Sugerencia del Cheff

Refrescante y discutido: el pepino

2008-08-07

También usamos pepino en rodajas en muchas ensaladas: superponer rodajas de pepino a rodajas...

Caius Apicius

Madrid, (EFE).- Si la botánica no nos enseñara que ambos frutos pertenecen a la misma familia, la de las cucurbitáceas, tal vez no seríamos capaces de establecer ningún parentesco entre algo tan dulce como un melón y algo tan soso como un pepino; sin embargo, melones y pepinos son dos de los frutos más representativos del verano, que es cuando más apetecen uno y otro.

Sucede que, así como es extraño dar con una persona a la que no le guste el melón, son bastantes las que afirman odiar al pepino; debe de ser, con el ajo, el vegetal que más controversia suscita, tal vez porque o gusta muchísimo y se aprecian sus cualidades refrescantes... o no se soporta su sabor, y menos que ese sabor persista mucho tiempo, porque uno de los principales problemas del pepino es que suele repetir mucho.

A mí, de niño, el pepino me sonaba más a producto de cosmética, cuando las mujeres de mi familia se cubrían la cara con finas rodajas de este fruto, que a ingrediente de ensaladas. Fue bastante después cuando me aficioné al pepino y descubrí sus muchas posibilidades gastronómicas. Claro que para disfrutar del pepino lo primero que hay que hacer es borrar de su ánimo esas ansias de persistencia y purgarlo para que no repita.

Nada más sencillo. Ustedes corten las dos puntas del pepino y pónganlo en un recipiente con agua, a la que añadirán un chorrito de vinagre. Tras un rato, pongamos una hora, sometido a este tratamiento, no le quedarán ganas de incordiar y podremos proceder con él.

En casa usamos pepino en el gazpacho, aunque haya puristas que lo rechacen; también lo usamos para hacer algún otro tipo de sopa fría, con nuestra versión del tsatsiki griego a la cabeza: el pepino liga muy bien con algunos lácteos, como el yogur y el queso fresco, y les aporta una mayor fuerza refrescante. También usamos pepino en rodajas en muchas ensaladas: superponer rodajas de pepino a rodajas de tomate da un magnífico resultado que no necesita más que un poco de sal y un hilo de aceite virgen.

Pero quizá la máxima expresión del pepino sea algún tipo de sandwich, al mejor estilo británico, pero sin necesidad de restringir su consumo a la hora del té. Y quien dice un sandwich puede decir un canapé como el que les proponemos ahora: purguen un pepino, o varios, y redúzcanlo al estado de rodajitas finas. Pongan sobre cada una de ellas una loncha de salmón ahumado, o marinado, y coronen el conjunto con unos huevos -son huevos, no huevas- de salmón. Facilitarán el consumo si colocan cada rodaja de pepino en otra, fina, de pan de molde, y el resultado es espectacularmente sabroso.

Mi favorito, sin embargo, es un simple bocadillo. Hecho con un buen pan tipo francés, lo abro al medio, como para cualquier bocadillo. Pongo en una de las mitades unos cuantos filetes de anchoa en aceite de oliva, y cubro la otra de rodajas finas de pepino. Coloco una sobre otra, sin más añadidos -las anchoas ya aportan suficiente sal y aceite- y paso a disfrutar de un sabroso y refrescante tentempié veraniego, que suelo regar con una cerveza rubia bien fresquita.

Son dos posibilidades, bien sencillas de elaborar, de sacarle jugo a esa capacidad de refrescar que tiene el pepino; no olvidemos que, como su primo el melón, es casi todo él agua. La diferencia es que su contenido en azúcar ni remotamente se acerca al de su pariente; lo peor que se puede decir de un melón, cuando sale soso es "vaya pepino". Eso, con todo respeto, me parece una afrenta para el pepino, que para mí, ya lo he dicho, es uno de los sabores que marcan los veranos.



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