del Estado israelí ha pasado "de un autoritarismo velado a uno de fascismo explícito".

"A lo largo de esa década, varias organizaciones de derechos humanos y analistas comenzaron a usar conceptos como apartheid y etnocracia para describir lo que sucede en ese país, al tiempo que el movimiento de solidaridad con Palestina alcanzó a nuevas generaciones en el norte global", apunta.

"En México, sin embargo, los problemas de Medio Oriente se interpretan muchas veces como lejanos e insondables, y el tema solo llamaba la atención luego de alguno de tantos bombardeos en Gaza. Luego del ataque de Hamás del 7 de octubre creo que eso ha cambiado. La brutalidad del Estado de Israel y su profundo racismo está impactando a personas más allá del mundo árabe y a una nueva generación de activistas" en distintos puntos del planeta, distingue el escritor.

Olavarría hace referencia a la segunda marcha por Palestina en la Ciudad de México, celebrada el 28 de octubre, y estima que una movilización de tales proporciones era impensable hace algún tiempo. La del 5 de noviembre, celebrada apenas una semana después, congregó a una auténtica multitud que avanzó las calles del Centro Histórico durante alrededor de dos horas.

"Ya no es un movimiento a favor de la solución de dos Estados, como en el pasado, sino en contra del racismo, contra el genocidio y a favor de la dignidad", discierne.

Sobre la presencia de la diáspora árabe en México y en las movilizaciones a favor de Palestina, Olavarría estima que se trata de una comunidad diversa y compleja, radicalmente diferenciada, por ejemplo, entre libaneses de segunda o tercera generación o sirios recién llegados.

"Mi impresión es que estaban ahí a título personal y no necesariamente en calidad de representantes de grupos comunitarios de la diáspora", distingue.

Fracturar el vínculo con el Estado de Israel

De origen judío, Enrique Krauze y su hijo León han condenado las acciones de Hamás en Israel, entre otras voces insertas desde hace décadas en la vida pública mexicana, pero atentas a la reivindicación de su origen étnico y su tradición cultural.

"La gran mayoría de los judíos en México son mexicanos. La abrumadora mayoría de la comunidad judía en México se alineó con la posición del Estado de Israel, sobre todo en los días inmediatos al ataque de Hamás", describe Olavarría.

"Uno pensaría que esta es una posición predecible, pero no siempre ha sido así. Cuando (el primer ministro israelí, Benjamín) Netanyahu celebró el muro de (Donald) Trump en 2017, el comité central de la comunidad judía de México se desmarcó de esas declaraciones. En otras palabras, en ciertos casos puede haber disidencia", identifica.

No obstante este respaldo inicial a las operaciones de las Fuerzas de Defensa de Israel contra Gaza —que han producido destrozos en hospitales y campos de refugiados, así como ataques contra convoyes de ambulancias—, conforme ha crecido la violencia el apoyo de ciertos líderes judíos en México a la política de Netanyahu se ha vuelto menos explícito, estima Olavarría."También es notable que algunos intelectuales judíos mexicanos, como Silvana Rabinovich, Margit Frenk y Ari Volovich, entre otros, firmaron una carta condenando abiertamente los ataques a Gaza y pidiendo un cese al fuego. Es una postura difícil, pues la comunidad judía suele ser insular y ve con malos ojos la disidencia interna", estima.

En su pronunciamiento, emitido el 29 de octubre, los firmantes acusaron limpieza étnica y una masacre persistente de la población palestina perpetradas por sucesivos gobiernos en Israel, y proclamaron un "No en nuestro nombre."

El cronista consultado por Sputnik considera que la oposición a Netanyahu y sus decisiones militares es cada vez más fuerte entre la comunidad judía en Estados Unidos, "donde organizaciones como Jewish Voice for Peace (Voz judía por la paz) llevan años denunciando las atrocidades israelíes, y recientemente organizaron un plantón en la Grand Central Terminal de Nueva York".

Lo mismo sucede, señala, entre comunidades de nuevas generaciones de activistas contra el sionismo en Reino Unido, Canadá o América Latina.

En tanto, la filósofa Silvana Rabinovich —quien ejerce en el Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM y es autora del libro La Biblia y el dron, sobre el uso del discurso religioso para justificar el despojo contra Palestina— considera que la comunidad judía en México en sus corrientes hegemónicas se apega a los lineamientos de la oficina de información de las embajadas de Israel en el mundo, la hasbará.

Esta oficina, apunta, "difunde una presunta amenaza de aniquilación por parte de un pueblo que se encuentra padeciendo la ocupación en Cisjordania y que trata de sobrevivir sitiado en Gaza desde hace al menos 16 años".

"La conducción sionista", agrega, "explotó desde hace décadas esa amenaza que responde a una falacia geográfica: Theodor Herzl, padre del sionismo político, escribió que el Estado judío debía operar como un muro de contención para impedir que 'la barbarie oriental' llegara a Europa".

Los atentados de Hamás del 7 de octubre, subraya Rabinovich, reactivaron ese miedo, lo que conduce a que muchos miembros de la comunidad judía cierren filas bajo la noción fomentada por el Gobierno israelí de que tiene el derecho y el deber de defenderse.

Izquierdismo judío

No obstante este panorama, señala Rabinovich, existen en México y el mundo judíos que se consideran de izquierda y que el 23 de julio, por ejemplo, llamaron a protestar frente a la embajada de Israel en México para defender la democracia, en el marco de las manifestaciones con que los israelíes han rechazado la reforma judicial promovida por el primer ministro.

Sin embargo, señala la investigadora de la UNAM, ese izquierdismo y esa noción democracia siguen minorizando a los palestinos, apoyó la construcción de muros para encerrarlos y respaldó la implantación de asentamientos en Cisjordania, ilegales conforme al derecho internacional, por lo que ella los ve con reservas.

"En cuanto a la 'democracia' que estos judíos —que se consideran a sí mismos progresistas— invitaban a defender, no es tal porque la democracia es incompatible con la ocupación militar y con el despojo territorial que encubre", califica Rabinovich.

No obstante, "hay (habemos) un pequeño número de judíos en México que desde 2009 nos hemos expresado con críticas radicales al sionismo (en Israel esta postura es minoritaria, pero existe al menos desde 1967). Este grupo, en estos días, se está renovando con jóvenes muy inquietos, conscientes y sensibles ante el genocidio en curso que, al igual que Jewish Voice for Peace en Estados Unidos o los israelíes contra la ocupación, sostienen que las vidas palestinas importan".

La justificación religiosa

Dominada por el miedo, estima Rabinovich, la comunidad judía no se muestra en general crítica con el abuso flagrantemente contradictorio del Gobierno de Israel en el manejo de figuras bíblicas y motivos religiosos, como que cada acción militar en Gaza es nombrada con algún elemento teológico y político.

"Por ejemplo, este fin de semana Netanyahu envió una carta a los soldados, invocando el deber de aniquilar a Amalec", conforme al Deuteronomio.

"Es sabido que las guerras santas bíblicas no deben replicarse en la historia, tienen un valor mítico, pero no histórico: usar la Biblia como un libro de instrucciones para hacer la guerra o como título de propiedad de la tierra es inaceptable por inmoral. Además, los profetas se dedicaron a limitar las ambiciones de soberanía de los reyes, recordándoles que el único dueño de cualquier parcela de tierra es Dios", señala Rabinovich.

Los primeros extranjeros cruzan el paso de Rafah en la frontera entre la Franja de Gaza y Egipto - Sputnik Mundo, 1920, 07.11.2023

El elemento nacionalista ha impuesto el odio entre dos pueblos y dos religiones que convivieron bien a lo largo de mil años, subraya. "El Estado nacional obligó a estos judíos árabes inmigrados a Israel a reducir su cultura de origen como la del enemigo y hoy ellos aprenden la lengua árabe casi exclusivamente para tareas de espionaje", señala.

"Tomará tiempo que la comunidad judía de México asuma la herencia profética y entienda la diferencia entre fidelidad y complicidad. Quienes nos manifestamos a favor de la vida y contra el genocidio lo hacemos por fidelidad con la tradición profética (sin complicidad con un régimen colonial)", asevera la filósofa.



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